¿A PASO(s) de una nueva hegemonía?

La coalición gobernante, pese al supuesto desastre económico que están generando en detrimento de las mayorías, sacó un 35 por ciento de los votos a nivel nacional. Algunos analistas se animaron a hablar de un posible nueva hegemonía política. El autor de la nota cree que no. Los argumentos.

Por Federico Bondarovsky

Dejando a un lado el bochorno de la manipulación de los datos electorales para montar un show mediático con un resultado ficticio para evitar la imagen de CFK ganadora en el distrito más importante del país, proponemos reflexionar sobre la aparente tendencia de la sociedad argentina hacia la conformación de una hegemonía macrista.

Tras conocerse los datos del escrutinio provisorio surgieron diferentes análisis e en los que se plantea que estamos frente al surgimiento de una nueva hegemonía política. Una suerte de inicio de un proceso de chilenización de la sociedad argentina, en donde el macrismo logró imponer su relato, sus valores y su modo liberal de observar la realidad, que tendrían la capacidad política de conectar con amplios sectores sociales y que serían una potente fuerza productora de identificaciones, incluso con sectores castigados por su política económica.

Es cierto que luego de casi dos años de políticas de ajuste, con un importante deterioro social, el Gobierno nacional obtuvo el 35% de los votos y ganó en diez provincias, algunas de ellas bastiones históricos del peronismo, como es el caso de San Luis y La Pampa. Sin embargo, si se revisa la historia reciente, el porcentaje obtenido por el oficialismo es bastante menor que el logrado en su primera elección legislativa por los tres gobiernos que gestionaron desde el retorno de la democracia (Alfonsín, Menem, Kirchner), que rondaron el 42%. Sumado a esto, se debe mencionar la derrota de Cambiemos en dos de los cuatro distritos más importantes del país (en cuanto a cantidad de electores): las provincias de Buenos Aires y Santa Fe. El resultado es importante para el Gobierno nacional pero no parece que estamos ante una topadora electoral, como algunos pretenden instalar.

El macrismo es un fenómeno político y social de corto alcance, ya que una de sus flaquezas radica en la condición inherente de su modelo económico: la imposibilidad de incluir mayorías. En las sociedades democráticas sólo es posible construir hegemonía a partir de un proyecto económico que de sustento material y se construya en beneficio del conjunto de la sociedad. Esto no quiere decir que el macrismo no ofrezca la esperanza de un futuro próspero, sino que para generar pregnancia en las mayorías del pueblo es necesario que esa prosperidad en algún momento llegue a la realidad efectiva y cotidiana. Y ese es un horizonte, creemos, imposible.

En este sentido ¿podemos afirmar que el triunfo electoral es una convalidación a su programa económico o a sus futuras reformas estructurales? Más bien parece ser la consolidación de su núcleo duro, que se sustenta principalmente en electores que se identifican con el programa y relato oficial, en primer lugar, y también con aquellos que comparten el rechazo construido en contra del kirchnerismo.

A la inherente dificultad del modelo económico para convocar mayorías por su carácter excluyente, hay que sumar que el proyecto de Cambiemos se sustenta principalmente en la dispersión del peronismo y la fragmentación de la oposición. La posible unidad del peronismo es el gran contrapeso que impide la consolidación de la tan mentada hegemonía neoliberal. Es por esto que John Wiliam Cooke decía que el peronismo es el hecho maldito del país burgués.

Viéndolo así parece un tanto apresurado hablar de hegemonía macrista o que estamos en presencia de un momento refundacional. En este sentido, cabe citar una parte del excelente análisis de las PASO 2017 que realizaron en el blo Arte Política: “Hace no más de dos años, Gabriela Michetti era observada como ‘el paradigma del nuevo político’, de una flamante forma de ‘carismicidad’ y exageraciones por el estilo. Hace dos años Sergio Massa parecía estar en una carrera indetenible hacia la presidencia. Y hace tres el kirchnerismo era visualizado como una ‘hegemonía opresora perpetua” por sus opositores o como “irreversibles ganadores de una batalla cultural’ por sus simpatizantes. Pues bien: aquí creemos apresurada la tentación de postular hoy una ‘historicidad naciente’ de Cambiemos como partido fundante de un “nuevo orden político” en la Argentina”.

Dicho esto, hay que decir que por primera vez en la historia nos encontramos ante el gobierno representante de la clase dominante revalidado por una importante cantidad de votos. La cantidad de votos cosechados por Cambiemos nos tiene que invitar a reflexionar sobre los errores del campo popular y sus dirigentes. El objetivo de la unidad debe estar por encima de todo. No nos sobra nada. Es indispensable juntar cada pedacito del Movimiento Nacional para enfrentar la entrega, el cinismo y la persecución, y empezar alumbrar el camino de la vuelta de un gobierno popular. Hacer realidad aquello de que el primero está la patria, después el movimiento y por último los hombres. El 2019 nos encontrará unidos o dominados.

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