Apuntes sobre una elección trascendental

El macrismo parecía invencible en la CABA hasta que un día cayó en los comicios de la villa más grande de la Ciudad contra un frente de unidad de las organizaciones del campo nacional y popular. El gran perdedor es un referente barrial que jugó para el PRO pero que había representado al kirchnerismo. Los extranjeros, un factor clave de cara al futuro.

Por Eduardo Jesús. Foto portada: Radio Gráfica

El domingo 11/11 se produjo un hecho en la villa más grande la Ciudad de Buenos Aires que atrajo la atención de un par de medios nacionales y media docena de medios comunitarios, o alternativos, no por haberse cometido un homicidio, secuestro extorsivo o balacera entre bandas narcos, sino por la derrota política que sufrió el macrismo en las elecciones que se realizaron para elegir las autoridades de la Junta Vecinal.

Son dos los datos que sobresalen de la derrota macrista en el distrito en el que parecían invencibles. Uno: hizo falta que en un mismo espacio –o lema, ya que se utilizó ese sistema electoral- confluyeran todas las agrupaciones del campo nacional y popular, el PJ y hasta el Partido Obrero, para derrotar al oficialismo que gobierna la Ciudad hace casi doce años. Dos: Como las comunidades de la Patria Grande, en especial la paraguaya, aportaron un gran caudal de votos, toma gran relevancia el empadronamiento automático de los extranjeros que se votó por ley en la legislatura hace unos días.

Un ascenso vertiginoso
El gran perdedor de la elección fue el dirigente barrial Cristian Heredia. Un hombre nacido y criado en la villa que supo acumular y ejercer un poder de influencia muy importante en el territorio, por virtudes personales, pero principalmente debido a la gran cantidad de recursos que el gobierno de Cristina Kirchner transfirió a la villa –primero con la gestión del secretario Jorge Coscia y luego con la ministra Teresa Parodi- en beneficio de miles de vecinos y vecinas, en especial, para promover el acceso a la cultura.

El padrino político de Cristian Heredia era Víctor Ramos, un cineasta que aparte de portar un apellido de peso hacia el interior del movimiento nacional (hijo de Abelardo), contaba con un pequeño pero valioso armado territorial en algunas villas de la Ciudad, a través de un grupo de hombres y mujeres que tenían cierto grado de representación entre los vecinos y vecinas de sus barrios. Contaba, también, con una carta muy novedosa para ese momento: Mundo Villa, un medio de comunicación hecho por villeros y villeras.

Ramos formaba parte del armado político de Coscia.

La Década Ganada en todo su esplendor. Heredia cierra el puño en señal de victoria.

Heredia probablemente haya sido el exponente del riñón de Ramos que más lejos llegó en la construcción de poder. Fue el hombre que ganó las primeras elecciones que se realizaron en la villa, en 2011, para elegir las autoridades de la Junta. Tenía 32 años y contaba con un antecedente envidiable, colorido, atractivo: haber sido el cantante durante varios años, de un grupo de cumbia del barrio. Aparte, era un hombre con carisma y ambición. Respetado y querido. En el barrio le decían “Cristian Rey”.

Durante los dulcísimos años kirchneristas, Heredia sacó a relucir sus mejores dotes de orador, armador y cuadro político. Al frente de la junta comunal, se convirtió en el hombre fuerte del barrio. El vínculo con el Estado nacional, también fuerte, muy fuerte, pasaba por él. Enseguida supo manejarse con la dirigencia política y los funcionarios de la Secretaría de Cultura, a cargo de Coscia. Y lo más importante: parecía un convencido. Acompañaba con fervor los avances de un proyecto político que ampliaba derechos y le otorgaba oportunidades a los suyos.

El punto más alto de su carrera quizá haya que ubicarlo en los primeros días de septiembre de 2013, cuando luego de evaluar y aceptar una propuesta de Ramos, la secretaría de Cultura decide inaugurar la Casa de la Cultura en la villa. Se trataba de un proyecto de inclusión social extraordinario no solo para la 21.24 de Barracas, sino para la historia de las villas de la Ciudad.

El frente de la Casa de la Cultura.
El anfiteatro de la Casa de la Cultura.
Parte del interior de la Casa de la Cultura.

La inauguración del espacio fue encabezada por la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Una fiesta, con todos y todas adentro. Música, cámaras, el piberío, las comunidades de la Patria Grande, funcionarios, militancia y las fuerzas sociales del barrio, entre ellos el padre villero, que bendijo y participó del acto.

La Casa de la Cultura constaba de una construcción 1.500 metros cuadrados puesta en valor con un presupuesto de más de 20 millones de pesos, para el funcionamiento no solo de un auditorio para 300 personas, tres aulas para actividades culturales y educativas y ferias, y un espacio de archivo y documentación, sino también, el funcionamiento político de la Secretaría de Estado. Nidia Zarza, referente del barrio y que también respondía a Ramos, fue nombrada directora de la Casa. Pero Heredia seguiría siendo el hombre fuerte del barrio, por lo menos ocho meses más.

La caída
El poder de Heredia, y también el de Ramos, comenzó a desmoronarse con la creación del Ministerio de Cultura y el nombramiento de la cantante Teresa Parodi en lugar de Coscia. Corría mayo de 2014.

La nueva gestión, al revisar los papeles, se encontró con una larga serie de desprolijidades. El armado legal y administrativo que sostenía el funcionamiento de la Casa de la Cultura, y la Secretaría política instalada en la villa, estaba llena de irregularidades y despilfarro de recursos. Viáticos millonarios, contratos por todos lados, contratación de empresas de servicios inexistentes. Un escándalo mayúsculo, que la nueva gestión no podía ni quería dejar pasar. Las presidenciales de 2015 estaban cerca. La oposición, en alianza con los medios de comunicación, lastimaba todos los días, las 24 horas, y no había que darles de comer ni una miga.

Victor Ramos es cineasta y está ligado a la cultura. Dirige el proyecto comunicacional Mundo Villa.

Los y las responsables del Ministerio que tenían a su cargo la gestión de la Casa de la Cultura y el trabajo territorial en la villa de Barracas, por medio de una Secretaría, conversaron más de una vez con Ramos, Heredia y su gente. Se les explicó que así no se podía seguir. Se los invitó a reordenar los desbarajustes que había en el dispositivo con el que manejaban el barrio. Se les garantizó que nadie perdería su trabajo. Se los llamó a avanzar de modo coordinado, conjunto. No quisieron. Nada podía mejorar los beneficios de una caja política exorbitante, que aparte solo abonaba la carrera política de Ramos y no del proyecto político que gobernaba el país. Entonces la gestión de la Secretaría, a cargo de un puñado de militantes de La Cámpora, tomó medidas. Y del otro lado les declararon la guerra.

Pergeñaron una campaña de difamación para poner a los vecinos y vecinas en contra de la gestión, realizaron amenazas, boicotearon todas las actividades que se realizaban en el barrio, realizaron amenazas, pincharon gomas y hasta tomaron el Ministerio, cuya sede administrativa, y en la que cumplía funciones Parodi, quedaba sobre la paqueta avenida Alvear, en Recoleta.

Los grandes medios de comunicación aprovecharon el conflicto para llevar agua para su molino. ¿Cómo podía ser que el proyecto nacional, democrático e inclusivo fuese denunciado como anti obrero y maltratador por decenas de villeros y villeras?

Luego varios meses de extrema tensión y enfrentamiento, la gestión logró que los vecinos y vecinas del barrio les creyesen. Ellos eran los beneficiarios de las políticas de Estado, no los intermediarios. La llave fue poner a cargo de la Casa de la Cultura a un grupo de vecinos representativos del barrio, tanto en la dirección, en reemplazo de Zarza, como al frente de las áreas artísticas, los talleres, el anfiteatro, y hasta la seguridad y la limpieza, aparte de potenciar la oferta cultural del espacio, no solo con agenda de actividades que iban desde el teatro hasta la pintura, sino también, con recursos materiales.

Vecinos y vecinas de la villa tomaron el Ministerio de Cultura en 2014.

Poco tiempo después, se terminó el mandato de gobierno de Cristina y Cambiemos asumió la conducción del país. Ya nada sería igual. Todo comenzó a empeorar de un modo desesperante.

Heredia tenía el mandato vencido pero igual seguía presidiendo la Junta Vecinal, ya que no había elecciones. Con la obligación de adaptarse a los nuevos tiempos, comenzó a disputarle poder a un viejo puntero del PRO. Lo logró, por lo menos en parte, ya que los operadores políticos del oficialismo sabían que se trataba de un dirigente con condiciones, y comenzaron a bajarle recursos para que vuelva a hacer valer su figura. En las elecciones del último domingo 11/11, ambos referentes barriales compartieron el lema del oficialismo, aunque con listas separadas.

Heredia nunca asumió del todo su pase del kirchnerismo al PRO, pero en el barrio se sabe todo. En las elecciones, muchos vecinos y vecinas lo castigaron con el voto. Aparte, las condiciones de vida en la villa son mucho peores que hace tres años atrás. También le facturaron haberse borrado por un tiempo del barrio luego de la pelea con la gestión de Teresa Parodi. Ahora habrá que ver cómo funciona la gestión de la nueva Junta Comunal, teniendo en cuenta que en el lema ganador “Tierra, Techo y Trabajo” conviven una docena de espacios políticos del campo nacional. Pero esa es otra historia.

Planilla con los datos de la elección de la Junta Comunal, con la firma de los fiscales de los lemas y listas.

Extranjeros/as
Como se dijo más arriba, el otro dato relevante de la elección tiene que ver con el empadronamiento automático de los extranjeros y extranjeras, que logró en el paquete de medidas de la creación de un nuevo código electoral para la Ciudad de Buenos Aires. La propuesta fue de Unidad Ciudadana, fuerza a la que tributan la mayor parte de las listas del lema ganador de la Junta. Se estima que habría unas 200 mil personas en condiciones de elegir al próximo jefe de Gobierno porteño, a los y las legisladoras y los y las comuneras del distrito.

La elección de la villa 21.24 es una muestra de un botón que despierta mucha expectativa. Se trata, pensando en el futuro, de una elección trascendental.

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