Aire fresco en medio de la tempestad

Las democracias sudamericanas vienen sufriendo el embate de los sectores de privilegio con la denominada Guerra Jurídica. La foto de los festejos del Bicentenario, en Buenos Aires, quedó desdibujada. El golpe de Estado en Bolivia hunde aun más los sueños de liberación, pero el triunfo de Alberto Fernández, la libertad de Lula y las revueltas en Chile y Ecuador, representan una esperanzadora bocanada de aire.

Por Mariano Quiroga

La imagen de Evo Morales acostado en el piso de una terraza, con un teléfono en la mano, debajo de una sábana estirada de apuro, y luego de haber sufrido un golpe de Estado, es la capitulación del final de un cuento que parecía hermoso apenas diez años atrás, cuando el 25 de mayo del año 2010 un grupo de jefes de Estado latinoamericanos festejaban el Bicentenario de la República Argentina junto a un el pueblo había colmado las calles para festejar que el sueño de la Patria Grande estaba siendo concretado. Hoy de esa foto no queda, solo nostalgias de un tiempo que fue hermoso y fuimos libres de verdad.

Repasemos la formación inicial: Néstor y Chávez fallecieron, Dilma Rosseauff fue destituida y su socio político, Lula Da Silva termino tras las rejas mediante una causa grotesca que impidió su participación en las elecciones del año 2018 (recién hace pocos días recuperó su libertad). En Ecuador, Rafael Correa fue imposibilitado de continuar otro mandato y su sucesor, Lenin Moreno, lo traicionó, y tuvo que exiliarse en Bélgica;  su vicepresidente, Jorge Glas, fue detenido por supuestas causas de corrupción. En Venezuela la situación es compleja desde hace varios años como consecuencia del bloqueo económico que le imponen los Estados Unidos, por un lado, y serios problemas para gestionar el país del parte del oficialismo. Y en Bolivia a Evo Morales le asestaron un golpe cívico-militar que no se veía en la región desde los años 80.

Esa instantánea del 25 de mayo del año 2010 fue modificándose de manera paulatina. Los nombres fueron otros y las ideologías que traían eran todo lo contrario a las expresadas por esos líderes progresistas parecidos a sus pueblos. Macri electo presidente en las elecciones del año 2015 realizó un desfile militar el 9 de julio de este año donde uno de los invitados fue el ex carapintada Aldo Rico y Jair Bolsonaro, que asumió la presidencia del Brasil el primero de enero de este año, formó un gabinete donde la presencia de militares es tan notoria que supera a la de la dictadura del año 1964.

Las fotos del Bicentenario han sido reemplazadas por imágenes de sumisión de nuestros líderes regionales frente a los emisarios del Norte o frente al mismísimo Donald Trump, al cual le rinden pleitesía, al asumir que Estados Unidos tomó posesión sobre lo que ellos han dado a conocer como su “patio trasero” y que los infinitos recursos naturales están a su disposición para explotarlos a su antojo, pasando por arriba la decisión de los pueblos que de manera democrática habían elegido a Dilma Rosseauf, Evo Morales o al resistente Nicolás Maduro.

El imperio que ha usado las noticias falsas (Fake News) y el dispositivo de la Guerra Jurídica (Lawfare) como herramientas novedosas para ocasionar tensiones o persecuciones a los líderes políticos opositores, pusieron nuevamente en el centro de la escena a un actor que parecía haber quedado en la memoria refugio de la vida y de la historia. Con el golpe de Estado producido en Bolivia volvieron los poderes fácticos locales a golpear las puertas de los cuarteles como si los golpes blandos no hubieran sido lo suficientemente efectivos: ¿Si no cómo se explica que por más buena voluntad de los jueces hoy Lula da Silva este libre y Cristina Fernández de Kirchner sea la vicepresidenta electa en Argentina? En este tiempo de guerra fría entre EEUU y Rusia esperar los tiempos de la justicia puede resultar contra producente.

Las fotos de hoy nos muestran que los dinosaurios lejos de desaparecer volvieron y ocupan el centro de nuestra escena. Aquel Macri dándole un lugar central a los militares en los festejos del día patrio o Bolsonaro componiendo un gabinete con los torturadores de Dilma Rosseauf, nos deja una sensación de angustia y nos abre el interrogante de hasta dónde podrán actuar los gobiernos que se corren del libreto estadounidense ¿Podrán surgir nuevos gobiernos que puedan decir “ALCA al carajo” sin sufrir las consecuencias?

Por lo pronto hay otras imágenes que van emergiendo y que nos dicen que cuando la noche es más oscura se viene el día en la región. Alberto Fernández le ofrece asilo a Evo, Lula da Silva recupera su rol de figura central de la oposición en Brasil, y las movilizaciones en Ecuador y Chile son brisas de aire fresco en medio de la tempestad. Son imágenes que esperemos sean las primeras de un gran álbum latinoamericano que empiece a cerrar sus venas de una vez y para siempre.

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