A brindar que se vienen tiempos mejores

Cambiemos seguirá gobernando para los sectores de privilegio, aún con mecanismos ilegales, hasta el 10/12, momento en el que asumirá el gobierno popular de Alberto y Cristina, para de esa manera fundar una nueva etapa que requerirá el esfuerzo y compromiso del gobierno, la dirigencia de toda la vida nacional, y también la sociedad.

Por Mariano Quiroga

Argentina transita el final de la gestión de Cambiemos con las últimas jugadas de un gobierno que aprovechará hasta el 9 de diciembre para favorecer a los sectores más privilegiados de la sociedad. Un ejemplo es el decreto 788/19, con el que les otorgan estabilidad por cinco años a los directores nacionales de la Administración Pública Nacional que forman parte, todavía, de su propio gobierno.

Los y las funcionarias de Cambiemos persiguieron y despidieron a los empleados públicos, ni bien asumieron su gestión de gobierno, que gozaban de un sueldo apenas superior al salario mínimo, mientras que promovieron a  funcionarios con goce de privilegios. Se trata de una de las tantas mentiras del macrismo, ya que habían prometido, de cara a la sociedad, que no chuparían de la teta del Estado.

Este año Cambiemos solo se acordó de los empleados públicos días antes de las elecciones, al anunciar el pago de bono de cinco mil pesos. Marcos Peña consideraba que con ese pago el laburante se iba a olvidar del hostigamiento que habían padecido durante cuatro años, como se puede comprobar en el documental Ñoquis, reseñado en este mismo portal den noticias.

¿Habrán pensado que un bono iba a servir para olvidar a los compañeros despedidos y  a los perseguidos que tuvieron que agachar la cabeza frente a un patrón que los denigró psicologicamente? No hay manera de olvidar la angustia que se vivía en aquéllos días cuando un tipo parado en la puerta del ministerio le anunciaba al laburante que a partir de ese día se quedaba sin trabajo y pasaba a ser parte de la larga lista de desempleados que tendrían que ingeniarselas para llegar a fin de mes.

Aún así muchos trabajadores se acercaron a las oficinas del Ministerio de Producción y Trabajo con el objetivo de cobrar el bono. Todo ayuda, en definitiva, para servir un pan dulce y una sidra en la mesa de las fiestas, cuyos números son alarmantes, ya que  sidra saldrá 98% más cara que el año pasado, los frutos secos un 83%, y el pan dulce un 63%, según estimaciones privadas.

El panorama no desentona con lo que fueron las fiestas desde el año 2016 cuando la economía se fue complicando de manera progresiva y los argentinos fueron poniendo en la lista de deseos los derechos que nos iban arrebatando. Trabajo, salud, educación, en definitiva recuperar la dignidad para no tener que ir corriendo a buscar un bono que con tantas miserias acumuladas hacen que tenga el gusto a la limosna del rico frente al pobre que extiende la mano con la cabeza gacha. A ese extremo nos llevó el equipo de CEOs que prometía ser el mejor de los últimos 50 años.

Necesitamos arrancar el año 2020 con otro chip, desatarnos las manos, sentirnos libres, desempolvar la autoestima para creernos capaces de poner en marcha a un país que está apagado desde hace cuatro años. Lo único que creció a un ritmo sostenido fue la inversión en las fuerzas de seguridad porque este modelo sin represión no cerraba por ningún lado.

Gastaron millones en equipar a las fuerzas comandadas por Patricia Bullrich que para ser sinceros no reprimió ni una cuarta parte de lo que a ella le hubiera gustado;  apenas pudo darse el gusto cuando se aprobó la Reforma Previsional, sin dejar de lado las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, y la Doctrina Chocobar.

¿Qué hubiera pasado si la oposición política con Cristina a la cabeza no se daban cuenta a tiempo que la unidad era la única alternativa para no dejar cuatro años más a Cambiemos a cargo del poder público?

Por suerte tuvimos dirigentes a la altura de las circunstancias, primero para ganar y ahora para empezar a gobernar. Alberto Fernández nos muestra antes de asumir que tomó la decisión política de no pedirle ni un peso más al FMI que la prioridad es llenarle el plato a los argentinos, que la única salida que puede encontrar un país para ponerse de pié es con las fábricas produciendo para que de esta manera se puedan generar empleos dignos. Así llegaremos a las fiestas del 2020 con las copas en alto teniendo más motivos para festejar.

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