Para Araceli música, flores y velas

A dos años del femicidio de Araceli Fulles, en el partido bonaerense de San Martín, la familia, sus amigos y vecinos realizaron una marcha para exigir justicia. La causa tiene un único detenido, varios sospechosos, y el juicio oral aún no tiene fecha de inicio.

Texto: Mercedes Matilla Fosser.

“Hoy se cumplen dos años del femicidio de mi hija”, anunció rodeada de familiares, amigos y vecinos, Mónica Ferreyra, la mamá de Araceli Fulles. Son las 18 horas de un martes 2 de abril, feriado, y la concentración se realiza en la esquina de la avenida Márquez y la calle 9 de Julio, en el barrio de José León Suárez, partido de Gral. San Martín, uno de los distritos del conurbano bonaerense con mayores índices de femicidios de la provincia de Buenos Aires.

A partir de las cinco de la tarde, se fueron acercando a la zona familiares, amigos, vecinos. Llegaron en colectivo, a pie, en coche o en bicicletas, desde diferentes lugares del conurbano. Todos sabían lo importante que era acompañar a la familia de Araceli.

La madre de Araceli encabeza el reclamo de justicia por el asesinato de su hija. Foto: Nicolas Avelluto

Un 2 de abril de hace dos años atrás, Araceli no volvió a su casa. Luego de 25 días de intensa búsqueda, y la confirmación de su muerte, nada volvió a ser igual. Tras encontrar el cuerpo cubierto de cal en el patio de la casa de un familiar del principal sospechoso del crimen, toda la familia se vio desplomada. Ahora la marcha tiene dos cuadras de largo. Personas de todas las edades caminan hacia la plaza del Barrio Libertador con pancartas y remeras que piden lisa y llanamente: ¡Justicia para Araceli!

El rostro de esta joven de apenas 22 años ilumina la marcha. Arde la impunidad. Un caso donde hay ocho implicados y un solo detenido, Darío Gastón Badaracco, de 31 años, principal sospechoso por el femicidio de la joven. Una causa que ya fue elevada a juicio, pero que aún no tiene fecha de inicio. Un caso que pareciera estar destinado a generar sospechas acerca de la indefensión padecida por los ciudadanos. Una clara falta de protección, ligada al retroceso que viene sufriendo el Estado, y que da cuenta del carácter patriarcal del poder judicial y su desigual impartición de justicia. Frente a todo esto, el barrio organizado. Familiares, vecinos y amigos unidos. En el fondo resuenan otros casos tales como el de Melina, Zaira y Graciela.

De la movilización participaron muchos jóvenes. Foto: Nicolás Avelluto.

En la plaza en la que se realiza el acto se observa de modo tajante la realidad ambigua en la que vivimos los argentinos. En un sector, las familias toman mate y juegan con sus hijos, sobrinos, mientras que otros conversan entre amigos. Al lado, las palabras de Mónica, los amigos de Araceli, las madres y los padres del dolor, los hermanos, la gente que la quería. En un marco de homenaje y lucha circulan abrazos y lágrimas. Suena la murga. Visten unas remeras violetas con frases alusivas a la lucha que los convoca. Gritan: “¡Vamos Moni!“.

Es en estos jóvenes en los que se apoya la madre de Araceli para poder continuar. Ellos la abrazan, literalmente, en medio del acto. El dolor no la deja continuar su relato. Preservar la memoria de Araceli como una joven llena de alegría parece ser la máxima de este humilde y gran homenaje. Para Araceli música, flores y velas.

Alrededor de las 19, cuando se empezaba a decirla adiós un día de tanto dolor, empiezan de a poco a encenderse las velas. Luego de la proyección de unas imágenes bellísimas de Araceli, todo el sector quedo iluminado por el amor de toda una comunidad que espera no tener que volver a padecer un dolor tan violento. Que espera que se haga cumplir la ley. Que no se rinde. Que le exige a la justicia que actué con la seriedad y el compromiso que requiere un crimen de estas características. Que desea, al igual que Mónica: “no ver ninguna madre que lloré por su hijo”. Que se levanta para gritar:

#JUSTICIAXARACELI
#NIUNAMENOS

La investigación por el crimen es muy lenta y está llena de irregularidades, denunció la familia de Araceli. Foto: Mercedes Matilla Fosser

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