Gremiales

“La militancia sindical es de las más lindas que existen”

Vanesa Siley es la secretaria general de los judiciales de la Ciudad de Buenos Aires. Ganó las últimas elecciones con “La Quique De Pedro” con el 87,2 por ciento de los votos. Es mercedina e hija de una maestra y un obrero. Su faro en los noventa fueron las Madres de Plaza de Mayo y el kirchnerismo la abrazó a la política. Madre, y compañera, en abril de 2015 nos recibió en el sindicato para charlar sobre la militancia gremial en la justicia, el Estado como herramienta de liberación de los pueblos y los prejuicios y miserias de la familia judicial, entre otros temas.

Por Celeste Abrevaya. Fotos: La Quique De Pedro.
Calaboró: Franco Lucatini

Vanesa Siley tiene treinta años. Nació en Mercedes, en el oeste de la provincia de Buenos Aires, y vino a la Ciudad de Buenos Aires a estudiar la carrera de Historia en 2003. Un año y medio después sufrió una crisis académica, hasta que en el 2007 empezó su carrera de Derecho. Primero vivió en la casa de una tía abuela, después se fue a vivir sola a una pensión y al poco tiempo entró a trabajar en un estudio jurídico. En su Ciudad había militado en el comedor “Los Pampitas” pero fue en la universidad donde empezó a militar las 24 horas. Allí fue que conoció a su compañero Osvaldo, el padre de su hijo. De su familia es la primera universitaria y en algún momento utilizaron esa carta para atacarla: “Es una piba universitaria, no entiende de sindicalismo”. Ella está orgullosa de que los trabajadores tengan acceso a la universidad. “Es un valor fundamental del peronismo”, dirá durante las entrevista.

Pocos días después de la movilización desestabilizadora del 18F tomamos un subte y fuimos hasta el barrio de San Cristóbal. Eran las nueve de la mañana. En la puerta del gremio de los judiciales de la Ciudad de Buenos Aires había mucho movimiento. Un grupo de compañeros cargaba cajas en una camioneta porque estaban por empezar las clases y el sindicato tenía a su cargo el reparto de las mochilas que los hijos de los afiliados usarían durante el año.

Sobre el escritorio del despacho de Vanesa Siley hay un termo y un mate ya listo para ser usado. Se sienta, y no pone el cassette para hablar sino que construye una reflexión aguda en cada respuesta, la historiza y la elabora. Se incomoda un poco cuando hablamos de su vida personal pero se enciende cuando las preguntas son sobre el sindicato o la coyuntura política nacional.

Kranear: Contamos de vos, tu familia, de Mercedes.
Vanesa Siley: Mi mamá es maestra, ahora también bibliotecaria, y tuvo una muy breve militancia en SUTEBA (Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires). Mi papá es obrero, albañil, trabajador. A veces analizo la historia de mi familia, y es como si leyera la historia económica del país. Mi papá fue obrero en los 80, en los 90 se quedó sin trabajo, con la indemnización se puso un almacén, fracasó; después una carnicería, fracasó; se fue de peón a un campo, vivía ahí, no lo veíamos nunca; vivíamos básicamente con el sueldo de mi vieja, que era docente. Llegó la flexibilización, los patacones. Mis padres se separan en diciembre de 2001, o sea -subraya, abre bien grande los ojos-, diciembre de 2001. Mi viejo encontró un trabajo en 2003, en una pyme, Hierros Mercedes, lo pusieron en blanco, nunca lo había estado, se va acomodando, tiene un hijo en 2005, ahora también trabaja en la justicia, en el sector mantenimiento, y hoy todos pasamos la Navidad juntos, cada uno con su familia.

K: ¿Cómo fue esa primera experiencia de militancia en el comedor “Los Pampitas” de Mercedes?
VS: Nuestro lugar de contención política eran los espacios independientes. Habíamos armado el comedor, no teníamos pronunciamientos políticos, nos matábamos discutiendo. Teníamos un vecino que había sido montonero, y nos decía: “chicos, está bien lo del comedor pero ustedes tienen que hacer política”. “Sí, pero no sabemos cómo hacer”, le decíamos. Hoy el comedor integra la Cámpora, es decir, la historia saldó nuestras discusiones.

Necesitábamos un líder, no creíamos en nada. Para nosotros, o para mí más que anda, el peronismo era Menen, Duhalde, un sistema de prebendas, de corrupción, de punteros. Todo eso lo queríamos combatir. Nuestra referencia más directa eran los derechos humanos, los Hijos, las Madres. La acción más política que teníamos era hacer algo para el 24 de marzo. El primer acto que fui de Néstor fue el 25 de mayo de 2005, en Plaza de Mayo. Me enamoré cuando lo escuché. A partir de ahí empecé a leer el revisionismo histórico, a Jauretche. Pero fue principalmente la realidad, la coyuntura, lo que nos hizo entender la historia. En los 90 no la entendíamos porque nos tiró por la borda todos los principios.

Los judiciales de La Quique de Pedro comenzaron a militar el sindicato durante el kirchnerismo.

En Derecho también milité en una agrupación independiente (que también está dentro de La Cámpora). El sistema de razonamiento de esas agrupaciones era ir contra lo tradicional de los partidos políticos, y uno después va entendiendo que en América Latina, en la historia de los países colonizados, el Estado es la herramienta fundamental de liberación y transformación de los pueblos.

K: ¿Cómo llegás al Poder Judicial?
VS: Entro a la justicia en 2008 de la mano de una compañera que era secretaria de la Seccional. Lo primero que hice fue ponerme a disposición para empezar a militar en lo gremial, dentro de mi horario de trabajo. Participaba de las asambleas, pegaba afiches. Tres años después se convocó a nuevas elecciones y ahí los compañeros me eligieron para que conduzca la seccional. Se votó el 5 de julio de 2011 y fuimos con la lista Marrón de Piumato. Era otra la coyuntura y era otro el escenario, teníamos compatibilidad política y también gremial.

A fines de 2011 empezamos a visualizar con los compañeros que, previo a las elecciones -y esto es algo que se profundiza después-, se produce una ruptura entre la CGT conducida por Hugo Moyano y el Gobierno nacional. Empezamos a pensar en constituir un espacio dentro del propio gremio para poder marcar una identidad política porque el gremio tiene que ser de todos, independientemente de su filiación política. En abril de 2012 armamos nuestra agrupación, “La Quique de Pedro”, en homenaje a un compañero militante del fuero laboral y también de la Juventud Peronista (JP), que está desaparecido.

Siley tiene una enorme legitimidad entre los compañeros de su gremio.

K: ¿Qué estrategias se dieron como gremio, para sumar afiliados y llegar en la segunda elección al 87,2% de los votos?
VS: La única forma en que entendíamos que se podía construir un sindicato fuerte para poder tener conquistas y seguir creciendo era sumar afiliados. Y para eso había que tener militantes que afilien. Lo primero que hicimos fue llamar a elecciones para comisiones internas, entonces había que buscar candidatos. Empezamos a hacer un puerta a puerta en cada uno de los lugares de trabajo. Al que veíamos un poco más entusiasmado o solidario con sus compañeros, le decíamos: “che, ¿nos juntamos a tomar un café?” Y así la gente se fue sumando y fuimos encontrando la identidad del militante gremial en la justicia.

En el 2011 teníamos 200 afiliados, hoy tenemos 1700. Antes no existía que los compañeros se encontraran a militar en un barrio, o que se sintieran parte de un grupo, de un proyecto que tiene objetivos comunes, que se hermana con los compañeros. Costó un montón. En base a eso pasó todo lo demás.

Armamos una mesa de género, una de maltrato laboral, de cultura, ahora estamos por formar una comisión para capacitar profesionales, empezamos a discutir todos los aspectos del trabajador, las licencias. Logramos instituir el establecimiento de una mesa salarial y de condiciones laborales. Eso nos empezó a dar un ámbito formal. Sin esa instancia hubiera sido muy difícil que penetremos en tantos aspectos de los trabajadores judiciales, porque no sólo fue el salario.

K: Los logros son notables.
VS: Exacto. Pasamos de tener 90 días de licencia por maternidad a tener 120 y ahora queremos redoblar a 180, o sea 6 meses. Licencia de paternidad, pasamos de tener 2 semanas a 60 días. Involucramos en las mesas salariales un ítem que se llama “Jardines maternales”. Ante el incumplimiento de poner la guardería en los lugares de trabajo el empleador nos contestaba que no podía porque no contábamos con un edificio único. Nosotros le dijimos “bueno, pero no puede no haber nada”. Lo que había era un subsidio irrisorio, 300 o 400 pesos, y dijimos “equiparemos a lo que es un jardín maternal real ese subsidio y que sea móvil, actualizado en la paritaria”. Hoy, con la última paritaria, lo llevamos hasta $4000.

El sindicalismo tiene que ser esencialmente solidario. Nosotros discutimos en esos términos. Cuando llegué a la seccional otorgabámos subsidios por fallecimiento de familiar directo, de nacimiento, y de capacidad. Ahora los aumentamos son anuales. Por nacimiento se daba un cochecito, hoy damos el cochecito y $750; el de fallecimiento era por $500, ahora damos $2000; el de discapacidad se aumentó de $70 a $120, se entrega todos los meses. Tenemos una cartilla de turismo que está muy buena, que se reparte y llega a todos lados.

K: Este es un gremio atravesado por una fuerte marca generacional. ¿Qué desafíos se plantean en ese sentido y cómo influye esto en el día a día?
VS: El Poder Judicial de la Ciudad es joven porque nació después de la Constitución de la Ciudad y se constituyó en 1998. El promedio de edad es 40 años. No tenemos secretaría de juventud porque directamente conducimos el gremio. Es un desafío muy importante porque hubo que remarla, ser mujer y joven en el sindicalismo es de las cosas más difíciles que me pasaron, nos subestimaron mucho, pero después se demostró que pudimos administrar muy bien el gremio, conducirlo en términos políticos. Esta militancia, la sindical, es de las más lindas que existen.

Sí es un desafío del sindicalismo en general que la juventud tenga otro lugar o que el recambio generacional se produzca en los cargos dirigenciales. Ahí hay una deuda. Siempre hacemos una analogía con lo que pasó en la política y decimos: vino Néstor Kirchner con un proyecto, los jóvenes nos volvimos a enamorar de la política. Eso no pasó en el sindicalismo, no vino un dirigente sindical a decir “vamos a apostar a la juventud”. Eso no existió ni existe. Eso no puede seguir siendo una deuda pendiente, si ese rol no se dio de la mano de un dirigente tiene que cubrirse de la mano de las bases, de los trabajadores, porque un 70% de los 5 millones de los puestos de trabajo que se produjeron en esta década son jóvenes. El mundo del trabajo está plagado de jóvenes, es la mano de obra activa, es de la mano de esa juventud que tiene que darse ese cambio gremial que también es cultural.

Sitraju tiene un pie puesto en la calle, junto a los que luchan.

K: El llamado Partido Judicial, ¿puede ser una opción electoral en 2015?
VS: No, es una metáfora decirle así. Es un sector que mete presión y se manifiesta públicamente, que tiene una clara ideología conservadora de derecha y que tiene intereses ligados a las corporaciones mediáticas y financieras. Por eso es un Partido. Clarín tituló con una carta de los Magistrados, que decía que su único partido es la Constitución. Estos tipos se apropian hasta conceptualmente de la Constitución, porque la Constitución es de todos los Argentinos, no de los jueces. Los sectores que anidan en la Justicia lo hacen desde hace muchísimos años, desde la oscuridad, es la famosa familia judicial, tienen cargos vitalicios con privilegios, la gente no los conoce. Me parece muy saludable que empecemos a conocer a los magistrados y a los jueces y fiscales del país. Este sector queda desenmascarado cuando se instala la discusión de la democratización, con el envío de las seis leyes del Ejecutivo. Ahí se ponen en evidencia estas relaciones promiscuas con Inteligencia, con sectores concentrados, con los magistrados. Tanto el presidente de la Asociación de Magistrados, como el fiscal de cámara Ricardo Sanz participan de ONGs de lobby que le financian viajes a Miami, honorarios, cursos pagos, bancados por Clarín y otras empresas, todas íntimamente ligadas unas con las otras.

Usan los medios de comunicación, hacen que toda la sociedad de una batalla que la va a perjudicar, bajo un manto muy tramposo que es la independencia del Poder Judicial. Todo siempre bajo ese criterio pseudo republicano. Nunca fue independiente el Poder Judicial. No viven encerrados en una jaula de vidrio sin contacto con la realidad, son sujetos sociales, van al club, hablan con las familias, pertenecen a un país, van a la universidad. ¿Independiente de qué? El 18F fue una herramienta desestabilizadora, El gremio nacional salió a apoyar, nosotros no, muchos compañeros del país tampoco.

Sitraju creció ante la burocracia sindical enquistada en el espacio histórico de Julio Piumato.

K: ¿Cuál es tu lectura acerca de que haya dirigentes y centrales divididas?
VS: División siempre hubo. En cada proceso histórico-político que atravesó nuestro país de los 60 para acá, no recuerdo que haya habido una central única del sindicalismo. Está la CGT, aparece la MTA, la CTA, CGT Azopardo, Brasil. No sé si tendremos alguna añoranza teórica de que hubo un movimiento obrero unido siempre en una sola central. Que alguien me diga cuándo fue eso, porque todas las peleas que hubo en torno al peronismo, el laborismo, el justicialismo. Tampoco sé si va a haber unidad de los dirigentes, creo que las bases van a tener que tomar la posta. Calculamos que hay 50 mil delegados en todo el país, es una masa enorme de militancia invisibilizada. Esos delegados tienen la responsabilidad y el deber de hacer lo que no hicieron los dirigentes. Y quizás la unidad se pueda producir alguna vez. Yo lo dudo mucho. Todos los dirigentes tienen una postura distinta, y cuando se dividen en pueblo y antipueblo, no pueden estar juntos. Dicen que el kirchnerismo dividió a la sociedad. Desde Mariano Moreno hasta acá siempre hubo divisiones. ¿Cómo haces para juntar al pueblo con el antipueblo? ¿Cómo hacés para juntarme a mí con Barrionuevo, que acaba de comprar una cadena de restaurantes y dejó en la calle a la mitad de los trabajadores? Es muy contradictorio, pero es parte de la realidad. En todos lados hay una batalla cultural para dar.

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