“Están vaciando la empresa”

Fuimos a la sede central de la agencia, convertida en un campamento, para conversar con tres trabajadoras despedidas. Nos contaron quiénes son, qué tareas cumplían y cómo están viviendo un presente marcado por la persecución, la incertidumbre y la lucha colectiva. No tienen dudas: el Gobierno vacía la empresa porque necesita seguir silenciado voces. También nos dio su testimonio un despedido con quince años de antigüedad.

Ambas sedes de la agencia de noticias de bandera están tomadas por sus trabajadores y trabajadoras desde el miércoles 27 de junio. En los edificios están los que fueron despedidos y los que no también, ya que a través de sus sindicatos unos y otros lo han transmitido con mucha claridad: quieren la agencia tal cual está, con más de 850 trabajadores (periodistas, editores, camarógrafos, fotoreporteros y administrativos, entre otros), más de dos docenas de corresponsalías, a cargo del control de la pauta publicitaria que reparte el Estado nacional, moderna, pujante, modelo para los medios y las agencias de noticias de los países de habla hispana, vital para mantener informado al pueblo.

Para ingresar al edificio de Bolivar hay que tener un contacto adentro. De otro modo, los trabajadores no te dejan ingresar. Se cuidan. Y está muy bien. Enfrente está nada menos que el Gobierno nacional y sus sicarios. Vamos al tercer piso. Subimos por las escaleras. A medida que ascendemos, toma forma el murmullo de una gran reunión masiva. Se trata de una asamblea. Debe haber por lo menos trescientos trabajadores y trabajadoras. Circula la palabra, a voz de cuello. Hay aplausos. Se canta contra Lombardi. No saludamos, frente a los ascensores, con las tres trabajadoras con las que vamos a conversar. Nos piden que las acompañemos a una oficina contigua, con vista a Bolivar, vidriada.

La primera en hablar es Romina, de cuarenta y tres años. Está entera, a pesar del cansancio y la bronca que durante la mañana la llevó a quebrarse, frente a una cámara de C5N. Nos cuenta que trabaja en la parte administrativa de la agencia. “Nuestra función tenía que ver con la administración y el control de la pauta publicitaria del Estado, una tarea que nos sacaron a partir de 2016 para dársela a Jefatura de Gabinete”, explica. También les sacaron la facturación de la pauta. “Nos fueron retirando el trabajo hasta que nos quedamos sin nada”, apunta. Ella trabaja en la empresa hace seis años y junto a su pareja tienen una nena de seis años. Está muy preocupada y angustiada. Cómo va a enfrentar el futuro sombrío que está sembrado Cambiemos. Nos cuenta, también, que las autoridades cerraron varias corresponsalías del interior del país, y que echaron a sus trabajadores. El objetivo, dice, es silenciar voces.

Romina denunció que la gestión macrista lo primer que hizo fue sacarle a la agencia el control de la pauta publicitaria.

Un rato después, Romina iría a la sucursal del Correo Argentino para retirar su telegrama, y al agarrar el papel entre las manos, se pararía en el medio del salón y frente a unas treinta personas alzaría la voz para contar que era “una de las trabajadoras de TELAM que se quedaban sin su fuente de ingreso por culpa de este gobierno de mierda” y llamar a los presentes a apagar la televisión para mirar de cerca la realidad. Fue un momento duro, incómodo. Un hombre que se apartó de de una fila, y los trabajadores de la sucursal, tuvieron un gesto de solidaridad con ella, con unas palabras o caricia en el brazo.

La oficina en la que estamos fue convertida en campamento. En el suelo hay colchones inflables, bolsos, mochilas. Sobre las sillas de oficina ahora esparcidas o abolladas gruesas frazadas de lona, y sobre los escritorios, envases de galletitas, botellas de agua mineral y ceniceros sucios. Del salón principal llegan más cortinas de aplausos, vivas, la voz ronca y convincente del orador.

Valeria tiene 41 años. Trabaja en la agencia hace tres años. “Empecé a trabajar en el área de publicidad, en contra turno, porque no se llegaba a cubrir toda la pauta que había que controlar, lo que desmiente las palabras de Pousá, ayer, cuando dijo que la agencia estaba sobredimensionada”, dice. “Nos contrataron porque hacía falta sumar gente que saque el trabajo atrasado”, explica ovillada el calor de una manta. No hace tanto frío, pero tiene sueño. Pasó la noche en el edificio. “Cuando le empezaron a dar el laburo a Jefatura de Gabinente, me pasaron al área de Patrimonio y Seguros, que se ocupa de controlar los bienes de la agencia, esto es los edificios, las corresponsalías y los acreditados en Casa Rosada, la AFA y otros lugares”.

Valeria no tiene hijos y subraya que su caso no es de los más traumáticos, ya que “de última puedo ir a lo de mi vieja”, asume, con una sonrisa que tiene mucho de resignación, pero lo que “más me enoja es el desprestigio que nos quieren tirar encima a los despedidos, porque si me querés echar, echame, pero no digas que hubo ausentismo, que somos militantes, ñoquis o choriplaneros, porque no es así”.

La estrategia oficial es tan perversa, que a lo largo de sus casi tres años de gobierno, y con el apoyo de las grandes empresas de medios de comunicación, lograron que en algunos segmentos de la población se naturalice que está bien echar trabajadores por su pertenencia política. En la entrevista en la que también habló Romina, solo hacen falta un par de segundos para dimensionar el drama que están viviendo en la agencia. Angustia, incertidumbre, llantos, insultos, impotencia. El material se puede ver acá: https://www.youtube.com/watch?v=734ycUJpIBI&feature=youtu.be

Luego de que el Gobierno nacional oficializara los despidos, las autoridades de TELAM emitieron un comunicado en el que argumentan que la empresa está atravesando “una situación económica y financiera compleja y delicada” y que “está sobredimensionada en cantidad de gente”. Destacaron que la agencia pasó de tener 479 empleados en 2003 a 926 en 2015 y que “la mayoría de las incorporaciones no contaban con formación ni experiencia en el área”. También sostuvieron que se confundió “periodismo con propaganda partidaria”, en alusión al kirchnerismo y no solo consideraron que “hoy ganó el periodismo y ganaron los ciudadanos” sino que “hoy ganó el futuro de la Agencia Télam”.

La asamblea de los trabajadores/as fue masiva y de su seno surgieron los pasos a seguir.

“Es una locura”, coinciden las tres compañeras. Y Valeria retoma: “Lo de las faltas también es una mentira. Romina cuenta que “echaron a una compañera de cincuenta años, que no falta nunca, que no participa de las asambleas gremiales, que vino a trabajar el día del paro general, el lunes pasado, y el martes se enteró que estaba despedida”. “Y que votó a Macri”, suma Jazmín, para cerrar el cuadro (su historia está en el video de la entrevista de C5N). Y dicen: “Que se entere todo el mundo. No hubo un criterio único para elegir a quién echar. Le toca a cualquiera. Están vaciando la empresa”.

Jazmín es la más joven de las tres. Trabajaba en el archivo periodístico de la agencia. Había entrado a TELAM hacía tres años. “Del archivo mucho no se habla, pero hay que darle importancia, porque es el archivo histórico de la empresa. Son dos en realidad, uno periodístico y otro fotográfico. Yo estaba en el primero y me ocupaba de digitalizar los cables antiguos de la agencia, que van del período 1970 al 2001, y tienen que ver con las secciones de economía, política, deportes, espectáculos y otros. Al estar en papel se estaban echando a perder, por eso la digitalización. De mi sector los echaron a casi todos”.

“Por qué a unos sí y a otros no”, preguntamos. “Para mí es al azar”, dice Jazmín, y sus dos compañeras afirman con la cabeza. “Es una cuestión de números. No hay un criterio en relación a lo ideológico, o la antigüedad, sino que echaron gente que tiene hijos, o que está enferma, o trabaja acá hace treinta años”.

“Tampoco les dieron una explicación”, arriesgamos. “Para nada. No tenemos sumarios, cumplimos siempre nuestros horarios y no hay motivos para que nos echen por incumplimiento de nuestros trabajos”, explica Jazmín, que estudia la carrera de Diseño Gráfico en la UBA y que vive junto a sus padres. “Uno de ellos está enfermo y yo ayudaba con la economía de la casa”, cuenta, resignada.

Muchos trabajadores y trabajadores se enteraron de que habían sido echados porque se encontraron con una indemnización en sus cajas de ahorro. Otros, un telegrama de despedido. Los que no fueron echados, en cambio, recibieron un correo electrónico, de parte de las autoridades, con el que la daban la bienvenida a “la nueva agencia TELAM”.

Los trabajadores/as cuentan con el apoyo de amplios sectores de la vida nacional.

Valeria, que se está por recibir de antropóloga en la UBA, le pone en palabras a la espesura que flota en el aire: “La angustia es permanente, nos la pasamos llorando, porque mientras algunos recibían el telegrama de despido, otros recibían el correo de bienvenida. Se trata de un manejo muy perverso”, dice. “No pusieron ni una lista, como pasó en otros organismos públicos. Es una agonía”.

Al otro día de la noticia de los despidos masivos en la agencia, Rodolfo Pousá, director de la agencia, declaró -en el programa que Luis Majul conduce en Radio Berlín- que los más de 350 empleados despedidos formaban parte de un sector que “decidió mantenerse con un perfil muy ideológico”. Su jefe, el titular del sistema de medios públicos, Hernán Lombardi, ya había dicho que “como en tantos organismos y empresas del Estado, la agencia que heredamos también fue víctima de la irresponsabilidad y del desmanejo del gobierno anterior, que utilizó lo público para fines político-partidarios”.

Rápidos de reflejos, porque los trabajadores y trabajadoras de la agencia están organizados y representados por los dos gremios del sector, Sipreba y Sitrapen, afirmaron que se trató de “un discurso insostenible y falso” y advirtieron que “los despidos consumados responden a trabajadores de todos los sectores, de toda antigüedad, de todas las pertenencias políticas. Lo que hay es un desguace: un proyecto para desmantelar a los medios bajo gestión estatal y entregar el sistema de medios en favor del capital concentrado de la industria”.

El miércoles 27 de junio, cuando comenzaron a llover los telegramas, los trabajadores y trabajadoras de la agencia marcharon al Centro Cultural Kirchner, donde tiene su oficina Lombardi, para exigirle la marcha atrás de la decisión oficial. No los atendió, por supuesto. Y aparte les mandó al Cuerpo de Infantería de la Policía de la Ciudad.

Cuando salimos de la oficina vidriada, la asamblea ya había finalizado. Una de las decisiones soberanas del espacio era que al otro día, sábado, se juntarían para ver el partido de Argentina-Francia, en la calle, frente a la otra sede, sobre la avenida Belgrano. También se habló de una gran conferencia de prensa, luego del fin de semana. Los y las trabajadoras conversan en grupos. Un cronista conversa con una delegada, mientras los filma un camarógrafo.

Mientras bajamos las escaleras del edificio, en dirección a la calle, nos presentan a otro trabajador despedido, Omar Rincón. Tiene 51 años y dos hijas de 11 y 13 años.

“Estoy en TELAM hace 14 años. Arranqué en el sector de Compras y Producciones, y ahora estaba en el sector de Marketing y Research -del área de Comercialización-, un nuevo sector que se creó con la gestión anterior”, cuenta, y apunta que “cuando asumió la nueva gestión nos comentaron que la empresa debería empezar a generar algún tipo de ganancia. Así nos lo planteó la nueva gerenta en la primera reunión que tuvo con los trabajadores del área”. Y cita el caso de un convenio que la agencia tenía firmado con radios de universidades estatales. “A partir de ahora los que quieran sostener el servicio lo van a tener que pagar”, le dijo la gerenta.

“Luego comenzaron con el desgaste de la quita de tareas y funciones“, explica. Un proceso alienante que obligó a unos cuantos a ir al psiquiatra, aparte de vivir con el miedo permanente de perder el trabajo. “Ese mecanismo también sirvió como disciplinador para los que sí tenían trabajo”, dice, y cierra: “Al poco tiempo nos dimos cuenta que esta gente venía por el vaciamiento y el cierre de TELAM, ya que el Gobierno no quiere una voz disidente, solo la voz del oficialismo privado”.

El paso de trabajadores a nuestro lado es incesante. Todo el edificio está tomado, y de las autoridades no hay una sola noticia. Alguien estuvo fumando. Se huele en el aire viciado. Hay poca luz. Omar comparte una última consideración: “Creo que este conflicto se puede convertir en la Carpa Blanca de los 90. Tiene que significar un gran daño político al gobierno”.

El titular del sistema de medios públicos ya se ganó la enemistad de cientos de familias de trabajadores de medios públicos.

El ingreso del edificio está colmado de banderas. De los sindicatos, con la cara de Lombardi, una argentina. Los trabajadores están reunidos en grupos. Conversan, fuman, toman un mate. La lucha lleva solo unos días y saben que será larga. Cuentan con el apoyo de amplios sectores de la vida nacional, el afecto y acompañamiento de sus familias y amigos y, en primer lugar, con la verdad. En la agencia no sobra nadie. Y la van a defender tanto como a sus puestos de trabajo.

Pousá

El actual director de Agencia, Rodolfo Pousá, fue designado en el año 2000 por el gobierno de la Alianza al frente de la misma agencia de comunicación estatal. Al igual que ahora, en aquellos años, inició un proceso de ajuste y vaciamiento que terminó con el despido de 150 trabajadores y trabajadoras y con el intento de venta del edificio de la calle Bolívar que se pudo frenar producto de la lucha de los integrantes de la agencia. Por otra parte, le inicio un juicio laboral al Estado por haber sido separado del cargo en el año 2002 como si hubiera accedido al mismo a través de un concurso público o una entrevista laboral. Ganó el litigio y abultó sus cuentas bancarias con 600 mil dólares. Aparte, es responsable de haber echado a otros trabajadores de prensa en medios como los Canal 13 y el canal América. Antes, formó parte del aparato comunicacional de la dictadura cívico-militar de 1976. En un archivo que circuló por redes sociales durante las últimas horas, se pueden observar la entrevista –con un tono jocoso- que le realizó al genocida y parte de la junta de comandantes, Roberto Viola.

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