Funcionarios/as del pueblo

Las recepciones que los y las trabajadoras de los organismos públicos le están dando a los y las funcionarias del nuevo gobierno popular son, aparte de conmovedoras, una marca de época signada por el cierre de un ciclo de pérdida de derechos, tristeza e indignación, por otra en la que el peronismo comienza a escribir una nueva página en su historia de gloria.

Por Mariano Abrevaya Dios

Las imágenes de los y las flamantes funcionarias del gobierno popular vitoreadas por los y las trabajadoras de los organismos públicos son conmovedoras. Vivimos horas de profunda emoción, por la aciaga y destructiva etapa política que dejamos atrás, pero también, claro está, por el período histórico que estamos pariendo. Con media docena de medidas y gestos de un poder ejecutivo conformado por respetados y queridos militantes políticos, tenemos la sensación de formar parte del punto de partida de una etapa refundacional del país.

Las imágenes de Ginés González García y su primera plana de colaboradores, sobre la tarima del auditorio de la cartera de Salud, con los brazos en alto, una sonrisa en la boca, los ojos humedecidos, y a puro canto junto a los trabajadores y trabajadoras de la casa –una actividad conjunta los dos gremios de estatales- tuvieron una fuerte repercusión en las redes sociales, porque sintetizan un clima de época. Ponen la piel de gallina, anudan la garganta.

Lo mismo vimos que sucedió en otros ministerios y organismos que dependen del Estado nacional. Aplausos, abrazos y vitoreos para las nuevas autoridades, en su mayoría, hombres y mujeres que fueron parte de la resistencia –en todas sus formas- al modelo de exclusión de Cambiemos.

Fue tan brutal el ajuste y la persecución que encabezó Macri en contra de los trabajadores de la Administración Pública, tan cruel su discurso de odio, que el hecho de desprenderse de todos esos ceos y gerentes ya significa una cuota de alivio muy sanadora para miles de trabajadores. Se fueron por la puerta de atrás, insultados y sus rostros nunca serán bandera, cuadro o calcomanía en un termo o escritorio. Aparte, por supuesto, la celebración en los halls de ingreso de los organismos tiene que ver con la certeza colectiva que los nuevos funcionarios y funcionarias cuentan con todas las condiciones para capitanear las distintas áreas del Estado y volver a poner en el territorio las políticas públicas que benefician a las mayorías y al bien común, aparte de contar con la posibilidad de recuperar el poder adquisitivo del salario y otras condiciones laborales.

En realidad no es tal complejo. Para administrar el Estado argentino hace falta gente preparada y con sensibilidad en lo social. Si aparte tributan a un proyecto político emancipador de los intereses de los sectores de privilegio, mucho mejor. Designar al titular de la oligárquica Sociedad Rural Argentina al frente del ministerio de Agricultura, por supuesto, simboliza y representa en los hechos, todo lo contrario.

Tenemos que recuperar alguna foto del período 2003-2015 para apreciar funcionarios y funcionarias mezcladas entre la gente, en la calle, en un acto, a los abrazos, pedidos de fotos y agradecimientos. Los ceos y gerentes del sector privado, o de las filas del PRO, durante su gestión del gobierno, trabajaron en soledad, de espaldas a los trabajadores, se movieron con custodia policial, se ganaron la bronca y el repudio de todo el mundo, salvo del esquema propio. El símbolo de esa ruptura de los lazos entre gobierno y pueblo son las rejas de la Plaza de Mayo, que en la víspera de la fiesta popular por la asunción del gobierno de los Fernández, se convirtieron en parrilla “para cocinar los choris para el pueblo peronista”, como se cantó el 9 de diciembre, en esa misma plaza.

El llamado a sesiones extraordinarias en el Congreso para sancionar un paquete de leyes que atiendan el asunto urgente del hambre (subas para los beneficiarios de asignaciones familiares como la AUH, jubilaciones y el salario mínimo), el incremento del importe de las retenciones a las exportaciones agropecuarias, más el decreto que obliga a la patronal a pagar doble indemnización para de esa manera desalentar nuevos despidos, y uno más que deroga otro que había formado Macri para garantizar que tres mil funcionarios de alto rango de su gobierno pudieran seguir despojando al Estado, aparte de otorgarle asilo político al derrocado Evo Morales, forman parte de una serie de decisiones que no solo hacen honor a lo prometido en la campaña electoral por el Frente de Todos, sino también a la historia grande del peronismo.

La sugerencia que le realizó Cristina a Alberto frente al pueblo que reventó de entusiasmo y esperanza la Plaza de Mayo, parece haber calado hondo.

 

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