El palco del pasado

El desfile militar que desplegó Cambiemos sobre la Avenida Libertador sintetiza una época signada por un modelo de exclusión y la consecuente represión de la protesta social y persecución contra la oposición, tal como sucedió con otros proyectos neoliberales. La foto de Pepe Mateos lo capta con tanta precisión, que duele.

Por Mariano Abrevaya Dios

La imagen del reportero gráfico Pepe Mateos es elocuente. Hasta el más distraído y desinteresado en la realidad política del país, se choca de frente con una imagen que como mínimo es anacrónica, de otro tiempo. Los fusiles, las caras de piedra, los trajes oscuros, el palco. No es la dictadura del 76, pero sí su pata civil.

Se trata también de una foto que pone de relieve una línea de conducta de un gobierno que hizo campaña con los eslóganes del cambio y el futuro, pero que una vez que hizo cargo de la administración del país, no hizo más que arrastrarnos hacia un pasado que por lo menos en aquel 2015, casi la mitad del electorado, preferíamos olvidar para siempre.

Deuda externa, fuga de capitales, especulación financiera, inflación desbocada, cierre de fábricas, industrias y pulverización de las economías regionales, desocupación, caída del salario y el consumo, hambre, indigencia, relaciones carnales con los Estados Unidos y la Unión Europea y lo edificado a nivel regional, como la UNASUR y el MERCOSUR, dinamitado; aparte, reprimieron la protesta social y criminalizaron la pobreza, estigmatizaron, persiguieron y encarcelaron opositores, y también utilizaron a las fuerzas de seguridad con objetivos electorales. Se intensificaron los casos de gatillo fácil, superpoblaron los penales con jóvenes pobres y se vaciaron los medios públicos de comunicación para silenciar voces.

Somos millones los que nunca olvidaremos el siniestro tratamiento que le dieron el caso Maldonado, por citar uno de los hechos que marcaron la gestión de gobierno de Cambiemos, que de principio y a fin contó con una estratégica alianza con los poderes mediáticos y judicial.

Se trata de un cóctel macabro que remite a los tiempos neoliberales de los noventa y comienzos del siglo XXI. El pasado del pasado.

Frente al palco, instalado sobre la coqueta y siempre oligárquica Avenida del Libertador, desfiló también el ex carapintada Aldo Rico, como lo había hecho en 2016 ante la azorada mirada de quienes preveíamos una época oscura. Pero fue peor de que lo imaginábamos. La Alianza Cambiemos desplegaría una serie de decisiones que para millones –no hay que olvidarse que Macri ganó por la mitad más uno del electorado-, le darían forma a lo que hoy conocemos como el peor gobierno democrático de la historia. Entonces lo de Rico es casi un detalle pintoresco, y más aún todavía si se tiene en cuenta que el martes 9 de julio apareció arriba de una silla de ruedas, una imagen cándida, como dijo un periodista radial.

Lo que no pasó desapercibido, y que forma parte del largo y nefasto derrotero del gobierno de Macri, fue la ausencia de algún tipo de homenaje a los 44 tripulantes fallecidos del Ara San Juan. Justamente, uno de los mayores responsables del hecho, el ministro de Defensa Oscar Aguad, al ser consultado sobre Rico, dijo que no pasaba nada, que los levantamientos carapintadas no habían sido gran cosa. ¿Nos vamos a sorprender? Hace rato que se nos agotó la capacidad de asombro.

La foto del palco del pasado sintetiza una etapa nefasta de nuestra historia. Muchos nos sorprendimos con los cazas, grandes y pesados aviones del ejército y helicópteros que surcaron el cielo plomizo del 9 de Julio, mientras Macri decía pavadas en la Casita de Tucumán, entregando una imagen, una vez más, triste, sin vida, que remite a una dirigencia entreguista y con una falta de amor por la Patria y nuestro pueblo que nunca vimos antes.

Ahora tenemos elecciones. No habrá Ministerio de la Venganza, pero sí una celebración que tendrá mucho de alivio y renovada esperanza en relación al futuro.

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