En la plaza tronó el grito de la victoria

El Gobierno quiso meter con la prepotencia del dueño de estancia una ley que perjudica a los estratos más débiles de la sociedad, y entre la dirigencia opositora del parlamento, y las organizaciones del campo popular en la calle, lograron ponerle un freno. Se trata de un duro golpe para un grupo de patrones poco acostumbrados a la frustración.

Por Kranear

Si bien la militarización de las calles para imponer un ajuste económico es una constante de la derecha argentina, el escenario represivo que montó el Gobierno nacional en las adyacencias del Congreso nacional no tiene antecedentes en nuestra historia. Durante más de seis horas, más de mil agentes de las cuatro fuerzas federales reprimieron diputados nacionales, trabajadores de prensa, manifestantes y todo lo que tuviesen enfrente. Detuvieron a 45 personas que hoy están en manos de la justicia federal, acusados de resistencia a la autoridad, la figura penal preferida del brazo judicial de Cambiemos.

Desde temprano el clima estaba tenso. El obsceno operativo montado en las afueras del parlamento por el Ministerio de Seguridad reflejaba el temor oficial que había a la reacción popular.

Se trató de un despliegue de fuerzas inédito. Creédito: Nicolás Rapetti.

El oficialismo, desesperado, se metió de lleno en el trámite exprés para la sanción de una norma que saquea el bolsillo de los jubilados y jubiladas, el de los pibes y pibas que cobran la AUH y también el de los héroes ex combatientes de la guerra de Malvinas. Primero en el plenario de comisiones del martes 12 de diciembre, cuando los referentes del oficialismo en lugar de defender su proyecto, se abocaron a bastardear a los diputados kirchneristas. Ayer, jueves 14, en la cámara de diputados.

Llegaron a esta instancia con un debate ya perdido en el seno de la sociedad, que según la consultora Analogía, antes de los sucesos de adentro y fuera del palacio legislativo, ya acumulaba un rechazo del 82 por ciento. El oficialismo se quedó envuelto en explicaciones técnicas que en realidad esquivan el bulto de lo inexplicable: el ajuste a los más débiles.

En este contexto, a las 13:50 horas, desde detrás de las vallas, y parapetados para la guerra, las fuerzas de seguridad comenzaron a arrojar los primeros gases lacrimógenos, y entonces hubo corridas, lastimados, heridos, y enseguida empezaron a repartir balas de goma a diestra y siniestra, más pintura amarilla de los camiones hidrantes. Eso era solo el comienzo. El objetivo era vaciar la plaza. No querían columnas de manifestantes. No querían protestas.

La represión es una marca indeleble de la gestión de gobierno de Cambiemos. En el Congreso repartieron gases y balas sin distinción de género, edades u otro.

El operativo represivo duró alrededor de 6 horas. Le pegaron y lastimaron a diputados nacionales y reporteros gráficos, jubilados, mujeres. Las patotas de los agentes motorizados salían de caza cada treinta o cuarenta minutos, o cuando los manifestantes se volvían a reagrupar en alguna zona de la plaza. Detuvieron a más de cuarenta personas. Muchas de ellas en los alrededores del Congreso, Se vivieron escenas de 2001 explicito. La Ciudad de Buenos estuvo ocupada por las fuerzas de seguridad, con un Estado de Sitio funcionando de hecho.

Alrededor de las 15.00 horas, las columnas de organizaciones políticas y sindicales, más movimientos sociales, los jubilados, y gente suelta, se enteraron de que se había levantado la sesión. Se trató de un momento épico. En plaza tronó el grito y el aplauso colectivo de la victoria popular. Una batalla ganada en el marco de retrocesos constantes para los sectores populares. Entonces la plaza volvió a llenarse, por lo menos un rato, hasta que volvieron a llover los gases de las fuerzas represivas, y hubo que volver a replegarse hasta la calle Paraná.

En el recinto se produjo una unidad opositora parlamentaria, muy celebrada dentro y fuera del Congreso.

La unidad en la acción de diversos sectores del campo popular que se vivía en las inmediaciones del Congreso también se reflejó en la unidad opositora que se dio en el interior del palacio legislativo permitiendo hacer caer la escandalosa sesión. Sobre la noche, el bloque de diputados del FpV-PJ encabezó una conferencia de prensa para decirle al Gobierno que se haga cargo de que la sociedad en su conjunto no aprueba un ajuste contra los más débiles -por exigencia del FMI-, que sería una locura ir por un DNU y que terminen con la represión y la persecución. Un rato después, habló el triunvirato que conduce la CGT, y si bien fueron fieles a su tibieza frente a un contexto de inocultable retroceso en materia de derechos, metieron presión para que el gobierno recule en un su intención de sancionar la ley por decreto.

La jornada histórica de ayer tiene que ser un momento bisagra para la dirigencia política, pero también para los compañeros y compañeras militantes de base. Hay que estar a la altura del momento histórico y ponerle fin a las peleas al interior del campo popular, entendiendo que el enemigo está enfrente y dispuesto a todo. Continuar aislados solo garantiza la continuidad y el avance del proyecto político y económico que viene a llevarse puestas las conquistas históricas del pueblo trabajador. Fue muy importante ver ayer en la plaza a sectores del campo popular que venían con diferencias irreconciliables, por disputas pasadas y del presente.

Las fuerzas federales no tuvieron ni un problema en reprimir a diputados de la Nación que exigían el cese de la represión. Crédito: Nicolás Rapetti.

El desafío es tender puentes a partir de la coyuntura, aprovechar los propios centros que nos tira el macrismo. Como suelen decir por ahí, Macri todavía no unió a los argentinos pero si unió al peronismo. El lunes el oficialismo intentará aprobar el ajuste y seremos nuevamente miles defendiendo los derechos de los más débiles. A no aflojar.

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