“Tenemos que profundizar las movilizaciones populares, no las podemos dejar caer”

Carlos De Feo conduce la federación nacional de docentes universitarios que hoy resiste el avasallamiento macrista no solo en contra de sus derechos sino también de la educación superior. "Vienen por las organizaciones sindicales", denuncia.

Por Mariano Abrevaya Dios. Fotos: Prensa Conadu.

Carlos De Feo preside la Federación Nacional de Docentes Universitarios (Conadu) desde 2006. Se trata de un militante político y sindical de larga trayectoria en el peronismo y el campo nacional y popular. El día del cierre de la Marcha Federal Docente los medios dominantes mafiosos le apuntaron sus cañones por haber deseado frente al micrófono del palco que a Cambiemos le fuese mal. Nosotros lo fuimos ver al moderno edificio que la federación tiene en calle la Pasco, cerca del barrio de Once, CABA. El encuentro fue cálido, fascinante. Nos encontramos con un hombre formado y apasionado, que inscribe a su gremio en el modelo de sindicato que lucha por sus reivindicaciones sectoriales pero también por la justicia social y los intereses nacionales. Forman parte de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) y forman parte de las organizaciones que hoy se plantan ante el ajuste y la persecución macrista.

“Estamos en un momento político en el que hay que recuperar las palabras, porque esa fue una de las cosas que nos sacaron en los noventa”, dispara Carlos ni bien nos sentamos en la mesa de reuniones. Y se refiere a la movilización de no más de veinte mil personas que el macrismo realizó en el centro porteño. “Eran una barbaridad las cosas que decían”, opina, y resalta que esos grupos pueden vomitar semejantes animaladas porque cuentan con el apoyo de los grandes medios de comunicación. “El gobierno le está hablando a un sector muy pequeño”, dice. “Pero ¿cuánto tarda en caerse un discurso cuando la realidad es tan contundente en el sentido contrario?“, reflexiona. “Ni este ni cualquier otro gobierno de derecha puede ocultar que va en contra de los intereses de las mayorías, pero lo que sí puede hacer es destruir la capacidad organizativa del pueblo, y eso es lo que están haciendo, por ejemplo con nosotros, los docentes. Este es un tema central y tenemos que tenerlo en cuenta”. Agrega que en ese punto los funcionarios de Cambiemos son más bestiales que los del menemismo, quienes contaban, por lo menos, con un pasado de militancia. “Ya lo dijo Jauretche: no es lo mismo ser un medio pelo que un oligarca de nacimiento“, cierra.

Carlos resalta que en las universidades nacionales hay una enorme cantidad de docentes e investigadores que ingresaron a partir de 2006, que son los que hoy defienden los avances de los últimos años, a diferencia de otro segmento, en general de otra generación, que todavía está cómoda en términos económicos. “Son unos 60 mil de un total de 180 mil“, cuenta. Y dice que de aquel universo emergieron los docentes, becarios e investigadores que coparon el Conicet en diciembre de 2016 para luchar contra el recorte presupuestario.

De Feo propone un repaso de los logros de la gestión de gobierno kirchnerista en materia universitaria: se crearon nueve universidades nacionales (a contramano del avance en América Latina de la comercialización de la educación superior y la privatización), se mejoraron de modo notable las condiciones infraestructura, se accedió a un convenio colectivo de trabajo (el único en América Latina), se mejoraron las condiciones laborales (se recompuso el 50 por ciento del poder adquisitivo real), se recompuso el nomenclador, se accedió a una jubilación, se le dio un escalafón al personal no docente, se lanzaron becas universitarias (en la universidad de La Plata los estudiantes cuentan con un tres, colectivo y hasta bicicletas, aparte de un comedor con precios populares).

Pero “no pudimos cambiar la ley de educación superior”, reconoce Carlos, “un problema que nos deja abierto un agujero terrible” porque “queda abierta la posibilidad de destruir la universidad pública a través de su comercialización”, debido a la posibilidad de que comience a funcione “para los privados o pequeños grupos de poder que están relacionados con sectores concentrados de la economía”, como el sector agroexportador.

Carlos entró a la universidad en 1968. Al año siguiente se sumó a la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN), el mismo espacio político en el que militaba Néstor Kirchner. En los primeros años de la década del setenta, la agrupación se fracturó en dos. Una de extracción peronista y otra más inclinada hacia la izquierda nacional -que finalmente se peronizaría-. Él se quedó con los primeros, y con ellos ganó el centro de estudiantes de la facultad de ciencias naturales de La Plata. Allí estuvo hasta 1976. Luego se exilió en La Pampa. En los ochenta, volvió a la universidad y retomó la militancia, ya no como estudiante, sino en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), ya que trabajaba en el Conicet. En los noventa ingresó a un sindicato docente, conducido en aquel momento por la izquierda. Junto a unos compañeros armaron una lista, se presentaron a elecciones y ganaron la conducción de la organización gremial. Se trataba de la Conadu, que en ese momento, en la casa de estudios platense, tenía 350 afiliados. Hoy supera los 4 mil afiliados, de un total de 10 mil docentes que trabajan allí. Carlos presidió la dirección de su facultad entre 1997 y 2006, cuando fue elegido secretario general de la federación.

La Conadu hoy nuclea a unos 26 mil docentes de un total de 160 mil que hay en todo el país, y agrupan a 30 sindicatos docentes. “Somos la federación más importante del país y durante los últimos años crecimos mucho gracias a las universidades nacionales que se crearon en la Argentina”, explica. “Hablamos de sindicatos que llegan con un peso político muy importante”. La otra gran central gremial, la Conadu Histórica, se encuentra bajo la dirección de una conducción de extracción trosquista, y cuenta con unos 20 mil afiliados.

“La paritaria te obliga a un ejercicio relacionado con la negociación”, afirma Carlos, ya que en las universidades muchos están acostumbrados a confundirlos con los partidos políticos. Recuerda que la primera paritaria, durante la presidencia de Néstor Kirchner, en 2005, “fue un quilombo, con paros, movilizaciones, y nos terminaron dando un 50 por ciento de aumento”. A partir de ese momento, año a año, las paritarias funcionaron como un reloj suizo. “Eso permitió mejorar nuestras condiciones de trabajo, pero aparte a los sindicatos nos permitió instalarnos como tales, para dejar de ser lo que muchos eran hasta el 2003: un centro de estudiantes de viejos, o colegios profesionales confundidos, o claustros de grado sin brújula. Hoy sabemos dónde estamos y también dónde están nuestros pares: en las organizaciones sindicales”.

K: “¿Qué significan para ustedes las seis movilizaciones que el pueblo organizado realizó en marzo?”.

CDF: “Los docentes somos un emergente que tiene que ver con el conjunto de los trabajadores, y su vez estamos siendo utilizados por el gobierno como un caso testigo, como sucedió con Margareth Tacher y los mineros, y Carlos Menem con los ferroviarios”.

O sea: si quiebran a la Central de los Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), la Unión de Docentes Argentinos (UDA) o el Sindicato Argentino de Docentes Particulares (SADOP), se llevan puesto al resto de los trabajadores.

“Tenemos que profundizar las movilizaciones populares, no las podemos dejar caer, fundamentalmente por lo que significan para la unidad de la clase trabajadora. Creo que no hay posibilidad de conformar una alternativa electoral, ya no para el 2019, sino para octubre próximo, si no hay un alto nivel de movilización popular que, por otro lado, solo las organizaciones sindicales pueden impulsar”.

Carlos contó que hace unos días participó de un acto de una agrupación peronista platense, y que allí se encontró con la presencia de petroleros, bancarios y trabajadores de la televisión, entre otras organizaciones gremiales. “Una foto que no veía hacía mucho tiempo”, apunta. “Y eso es lo que vimos en marzo en la calle”, agrega. “Ni siquiera antes de Néstor veíamos el peso de lo sindical en las movilizaciones, ya que en el 2001 los gremios venían detrás de los movimientos sociales y las agrupaciones políticas”. Y cierra la idea: “Esto es un cambio muy importante que emerge luego de doce años de desarrollo económico e inclusión social, aparte de mayor cantidad de empleo”.

El secretario general de la Conadu está convencido de que con las movilizaciones se puede promover la reorganización del movimiento obrero. Admitió que le gustaría estar dentro de la CGT para formar parte de las discusiones que, está convencido, terminarán en el desplazamiento de las autoridades del triunvirato de la central obrera más importante de la Argentina, y observa que “hay una concientización del laburante que todavía no se expresa en organización”, pero que hacia allá se está caminado, que es una cuestión de tiempo, porque ahora se están macerando las peleas que hoy se están dando en la calle.

K: “Ustedes tuvieron hace unas horas un plenario con los secretarios generales de los sindicatos que forman parte de la federación. Determinaron un plan de lucha para abril. ¿De qué se trata?”.

CDF: “Ya desde el año pasado que les venimos haciendo un planteo a los gremios de base desde la mesa ejecutiva de la Conadu, y tiene que ver con el pedido de que salgan de la universidad y que interactúen con el resto de las organizaciones sindicales. No hay posibilidad de defender la universidad sino es en conjunto con la comunidad universitaria”.

La Conadu realizó dos jornadas nacionales de protesta, el 4 y 5 abril, con decenas de clases públicas en diversos lugares de los centros urbanos del país, que paralizaron la actividad en todas las universidades nacionales. Los docentes compartieron con los estudiantes las razones de la lucha, que no solo tiene que ver con un reclamo salarial, sino también con la defensa de la universidad pública y la ciencia y tecnología nacional. La Feduba (docentes de la UBA) realizaron un abrazo alrededor de la Facultad de Medicina y el miércoles 12 de abril los sindicatos docentes se concentrarán en el Palacio Pizzurno para acompañar una nueva negociación de la paritaria docente universitaria.

K: “¿En qué punto están las negociaciones con la cartera de Educación?”.

CDF: “Ya tuvimos cuatro reuniones desde mediados de febrero a finales de marzo. Pasamos del 18 por ciento, a un 20. No avanzamos más que eso y nosotros pedimos un 35. El problema es que si no se soluciona la paritaria docente general, nosotros no vamos a avanzar. El gobierno tiene la estrategia de dejar morir la paritaria porque saben que nosotros no podemos mantener una pelea a largo plazo con la intensidad que lo estamos haciendo ahora. Es lo que le pasó a los mineros y a los ferroviarios. Por eso en el plenario decidimos no convocar a más medidas de fuerza para no ponernos en contra a los estudiantes. Vamos a salir a la calle con otros sectores de la comunidad para sumar nuestra problemática al malestar general. Si discutimos solos estamos fritos. Ellos vienen por nuestra organización”.

El 22 de marzo la Conadu movilizó diez mil docentes frente al Palacio Pizzurno. Aprendieron más de logística, cordones humanos, bombos y banderas durante el mes de marzo pasado que durante los últimos diez años, cuando estuvieron abocados a crear un instituto, una plataforma virtual de formación e imprimir publicaciones. El año que viene se cumplen los cien años de la reforma universitaria (1919), en 2019 se cumplen setenta años de la gratuidad del estudio de grado (1949, con la reforma constitucional de Perón) y en 2020 se cumplen cinco años de la sanción de la ley que habilita el ingreso irrestricto a las universidades (proyecto de Adriana Puiggrós). “Semejante agenda en medio de la gestión de un gobierno que quiere destruir la universidad pública”, se lamenta Carlos.

Las paredes de la oficina de Carlos están decoradas con los rostros de los hombres y las mujeres que influyeron en la vida de toda una generación. Frente al sillón y la mesa ratona de un pequeño living, imágenes de la revolución cubana, Sartre y Lenin. Alrededor de la mesa de reuniones, Cook, Jauretche, Ubaldini, Walsh, Juan y Eva Perón, Néstor y Cristina Kirchner. “Me falta Alfonsín”, dirá, y cita el homenaje en vida que le realizó CFK. Su biblioteca está poblada de fotos de su compañera, hijos y nietos. Y algunas más de Néstor y Cristina.

K: “Vos que tenés una larga experiencia de militancia política y sindical, ¿vivieron alguna vez un hostigamiento como el de Cambiemos?”.

CDF: “Con el menemismo vivimos una situación similar, aunque acá lo que hay es un tema con los modos. Con los otros nosotros podíamos discutir y negociar, pero estos son unos berretas, no tienen argumentos. Hay una ignorancia y banalización alarmante de toda su política educativa”.

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