Carlos Fuentealba presente

La letra de un proyecto de declaración del legislador porteño Javier Andrade sirve para realizar un reconocimiento al maestro del pueblo y aparte trazar un paralelo con un tiempo presente caracterizado por el hostigamiento oficial contra los docentes.

Por Kranear

El legislador por el Frente para la Victoria (FPV) Javier Andrade presentó hace unos días en la legislatura porteña un proyecto de declaración para que el cuerpo legislativo conmemore los diez años del fusilamiento del docente Carlos Fuentealba y condene la violencia institucional que ejerció el aquel entonces gobierno neuquino a cargo de Jorge Sobisch no solo en contra del maestro sino de toda la comunidad educativa de la provincia.

El proyecto todavía no fue aprobado por el bloque mayoritario del PRO. Pero más allá del posicionamiento que realice la legislatura porteña, vale la pena volver a recorrer unos pasajes de la vida y militancia de Fuentealba, como así también las razones y consecuencias de un hecho que marcó a fuego la historia reciente de nuestro país y las luchas que dio nuestro pueblo en contra de la opresión y la injusticia. Se trata de la letra del proyecto de declaración que preparó Andrade junto a sus colaboradores.

Proyecto de declaración
Carlos Fuentealba nació en 1966 en la localidad de Junín de los Andes, ubicada casi 400 km. al sur de la capital provincial de la provincia de Neuquén. Creció junto a su humilde familia en la vecina localidad de San Martín de los Andes. En esa ciudad turística fue que cursó la escuela primaria. A sus doce años migró a Neuquén capital, becado por ser el mejor alumno de la Escuela Hogar “Ceferino Namuncurá”. Estudió en un colegio industrial y cinco años después se recibió de técnico químico.

Carlos fue empleado de un comercio, albañil y trabajador del Sindicato de la Construcción (UOCRA). Fue en el gremio donde comenzó a involucrarse en las luchas sociales por mejores salarios y condiciones de vida para los trabajadores. Fue por aquellos años que se afilió al Movimiento al Socialismo (MAS) y luego a la Regional Neuquén del Movimiento Intersindical de Estudiantes Revolucionarios de Argentina. En 2005, a sus 38 años, obtuvo el título de Profesor. En paralelo, sostenía a su familia con los ingresos que lograba como albañil.

Fuentealba inició su carrera docente en colegios secundarios de la ciudad de Neuquén. Trabajó en varios establecimientos, pero fue en el Centro Provincial de Enseñanza Media (CPEM) N° 69 de la Cuenca XV, uno de los barrios más pobres del oeste de la provincia, donde más se arraigó. Fue elegido como delegado sindical, probablemente porque no era un hombre indiferente a la realidad que sacudía a su provincia y a los suyos. Fue un militante político y social, permeable a las luchas de los sectores más desprotegidos, y sobre todo fue una persona comprometida con la defensa de la educación pública.

La provincia de Neuquén, históricamente gobernada por el Movimiento Popular Neuquino (MPN), atravesaba el segundo mandato de Jorge Sobisch, quien impulsaba un proyecto político provincial de corte conservador para el que la educación no era un eje central. En tal contexto, la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN), nucleada en la Central de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), llevaba más de treinta días de huelga, marchas y concentraciones, en reclamo del pase a planta de 2.500 auxiliares y la recomposición salarial del sector, entre otras demandas. El conflicto entre el gobierno provincial y los sindicatos docentes ya tenía llevaba más de cuatro años.

Ante la indiferencia oficial, los afiliados del sindicato resolvieron en asamblea manifestar su descontento sobre la Ruta Nacional Nº 22, a la altura de Arroyito, y en simultáneo, en la ruta que une la localidad de Añelo con Cutral Có. Al llegar, fueron reprimidos de modo brutal por decenas de efectivos de la policía provincial, por medio de disparos de balas de goma, gases lacrimógenos y el avance de un camión hidrante. Los manifestantes, en su mayoría mujeres, fueron perseguidos durante cinco kilómetros, aún cuando la gran mayoría ya había sido baleada con perdigones de goma, afectados por los gases o empapados por el hidrante.

Carlos Fuentealba intentaba retirarse de la ruta, en el asiento trasero de un auto Fiat 147, cuando el policía José Darío Poblete, integrante del Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP) de la ciudad de Zapala, disparó una granada de gas lacrimógeno que atravesó el vidrio del vehículo e impactó en la nuca del docente, causándole un hundimiento de cráneo. Carlos fue sometido a dos operaciones en el hospital provincial y finalmente falleció a las cinco de la madrugada del 5 de abril de 2007, como consecuencia del brutal fusilamiento.

El asesinato del profesor Fuentealba causó una conmoción a nivel nacional y un repudio generalizado de todos los sectores de trabajadores, incluido el aquel entonces Gobierno nacional, encabezado por Néstor Kirchner, que señaló su rechazo a la “violencia y represión como forma para enfrentar las protestas”.

ATEN llamó a la huelga general, apoyada por las centrales sindicales CTA y CGT. Los trabajadores de todo el país realizaron medidas de fuerza, movilizaciones y asambleas bajo las consignas “Las tizas no se manchan con sangre”, “Sobisch asesino”, “Nunca más”, entre otras, y exigieron la renuncia y juicio político al gobernador neuquino. Pero debido a la impunidad institucional que reinaba en la provincia, el gobernador evitó el juicio político, a pesar de asumir públicamente la responsabilidad ante la represión. Su máxima fue: “volvería a tomar la misma decisión”.

La huelga docente de Neuquén se extendió por más de cincuenta días. El gobernador decidió reabrir las escuelas y reemplazar a los directores por funcionarios de su gobierno y docentes suplentes contratados. Finalmente, se llegó a un acuerdo entre el gobierno y los trabajadores, que acordaron un aumento salarial. Por otro lado, se comprometieron a recuperar las jornadas perdidas por el paro.

El asesino

José Darío Poblete cumplía funciones hacía más de quince años en la policía de la provincia. Entre sus antecedentes figuran vinculaciones con el crimen de Teresa Rodríguez, la militante social asesinada en la represión de abril de 1997 en la pueblada de Cutral Có, y la condena firme, antes de la represión de Arroyito, por una causa de maltratos y vejaciones. En su legajo constaba la mejor calificación en un curso en uso de armas de distinto calibre, entre las que se encuentran la que utilizaría para fusilar a Fuentealba. O sea: tenía plena conciencia y conocimiento del uso de ese arma como instrumento letal.

Marcelo Guagliardo, el entonces secretario general de ATEN, declararía ante la prensa que “la policía utilizó una forma de represión que nunca había visto antes”, y que el objetivo de las fuerzas policiales “era escarmentar y provocar el mayor daño posible”.

Luego del asesinato de Fuentealba, ATEN y CTERA lanzaron una campaña nacional e internacional por el juicio y castigo a los responsables materiales, políticos e ideológicos del fusilamiento del maestro. Las movilizaciones fueron multitudinarias. Aparte, se realizaron paros nacionales, se recolectaron decenas de miles de firmas y se realizaron actividades frente a las embajadas argentinas a lo largo del mundo, convocadas por la Internacional de la Educación, aparte de recitales con artistas reconocidos de nivel nacional e internacional y apoyos institucionales del Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, entre otras. La campaña despertó una amplia adhesión tanto local como internacional.

La demostración más contundente del acompañamiento fue la gran movilización que se realizó el 4 de abril de 2008, al cumplirse un año del fusilamiento de Fuentealba, que congregó a más de 30.000 docentes, entre otros gremios y organizaciones políticas y sociales.

Causas judiciales
Son dos. Causa “Fuentealba I”, cuyo juicio comenzó el 4 de junio de 2008, 14 meses después del asesinato del docente, y con la que se logró condenar al único acusado, el cabo primero José Darío Poblete, el 8 de julio del mismo año, a prisión perpetua, más la inhabilitación absoluta y perpetua para ocupar cargos públicos. La Cámara en lo Criminal Primera de Neuquén lo encontró responsable de “homicidio calificado, por haber sido cometido por un miembro integrante de las fuerzas policiales abusando de su función, con la agravante de haber sido cometido con violencia mediante el empleo de un arma de fuego, agravado por alevosía…”.

La sentencia generó expresiones de euforia y emoción tanto dentro como afuera de la sala. “Esto para nada es un festejo. Sólo es un desahogo de lo que hace un año parecía imposible de lograr. Lo que alcanzamos es un logro en procura de la verdadera justicia y para que no haya impunidad”, sostuvo el secretario general de ATEN, Marcelo Guagliardo. “Esto es producto del esfuerzo de miles de compañeros aquí y en el resto del país. Esta condena es realmente ejemplificadora, para que nunca más un policía se atreva a hacer lo que hizo Poblete con Carlos (…) este fallo abre el camino para la causa Fuentealba II, donde lograremos que tampoco ningún gobernador más autorice ni ordene una represión como la que ordenó (el ex gobernador) Sobisch en Arroyito”.

En la Causa “Fuentealba II” estaban imputados jefes policiales y ex funcionarios del Ministerio de Seguridad. En el expediente se investigó la represión en general y sus derivadas responsabilidades políticas. El 5 de diciembre del año 2013, la Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia neuquino resolvió rechazar el recurso de queja presentado por la querella, constituida por Sandra Mónica Rodríguez, viuda de Carlos Fuentealba, para insistir en ampliar la acusación sobre los imputados, implicando al ex gobernador Jorge Sobisch. El capítulo se cerró hace poco tiempo, cuando el tribunal sobreseyó a los quince imputados en la causa y la justicia neuquina dio por extinguida la causa.

Aquella trágica mañana de abril, los docentes estaban de huelga, un derecho y una herramienta constitucional de lucha legítima. Carlos Fuentealba, como el resto de sus compañeros, estaba defendiendo la educación pública y denunciando una política de abandono por parte del gobierno provincial, cuando la violencia institucional terminó con su vida.

El 4 de abril no sólo es una fecha que conmemora y recuerda el fusilamiento de Carlos Fuentealba, sino que debiera ser una fecha que reconozca a todas aquellas personas que a diario se dedican a construir un futuro mejor por medio de la educación de nuestros chicos, jóvenes y adultos, como así también, un homenaje a a todos aquellos que luchan por una educación emancipadora, federal, democrática y popular.

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