Dossier Estado (dimensión histórica)

Peronismo Estado y Nación

Roberto Baschetti repasa los logros que el primer peronismo logró en materia política, económica, social, deportiva y cultural, a través de los resortes del Estado nacional y la decisión política de distribuir las riquezas de modo equitativo.

Por Roberto Baschetti

Existe un gobierno nuevo (Macri-Pro-Cambiemos con aliados menores), instalado hace poco más de cien días en el poder. Segmento de tiempo que ha permitido evidenciar que sus metas a corto y mediano plazo no pasan por la protección de los sectores sociales más débiles, aquellos que necesitan una mayor presencia del Estado para que sus derechos sean garantizados. Es un gobierno de élite empresaria que sólo busca el beneficio, el lucro y la ganancia de sectores concentrados de la economía que ya de por sí ostentan un lugar privilegiado a la hora de embolsar dividendos. Un Estado para pocos.

Es oportuno hacer un ejercicio histórico que permita recuperar la importancia del rol del Estado en la conformación de una sociedad más justa e igualitaria. Y hablar en estos términos significa remitirnos al primer peronismo que gobernó nuestra Patria entre 1946 y 1955, la primera experiencia institucional en la cual el Estado se constituyó como garante de los derechos de las grandes mayorías.

Le bastaron a Perón solamente 123 decretos-leyes, promulgados entre el 4 de junio de 1943 y el 3 de junio de 1946, para formar un corpus jurídico de primer nivel que no dejó nada librado al azar y que le permitió allanar su camino a la primera magistratura, con su posterior histórico triunfo en las elecciones del 24 de febrero de 1946. Entre esos decretos, se sancionaron con fuerza de ley el pago de las vacaciones anuales, la modificación a la ley sobre accidentes de trabajo en defensa de los trabajadores, el correspondiente pago de salarios en los días feriados, las jubilaciones y pensiones civiles, la gratuidad de la actuación en juicio para empleados y obreros, el Estatuto del Peón de campo, la jubilación de los periodistas, el suplemento de salario para hijos naturales reconocidos, la creación del Instituto Nacional de las Remuneraciones, el salario vital mínimo y básico y el correspondiente sueldo anual complementario (aguinaldo); también la obligatoriedad del laudo gastronómico.

Se trató de un gobierno que llevó adelante mejoras antes nunca vistas en beneficio del pueblo argentino. Sus tres banderas históricas, independencia económica, justicia social y soberanía política –como veremos a continuación- fueron elevadas a su máximo exponente.

A nivel económico

Cuatro realizaciones concretas fueron el motor que potencializó al panorama económico del país: nacionalización de la economía, créditos para la industria, plena ocupación y altos salarios.

Suelen decir los detractores de la experiencia peronista que los logros evidenciados fueron a costa de un déficit que nunca se pudo saldar y que fue cada vez mayor. Falso: En 1943 el déficit nacional alcanzaba los 300 millones de dólares. En 1955, cuando derrocan al Peronismo, no había déficit y en 1959 (durante el gobierno de Arturo Frondizi) pasamos a tener 2.500 millones de dólares de déficit, luego de que este gobierno aceptara alegremente las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Además con el Peronismo en el gobierno, por primera vez en la historia de nuestro país, se evidencia un corrimiento positivo de la economía, en relación a la industria y el campo (un país que dependiera de su propia producción industrial y no atara su suerte a la de la oligarquía terrateniente). Así fue que el valor de la producción industrial, con relación a la agropecuaria, pasó a primer término, con la respectiva incidencia en la renta nacional: 24.800 millones de pesos contra 22.000 millones.

En 1948 el censo industrial determina que hay 81.937 establecimientos. En 1954, los establecimientos trepan a 151.798. Se impulsa la industria liviana y toda la industria manufacturera de consumo final. Y al término del primer gobierno comienza la producción de bienes de consumo durable, como los aviones, automotores, motocicletas y motonetas, y a producirse insumos siderúrgicos y otros derivados del petróleo. Solamente entre 1948 y 1949, los chacareros arrendatarios se hicieron propietarios de un millón de hectáreas. Por otro lado, pasan al patrimonio de la Nación los ferrocarriles, teléfonos, gas, y otros servicios públicos.

Durante los dos gobiernos peronistas (1946-1955) se levantaron 76.230 obras públicas, de las cuales 70.000 fueron en el postergado interior del país. Se inauguraron centrales hidroeléctricas, plantas siderúrgicas, diques, gasoductos, refinerías de petróleo y usinas eléctricas en todo el país (San Nicolás, Río Turbio, represa del Nihuil, Altos Hornos Zapla, etc.).

La Flota Mercante del Estado pasó a ser la tercera del mundo, con 35 buques, y un tonelaje total de peso bruto de la flota de 269.530 toneladas. Esto nos permitió ahorrar ingentes fortunas al reducir o anular fletes, comisiones, acarreos y transportes que estaban en manos de particulares y extranjeros.

A nivel social

En nueve años de gobierno se construyeron 8.000 escuelas, la mayor cantidad registrada en toda la historia de la Argentina. Entre ellas estaban los “Hogares-Escuela” que permitían a los alumnos alejados de sus hogares vivir dignamente, mientras que estudiaban. Como consecuencia directa de esta planificación estatal el analfabetismo se redujo al 3% en todo el país.

En nueve años de gobierno se construyeron 500.000 viviendas con capacidad para cerca de 5 millones de personas. A modo de ejemplo, el Banco Hipotecario Nacional, en el período 1886-1946 (sesenta años) había dado préstamos para 20.000 viviendas. Entre 1946 y 1951 (cinco años) la cifra llegó a los 217.000.

Se dignifica a todos los trabajadores mediante contratos de trabajo, leyes de previsión social, jubilaciones y pensiones, cooperativas, proveedurías, escuelas técnicas, y otros. También se crean los tribunales de trabajo y de ese modo, por primera vez, el trabajador tiene a mano un recurso legal para defender sus derechos.

Se creó la “Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón”, porque como decía Evita, “Donde hay una necesidad hay un derecho”. Hablamos de Hogares Escuela, Ciudad Infantil, Ciudad Estudiantil, Hogares para Ancianos, Hogares de Tránsito para las empleadas, Hospitales, Clínicas y Policlínicos para la gente con los últimos adelantos tecnológicos, turismo infantil, colonias de vacaciones para todos los pibes del país, entre otras iniciativas.

A nivel político

Otro hito clave fue la reforma de la Constitución de 1949. En un discurso del 3 de septiembre de 1948, el presidente Perón ya había explicado por qué eran necesarios los cambios: “Cuando redactamos nuestra proclama revolucionaria en 1943, dijimos que no culpábamos a nuestra Constitución de los males que aquejaban a la República, sino a los hombres encargados de aplicarla, que lo habían hecho en su beneficio y no en el de la Nación (…) Es evidente también, y eso lo reconocen todos los ciudadanos, que la Constitución Nacional no ha sido adaptada a los nuevos tiempos ni a las nuevas necesidades”.

La revolución implícita de la nueva pieza constitucional se evidencia con sólo repasar tres de sus artículos. El 38 expresa que: “La propiedad privada tiene una función social”. El 39 rubrica que “El capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social”. Y el 40 garantiza que “La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social”.

El Banco Central hasta ese momento en manos de la oligarquía pasa a convertirse en un instrumento pujante de nuestra política económica y social. Se nacionalizan el crédito y los depósitos bancarios. También se crea el Banco Industrial, para orientar el crédito hacia la mediana y pequeña industria y otros sectores medios, y se pone en marcha el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), cuya función era comprar toda la producción agropecuaria y comercializarla en el exterior, para garantizarle a los pequeños productores rurales precios mínimos y estables, incentivar la producción y mantener bajos los precios de los alimentos.

La renta nacional (el total del ingreso que por su actividad productiva acumula un país) aumentó en 1954 en un 55% en comparación con 1943. Con algunos guarismos dignos de tener en cuenta: Al iniciarse la experiencia Peronista (1946) los trabajadores tienen un participación del 35%. Con los cambios económicos punteados más arriba, la participación asciende al 51% en 1949, para luego estabilizarse en un 48%, una cifra realmente muy alta. En consonancia con esto, el ingreso promedio de cada habitante sube también un 50%.

Como alguna vez dijo alguien: La única verdad es la realidad.

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