“Le están quitando el pan de la mesa a la gente”

Casi veinte organizaciones del Frente por Trabajo y Dignidad Milagro Sala se movilizaron a Desarrollo Social para exigirle al Gobierno una respuesta ante un contexto social que se despedaza todos los días un poco más. La respuesta, inusual hasta ahora, fue la represión. Antes del desalojo, hablaron los protagonistas.

Texto y fotos: Mariano Abrevaya Dios

La protesta terminó con represión. Finalizó con una foto que no veíamos hace mucho tiempo. Justamente, el tiempo que pasó entre la gestión de un gobierno neoliberal que llevó al país a una crisis terminal y que tuvo que irse por el aire antes de que termine su mandato, y el gobierno de la Alianza Cambiemos, que en un año y medio hizo tanto daño que al parecer no le queda otra opción que limpiar de pobres la avenida más ancha del mundo con el uso de la fuera estatal. Esto es: cientos de efectivos infantería, motos, carros hidrantes y balas de goma para dejar en claro que el PRO y los radicales dieron un nuevo paso hacia la agudización de la crisis social. No van a negociar sino a reprimir.

Quema de gomas y capuchas, la excusa del gobierno para reprimir.

El corte de la 9 de Julio había comenzado dos horas antes, por responsabilidad de las veinte organizaciones sociales que conforman el Frente por Trabajo y Dignidad Milagro Sala, que decidió armar un campamento frente al enorme edificio de la cartera nacional de Desarrollo Social para llevarle a las autoridades un petitorio con cuatro reclamos urgentes: reponer las pensiones para todas las personas con discapacidad, un plan de obra pública para las cooperativas de trabajo de los barrios, declarar una emergencia alimentaria y otra de tipo tarifaria en beneficio de las empresas recuperadas, los clubes de barrio y los comedores comunitarios.

Capuchas, neumáticos y palos, el eje del mal.

Las columnas ingresaron por la 9 de Julio, tanto desde el norte como desde el sur, hasta concentrarse frente al portón del ministerio. Ahí se montaron un par de gacebos y se pusieron bajo el fuego algunas ollas de gran porte. Un grupo de muchachos hizo un círculo y comenzó a pegarle al parche y a hacer sonar algunas trompetas. Las banderas flameaban bajo el cielo cargado de nubes. Mientras tanto, una delegación de dirigentes subió a alguna oficina para reunirse con las autoridades.

Eduardo Montes está al frente de la Federación de Trabajadores por la Economía Social

“Hace más de 18 meses que la Argentina viene sufriendo las políticas de este gobierno, y entendemos que esto no va más, que acá hay miseria planificada, y entonces vinimos a plantearle al ministerio de Desarrollo Social que rápidamente intervenga para darle solución a estas cuestiones”, le contó a Kranear Eduardo Montes, el presidente de la Federación de Trabajadores por la Economía Social. Agregó que las cooperativas que forman parte de la federación hoy están pagando 25 salarios mínimos en luz, agua y gas, y que “eso es quitarle el pan de la mesa a la gente” ya que “todo ese dinero en lugar de estar en los hogares de los compañeros se lo lleva una multinacional”.

En la zona se veían banderas y pecheras de la Tupac Amaru, el Movimiento Villero, Militancia Popular, la agrupación El Eternauta, Compromiso Social, La Federación de Trabajadores por la Economía Social Limitada (FeTraEs), la Corriente Patria Justa, Proyecto Popular, Quebracho, la CTD Aníbal Verón, Uniendo Barrios y la Unión Nacional de Clubes.

Otro de los que estaba realizando declaraciones al puñado de medios que había en el lugar, era Fernando Gómez, de la Corriente Nacional Descamisados. A Kranear le contó que “el gobierno de Macri nos robó hasta la posibilidad de sintetizar las razones por las que estamos en la calle peleando” y apuntó que “hace quince meses que están desmantelando el aparato productivo, tenemos quinientos mil desocupados y un programas viejos con recetas viejas que está pensado para que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres”. En el lugar sonaban fuerte los parches de bombos y los cánticos. “Hoy los que ves acá son compañeros y compañeras que perdieron su changuita en los barrios, los de las fábricas recuperadas, los clubes de barrio, los que perdieron su pensión por invalidez, las organizaciones que todos los días tienen que abrir un merendero o un comedor”, graficó.

“Así no se puede seguir”, sostuvo Gómez.

“No es un problema de oídos sordos sino de voluntad política”, continuó Gómez. “El objetivo del gobierno es que el hijo de un cartonero se muera cartonero y que el hijo de un empresario sea empresario toda la vida. Tienen los oídos cerrados para las mayorías populares”, afirmó, y anunció que “estamos lanzando un plan de lucha porque así no se puede seguir”.

“¿En los barrios también hay bronca?”, consultamos.

“Te cuento”, dijo. “En esta semana no solo le cerraron la radio a unos compañeros de Moreno que tienen distintas discapacidades físicas, y la licencia en orden, sino que nos enteramos que les abrieron una causa penal, y aparte, solo en esta semana, tuvimos que abrir tres merenderos porque no damos abasto con la cantidad de pibes y sus familias que se nos acercan por el hambre”, describió.

La olla popular, símbolo de la protesta y las crisis.

“En los barrios se siente que estamos ante un gobierno que gobierna para los ricos”, sintetizó, y sostuvo que “para las mayorías populares lo que hay es la más violenta de las agresiones de parte del Estado, al meterse con las personas con discapacidad, con los pensionados por viudez, con los trabajadores de la economía informal, con los trabajadores formales y el disciplinamiento que impulsan con el salario básico a diez mil pesos”.
Todavía faltaba un rato para que el Estado los eche de la 9 de Julio.

Cuatro puntos tenía el petitorio.

Gustavo Corvalán preside el club Ramona Díaz de la localidad bonaerense de Almirante Brown y forma parte de la Unión de Clubes. Al consultarlo sobre las razones por las que estaba allí junto a un grupo de compañeros, contó que lo hacía en representación de “un montón de instituciones que tuvieron que cerrar las puertas porque no pueden pagar el tarifazo de los servicios públicos”, y explicó que a su club asisten unos doscientos pibes que juegan fútbol y hokey, que las actividades son gratuitas y que los profesores los aporta el municipio. También señaló que muchos padres “se están quedando sin trabajo o no les alcanza la guita”, y que de ese modo se agrava el estado de salud de la institución porque “todos los días vienen más chicos a tomar una merienda y nosotros tenemos cada vez menos recursos”.

Un ministerio que le dio la espalda a las organizaciones sociales.

Las mujeres con chicos y los hombres de mayor edad ya estaban almorzando un guiso, sentados sobre el cordón de los flejes de cemento del Metrobús, y los más jóvenes le seguían dando al parche y a los instrumentos de viento, cuando la delegación de referentes salió del edificio con rostros más ensombrecidos que hacía media hora antes. Un rato después asomó la primera columna de infantería, que ocupaba de lado a lado de la avenida. En ese momento hubo un intercambio entre los referentes del Frente y el oficial a cargo. El problema era el fuego y los encapuchados. El problema es el hambre, le dijeron. Un rato después bajó la orden de reprimir.

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