Gráfica Campichuelo

La imprenta del pueblo

En 1992, cuarenta y tres gráficos se organizaron como cooperativa para mantener abierta una imprenta que el Estado menemista quería barrer de un plumazo con la Reforma del Estado. Espalda contra espalda, lograron sortear la crisis del 2001 y con la recuperación económica que impulsó el kircherismo se posicionaron como una de las empresas más exitosas del mercado gráfico. Son cooperativistas, compañeros y combativos. Su historia.

Por Mariano Abrevaya Dios. Fotos: Diego Sebriano.

En la pared de la oficina hay un cuadro en el que la Presidenta de la Nación estira el brazo hacia arriba y con orgullo muestra un ejemplar del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación. Los trabajadores de Campichuelo conocen muy bien aquel libro de tapa dura, a todo color, encuadernado, ya que imprimieron miles de ejemplares durante varias semanas de afiebrado trabajo para poder cumplir con el pedido del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Se pellizcaban entre ellos mientras miraban la Cadena Nacional que transmitía el acto desde el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada.

Hugo Cabrera es uno de los socios fundadores de la cooperativa.

Los experimentados Hugo Cabrera y Antonio Famá, junto al joven Darío Rodríguez, todos miembros de la Comisión Directiva, nos cuentan que ese tipo de experiencias les revientan la camiseta ya que el esfuerzo hecho por la cooperativa muchas de las veces se ve materializado en conquistas de una época con la que están comprometidos.

Hay otros dos cuadros en la oficina. Uno que enmarca una añeja foto de la máquina suiza de 1942 con la que sostuvieron la producción cuando se hicieron cargo de la planta, y otro con la lámina en la que Néstor y Cristina se abrazan bajo una lluvia de papelitos. Una tercera imagen, debajo del vidrio del escritorio de Hugo, resume el espíritu que se respira en la planta. Se trata de una ilustración con los rostros de Rodolfo Walsh, Raimundo Óngaro y Juan Domingo Perón.

Repaso
A finales de la década del ochenta el gobierno de Raúl Alfonsín privatizó la impresión del Boletín Oficial de la República Argentina (BORA). La actividad pasó del Ministerio de Justicia a la empresa La Ley. La mayoría de los doscientos empleados optó por el retiro voluntario. Con la asunción del ex Presidente Carlos Menem, y la Reforma del Estado, se avanzó con la liquidación de la planta.

Con el apoyo de la mítica Federación Gráfica Bonaerense y el gremio Unión de Empleados Civil de la Nación (UPCN), un grupo de trabajadores impulsó, en 1992, la creación de una cooperativa que pudiese sostener la producción del taller gráfico y la continuidad de las fuentes de trabajo.

Los trabajadores se saben parte de una experiencia que despierta orgullo y admiración.

Como la mayoría de los obreros de Campichuelo había militado en el peronismo durante las décadas del sesenta y el setenta, para organizar su futuro pensaron en la experiencia de la imprenta COGTAL, un taller gráfico que había sido fundado durante el primer gobierno de Juan Perón y que luego del golpe de Estado de 1955 había sido convertido en una cooperativa.

El 7 de Noviembre de 1992 fundaron la Cooperativa de Trabajo Obrera Gráfica Campichuelo Limitada (COGCAL). Eran cuarenta y dos obreros e Iniciaban así una historia que hoy es motivo de admiración para otros trabajadores que deciden ser dueños de sus propias empresas y jugarse por un proyecto cooperativista.

Estaban unidos, se tenían confianza, pero ahora cuentan que algunas noches, desparramados en la cama, con los ojos abiertos como un dos de oro, temían que no lo fuesen a lograr. El desafío era inmenso. No contaban con la tecnología suficiente para enfrentar a un mercado despiadado. Las máquinas estaban casi obsoletas y las tenían atadas con alambre. No tenían experiencia en comercializar productos y servicios. La especialidad del taller era la impresión de formularios para el parque automotor. Formularios de seguridad con código de barras, tinta invisible, o tintas fugitivas.

A finales de 1993 le pidieron un adelanto a su cliente más importante, la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), para importar desde Italia una maquina que costaba sesenta mil dólares. La plata la trasladó uno de los suyos en una valija ya que ningún banco les quería hacer una transferencia. La operación salió bien y con aquella tecnología pudieron empezar a producir con más espalda y soportar la profunda crisis que se avecinaba. Un tiempo después ingresó a la planta la primera camada de hijos de los socios fundadores.

Los mejores años de trabajo fueron los kirchneristas.

A finales de la década del noventa el nivel de trabajo era muy escaso. Encendían las máquinas tres días a la semana. No contaban con crédito bancario y el edificio requería una inversión urgente. Para colmo, a un compañero de la cooperativa una máquina le agarró una mano y hubo que destruirla allí mismo para poder salvársela.

A partir del 2003, cuando la situación general del país comenzó a mejorar algunos compañeros de la imprenta decidieron que era hora de jubilarse. De los cuarenta y dos socios fundadores quedarían unos treinta. Fueron ellos los que decidieron que había que contratar a un grupo de jóvenes para que tomasen la posta.

Todos unidos triunfaremos
En los escritorios de la administración, entre las imponentes máquinas de Offset que escupen tinta sobre los pliegos de papel, en las guillotinas, las intercaladoras, en las oficinas de los diseñadores gráficos, entre los que embalan, doblan, encuadernan, los que manejan los sistemas computarizados, en los pasillos y en los vestuarios, se respira un clima distendido, alegre, militante. A pesar del apabullante ruido de las máquinas, entre los puestos de trabajo suena la Radio Nacional, un disco de los Callejeros, una cumbia, una zamba. Se nota que hay confianza y afecto entre los compañeros.

La mayoría de los jóvenes son hijos, sobrinos o nietos de los míticos socios fundadores. Muchos de ellos visten mamelucos y calzado reforzado. Viven en los mismos barrios y hasta en los mismos hogares. Usan los mismos trenes y colectivos para ir y venir. Todos se saben parte de una experiencia colectiva que requirió de convicciones políticas, coraje, generosidad, compromiso, noches de incertidumbre, angustia, y vértigo. Se saben, también, parte de un recorrido noble, y exitoso.

La capacitaciones es una constante para los trabajadores del taller gráfico.

Cuando se fundó la cooperativa en uno de los artículos establecieron que la prioridad de ingreso a la imprenta la tenían los hijos. De ese modo se aseguraron la herencia y transmisión de los valores con los que vienen manteniendo con vida el proyecto social y productivo. Esa segunda y tercer generación –tienen entre veinte y cuarenta años- hoy sostiene la fábrica sin olvidarse que sus antecesores en algún momento tuvieron que manejar un remís porque el dinero no alcanzaba. No les resulta sencillo lograr consenso en todas las decisiones. Son setenta compañeros. Pero ya ganaron los partidos más difíciles.

Si deben contratar a un maquinista, un impresor de oficio, primero acuden a los suyos, a los que conocen la tarea por medio de las horas que pasan frente la máquina, con los dedos en la tinta. Todos los empleados nuevos se preparan por medio de cursos teóricos en distintas instituciones pero la práctica es la actividad que los termina de formar.

Democracia participativa
Hacia adentro la cooperativa funciona de modo democrático y participativo. Se definen como una gran familia. Todos tienen su voz y voto para el momento en el que se toman las decisiones. Todos los años hay elecciones para renovar la mitad del consejo directivo. El ochenta por ciento de los obreros ya pasó por alguno de esos cargos. Son dueños de su propio destino, y no de las decisiones de un patrón.

Hacia fuera son una Pyme que compite en el mercado con el cuchillo entre los dientes. Cuando se sientan en una mesa de negociación hablan en nombre de la mejor empresa del mercado. Salen a la calle con esa convicción. Con esa fortaleza. Y no se nublan: El beneficio nunca es individual, sino para el conjunto.

Los trabajadores pasan por todos los puntos de la cadena de producción.

Para abrir una cuenta en un banco, para participar de una licitación, para cobrar el dinero de los clientes, para pagarles a los proveedores, para proveer de servicios o productos al Estado, hay que tener los papeles en regla. Ellos siempre lo hicieron. Aún en los momentos más difíciles. Hoy abren un cajón y te dan en mano toda la documentación que corresponda al balance comercial del 2007, por ejemplo. No todas las empresas pueden hacer lo mismo.

Los directivos de Campichuelo recuerdan la tragedia de Cromagñón y cómo aquello derivó en uno de los procesos más complejos para el empresariado nacional ya que hubo que regularizar una enorme serie de detalles referidos a la seguridad, la higiene y el impacto ambiental.

Recuerdan una inspección de los bomberos. Ellos, con un relevamiento del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) en la mano, le explicaron al jefe del operativo que estaban al día. El hombre les dijo que sí, que estaba todo bárbaro, pero que no se podía fumar y que todos los trabajadores tenían un cigarrillo entre los dedos. Desde ese día hubo que dejar de fumar entre las máquinas, e ir a hacerlo a un pasillo a cielo abierto, o a la calle.

2001
Los profesionales que los asesoraban les recomendaron que se presentasen a quiebra ya que los números no cerraban de ningún modo. No les hicieron caso y las consecuencias se hicieron carne al poco tiempo. Trabajaban una semana por mes, comían arroz blanco, iban y volvían caminando a sus casas. Para las fiestas de fin de año se llevaron a casa sólo 300 pesos. Pero nunca perdieron la fuerza, ni la fe. Fue un momento heroico, resaltan.

Los trabajadores de mayor edad pasaron por todas las etapas del taller.

Ni en aquel momento dejaron de pagarles a los proveedores. Y los beneficios de aquella decisión empezaron a materializarse al poco tiempo. Por aquellos días se les dañó una máquina y la empresa Xerox, en un gesto de confianza, les facilitó una nueva para que pudiesen cumplir con sus obligaciones a pesar de que el Banco Ciudad les aprobase los préstamos para modernizar la planta. Pagaron hasta el último peso de sus deudas. Luego del 2003 pudieron adquirir créditos de parte de todas las instituciones con los que habían cumplido su palabra.

Hoy la carpeta crediticia de la cooperativa es muy voluminosa. No solo de parte de los bancos, si no también de los proveedores. Destacan el caso de la Papelera Sarandi, uno de los proveedores más importantes de la imprenta, que les extiende un crédito que roza los 2 millones de pesos. Están a la altura de cualquier empresa privada.

Kirchnerismo
El más joven de los tres directivos cuenta que forma parte de una camada de trabajadores que ingresó a la planta en el 2006, cuando el país ya mostraba mejorías de las heridas que le había ocasionado la larga noche neoliberal. Hoy son unos treinta trabajadores los que engrosan ese grupo.

Hasta aquel momento los clientes más importantes de la imprenta eran ACARA y la Cámara del Comercio Automotor (CCA), dos organismos que demandaban servicios por su relación con el área registral del Ministerio de Justicia. Pero por medio de un debate interno se decidió salir a competir al mercado. Empezaron a proveer a bancos, laboratorios, y a los ministerios de Cultura, Desarrollo Social y Trabajo, entre otros organismos.

El crecimiento del parque automotor les engrosó la demanda. Pasaron de una maquina que trabajaba con dos colores a otra que por medio de una computadora imprime ocho colores de modo simultáneo tanto en el frente como en el dorso.

Los entrevistados cuentan que cuando los invitan a charlas o congresos para compartir la experiencia cooperativista de Campichuelo les gusta destacar el trasvasamiento generacional que tiene la fábrica. Explican que solo el tesorero es socio fundador, y que el resto de los cargos de la mesa ejecutiva están ocupados por jóvenes. Lo mismo con la dirección del taller y otras actividades. Dicen que el crecimiento de la imprenta también se explica por la participación y el dinamismo que los jóvenes le inyectan al proyecto.

Campichuelo hoy está compuesto por setenta trabajadores, más otros diez que son asesores externos. Cuando les preguntamos a qué factores le adjudican haber podido construir el promisorio presente de la cooperativa los muchachos no dudan: su formación y militancia sindical y política, y su pertenencia al gremio de los gráficos, tuvieron mucho que ver. Subrayan la apuesta que supieron hacer por los valores colectivos de la solidaridad, la participación, el respeto hacia los compañeros de trabajo y la amplitud suficiente para comprender que los objetivos siempre son en beneficio del conjunto.

El camino que eligieron los trabajadores para sostener sus fuentes de trabajo fue organizarse como cooperativa.

El taller gráfico provee de insumos a distintas organizaciones políticas, sociales, sindicales que forman parte del Movimiento Nacional. Afiches, volantes, diarios, revistas, sombrillas, remeras, gorras, pines, biromes, almanaques, y otras piezas gráficas. Ellos mismos tienen sus banderas y remeras impresas con el isologo del taller y se movilizan junto a otros espacios políticos cuando hay que celebrar una fecha o ganar la calle. Muchos militan en distintos espacios políticos kirchneristas. En sus rincones de trabajo, al costado de las distintas máquinas de la cadena de producción, tienen pegados afiches, banderas y fotos que aluden a la Década Ganada.

Fundación
En el 2011 montaron una imprenta en el penal de Ezeiza, que depende del Servicio Penitenciario Federal (SPF) para que las personas privadas de su libertad se capaciten en el oficio del imprentero. También les hablaron de las virtudes del cooperativismo. La experiencia fue exitosa, tomaron nota, y comprendieron que aquel aporte social de la cooperativa excedía la labor del taller gráfico, y que estaban necesitando una herramienta para canalizar de modo profesional ese tipo de trabajo. En el 2013, entonces, crearon la Fundación Gráfica Campichuelo.

Edificio
Está en el corazón de Caballito. Tiene 50 metros por 70, dos pisos y una terraza. En la década del cuarenta allí funcionó la compañía cinematográfica Estudios Argentinos S.I.D.E, y más tarde una fábrica de zapatos. En la actualidad, en el edificio funciona un archivo de la Dirección Nacional del Derecho de Autor, una sede de la Inspección General de Justicia y una oficina de Acceso a la Justicia, todos organismos de la cartera de Justicia y Derechos Humanos.

Junto al Comandante Chávez
En el 2003 Campichuelo fue mimbro fundador del Movimiento de Empresas Recuperadas, y en el 2005 viajaron a Venezuela invitados por el Comandante Hugo Chávez para que les contasen la experiencia de recuperación del taller gráfico.

Red
Campichuelo forma parte de la Red Gráfica Cooperativa, que está compuesta por dieciocho cooperativas gráficas que en su conjunto abarcan todos los procesos de la cadena de valor de la industria. Desde el diseño hasta la encuadernación, pasando por la pre impresión y la impresión por sistema offset plana y rotativa, huecograbado y flexografía.

Ediciones Infojus
El Sistema Argentino de Información Jurídica (Infojus) del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos es uno de los organismos que más trabajo le demanda ya que cuenta con una editorial propia con la que imprime decena de miles de libros sobre temas jurídicos.

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