“La organización es la única capaz de unir a todos los sectores que están siendo golpeados”

El secretario general de los gráficos, Héctor Amichetti, nos recibió en su oficina, en el mítico edificio de la Federación Gráfica Bonaerense, para conversar sobre la coyuntura nacional, la actualidad de la Corriente Federal de los Trabajadores, la CGT, la unidad del peronismo, las movilizaciones y planes de lucha y también la legalización del aborto, entre otros temas. “Con este gobierno no hay matices. Son las corporaciones. Y Macri es su empleado.”, dice. Reivindica al kirchnerimso, y coincide con muchos otros del campo nacional: en el primer día de la gestión del próximo gobierno popular hay que reformar la Constitución.

Por Kranear

Héctor “El Gringo” Amichetti es el secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense, un gremio con un protagonismo central en la historia del sindicalismo combativo de nuestro país, que fue conducido durante muchos años por Raimundo Ongaro, líder histórico de la mítica CGT de los Argentinos.

En la actualidad, la Federación Gráfica integra la Corriente Federal de los Trabajadores, una línea interna de la CGT que está compuesta por diversas organizaciones gremiales que impulsan la idea de un movimiento obrero comprometido con un proyecto nacional de país, y no solo con reivindicaciones sectoriales.

Durante la mañana del día que la cámara de senadores del Congreso nacional aprobaría la ley antitarifazo, fuimos a conversar con Amichetti sobre el rol del movimiento obrero con Macri en la Casa Rosada, las tensiones internas en la CGT, la unidad del peronismo, el surgimiento de las nuevas generaciones de dirigentes formados durante el kirchnerismo, la posible incorporación de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular a la central obrera y la efervescencia política que está generando el movimiento de mujeres, entre otros temas.

La charla duró más de una hora y se realizó en el piso nueve del histórico edificio de la Federación Gráfica, sobre la avenida Paseo Colón, en el centro porteño, y en cuya fachada está impresa la consigna del sindicato más antiguo de la Argentina: solo el pueblo salvará al pueblo.

La Corriente Federal de los Trabajadores es unos de los actores que le están dando pelea al programa del Gobierno. ¿Cómo fue el proceso de construcción del espacio?

La Corriente Federal contiene una cantidad de organizaciones que siguen reivindicando la idea de un movimiento obrero sosteniendo un programa de país. No los sindicatos cerrados únicamente en la reivindicación laboral, sino el concepto de que el sindicalismo para poder dar respuesta debe pelear por un país donde haya independencia económica, donde el Estado juegue un rol activo.

Estos programas surgieron en la resistencia peronista, luego de una experiencia de gobierno como la del primer peronismo, que generó una verdadera justicia social, y con el paso de los años se fueron replicando. Los programas de La Falda, Huerta Grande, la CGT de los Argentinos, inclusive en democracia, con el programa de los 26 puntos de la CGT que conducía Ubaldini, que en su punto número 1 planteaba que se pagaba la deuda externa pero siempre supeditado al desarrollo económico ya que había que volcar los recursos a la reactivación productiva.

Recién se retoma esa idea programática en el 2003, luego de una crisis nacional muy grande. “Un muerto no paga deudas”, dijo Néstor Kirchner, y supeditó el pago de la deuda a volcar los recursos a reactivar la economía, se generó empleo, se puso como eje el mercado interno, la defensa de la industria nacional. Para nosotros significó un avance muy importante en la lucha por construir un país distinto.

Pasó el kirchnerismo y ya más de dos años de gobierno de Macri. ¿Qué tensiones se están dando hoy hacia el interior de la CGT?

El neoliberalismo captó a una parte del sindicalismo con una concepción corporativista. La idea de que el sindicalismo debe defender sectorialmente muchas veces va de la mano con los intereses de las grandes multinacionales. A partir de las privatizaciones se generó la idea de que la fuerza de los convenios colectivos o los salarios de los trabajadores en determinadas ramas está ligada a la prosperidad de una empresa multinacional. Ese es el debate que la Corriente da hoy en el seno del movimiento sindical argentino. Los que no quieren una CGT con programa es porque quedarían atados a reivindicaciones en defensa de un proyecto nacional y popular que no va en línea con el sindicalismo que practican.

En estos días discutimos el tema de las tarifas, pero el problema de fondo es discutir quién maneja la energía. En nuestro programa nosotros decimos que la energía es un derecho humano que debe estar manejado por el Estado. Si el sindicalismo que está en el sector de la energía actúa corporativamente con las multinacionales, van en contra del sindicalismo que planeta un proyecto de país.

Las contradicciones de ese sindicalismo son cada vez mas fuertes cuando con toda crudeza el neoliberalismo plantea que la única manera de desarrollar un país es eliminando las regulaciones que no son solo el Estado, sino también los sindicatos y los convenios colectivos. Ellos quisieran que no hubiera convenios, y que si existen, que los haya por empresa. Eso genera una contradicción aun en ese sindicalismo, ya que en principio pensaron que su lucha era por corregir el impuesto a las ganancias y hoy están peleando por fuentes de trabajo. Eso empuja a la concepción que nosotros levantamos, que es un sindicalismo de liberación que defienda un proyecto de país.

La entrevista se realizó en la sala de reuniones del sindicato.

Desde la Corriente y otros sectores vienen empujando la candidatura del camionero Pablo Moyano y el bancario Sergio Palazzo para la conducción de la CGT.

Nosotros planteamos que hay que profundizar el debate. Lo que se está produciendo hoy con la Corriente, las dos CTA y el sector de Moyano, es una unidad en la acción. El año pasado sin una conducción de la CGT que tomara el liderazgo de la lucha contra el reformismo del gobierno, esa unidad en la acción fue la que generó las grandes movilizaciones. A estos tres sectores hay que sumarle las regionales del interior que están teniendo un rol muy importante, como por ejemplo el movimiento obrero santafesino, o el cordobés. Todas muestran una actitud muy clara en rechazo a las políticas del gobierno.

Nosotros no nos apresuraríamos tanto a tirar formulas. Sí creemos que hay que hacer un esfuerzo ante esta realidad tan complicada para unir a la mayor cantidad de organizaciones con esta idea de que tener un programa con al menos siete u ocho puntos que nos unifiquen: defensa de la industria nacional, rechazo al tarifazo, derogación de la nueva ley previsional. Tenemos que unirnos por una CGT que tome una dinámica que hasta ahora no tiene porque han sido dos años de negociación con un gobierno en el que no han conseguido absolutamente nada.

¿Qué opinión tienen sobre la incorporación a la CGT de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, a través de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular)?

Nosotros hemos planteado, en nuestro programa de 27 puntos, que es necesario que se reformen los estatutos de la CGT y se incorpore al sector de la economía popular. Hoy comprende un fenómeno de más de tres millones de trabajadores. El problema de la economía informal es producto del abandono de una política de defensa de la producción nacional. No estamos con esa teoría que dice que hoy el trabajo va a desaparecer en el mundo por el avance tecnológico y que entonces tenemos que acostumbrarnos a convivir con sectores de la informalidad. Nosotros creemos que estamos en un país en vías de desarrollo en donde los recursos en vez de ser volcados al desarrollo nacional se destinan a la especulación financiera, pero que hay necesidades imperiosas del pueblo de acceder a bienes y que eso generaría producción y trabajo nacional. Hay un déficit de más de cuatro millones de viviendas, y si generamos un programa de desarrollo nacional eso ya de por si produciría un trabajo industrial que permitiría atacar el tema de la informalidad.

Hugo Yasky, diputado nacional por Unidad Ciudadana y secretario general de la CTA, se refirió a la posibilidad de volver a la CGT en caso de que haya una conducción que represente los intereses de los trabajadores. ¿Qué opinan?

En principio si hablamos de la unidad del movimiento obrero tiene que ser unidad con todos. Es muy importante lo que se viene planteando en la CTA de que es necesario dar la batalla en la CGT. Entendemos que la CTA ha hecho su experiencia por fuera de la CGT que si bien es muy honrosa no ha podido resolver este tema de la reconstrucción de un poder sindical. Nosotros creemos que la CGT tiene que facilitar el retorno de aquellas organizaciones que en algún momento se fueron.

Una consigna que en la Argentina no tiene fecha de vencimiento.

Y más aún si asumimos que estamos frente a un contexto de avance brutal del gobierno sobre los intereses de los trabajadores.

Exacto. Con este gobierno no hay matices. Son las corporaciones. Y Macri es su empleado. En esta idea de globalización eliminan la frontera para ver cómo aprovechan cada espacio del planeta en función de sus intereses. Es volver a la colonización más estricta con el agravante de que el gran poder de esas corporaciones está en la actividad financiera. Lo que hemos visto en estos últimos días es como el capital intentan reproducirlo con el menor riesgo posible. Hoy al Banco Central lo manejan los fondos de inversión y la banca extranjera. Están mostrando esa realidad que intentan imponer en todo el mundo las corporaciones, gobernando y diciendo, ustedes tienen litio, vaca muerta, cereales y punto, si quieren competir en lo industrial necesitan salarios como en el sudoeste asiático.

A nosotros nos pasa algo significativo en la industria gráfica, que cae abruptamente desde el 2016, al abrir la importación. Nos están queriendo hacer competir con producción china, donde hay buques factoría, donde los presos son los que trabajan. Para competir con ellos no tenés que tener salarios. Así de claro plantean ellos y no ceden prácticamente en nada.

Aparte, hay muchos sindicatos intervenidos. Buscan destruir las organizaciones sindicales, los convenios colectivos. El tema de la represión es algo que se observa en todos los conflictos, como con Cresta Roja, los metrodelegados del subte.

Para salir de esto, desde el Campo Nacional y Popular hay que ofrecer una alternativa electoral, y el rol del peronismo es vital. ¿Qué piensan sobre la unidad del peronismo? ¿Y qué rol juega ahí el movimiento obrero?

Desde la Corriente creemos que la lucha social es la que hace que vayamos unificando. Eso se tiene que convertir en organización. Hemos dado el paso de la unidad en la acción. El 25 de mayo pasado logramos una movilización histórica. La organización es la única capaz de unir a todos los sectores que están siendo golpeados. El año pasado logramos una movilización de 500 mil trabajadores que impuso un paro a los pocos días, pero todavía no logramos construir la organización para darle continuidad al plan de acción e ir creciendo en la unidad de los sectores nacionales. Es necesario convocar a todos los sectores pymes. Hay que unir a los sectores de la producción, de las economías regionales. Si avanzamos en eso podemos ordenar lo político.

Creo que la política está en una situación de crisis donde vemos buena voluntad de dirigentes, mucha foto, muchas manifestaciones de unidad, pero nada concreto. Mucha especulación. Peronismo y kirchnerismo para nosotros es una sola cosa. ¿Qué diferencia hay con el peronismo histórico y lo que hizo el kirchnerismo? Podemos hacer planteos de que no pudimos profundizar, pero la orientación de desendeudar al país, la defensa del mercado interno y la industria nacional, los salarios altos, son indiscutibles. Nosotros en la industria gráfica en el 2014 llegamos al record de producción de libros, y esto pasó en todos los sectores de la industria. Entendemos que en lo político no tendría que haber diferencias, pero sin embargo en la dirigencia política hay mucha especulación.


La oficina del piso 9 tiene vista a Paseo Colón. El cielo plomizo todavía descarga sobre los oficinistas una fina llovizna. Hace frío. Con El Gringo estamos sentados, frente a frente, en la cabecera de una larga mesa en la que debe sesionar la comisión directiva del sindicato. Un café negro y una botella de agua mineral son los únicos objetos que acompañan la presencia del grabador y los celulares. Antonio, un compañero del área de prensa, dispara su cámara de fotos, en respetuoso silencio.

En mayo de 2018 se cumplieron 50 años del nacimiento de aquella gesta que sigue inspirando a decenas de dirigentes sindicales.

¿Qué mirada tenes de las nuevas generaciones de dirigentes sindicales formados durante los gobiernos kirchneristas?

Ahí hay un trabajo que potenciar. La etapa de recuperación de derechos permitió que se generara una militancia juvenil en todas las organizaciones sindicales, que se volviera a creer en el valor solidario de las organizaciones que había sido destruido en los 90. Me parece que es una de las grandes diferencias a favor del pueblo, estas movilizaciones que se están produciendo hoy eran impensadas en los tiempos en los que el neoliberalismo había desarticulado toda capacidad de movilización. Hoy esto es producto de la experiencia del gobierno anterior.

Los nuevos dirigentes están dando batalla en los gremios, les ponen condicionamientos a los viejos dirigentes que entienden que la única vía es la negociación porque el poder es muy fuerte y hay que sentarse y negociar lo que se puede. La juventud le pone otra dinámica con sus asambleas, las movilizaciones, y en muchos casos con la creación de nuevas agrupaciones dentro de los gremios, y dando una pelea para ganar las conducciones.

Yo creo que esto es muy interesante y hay que prestarle mucha atención, porque se puede ir desmontando las viejas estructuras sindicales, muchas ya caducas, y en algunos casos hasta con parte de un sindicalismo empresario, para poner los gremios al servicio no solo de los intereses de los afiliados, sino de un espacio de construcción de poder y militancia que apueste a un proyecto nacional de país. Hablamos de gente con mucha coherencia y convicción, sin claudicaciones, que sirven como referencia a toda una juventud que hoy está dando difíciles batallas dentro de organizaciones que son manejadas por dirigentes claudicadores.

Hoy en el Congreso cuentan con un bloque sindical.

Sí, a través de Unidad Ciudadana. Hasta hace no mucho tiempo atrás el ingreso de un dirigente obrero a las listas dependía del peso de la organización sindical, pero hoy tenemos conformado un bloque que defiende el programa de la Corriente Federal, con Walter Correa (curtidores), Vanesa Siley (judiciales), Hugo Yasky (CTA), Pablo Carro (CTA) en Córdoba y Abel Furlán (UOM de la Regional Zárate-Campana).

El sector político con el que más cercanía tenemos es Unidad Ciudadana, y su conductora, Cristina Fernández de Kirchner, por su obra de gobierno y muchas banderas que para nosotros fueron una reivindicación del peronismo histórico.

Desde el movimiento sindical tenemos claro qué país queremos construir. Tenemos que empezar a debatir grandes temas, que yo creo que son el gran desafío que tenemos por delante. Sabemos que como todas las etapas anteriores, este proyecto de minoría, va a generar una crisis profunda, ya que no le dan respuestas a la gran mayoría del pueblo argentino.

Los gráficos adquirieron su edificio en marzo de 1967.

Y a una velocidad inédita.

De un modo mucho más acelerado que las experiencias anteriores, sí. Entonces pregunto: ¿Nosotros nos vamos a preparar para ver cómo administramos esa crisis, mientras esos sectores minoritarios se repliegan, o nos vamos preparando en la resistencia, no solo en el rechazo a su programa de gobierno, sino a construir una fuerza necesaria que nos permita ser, el día de mañana, un país independiente?

Nosotros creemos, por ejemplo, y forma parte de nuestro programa de 27 puntos, que se torna necesario reformar la Constitución. No podemos esperar más. Hay que estar preparados para hacerlo el primer día del nuevo gobierno. Si no manejamos los recursos naturales, el sistema financiero, el comercio exterior, o si no tenemos confianza en el Poder Judicial, no podemos gobernar, por más que tengamos el gobierno. Lo comprobamos en la gestión anterior, que no pudimos frenar la fuga de capitales que se generan con el esfuerzo argentino. Todo esto tiene que tener un marco constitucional que le ponga límites.

Claro, pero para lograr esas profundas transformaciones necesitamos, como proyecto político, un gran consenso popular.

Estoy de acuerdo. Estas grandes decisiones, que tenemos que ir preparando para el momento que el pueblo recupere el gobierno, deben estar asociadas a las problemáticas que hoy aquejan a los sectores populares. Existe una relación directa. Si nosotros no tenemos principios constitucionales que avalen, por ejemplo, que los servicios públicos son del Estado, del pueblo, no vamos a poder resolver el problema de la energía y mucho menos los tarifazos.

El sistema financiero debe estar al servicio del desarrollo nacional. Si no estamos dispuestos a cambiar las reglas del juego que nos impusieron desde la última dictadura en adelante, como por ejemplo que el sistema financiero sea manejado por la banca extranjera, que lo pone a funcionar atrás de la especulación, va a ser imposible sacar al país de una crisis. A lo sumo ellos cederán algo, pero seguirán a cargo del poder y los destinos del país.

Todo este debate se debe dar en relación a los problemas que estamos teniendo a partir de la profundización del proyecto oligárquico, pero a su vez, como dije, tenemos que ir preparando ese programa con las grandes decisiones, que por otro lado debe estar a cargo de una alternativa política que sintetice la unidad nacional.

¿Cuáles son sus límites a esta unidad?

Los marca el propio enemigo oligárquico. El Presidente, hace solo unas horas, habló de un peronismo responsable. Se refiere a los gobernadores que con mucha claridad plantean que no es incorrecta la política del gobierno, es decir, que aceptan la lógica y las consecuencias de aplicar un programa neoliberal. Te lo dicen. Son los Urtubey, los Schiaretti.

El presidente lo sostiene en su discurso: hace más de setenta años que el Estado gasta más de lo que tiene. Su problema es aquel peronismo, el que distribuía la riqueza. Y ese punto es el que debería unirnos en el debate acerca de la unidad, que se tiene que dar con los contenidos. Nos unimos en base a nuestra historia, experiencias, y para revertir esa idea de que los problemas del país los generan los gobiernos populistas, cuando justamente es al revés. Las crisis las generan los gobiernos neoliberales, sean dictaduras o gobiernos democráticos.


En las paredes de la oficina hay láminas encuadradas de Ricardo Carpani, el artista comprometido con su tiempo que ilustraba los afiches de la CGT de los Argentinos. También hay otros coloridos trabajos con la iconografía del peronismo. El escritorio del Gringo está de espaldas a la ventana. Si uno se asoma, casi puede rozar con los dedos las copas de las tipas que colman la avenida, ahora tapizada con las paradas del Metrobús. En un rincón descansa un asta con la bandera argentina. En las calles de la Ciudad, nueve pisos abajo, se percibe el incesante crecimiento del descontento social. En unas horas vuelve a aumentar el transporte público y la nafta. Volvió el FMI.

En la recepción del gremio, la liturgia peronista dice presente.

La experiencia del diario de la CGT de los Argentinos, popular, masiva. ¿Cómo hacemos hoy para generar alguna experiencia similar?

La herramienta de la comunicación hoy tiene mayor relevancia que en otros tiempos, es cierto. Es permanente e influye de modo notable sobre la opinión pública, pero hay que ligarla a un proyecto de país, y a dejar en claro que se trata de un derecho humano. Así debe plasmarse en esa futura constitución de la que hablamos hace unos minutos. Tenemos que consagrar a la comunicación como un servicio público.

Y también tenemos que articular mejor todo el potencial de comunicación que tenemos como pueblo. Hay infinidad de radios comunitarias con una gran apertura hacia las problemáticas de las mayorías, al igual que sitios webs y otras herramientas, con mucha investigación e información, pero a su vez están muy desperdigadas. Lo venimos proponiendo desde la Corriente: hay que articular todo ese gran esfuerzo para que acompañe el crecimiento de la organización popular. Ese es el desafío, porque lo que le sirve al proyecto oligárquico es que cada lucha esté aislada de la otra. Tenemos que nacionalizar los conflictos. Que todos sepamos de la pelea están dando, por ejemplo, los azucareros tucumanos.

Ese era justamente uno de las taras que encarnaba el semanario de la CGT de los Argentinos.

Estoy de acuerdo. Y hoy eso no está. Pero tenemos las herramientas para construirlo. Aunque más de una vez desde nuestras propias fuerzas cometemos el error de pensar que si no logramos acceder a la gran prensa hegemónica, no existimos. Y no es así. Todo su poder de influencia comienza a desmoronarse a medida que la gente es golpeada por el programa económico. Eso es lo que está pasando ahora. Nosotros no tenemos que pensar en poner compañeros en un programa de televisión. No podemos darles ahí la pelea. Lo nuestro es en todos los ámbitos en los que nos movemos. Ahí está nuestro terreno.

Están recorriendo el país.

Con la Corriente, sí. Como lo indica su nombre, ponemos mucho énfasis en el desarrollo de los acontecimientos que se producen en el interior del país. Son fundamentales y así lo demuestra la historia, ¿no? Hace solo unas horas se cumplió un nuevo aniversario del Cordobazo, en una época muy similar a la actual por la dominación que ejercía el poder económico. Fue desde el interior desde donde se comenzó a debilitar al régimen dictatorial de Onganía. Dos semanas antes del Cordobazo hubo revueltas en Chaco, Corrientes, Rosario, Tucumán. Nos afecta a todos si cae la producción de manzanas en Río Negro, la pesca en Mar del Plata o el azúcar en el norte. Nuestro objetivo es fortalecer las regionales de la CGT y el proceso de unidad que se está generando en varios lugares. También tenemos la expectativa de que si logramos poner una conducción seria en la central, el interior esté representado y tenga poder de decisión.

¿Qué opinión tienen de la legalización del aborto y la creciente lucha del movimiento de mujeres por la igualdad de derechos?

Nosotros estamos participando de modo activo de todo el proceso, a través de nuestras compañeras. Creemos que es algo extraordinario lo que está sucediendo, y claramente representan unos de los sectores más pujantes de todos los espacios sociales que estamos confluyendo hacia un gran frente opositor. Estamos a favor de la despenalización del aborto y nuestra postura con ese y otros temas de esa agenda está siendo expresada por nuestras compañeras sindicalistas.


Con el Gringo y con Antonio intercambiamos unas últimas palabras. Ambos forman parte de la histórica lista verde de los gráficos, representada con hidalguía y lucidez política, durante décadas, por la gestión de Ongaro, que falleció el 1 de agosto de 2016, y que fue despedido en este mismo edificio por los afiliados y diversas referentes de del sindicalismo y la política, entre ellas, la ex presidenta Cristina Fernández. El Gringo ya venía conduciendo el sindicato, pero fue ahí que fue nombrado de modo formal como secretario general de los gráficos.

Antes de estrechar nuestras manos, a modo de despedida, retomamos la definición que Amichetti compartió hace unos minutos, con respecto a la unidad en la acción. Y punteamos: En el norte y su sur del país, en ese mismo momento, comenzaban a marchar las columnas de manifestantes de los movimientos sociales y algunas regionales de la CGT, que arribarían tres días después a la Plaza de Mayo, en el marco de la Marcha Federal. Hacía un par de días, el gobierno porteño había reprimido a los trabajadores del subte, y desde amplios sectores del sindicalismo y la política recibieron gestos de solidaridad. Miles de docentes de todo el país habían encabezado una nueva Marcha Federal Educativa, con cientos de miles de maestros y maestras, y medio millón de argentinos y argentinas habían copado la zona del obelisco para cantar el himno, el 25 de mayo, con la consigna “La Patria está en peligro”. Aparte, como se dijo, el Congreso sancionaría esa misma noche la ley para retrotraer las tarifas a noviembre de 2017, y Macri debería vetar la norma y pagar el costo político. “No es poco a cincuenta años de la creación de la CGT de los Argentinos, ¿no?”, coincidimos.

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