La imagen y las mil palabras sobre Kicillof

La foto del encuentro que el ex ministro de Economía tuvo con los enviados del FMI pone de relieve algunos de las características por las que suele recibir un masivo reconocimiento. Probablemente se trate de una imagen que seguirá alimentando el crecimiento del diputado nacional de Unidad Ciudadana, de cara a las elecciones de octubre.

Por Mariano Abrevaya Dios

“Me pidieron la reunión en mi carácter de economista de la oposición. No me hablaron del próximo gobierno. Me dejaron en claro que no buscan intervenir en el proceso electoral”, declaró Axel Kicillof en una entrevista radial, luego de que circulasen distintas versiones acerca de las motivaciones de la reunión que mantuvo con dos representantes de la misión del FMI (que pisó suelo argentino para auditar en qué y cómo está gastando Gobierno nacional el dineral que le prestaron).

La reunión no la pidió Kicillof, y aparte no fue el único economista que se reunió con los funcionarios del organismo multilateral de crédito, ya que también se juntaron con el gobernador salteño Urtubey, y las autoridades de la ultraconservadora y aliada de Macri, la Sociedad Rural Argentina (el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, fue titular de la institución).

Pero el asunto que se hizo viral en las redes sociales, y que incluso fue materia de análisis y debate en algunos portales de noticias, provino de una imagen. Una foto. La del encuentro en la oficina que actual diputado nacional por Unidad Ciudadana, Kicillof, tiene en el Congreso de la Nación.

Las razones son previsibles: todo lo que se comunica a través de la foto tiene que ver con austeridad y sencillez del hombre que hoy tiene chances de ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, senador por la Ciudad de Buenos Aires, o el cargo institucional que hiciese falta. El mate, los bizcochitos de grasa en un plato hondo de cocina, la camisa blanca -sin corbata-, el termo comprado en Once, el mate de madera, los sobrecitos de azúcar, la computadora portátil que la mayoría de nosotros podemos tener en casa. La banderita argentina.

Y eso no es todo. Fíjarse en el gesto adusto del ex ministro. Serio, cara de pocos amigos, en contraste con las acartonadas sonrisas de los funcionarios, que aparte visten traje impecable. ¿Y el libro que se ve en el vértice del escritorio está ahí de casualidad? No. Se llama “Por qué la austeridad mata”, de David Stuckler y Sanjay Basu.

Kicillof es probablemente el principal dirigente del kirchnerismo con el que se viene logrando, con éxito, la transferencia de voluntades -o votos- de parte de la líder política y espiritual del Movimiento Nacional, Cristina Kirchner. Y eso se debe principalmente a él mismo: un tipo de barrio, honesto, carismático, sencillo para vestir, lúcido -y por momentos brillante-, claro para hablar, sensible en lo social, que cuenta con experiencia en la función pública y también ambición para seguir alimentando su carrera política.

En 2019, esperamos que le toque ocupar un alto cargo de la función pública.

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