Verde es el color de la Justicia

Luego de la jornada maratónica en Diputados, las mujeres nos convertimos en otras. El delantal de cocina se transformó en una capa verde de superheroínas. Media sanción para una ley que parimos mujeres de distintas generaciones, con la fuerza de las pioneras en esta lucha, que vienen tejiendo la consigna del aborto legal hace más de treinta años. Todas aunadas en un mismo reclamo por nuestro derecho al deseo, al placer sexual escindido de la reproducción y a la decisión sobre nuestros cuerpos.

Por Celeste Abrevaya. Foto: Revista MU.

Hoy martes 14 de junio por la mañana, la Cámara de Diputados dio media sanción al proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo. En una jornada maratónica, las mujeres nos convertimos en otras. El delantal de cocina se transformó en una capa verde de superheroínas, porque eso fuimos. Una ley que parimos mujeres de distintas generaciones, con la fuerza de batallas históricas de las pioneras en esta lucha, que vienen tejiendo la consigna del aborto legal hace más de treinta años. Todas aunadas en un mismo reclamo por nuestro derecho al deseo, al placer sexual escindido de la reproducción, y a la decisión sobre nuestros cuerpos.

Las calles fueron una fiesta. A unas cuadras del Congreso, entramos con mi amiga a un local de bijou. -“¿Tenés brillos?”- “Verde no me queda más”-. El glitter y el pañuelo de la Campaña fueron la contraseña de reconocimiento entre quienes estábamos ahí, porque ahí estaba la historia misma. Abrazos entre desconocidas en subtes y colectivos, miradas de complicidad, pasos firmes hasta llegar a los alrededores de un Parlamento teñido de verde.

La marca distintiva fueron las pibas, chiquitas pero inmensas, arrolladas por una marea indetenible que logró romper diques que creíamos infranqueables. La revolución de las hijas y de las nietas, que torció el voto de más de unx diputadx que ya no podría volver a entrar a su casa si rechazaba el proyecto. Una ruptura generacional que estalló ayer con mucha visibilidad, y que proclama a este nuevo sujeto político como hacedor de lo imposible. Una ley que se discute con un Papa argentino en el Vaticano y un gobierno neoliberal en la Rosada. Paradojas de nuestra democracia, que no da tregua al aburrimiento.

Las fotos aéreas mostraban una plaza dividida. Del otro lado de Rivadavia, en un reclamo que prometía ser masivo pero que resultó muy marginal, se manifestaron aquellxs que no pudieron leer el pulso de una época que explota al calor de un feminismo pujante y sin pausa. Con pañuelos celestes y bajo la consigna “salvemos las dos vidas”, insistieron en seguir forzando a la clandestinidad a miles de mujeres que año a año se resisten a la imposición de un mandato. Allá quedarán, en el fondo de la historia.
El contrapunto fue ineludible. Afuera del Congreso había una multitud hermanada que ya había legalizado subjetivamente el aborto. Ese salto cultural que tomó forma en los últimos años, pero con mayor fuerza en estas semanas, se expresó ayer con contundencia en una jornada que se vivió con la alegría que emana cuando se conquistan nuevos derechos.

La transversalidad del apoyo al proyecto de Ley en las distintas representaciones políticas, da cuenta de un reclamo que supera la contingencia de los armados y las disputas parlamentarias. La ovación por parte de todos los bloques a la Diputada del PRO Silvia Lospennato, mientras mencionaba a aquellas mujeres que pusieron el cuerpo por esta ley, cristaliza la potencia del Feminismo como un movimiento amplio, diverso, complejo. Es la magia de la construcción política, del arribo a consensos sin resignar convicciones.

El momento de la votación se palpitó segundo a segundo, con brazos enlazados, lágrimas detenidas en la retina, y dientes apretados, hasta que el grito descargó la tensión acumulada por horas, sino años. La emoción se apoderó de la calle y del recinto, de los televisores familiares, de las redes sociales y las redes reales.

Las mujeres lloramos de alegría y de emoción porque lo que sucedió esta mañana es parte de nuestra propia visibilización, de nuestro reconocimiento como seres deseantes, como artífices de nuestro propio destino. Estamos pisando fuerte en la historia, la estamos pariendo.

En este, nuestro propio Mundial, metimos un gol de media cancha. Transpiramos la camiseta, nos abrazamos en equipo. Estamos en un entretiempo que nos hará redoblar esfuerzos y convicciones, para salir definitivamente victoriosas en el Senado. Tenemos nuestro propio Messi, es este colectivo apabullante de mujeres dispuestas a ir por todo, porque ya es mucho lo que tuvimos que resignar en el camino. La Interrupción Voluntaria del Embarazo va a ser Ley, y la maternidad será deseada o no será.

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