Cómo sobrevivir a la Revolución de la Alegría en Picún

La autora del texto transmite, con un registro literario, los angustiantes malabares que tiene que realizar una familia, en su provincia, Neuquén, para sobrevivir al salvaje programa económico de Cambiemos.

Cintia Picún (escritora)

Hace unos años atrás, entrando a mis veinte, y en los primeros meses del 2002, escuchaba a una docente decir que en mi pueblo, Picún, el futuro estaba en la producción, en trabajar la tierra… ¡La miré horrorizada!

– ¡Vos estás loca! – le dije -. ¿Tantos años peleando por tener una escuela secundaria acorde a las necesidades de los estudiantes, tantos pedidos de alquileres en las ciudades con universidades para que finalmente logren salir del pueblo a cumplir sus metas profesionales, para que vuelvan y agarren una pala…?

– No, vos estás equivocada – me contestó -. Mirá, tenemos que mirar lo que tenemos hoy para sobrevivir… El Estado nos está matando de hambre, los que tenemos trabajo estamos apenas tratando de llegar a fin de mes a pura tarjeta y prestamos… (¿Eso les suena familiar en la actualidad?) ¿Quién crees vos que en este momento tiene para comer a diario y no pertenece a la clase alta?

La miré pensativa pero no le respondí, no podía. No me imaginaba alguien con la comida asegurada en aquella época, porque al igual que hoy, la economía de mi pueblo se basa en empleos municipales de sueldos risorios y otros provinciales

– Los chacareros, Cintia, ellos con sus tierras pueden sembrar lo que sea, tener animales y darse el gusto de hacer trueques con sus producciones. De que me sirve “Ser alguien, ser un profesional” si el gobierno no me lo recompensa como se debe…

Hoy cuento con dos hectáreas de tierra y cuatro hijos.

El restaurant donde yo trabajaba cerró en enero por falta de clientes y ante la desesperación de no llegar a fin de mes, de esperar las nuevas inversiones prometidas, el estar mejor y la luz al final del túnel, opté por luchar contra las medidas de “pobreza cero”.

Hoy, tengo un freezer con 50 pollos parrilleros y crió otros 50 para asegurar la comida de mis hijos todos los días. Tengo gallinas ponedoras que producen un total de 20 huevos por día lo que me permite vender el producto para obtener el alimento de los pollos y además 5 chanchas preñadas.

Tengo un plato de comida asegurado en un país donde cada día se come menos, y con más culpa… porque no todos pueden tenerlo.

Con las hortalizas y verduras no queda otra que aguantarse según sus tiempos y esperar, como se esperan las mejoras para el pueblo que este gobierno alguna vez prometió…

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