Serviles

¿Qué beneficio le deja al oficialismo votar en la legislatura porteña un proyecto para repudiar la deportación de Jorge Lanata de Venezuela? Quizá seguir fidelizando el voto propio, que de la mano de la demencial Elisa Carrió supera el 40 por ciento del electorado. Pero se sabe: son los mismos que ponen cara de circunstancia para hablar de la calidad democrática, la unión de los argentinos y los consensos.

Por Kranear

Elisa Carrió tiene una intención de voto de más del 40 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires debido a que, entre otras razones, el PRO y la Coalición Cívica -se acaban de aliar en el distrito bajo el sello “Vamos juntos”-, cuentan con la mitad más uno de las bancas de la Legislatura porteña, y entonces sus representantes se sienten con la legitimidad suficiente para avanzar con un proyecto de declaración para que el cuerpo legislativo exprese su “repudio por las medidas adoptadas por la dictadura venezolana contra el periodista argentino Jorge Lanata”.

El diputado que defendió la iniciativa oficial fue Clodomiro Risau, uno de los tantos diputados a los que no se le conoce la cara, ni los antecedentes de ningún tipo, y que ocupa una banca gracias al caudal de votos que recibe el PRO en las elecciones. Quintana, jefe de la bancada, le deben haber dicho “dale, aprovechá este tema que es más fácil que la tabla del dos para fogonearte un poco”. Entonces afirmó que “Venezuela no tiene prensa libre” y que “ante esta falta de información los venezolanos no pueden tomar claras decisiones”.

Lanata, se sabe – o como mínimo se intuye-, hace ya mucho tiempo que dejó de hacer periodismo. Quizá alguno que conoce bien el paño ponga el punto final de su carrera allá por 2009, cuando fundió el diario Crítica, o en el momento que inmortalizó aquella escena del precario estudio de Canal 26, en la que denunció el poder monopólico que ostentaba del Grupo Clarín, por medio de una gigantografía. Más tarde lo compró Héctor Magneto y durante el último período del segundo gobierno de Cristina empezaría a operar, con un poder de fuego ilimitado, con el tanque mediático Periodismo para Todos y sus replicadores Telenoche, Radio Mitre o la señal TN.

Fue justamente con ese programa que quiso ingresar a Venezuela hace unos días atrás, con sobretodo, sombrero y la omnipotencia e impunidad de los poderosos, pero el gobierno chavista lo expulsó. El legislador Gabriel Fuks, de la Corriente Nacional de la Militancia, contó en la sesión que Lanata no tenía su visa de periodista. Es muy probable. Querían la cadena nacional con la noticia de la deportación, y la tuvieron.

O sea: el PRO enchastra la bandera de la defensa la libertad de expresión con la figura de Lanata, un hombre que hace solo unas semanas insultó y denigró al aire a un dirigente social por defender a un pibe de un barrio humilde al que justamente el programa PPT había manipulado de modo cruel con fines amarillistas y electorales. Hablamos de un tipo que desde el momento que comenzó a trabajar para el Grupo Clarín no solo pulverizó los principios básicos de la profesión al editorializar sus programas pura y exclusivamente en contra del kirchnerismo, sino que aparte montó noticias falsas, fraguó escenarios y compró testigos. Sus operaciones mediáticas deberían estar tipificadas en el código penal ya que tienen una enorme capacidad para producir daño social.

No vamos a discutir Venezuela. Nos duele su presente. Queremos que, como dijo Carlos Tomada, jefe del bloque del Frente para la Victoria, resuelvan sus conflictos de modo soberano, sin la injerencia externa. Pero sí hay que decir que se trata de un gobierno constitucional, elegido por la mayoría de su pueblo, y que resulta por lo menos indignante que la legisladora de la Coalición Cívica, Paula Oliveto Lago, aseverase en la sesión que “cuando hablamos de Venezuela estamos hablando de una dictadura” y que “cuando hablamos de Maduro estamos hablando de un dictador”.

Sabemos muy bien por qué el oficialismo y los medios de comunicación dominantes se muestran tan preocupados por la crisis venezolana. No les importa la democracia ni la violencia. Mucho menos los trabajadores o los pobres. Tampoco la libertad de prensa o las instituciones. Lo que quieren es hundir para siempre la revolución chavista. Lo que también quieren es volver a recuperar las ganancias que deja el petróleo.

Pero arrodillarse frente a Lanata, convertirse en un mísero servil de los intereses que representa y defiende, es repugnante. Ante las cámaras se venden como los paladines de la democracia y la honestidad, el diálogo y el consenso, pero son tan deshonestos y cínicos como Lanata. Le hablan solo a su electorado, que en parte está conformado por una población a la que le llenaron la cabeza de veneno con las mentiras de Lanata. Eso es el PRO. Esos valores representan sus 31 diputados en la legislatura porteña -de un total de 60-, y eso mismo representa también Elisa Carrió, una desquiciada con un masivo apoyo de los porteños que, en la mayoría de los casos, saben bien que hace solo un año y medio atrás le prestó su departamento de Recoleta al periodista estrella de Canal 13 para que, en el cierre de la campaña, entrevistase a José Luis Salerno, un implicado en el triple crimen de la efedrina, ocurrido en 2008, para hundir al candidato del kirchnerismo a gobernar la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández.

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