Género

Una vergüenza a escala internacional

La autora de la nota realizó algunos recortes de la intervención que la vicepresidenta de la Nación realizó en la asamblea de las Naciones Unidas, para analizar el desconocimiento que la funcionaria sufre, entre otros temas, en relación a los principios básicos de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) que ella misma citó.

Por Juliana Marino (*)

En su intervención en la reciente sesión de la Asamblea de las Naciones Unidas, en una exposición mediocre, previsible y engañosa  acerca de lo que el gobierno argentino actual podrá garantizar a las Naciones Unidas en términos de pobreza, derechos humanos y respeto al multilateralismo, la vicepresidenta de Argentina, Gabriela  Michetti, exhibió su enorme desconocimiento acerca de los principios igualitarios de las mujeres, que la propia organización internacional a la que se dirigía, tiene instituídos como obligatorios en su Convención  sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW).

Dijo la vicepresidenta:  “El tiempo histórico que nos toca vivir está lleno de desafíos y oportunidades. Celebro el hecho de que en cada rincón de nuestro planeta, se difunda una renovada visión sobre el vital y distintivo aporte, que las mujeres podemos y debemos hacer, siempre y cuando, pongamos en juego, los atributos de ‘lo femenino’.

Denominar una “renovada  visión  sobre el vital y distintivo aporte…” a una falacia histórica que, basada en la supuesta superioridad  moral o espiritual de la mujer, ha servido de base a su opresión y dependencia, es de una patética ignorancia y contradice muy puntualmente los siguientes artículos de la Convención antes mencionada y que tiene ya casi 40 años de vigencia universal:

Artículo 5

Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para:

a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos en funciones estereotipadas de hombres y mujeres.

Artículo 10

c) La eliminación de todo concepto estereotipado de los papeles masculino y femenino en todos los niveles en todas las formas de enseñanza, mediante el estímulo de la educación mixta y de otros tipos de educación que contribuyan a lograr este objetivo y, en particular, mediante la modificación de los libros y programas escolares y la adaptación de los medios de enseñanza.

Haber hablado además  de esta manera en la ciudad de Nueva York, que exhibe el impresionante antecedente de la Declaración de Séneca Falls o  Declaración de Sentimientos, de 1848, constituye un bochorno que las feministas argentinas no queremos dejar de denunciar.

Ese año,  la abolicionista Elizabeth Cady  Stanton convocó a cerca de trescientas personas  de asociaciones y organizaciones políticas liberales, a una reunión  desarrollada  en la capilla metodista de Séneca Falls,  Nueva York,  para discutir acerca de los derechos y la condición social, civil y religiosa de la mujer. Allí se aprobó por unanimidad una Declaración  de la cual hemos extraído este sencillo  principio, que debería hacer enrojecer a nuestra  inverosímil e inefable  vicepresidenta.

Seneca Falls, Nueva York,  19 y 20 de julio de 1848.

“DECIDIMOS:  Que la igualdad de los derechos humanos es consecuencia del  hecho de que toda la raza humana es idéntica en cuanto a capacidad y responsabilidad”.

Desconociendo este antecedente, continuó Michetti:  “¿De qué estoy hablando? De una disposición natural a unir, en un contexto en el que las fuerzas desintegradoras parecen prevalecer, de una vocación por la visión a largo plazo en tiempos de incertidumbre, de la capacidad de nutrir y de tener una mirada empática, todos atributos de lo femenino, que son imprescindibles“. No parece estar refiriéndose a su colega Lilita Carrió.

Atrasa nuestra funcionaria, ignora el concepto de género, llama “disposición natural” o “atributos femeninos que son imprescindibles”,  a lo que ha sido en el devenir de los siglos una construcción cultural que,  volvemos a decir, ha servido para  la división de roles estereotipados, inferioridad y consecuentemente, opresión.

Luego parece darse cuenta que está siendo imprudente y trata de sostener que es mejor contar con tod@s y que las metas constituyen una “obra de amor”, no sin antes menoscabar la inteligencia de todos los presentes con una frase abstrusa e incomprensible acerca de sacrificar los aportes de la cultura en  “el altar de  nuestros prejuicios”.

Esperamos que la actual funcionaria del organismo referido a las mujeres, la feminista  Fabiana Tuñez,  quiera asesorarla en estos temas para que el escenario internacional no se lleve una impresión inadecuada de nuestro desarrollo intelectual y de la extensión y profundización que la teoría feminista, la legislación, la conciencia y la movilización social de las mujeres,  han alcanzado en nuestro país.

Con respecto al resto de sus afirmaciones sobre política exterior, no podemos hacerla culpable de una orientación que forma parte del esquema, a veces errático,  pero siempre  dependiente y entreguista  del gobierno actual. Claro que en boca del discurso que antes hemos analizado, cobran todavía mayor impertinencia y desproporcionalidad los ataques a Venezuela o a Irán y las expectativas en relación a Malvinas, la pobreza, el comercio internacional o la paz del mundo.

(*) Ex embajadora en Cuba, parte del Comité por la Libertad de Milagro Sala, feminista.

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