Bacurau, o una fábula necesaria sobre el Brasil de Bolsonaro

Con una historia ambientada en un futuro cercano, el nuevo film del realizador pernambucano Kleber Mendonça Filho coquetea con dos géneros, el western y la ciencia ficción, para armar una historia que funciona como una contundente alegoría política sobre la realidad que hoy se vive, o se sufre, en su país.

Por Franco Alinovi

Tras las aclamadas Sonidos vecinos y Aquarius, el brasileño Kleber Mendonça Filho nos ofrece Bacurau (en esta ocasión, acompañado en la dirección por Juliano Dornelles), un film que retoma sus viejas preocupaciones, pero ahora expuestas con una contundencia no siempre bienvenida para el espectador más avezado.

Bacurau es el nombre de un pueblito imaginario del oeste de Pernambuco. Aislado del resto de los poblados de la región, su realidad es crítica: el agua potable llega a cuentagotas y en camión, porque los cauces de los ríos que lo rodean fueron privatizados; y -en obvia conexión con lo anterior- tienen que lidiar con las promesas falsas de un alcalde corrupto. Sin embargo, estos problemas -de por sí complejos para cualquier comunidad- no parecen alterar la vida de Bacurau, ya que sus habitantes les hacen frente de manera  mancomunada y concienzuda. No hay dudas: si el pueblo sigue de pie, es gracias al esfuerzo y la solidaridad de su gente.

Pero todo empeora cuando un dron en forma de platillo volador recorre los caminos de Bacurau acechando a sus habitantes y, al mismo tiempo, el pueblo desaparece del mapa. Si Bacurau ya no existe en los registros, es porque algunos lo codician. Y tras una serie de asesinatos, el enemigo mostrará su rostro: un grupo armado de mercenarios estadounidenses se dispone a terminar con la vida de la gente de Bacurau. ¿Por pura e impúdica diversión imperialista? ¿Para quedarse con sus tierras? Sin tiempo para responder interrogantes, los pobladores se organizarán para enfrentar a esa milicia perversa que goza con cada disparo que realiza.

A diferencia de sus películas anteriores, con Bacurau Kleber Mendonça Filho coquetea con dos géneros, el western y la ciencia ficción. Acá hay buenos y malos bien delineados; la relativa calma del pueblo es quebrantada por la avaricia y la perversidad foránea, siempre respaldadas por los cipayos de turno (gesto que el film, hay que decirlo, muestra de modo burdo). Bacurau deja de lado las sutilezas para calzarse el traje de la alegoría política; las desventuras de esa comunidad imaginaria de Pernambuco no parecen estar alejadas de las que padece cualquier pueblito del nordeste brasileño bajo la administración central de Bolsonaro. Es claro que una historia así sólo podría acontecer en un contexto neoliberal o profundamente conservador (que hoy en día, sería lo mismo).

En conclusión, si acordamos que Bacurau es una fábula sobre los (tristes) tiempos actuales, debemos reconocer que, más allá de sus formas, su vitalidad radica en el compromiso político que asume. A veces en el cine, basta con mirar a nuestro alrededor para construir un mundo un poco más justo. Cualquier parecido con la realidad no es pura casualidad.

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