“Tenemos que buscar que haya una organización unificada de los trabajadores”

El secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense, Héctor “El Gringo” Amichetti, nos recibió en el sindicato para conversar sobre la victoria del Frente de Todos, el rol del movimiento obrero en ese armado y también en relación al pacto social que ya puso a andar Alberto Fernández, aparte del papel de la Corriente Federal en una posible central obrera unificada. Ponderó la capacidad estratégica de Cristina Kirchner y fustigó a la derecha continental por el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales.

Por Mariano Abrevaya Dios y Federico Bondarovsky. Fotos: Emiliano Palacios

Héctor “Gringo” Amichetti es el secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense, un sindicato con una notable y larga historia de lucha que fue conducido durante muchos años por una leyenda del peronismo y líder de la mítica “CGT de los Argentinos”: Raimundo Ongaro.

Las y los gráficos integran la Corriente Federal de los Trabajadores, una línea interna de la Confederación General del Trabajo (CGT) compuesta por diversas organizaciones gremiales que resistieron en la calle y los lugares de trabajo las políticas de ajuste y persecución de la Alianza Cambiemos, y que en 2018 sumaron a los Camioneros y mecánicos de SMATA, aparte de los gremios aeronáuticos, el Frente Sindical Por el Modelo Nacional, con el que también dieron la discusión en la central obrera. Como el resto de los gremios industriales, fueron muy golpeados por el programa económico de Cambiemos.

La entrevista se realizó en el mítico edificio que el sindicato tiene sobre la avenida Paseo Colón, a mediados de noviembre, mientras Alberto Fernández repartía su tiempo en el armado del nuevo gabinete y los viajes y negociaciones a nivel regional para tenderle un mano a Evo Morales, luego del golpe de Estado en su contra, las masivas revueltas en Chile y Ecuador, la elección en Uruguay, y la liberación del ex presidente brasileño, Lula Da Silva.

Qué lectura hacés del panorama regional con el golpe de Estado en Bolivia, las revueltas en Chile y Ecuador, y la liberación de Lula.

Por un lado, entiendo que hay un agotamiento de los pueblos ante las políticas neoliberales que aun con los mecanismos que utiliza el poder para sostener gobiernos de derecha o para impedir que los líderes populares lleguen al gobierno, como en el caso de Brasil, de la mano de los poderes mediáticos y judicial, tienen un límite.

Lo de Bolivia preocupa porque ante esos límites aparecen nuevamente mecanismos que eran tradicionales hace cuarenta o cincuenta años atrás, que es la utilización de la violencia en forma directa y desembozada, por medio de la no intervención de la policía frente a grupos violentos fascistas, cuando deberían responder a las autoridades democráticas, o el ejército pidiéndole al presidente que renuncie.

Por otro lado, queda demostrado que en Venezuela los hechos de violencia que generóla derecha solo pudieron ser neutralizados con unas fuerzas armadas patrióticas. Sumemos lo de Chile,que frente a un levantamiento popular de sectores mayoritarios de la población, aparecen los carabineros jugando un papel determinante para aplacar las protestas.

Lo preocupante es que ya no les están alcanzando los mecanismos que comenzaron a desplegar después de los tradicionales golpes de Estado de los años 70, que tienen que ver con condicionamientos a los gobiernos democráticos con elementos como el endeudamiento externo o la concentración económica. Después vinieron los gobiernos populares con Chávez, Lula, Néstor, Evo, Correa. Ahí las grandes corporaciones, el imperio, el mundo globalizado que no puede admitir otro modelo que no sea el capitalismo financiero y salvaje, empezó a utilizar nuevos mecanismos de presión, como los medios de comunicación que juegan un papel central, combinado con la justicia. Hoy pareciera ser que eso ya no alcanza, y en ese sentido, en Bolivia incorporan la violencia en forma directa.

Amichetti conduce el gremio de los gráficos y es uno de los referentes de la Corriente Federal de los Trabajadores.

Por otro lado, pareciera que Evo perdió parte desu base electoral, y en consecuencia hay algo ahí para analizar en relación al futuro, porque acá también nos pasó que muchos de los beneficiados por el modelo de crecimiento con inclusión social dejaron de acompañar al kirchnerismo en 2015. ¿Cómo lo ves?

Ahí hay un punto a revisar, sí, que tiene que ver con cómo se apuntala una construcción política no partidaria, sino de un frente nacional que agrupe a las mayorías, cuando estos proyectos populares se van desarrollando. Está claro que en la mayoría de los casos necesitan un periodo de tiempo prolongado, de por lo menos dos mandatos de gobierno y la debilidad está en que no se ha podido terminar de cerrar el ciclo, y esto puede tener que ver con la imposibilidad de profundizar la integración continental, para avanzar por ejemplo con iniciativas estratégicas como la creación del Banco del Sur.

Por otro lado hay una característica interna de cada uno de los países, que tiene que ver con la fuerza de los liderazgos políticos en la región. En ese sentido, pareciera que en Bolivia el único que podía garantizar la continuidad del proyecto político era Evo, y lo mismo vimos en Venezuela a partir de la desaparición física de Chávez.

En Argentina, creo que hay que hablar de la particularidad del peronismo, que cuenta con organizaciones muy fuertes, a diferencia del resto de los países,pero es cierto qué nos pasóel 2015. Ante la pregunta de por qué, creo que por un lado hay que destacar que a la semana de haber ganado en 2011 con mucho apoyo popular, se tuvo que aplicar un cepo cambiario por una fuerte fuga de capitales, y tambiénhay que recordar que las fuerzas enemigas enseguida comenzaron a trabajar muy fuerte para fragmentar al movimiento. No es casual, entonces, que dos años después, el peronismo estaba dividido en tres sectores. El Frente para la Victoria, el Frente Renovador y el Peronismo Federal, y eso fue un preludio de la derrota en 2015.

Como bien apuntan ustedes, hay que analizar esta cuestión, para saber a futuro cómo se avanza, mientras se gobierna, con una construcción política y frentista de sectores nacionales que sea superadora de estas limitaciones que estamos viendo en los distintos procesos.

La clave parece estar en el poder popular que se construya en los distintos territorios.
Y sobre todo consolidado en términos de organización. En ese sentido, el acuerdo social me parece una propuesta muy interesante, pero tendría que servir para que más allá de las medidas de fondo que se adopten, y que en varios casos debería transformarse en leyes para darle perdurabilidad a los acuerdos, el conjunto de los trabajadores, los movimientos sociales, el ooperativismo, las pymes, y los pequeños y medianos productores deberían ir constituir un frente nacional para darle sostén político a esos grandes acuerdos estratégicos.


Las paredes que rodean la mesa de reuniones están decoradas con láminas de Ricardo Carpani, el artista comprometido con su tiempo que ilustraba los afiches de la CGT de los Argentinos. El escritorio del Gringo está de espaldas a la ventana que da a la avenida Paseo Colón, por sobre las copas de los árboles de la avenida. En la calle hace calor, está pesado, debería llover. En un rincón descansa un asta con la bandera argentina y encima del escritorio del secretario general del sindicato, heredero de Ongaro, hay un cuadro con en el que Perón y Evita se funden en un abrazo.

El edificio de la avenida Paseo Colón forma es un ícono de historia de lucha del sindicalismo argentino.

En las calles de la Ciudad, nueve pisos abajo, flota un hastío con un gobierno que a pesar de estar en retirada sigue habilitando aumentos que impactan en el costo de vida de los argentinos y argentinas, aparte de mirar para otro lado con el golpe en Bolivia y apurar los últimos chanchullos, como transferirle al Poder Judicial el programa de los testigos protegidos con los que tanto daño hizoen contra de funcionarios y dirigentes del kirchnerismo, y que ahora les puede jugar en contra. En la calle, también, hay una notable necesidad de que asuma su mandato el nuevo gobierno popular.

¿Cuáles consideran que son las razones que explican la victoria del Frente de Todos en las elecciones de octubre?

Creo que fue determinante la capacidad de resistencia al proyecto neoliberal de Macri por parte de una muy importante cantidad de organizaciones del pueblo. No hubo casi un solo instante en el que se dejase de generar acciones en contra de las medidas que iba tomando el gobierno. Y aún cuando allá en 2017 parecía que ellos se consolidaban en la elección intermedia, se demostró la conciencia que tiene una buena parte del pueblo argentino al rechazar las tres grandes leyes que quiso imponer el gobierno al sentirse triunfador. Hablamos de la columna vertebral del proyecto de Cambiemos: la reforma laboral, la jubilatoria y la fiscal.

Ahí empezó la debacle, y perdieron parte de su credibilidad, incluso en el exterior. En 2018 se produjo un derrumbe acelerado, porque prácticamente no tuvieron más financiamiento internacional, y eso creo que se debió al fracaso de no poder demostrar una conducción política sobre la mayoría del pueblo, a pesar de haber ganado una elección legislativa, y después se entregaron atados de pies y manos al FMI, y eso los terminó de condicionar de manera total y absoluta.

Si hablamos del sector sindical, en los dos primeros años, la resistencia estuvo focalizada en la Corriente Federal de los Trabajadores y la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos), y a partir de 2018 hubo una parte importante de la CGT se abrió, luego de haber confiado que podía obtener algunas cuestiones negociando con el gobierno, como el caso de Moyano y otros gremios importantes; luego se sumó el SMATA,entre otros gremios, y conformamos el Frente Sindical para un Modelo Nacional, que creo que fue una iniciativa muy importante en el trabajo de reagrupamiento político y en detrimento de la ofensiva del gobierno por dividir al peronismo. De esta manera empezó a haber cada vez más sectores tanto dentro de la política, como del gremialismo, que visualizó con claridad la necesidad de buscar la unidad.

Y ahí contribuyó muchísimo el frente sindical, como así también distintos sectores políticos, entre ellos, si uno ve el caso de Alberto Fernández, que en ese momento comenzó a definir con absoluta claridad que la única manera de frenar a este gobierno y su proyecto neoliberal era precisamente buscando acuerdos con Cristina, que era la referente más importante desde el punto de vista del apoyo popular.

Amichetti llamó a unificar al movimiento obrero de cara a la nueva etapa que encarará el peronismo a partir del gobierno de Alberto Fernández.

La que tenía los votos.

Exacto. Y ahí fue que se empezó a gestar el armado del frente que cierra con un gesto de grandeza de parte de Cristina, poco común, teniendo en cuenta que a pesar de tener el mayor de los apoyos resignó la conducción en aras de construir una fuerza mayor y que pueda ser victoriosa como finalmente ocurrió.

Una jugada magistral.

Sin dudas se trató de la decisión de una estadista. Ella siempre denunció lo destructivas que son las políticas del neoliberalismo, y también advirtió que si ese proyecto se prolongaba en el tiempo, el daño podía ser irreversible. Me da la impresión que con esa lucidez, que nunca abandonó, siempre caracterizó con mucha claridad lo que es la lucha por el poder. Ella nunca dejó de ver lo que representa un gobierno neoliberal en un contexto en el que los Estados Unidos tienen la decisión política de actuar sobre la región. Si un dirigente político tiene esa claridad, por supuesto que toma decisiones como éstas, consciente de que hay que unir a las grandes mayorías nacionales.

A mí me recordó mucho a Perón, que a veces generaba resquemores hacia el interior del movimiento, pero uno a veces se pone a pensar, que después de 18 años de exilio y resistencia, entendió que en el 73 era necesario armar un frente, y sumar al desarrollismo y otras fuerzas, poner un candidato de orientación conservadora como vicepresidente, como Solano Lima. Esa es la visión del estadista, que plantea la lucha política en términos de poder y no pura y exclusivamente en términos electoralistas.

La planta baja del edificio.

¿Qué lectura realizan de los cuarenta puntos logrados por la coalición Juntos por el Cambio luego de haber empeorado todos los índices económicos, entre otros desastres?

En primer lugar, resalto el valor de la victoria por el 48 por ciento de los votos, porque mido lo intensa que fue la tarea de los grandes medios de comunicación, que hoy juegan un papel central en la formación de la opinión pública. Uno escuchó, en el último tiempo, y hasta en los propios trabajadores, que estaban mal, pero en paralelo repetían el discurso de la televisión de que no se podía volver a la corrupción. Frente a ese mensaje, y la fuertísima acción de la justicia que encarceló de la manera que fuera, a dirigentes y funcionarios del gobierno anterior, me parece que el 48 por ciento tiene un valor enorme.

Con respecto al 40 que acompañó a Macri, creo que representan a una parte de la sociedad que está muy atravesada por el individualismo y la meritocracia; uno ve que son una parte de la sociedad, y esto ha ocurrido históricamente, que son críticos de las acciones colectivas, los planes sociales, las moratorias del sistema jubilatorio. Se ponen de aquel lado pero no son un bloque homogéneo, ni defienden a rajatabla el modelo neoliberal. Muchos se quejan. Uno los ve entre el sector empresario, entre los que hay representantes de las pequeñas y medianas empresas de nuestro propio gremio, que critican muchísimo la política económica de Macri pero es muy probable que lo hayan vuelto a votar.

Un voto ideológico.

Un rechazo al peronismo, sí, o a lo que ellos llaman populismo. Pero insisto: tenemos que resignificar la victoria del 27 de octubre. Y remarcamos que la capacidad para construir un frente político que acaba de ganar una elección, es tan solo un primer paso, y que lo que viene ahora es el desafío más grande de todos, que está planteado, en principio, en cómo pararse frente a los que no perdieron, porque el perdedor fue una fuerza política encabezada por Macri, pero el poder que estaba detrás de ellos y que fijó las pautas de las políticas de los últimos cuatro años, están intactos y hasta fortalecidos.

El próximo gobierno está condicionado por el endeudamiento y se va a tener que plantar frente a un poder que tiene cartas de condicionamiento en la manga. Tenemos sectores del comercio exterior que también se han fortalecido. Hay que ver hasta qué punto nosotros podemos actuar con un Estado muy fuerte que limite el poder de estos sectores para que dentro de poco tiempo no estén otra vez desestabilizando al gobierno porque no pueda cumplir alguna de las metas.

La clave, entonces, está en la espalda que tenga el gobierno a partir del acuerdo social que se está planteando con vastos sectores de la sociedad. Esto le permitirá plantarse con fuerza para hacerle frente a los sectores a los que se les va a afectar sus intereses, porque es imposible reactivar una economía sino controlamos el sistema financiero, por ejemplo, o el comercio exterior. Hoy los grandes exportadores manejan hasta sus propios puertos y no tenemos ni la posibilidad de saber qué entra y sale de la balanza comercial.

En el edificio de los gráficos funcionó la mítica CGT de los Argentinos.

¿Qué expectativas tienen con la posibilidad del regreso de la CTA a la CGT?

Me parece que tenemos que buscarque haya una organización unificada de los trabajadores; la unidad del movimiento obrero. Nuestra Corriente sostiene que eso solo se puede alcanzar en la medida de que la discusión se de en torno a un programa, y no a un acuerdo entre dirigentes que hoy están juntos pero mañana se pelean.

La decisión de la CTA de reincorporarse a la CGT me parece un paso importantísimo. Había que plantearlo en esos términos, aún cuando haya sectores de la CGT reticentes a la iniciativa. Creo que ha quedado claro que no es que una central obrera quiere ingresar a otra central, sino que los sindicatos que componen esa central, se incorporen de modo orgánico a la central histórica. Si se da, se neutralizaría la actitud sectaria de algunos que no quieren que entre a la CGT un sector de los trabajadores.Lo que no quita que los sindicatos de la CTA quieran ser una corriente interna en la CGT, como somos nosotros.

La CTA está muy cerca de la Corriente Federal.

Sí, hemos coincidido muchísimo con ellos en todos estos años. Lo que nosotros entendemos desde la Corriente, al plantear la unidad en base a un programa, y no abandonar la CGT sino insistir con esa idea, es que en definitiva se trata de la base de los planteos que hicimos para resistir al neoliberalismo, un plan para rechazar la destrucción de la industria nacional, el deterioro del salario o el aumento de la desocupación que abarata el costo del trabajo.

Todo eso está absolutamente vigente y hoy cobra más fuerza que nunca, porque esto nos permitió recuperar un gobierno, que hoy cuando plantea un movimiento unido y organizado, lo plantea para ser protagonista de un gran acuerdo social, cuya base es el programa del que venimos hablando, que tendrá urgencias, por supuesto, como la recuperación del salario y el mercado interno, los condicionamientos que habrá que ponerle a los formadores del precio para manejar la inflación, la desdolarización de las tarifas de los servicios públicos, pero que también tiene que ver con otro paso, ratificado el otro día por Alberto en la CGT, mucho más profundo, en relación a que como movimiento obrero, como pyme, como cooperativismo, como organizaciones sociales, tenemos que acordar qué rol va a tener el Estado en asuntos centrales como el manejo del sistema financiero o el comercio exterior, la reactivación y defensa de la industria nacional, o las grandes riquezas que tiene el país como Vaca Muerta y otros recursos naturales, y si vamos a incorporar ciencia y tecnología para explotarlos y no simplemente abrirle el camino a los capitales extranjeros y que desde acá solo se importe materia prima.

Es fundamental que la clase trabajadora asuma el gran acuerdo social que está esbozando el nuevo gobierno, y que los sindicatos no sean solamente defensores de las reivindicaciones sectoriales, sino que el conjunto de los trabajadores sean protagonistas de un proyecto integral de país. La problemática de la industria nacional es una problemática de todos los gremios. Lo mismo con la educación y otros grandes ejes. Esto la Corriente lo entiende así de manera natural, por la concepción sindical que tiene, por la idea de que nuestra lucha es por un proyecto de país, y que ahí adentro están la batalla sectorial y de reivindicaciones laborales. Me parece que el rol que podemos cumplir es muy importante, sin sectarismos, y con un criterio federal, que está en línea con lo que viene planteando Alberto Fernández.

En la nueva etapa tenemos que fortalecer al gobierno, teniendo en cuenta que enfrente vamos al poder real tratando de desgastar, de dividir, y por eso hay que ser muy cuidadosos y preservar por sobre todo la unidad, por medio de propuestas, proyectos y acuerdos de fondo.

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