Uno, diez, mil medios populares

La disputa por la subjetividad y el sentido común es sin dudas la madre de todas las batallas entre los dos modelos de país en pugna. En ese marco, se torna indispensable el fortalecimiento de los medios populares que ejercen el buen periodismo y la defensa de la causa nacional.

Por Mariano Abrevaya Dios

La pandemia global no tendría por qué sensibilizar al macrismo residual encarnado por Patricia Bullrich y sus laderos. ¿Alguien esperaba que esta gente dijese, en una reunión de Zoom, che, en este momento deberíamos mostrar un poquito de sensibilidad y acompañar las medidas del gobierno, o por lo menos llamarnos a silencio, porque acá lo que está en juego es la vida de los compatriotas?

Nada de eso ocurrió ni va a ocurrir. Por el contrario, se siguen paseando por los estudios de televisión para tratar de horadar el consenso que tienen las medidas del gobierno para enfrentar la crisis, atacar al prestigioso infectólogo Pedro Cahn, denunciar que Villa Azul es el Gheto de Varsovia e instalar el término Infectadura.

En el plano institucional, hicieron lo imposible para que el Congreso no retome sus sesiones parlamentarias, y cuando finalmente se logró adecuar el sistema para poder sesionar de manera remota, evitaron que se sancione la ley de alquileres, pensada para beneficiar a 9 millones de argentinos y argentinas que desde siempre son abusados por el mercado inmobiliario.

También se oponen a que se le cobre un impuesto a las grandes fortunas, claro (y en las últimas horas se opusieron a la intervención estatal de la cerealera Vicentín).

El colmo del cinismo nos estalló en la cara cuando la Mesa Nacional del PRO emitió un comunicado para repudiar la violencia institucional que ejerció una patota policial en contra de una familia de una comunidad Qom, en Chaco. Más hipocresía, imposible.

Las grandes empresas de medios siguen siendo sus aliados, juegan para sus intereses, y no paran en ningún momento de atacar al gobierno popular, ya sea con la línea editorial de los distintos conglomerados de medios, la difusión de noticias falsas, o también por la omisión de los hechos, aunque se trate del caso de espionaje ilegal más escandaloso de la historia democrática de nuestro país.

Mientras tanto, en Villa Azul, en el límite entre Quilmes y Avellaneda, los Estados Nacional y Bonaerense anunciaron el comienzo de la etapa de aislamiento focalizado, luego de haber montado un operativo de contención multiagencial que aseguró catorce días de aislamiento comunitario de un barrio popular en el que viven tres mil personas.

Se trata de un operativo inédito por su envergadura, cantidad de recursos económicos y humanos, con la presencia de funcionarios y profesionales de media docena de carteras, que desde hace dos semanas vienen garantizando que el foco de contagio por coronavirus no se expanda, y que a los vecinos y vecinas no les falte asistencia médica, psicológica, salud mental, atención por algún tipo de violencia de género, ni mucho menos alimentos, abrigo o artículos de limpieza.

La militancia de las organizaciones populares de la zona también forma parte del operativo. Todo esto también vale para el esquema de atención estatal que el municipio de Ensenada montó en el barrio José Luis Cabezas, donde también hay un foco de contagio.

Por estas horas circuló un video en el que una mujer, luego de los catorce días de cuarentena obligatoria, en la Universidad Nacional de Quilmes, se muestra muy agradecida con todos y todas las que permitieron su recuperación. También menciona que no le faltó nada, y une vez más, agradece.

De un lado, entonces, un gobierno que hace un esfuerzo patriótico para tratar de administrar una crisis global, y del otro, una oposición irracional y un sistema de medios que les hace de órgano de difusión, aparte de defender los intereses y demandas de los grandes grupos económicos que no quieren perder ni poner dinero.

La disputa, se sabe, pasa por quién logra instalar su relato de la realidad. Se trata del mismo punto, una y otra vez, con cada tema vinculado a la coyuntura, y esto es así por lo menos desde 2008. Entonces se impone la siguiente cuenta: con qué recursos cuenta el gobierno nacional para propagar su mensaje, sin contar con el sistema de medios público, que una vez más se los está poniendo en valor luego de los destrozos y vaciamiento que produjo el neoliberalismo de Macri, y otra vez Hernán Lombardi y Rodolfo Pauzá, para silenciar voces.

¿Sirve que Alberto Fernández vaya a jugar a la cancha de los medios hegemónicos? Sí, porque es la única manera de llegarle a la audiencia, sin intermediarios. Claramente este es uno de los puntos salientes de la estrategia comunicacional del gobierno. Alberto sabe jugar de visitante.

Pero lo ideal sería no meter la cabeza en esa boca de lobo. Es riesgoso, y aparte hay ahí una concesión silenciosa. Entonces, una vez más, decimos: convendría empezar de una vez por todas a apostar a la construcción de una usina de medios propios, que ya existe, pero que hay que fortalecer, ensanchar, para garantizar que no se disuelvan, por ejemplo, por problemas económicos.

Como dijo hace unos días El Profe Romero en una entrevista con Kranear, para tener nuevos y mejores medios hay que profesionalizarse, escribir bien, tener los mejores diseñadores, un equipo de audiovisual preparado, gente dispuesta a trabajar en la calle, atrás de la noticia. Crear y sostener una redacción, estudio de radio o isla de edición, de un medio popular, es muy, pero muy complejo. Se necesita apoyo. No solo económico, sino también de tipo legal, y por qué no, también profesional.

El Estado, por lo menos cuando está en manos de un gobierno popular podría darse una política para fortalecer este conglomerado de medios chicos, medianos, atomizado, que en la gran mayoría de los casos hace un periodismo serio, responsable y comprometido alrededor de las agendas de la cultura, la academia, los derechos y luchas de las minorías sexuales, la ciencia, el deporte, pero también la política, la economía y la agenda pública.

Solamente en ARECIA, una asociación de revistas autogestivas, hay unos trescientos medios gráficos y digitales. Lo mismo sucede con el colectivo de FARCO, que nuclea radios comunitarias.

¿Es una locura que el Estado promueva la formación de cuadros técnicos en materia periodística, por ejemplo, a través de experiencias como la tecnicatura en periodismo que ofrecen las y los H.I.J.O.S. y la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata? De ninguna manera.

Hay que apostar al crecimiento de experiencias como El Destape y Futurock, espacios que supieron construir –con hambre, audacia, pero también a pura tripa y corazón- audiencias muy importantes. Tan es así que le disputan agenda y sentido a los grandes medios. Pero hay varios más, como la Agencia Paco Urondo, FM La Patriada, Radio Caput, Radio Cítrica y Radio Gráfica,  aparte de proyectos cooperativos como Hamartia, o revistas como Crisis, o proyectos periodísticos de mucha calidad que cubren la lucha y agenda del feminismo, aparte de empresas que hoy están con muchos problemas financieros y que tienen programas conducidos por reconocidos compañeros y periodistas como Daniel Tognetti, Calros Polimeni o Roberto Caballero.

Una experiencia para destacar es la que encabeza el sindicalista Victor Santa María, quien edificó Grupo Octubre, con varios medios: el prestigioso Página 12 (acá también hay que decir que un grupo de trabajadores y trabajadoras del diario viene denunciando hace tiempo precarización laboral), la AM 750, una radio de primer nivel, una editorial y la revista Caras y Caretas.

Del otro lado de la grieta le declararon la guerra al proyecto nacional que hoy encarna el Frente de Todos, hace por lo menos diez años. Cristina lo dijo varias veces: le pegaron más a ella que a Perón. En Sinceramente presenta a Clarín y La Nación como el principal enemigo de un proyecto de país con distribución de la riqueza, inclusión social, un Estado fuerte y la política tomando decisiones en la Casa Rosada. También responsabiliza al Partido Judicial, hoy golpeado por las denuncias y el nuevo aire político que corre en el país.

A los grupos concentrados de empresas de medios no les sale gratis la confrontación. Perdieron mucha audiencia, credibilidad y prestigio, pero siguen siendo muy poderosos, en especial el Grupo Clarín, que gracias a Macri se comió a Telecom, y ahora es dueño y señor de una gran parte del mercado de las telecomunicaciones e internet de nuestro país.

El campo nacional y popular, por su parte, cuenta con un capital imprescindible para dar la batalla cultural, que es la militancia territorial en los barrios, las universidades, los tres poderes del Estado, los ámbitos sindicales y académicos. Ese cara a cara, tiene mucha potencia, vale oro. Somos cientos de miles, nos bombea el corazón a toda velocidad cuando se trata de defender nuestro modelo de país, y estamos por todos lados; pero se sabe, que aún en un país politizado como el nuestro, no supera el veinte por ciento de la población la cantidad de gente que se interesa e involucra con la política.

Trabajar a mediano y largo plazo en la construcción de un sistema de medios propio, en red, profesionalizado, con recursos, coordinación y líneas de trabajo común, es una tarea indispensable para entrar en la casas o los celulares de muchos más compatriotas, y disputar el sentido común que instalan los medios de comunicación que son el órgano de difusión de los sectores de privilegio.

Es ahora. ¿Hasta cuándo vamos a esperar?

 

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