Trabajar para pagar la luz

Un comerciante del municipio de 3 de Febrero, en el conurbano bonaerense, relata los malabares que debe realizar para dejar de perder plata por culpa de los tarifazos. No cuenta con el apoyo del municipio, en manos del macrista Valenzuela. Su relato representa el calvario que están sufriendo decenas de miles de comerciantes en todo el país.

Por Mariano Quiroga

Javier sostiene en alto la ultima factura que le llegó de Edenor, y mientras observa que debe pagar 50.000 pesos de luz relojea la calle para ver si entra alguien al minimercado “La Esquina de Ja”, que atiende todos los días desde hace varios años, en el municipio de 3 de Febrero, provincia de Buenos Aires. Son las 12 del mediodía y ya no hay tantos obreros de las fábricas cercanas que compren doscientos gramos de fiambre y una bolsita de pan para el almuerzo; eso lo angustia porque siente un futuro demasiado negro si la situación económica sigue así.

“Trabajo solamente para pagar la luz que me incremento catorce veces”, cuenta el almacenero. “De 3 mil pesos pasé a pagar casi 50 mil, y la verdad que ya no sé qué hacer. Saqué equipos de frio que son los que más consumen, pero estamos en la misma. Estoy pensando en cerrar, esto no es rentable, la gente viene nerviosa porque tampoco le alcanza y me voy a terminar enfermando”.

Javier es una de las tantas víctimas de los tarifazos, y su historia se repite de a cientos de miles. Viejo comerciante de más de veinte años de oficio, supo sortear el 2001 pero siente que esta crisis se lo va a llevar puesto. El ve de primera mano la realidad del país, que se refleja en la baja del consumo.

Dice Javier: “El que tomaba gaseosa ahora toma jugo, el que comía jamón ahora compra paleta, el que antes pedía 1 kilo ahora lleva 3/4. Tengo que traer productos más económicos porque primeras marcas ya no se venden. Es más: voy a volver a vender mercadería suelta como hacía en el 2001. Pensé que no volvería a pasar pero la gente está comprando lo que puede. Se vende mucho pan porque llena, por eso nosotros con eso y la leche no transamos aumentos”.

Con el paso de los meses, a la hora de hacer los números, Javier se convirtió en un malabarista que trata de pagar las cuentas y a los seis empleados que trabajan en el negocio, pero los números cierran en rojo. La venta le bajó un 40%.

“La gente no llega a fin de mes, están pagando la comida en cuotas y si no recurren al fiado. Y yo no puedo decirle que no a un tipo o a una señora que piden que le anote un paquete de fideos. Apenas te conocen, lo hacen con mucha vergüenza pero la necesidad es más fuerte”, agrega Javier.

Los únicos ganadores de los tarifazos son las empresas distribuidoras de energía contra las que Javier pelea quijotescamente y casi en solitario, porque la gestión de Diego Valenzuela, el intendente del distrito, y parte de la Alianza Cambiemos, brilla por su ausencia en la defensa de los intereses de los vecinos y vecinas. “El municipio es una fachada, lleno de controles y requerimientos pero sin un solo plan de ayuda ni de contención a los comercios”, cierra el almacenero.

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