Judiciales

No la van a poner de rodillas

Mauricio Macri volvió a atacar a la procuradora general de la Nación, Alejandra de Gils Carbó, no por sus errores, como lo plantea con cinismo frente a su audiencia, sino por sus aciertos, que tienen que ver con sus investigaciones y la profesionalización del Ministerio Público Fiscal.

Por Luciano Jesús

No debe ser sencillo tolerar que dos o tres veces por semana te monten denuncias falsas, o te tiren encima declaraciones estigmatizantes y persecutorias, en el marco de una presión de tipo mafiosa, que para colmo cuenta con la vidriera de los tres portales de noticias más vistos de la Argentina: Clarín, La Nación e Infobae. Es obvio que esa constancia crea algún grado de consenso en la sociedad, un malestar, una enemiga (otra mujer). No importan tanto las razones, sino la presencia, que sería como una pared, un muro, una limitación para una vida mejor. Lo aspiracional.

Imagino a la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, leyendo en esos portales que el Presidente de la Nación la agrede en la Bolsa de Comercio, en el marco de la celebración por el 106 aniversario del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, que entre otros defectos, suele defender genocidas; y pienso en la satisfacción que debe sentir, al estar del lado correcto de la justicia. Qué orgullo que la derecha más rancia, antidemocrática y autoritaria la quiera sacar de su camino.

A esos sectores no les molesta de Alejandra Gils Carbó algunos supuestos errores administrativos que podría haber cometido, sino todos los avances que logró en la construcción de un sistema judicial más transparente, inteligente y de cara al pueblo. Les molesta porque la política criminal de la procuradora está orientada a perseguir delitos económicos, trata de personas, narcotráfico, corrupción, femicidios, pero de verdad, en serio, con hombres y mujeres calificadas y por medio de acciones y decisiones concretas. No para el marketing y la gilada.

Cuando la oligarquía argentina advierte que parte del poder judicial y de las fuerzas de seguridad dejan de proteger sus intereses, saltan como Silvio Soldán cuando los estudiantes abrían el cofre. Y escupen con cinismo los argumentos de siempre: falta de independencia (para ellos es la independencia de los intereses populares) o es militante (pero no de derecha). Cuando algún fiscal o juez le pide explicaciones a Blaquier, Massot o Macri está quebrando una tradición judicial centenaria, de cortes supremas que avalaron golpes de Estado y le denegaban los habeas corpus a las familias que buscaban a su ser querido desaparecido.

Macri, mientras estaba en la Bolsa de Comercio para compartir el festejo de los abogados de los genocidas, además de embestir contra Gils Carbó, dijo que si los jueces no hacen lo que a él le gusta van a buscar otros jueces. Así se mueve el patrón. Y Gils Carbó no le responde como si fuese su sumisa empleada. Por eso Clarín, La Nación e Infobae.

Según el presidente que asumió su mandato procesado por la justicia -estaba acusado de dirigir una red de espionaje-, “tenemos una procuradora que tira constantemente cortinas de humo”, ya que la Argentina es uno de los tres países que no firmaron el acuerdo para ir a tomarle declaración” a la empresa brasileña Odebretch. “Se tomó todo este tiempo en amparar delitos que se cometieron en el gobierno kirchnerista”, denunció, en el marco de una actividad que el colegio de abogados denominó con esos términos que tanto les gusta manosear: Diálogo, transparencia, desarrollo.

Si uno tomara el discurso público de la Alianza Cambiemos sobre los temas de diseño institucional de los temas de justicia y se asomara un poco al funcionamiento de la Procuración General de la Nación, vería con claridad que coinciden, porque se trata de un modelo institucional moderno, que rige en diferentes partes del mundo. Pero el diseño puede ser solo una cáscara. O un globo. Como los son las políticas públicas del PRO. Pero no lo son las políticas del Ministerio Público Fiscal de la Nación. Por eso, otra vez, no estamos ante una discusión de formas sino de fondo.

El ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, cuando fue jefe de los fiscales de la Ciudad (además de ser militante del PRO) realizó un diseño institucional con similitudes a lo que hizo Gils Carbo en Nación, pero con menor desarrollo: fiscalías especializadas por tipo de delitos, direcciones de apoyo a la investigación, análisis criminal, contención de las víctimas. Hasta puso en marcha un sistema procesal penal acusatorio, diseño procesal que para el esquema federal el mismo ministro frenó, con el objeto de mantener el poder de los jueces federales de los lúgubres tribunales de Comodoro Py. Es un tema de largo aliento: solo digamos que si se estuviera aplicando la Ley vigente 27.063 que implementa un proceso penal de corte adversarial, Bonadio no tendría facultades de investigar delitos.

Los abogados fascistas que aplaudieron de píe a Macri en la Bolsa de Comercio quieren jueces convertidos como Horacio Rosatti e impresentables como el fiscal Germán Moldes, afines a sus intereses. Quieren el expediente en el cajón, la corbata ajustada y el disciplinamiento de las fuerzas de seguridad. Pero a Gils Carbó le interesa investigar los hechos de violencia institucional que las policías de Macri ejercen contra los jóvenes, las mujeres, los vendedores ambulantes, los migrantes y otros sectores vulnerables. Además, la procuradora puede mostrar orgullosa que creó las oficinas que fueron necesarias para investigar, perseguir y llevar a la cárcel a quienes cometieron delitos de lesa humanidad en Argentina. No la van a poner de rodillas.

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