Patria Grande

La revolución es invencible

Lo primero que se advierte al llegar a la isla es el inconfundible acento caribeño. También el calor húmedo y agobiante. Un montón de autos antiguos y colorinches circulan por las calles y al costado de la ruta emerge la cartelería revolucionaria. No son imágenes decorativas, sino la enseñanza del Che de que “en el imperialismo no se puede confiar pero ni tantito así”. En eso siguen, luego de 56 años, y a pesar del impensado reestablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. La liberación de los cinco héroes, una fiesta.

Por Franco Lucatini. Ilustraciones: Gustavo Cimadoro.

Hay una isla por Centroamérica que goza del enorme triunfo de haber vencido al imperialismo no una, ni dos, ni diez veces, sino todos los días durante 56 años. Y contando. No sólo se hicieron del mérito por aquella insurrección popular encabezada por unos barbudos, allá por 1959, sino por lo que continuó después: la Revolución en sí. Tras medio siglo de socialismo, acorralada por un bloqueo infame y criminal, y con un producto bruto mínimo comparado con otros países de la región, Cuba es uno de los países que encabezan el Índice de Desarrollo Humano, gracias a sus niveles de educación, salud y esperanza de vida.

Lejos de contentarse con haber erradicado la pobreza extrema, la desigualdad y el analfabetismo, hoy en la isla se plantean nuevos desafíos para mejorar la calidad de vida y el bienestar de su pueblo, y se debaten novedosos paradigmas para modernizar el socialismo desde la praxis social y económica. En ese contexto, y ante un mundo devastado por las crisis económicas, las guerras, los desastres naturales y las epidemias, llegó a Cuba la noticia de que se reanudaban las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, al tiempo que eran liberados los tres presos que faltaban para que los Cinco Héroes volvieran a Cuba.

Cuba: la garantía de toda América Latina
El sentimiento patriótico de los cubanos es una de las grandes obras de la Revolución. Con las campañas de alfabetización, poco después del derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, se retomaron las enseñanzas de José Martí, el Apóstol de la independencia y el primer pensador antimperialista de América Latina. Ya por el siglo XIX se anticipó al neocolonialismo yanki y sostuvo en numerosos escritos que Cuba debía ser la barrera que contuviera al resto del continente de la voracidad de los Estados Unidos. Dejó su vida en la lucha por la independencia, pero quedó su frondoso legado histórico, filosófico y literario, que abarca todas las ramas del pensamiento social contemporáneo.

La ideología martiana fue el puntapié de un germen libertario que retomó Fidel Castro, y que continúa hasta el día de hoy, con la publicación de sus reflexiones en Cubadebate y a través del órgano de difusión del Partido Comunista, el diario Granma. Merced a esas reflexiones, los “cinco héroes” se enrolaron en la lucha por la defensa de la libertad y la autodeterminación de Cuba, conscientes de que la única forma de resistir es combatir. Formaban parte de un extenso y minucioso aparato destinado a prevenir atentados contra Fidel y contra la Revolución, hasta que cayeron presos en Estados Unidos.

La Revolución resistió de pie todo tipo de ataques, infamias y bloqueos.

Hasta diciembre pasado había decenas o cientos de monumentos, pequeños monolitos o murales con la estrella socialista, los nombres de los cinco héroes en sus puntas, y una leyenda bien clara: “Volverán”. Lo había dicho Fidel, y lo repetía cada año. Una semana antes de la nochebuena de 2014 finalmente se hizo realidad. El Granma tituló “Volvieron”, y esa misma palabra comenzó a reemplazar la añoranza de los memoriales a lo largo y a lo ancho de la isla. El diario acompañó la noticia con el discurso del presidente y secretario general del Partido, Raúl Castro. La tirada se agotó rápidamente: las calles de Cuba desbordaban alegría y los vecinos se abrazaban en la celebración. Según cuentan los cubanos, hacía 65 años que eso no pasaba. La última vez había sido con el triunfo de la Revolución.

Bloqueo y período especial
Los cubanos aprendieron a la fuerza que los derechos no se reconocen ni se declaman, sino que se ganan con la lucha y se protegen con la resistencia. Desde el triunfo de la Revolución pesa sobre la isla un bloqueo criminal que afecta el ingreso y la producción de bienes esenciales. En las calles de cualquier ciudad de Cuba hoy se puede comer al paso, en puestos y carritos de emprendedores cuentapropistas y de compañías del Estado. Es común encontrar pizzas individuales o en porciones, sándwiches de carne de cerdo y otros alimentos.

Pero no siempre fue así. Durante los años que prosiguieron a la caída de la Unión Soviética (el llamado “Período especial”), esos mismos puestos llegaron a vender “frazadas de piso” humedecidas y condimentadas para mentirle al estómago. Así le dicen los cubanos a las alfombras, que hacían las veces de porción de pizza cuando ya no había ni animales para carnear ni harina para hacer pan. En el anecdotario de los cubanos que vivieron esas penurias se incluyen casi con sorna almuerzos de fideos embadurnados de Merthiolate para que a los ojos del comensal parecieran bañados en salsa de tomate.

Los cubanos siguen siendo un faro para todos los movimientos emancipatorios del continente.

Los revolucionarios son también los que resistieron el bloqueo en el peor momento de la Revolución, cuando el escollo no tenía que ver con comodidades sino con la supervivencia. Los cubanos aprendieron que los derechos se ganan, y los construyeron desde cero. Hoy Cuba está de pie, sin hambre ni analfabetismo. Y por si fuera poco, es una de las mayores usinas de formación científica y social, ejemplo en el mundo de humanismo y solidaridad. A pesar de las carencias, lejos de tener dificultades sanitarias, envían misiones a todas partes del mundo para luchar contra plagas, epidemias y enfermedades de laboratorio. El pueblo acompaña, pendiente de la suerte de sus misioneros en cada uno de los destinos que se suceden. Hoy miran a Sierra Leona, donde cientos de médicos cubanos luchan contra el ébola.

Los héroes son once millones
No son cinco los héroes que sostuvieron la increíble proeza de resistir al enemigo imperial. Son once millones, que trabajan todos los días por la grandeza de Cuba y la de su pueblo, y resignan lo individual por lo colectivo. Es claro que las generaciones más jóvenes son las más disconformes con el sistema que les rige la vida. El turismo y la penetración por goteo de la globalización de los mercados les refriega todos los días el lujo de miles de extranjeros que tienen el privilegio de viajar, para colmo con accesorios tecnológicos y el abuso de las marcas multinacionales. Aunque muchos logran entender que se trata de porciones muy minoritarias de la población de otros países la sensación de que el mérito personal les permitiría acceder a los mismos bienes de consumo los hace tambalear en su compromiso con el socialismo.

Allí radica el desafío de la Revolución en la actualidad, que tomó nota de los reclamos y avanza con reformas para lograr el dinamismo de la economía. Entre esas acciones se contempla la posibilidad de darle un cierto espacio al mercado y la “sana” competencia. No significa bajar las banderas del socialismo, sino redefinirlo de cara al siglo XXI. Es algo que el pueblo tiene bien claro: el socialismo no tiene que ver solamente con los sistemas de producción, ni se define por variables sobre el funcionamiento de la economía. El socialismo está en el hombre nuevo, en el sentido social del individuo, en su pertenencia al espacio que lo rodea, en la dignidad con la que puede crecer, educarse y trabajar, siempre con salud y con vivienda garantizados.

La liberación de los cinco fue una consigna que abrazó todo el pueblo cubano.

“Ahora llevamos adelante la actualización de nuestro modelo económico para construir un socialismo próspero y sostenible”. Así lo definió Raúl Castro el último 17 de diciembre, cuando anunció el retorno de Gerardo, Ramón y Antonio. El día anterior, el periodista Armando Hart Dávalos publicaba en el diario Juventud Rebelde un llamado a “hacer de la ideología y la cultura cubanas un escudo protector ante las dosis penetrantes de las toxinas imperialistas, contra las que hay que seguir luchando”.

La nota continuaba con palabras que se podrían trasladar a la actualidad de cualquiera de las naciones latinoamericanas en las que el pueblo volvió a ser protagonista: “Si queremos ser prósperos, vivir en una sociedad que garantice la conquista de sus derechos, que se fortalezca económicamente y mantenga siempre sus páginas de gloria histórica, no podemos olvidar nuestra historia, la lucha heroica del pueblo por la independencia, por su soberanía, por la defensa de los niños, ancianos, jóvenes, por dotarlos de derechos políticos en un modelo de democracia que si bien hay que continuar perfeccionando, es antítesis de aquel del que mucho nos alertó Martí para no sucumbir bajo sus alas: el de la democracia representativa burguesa”.

Todos los días un poco
La conciencia política y las enseñanzas de Martí están en cada uno de los cubanos desde que aprenden a caminar. Cuando juegan “pelota” en la calle (así le llaman al béisbol) no se olvidan de Liván y “el Duque”, aquellos gusanos que traicionaron a su afición y se escurrieron al otro lado del estrecho de Florida por un puñado de dólares. Tampoco se olvidan de Luis Posada Carriles, que partició del atentado al vuelo 455 de la aerolínea Cubana de Aviación en 1976, que dejó 73 muertos. Y no se olvidan de la Escuela de las Américas, del Plan Cóndor, y de cientos de operaciones planificadas por el imperialismo para desmembrar y someter a toda Nuestra América.

Kraneá tu comentario

Comentá primero

avatar
wpDiscuz