Solidaridad en las buenas y más aún en las malas

El club Sportivo Pereyra realiza hace varias décadas un destacado trabajo social en Barracas, al sur de la Ciudad. Hace unos días fue vandalizado por desconocidos. Enseguida, comenzaron a recibir apoyo emocional y económico desde distintos frentes. En tiempos de crisis, los gestos fraternos y solidarios valen doble.

Por Kranear

El viernes 10 de julio, camuflados por las sombras de la noche y el aislamiento social y obligatorio impuesto por la pandemia, por lo menos un par de ladrones ingresaron a las instalaciones del club deportivo y social Sportivo Pereyra, en Barracas, y vandalizaron las instalaciones de la institución para robar equipamiento deportivo y bienes materiales.

El hecho produjo bronca y dolor en la comunidad del club, porque los materiales son caros, y la crisis golpea duro, pero aparte porque se trata de un club que trabaja por y para los vecinos y vecinas del barrio, en especial para los más chicos, quienes allí encuentran un espacio de esparcimiento, pedagogía y contención.

Los delincuentes se llevaron material de entrenamiento de fútbol, de boxeo, de pilates y pesas. Además, parte del cableado eléctrico, lámparas de una de las canchas, placas de plafón de la entrada y hasta un calefón. También rompieron puertas y agujerearon una pared para poder ingresar al club.

No es la primera vez que desconocidos ingresan al club durante la cuarentena, y que les realizan distintos destrozos.

De todas maneras, los ánimos cambiaron a las pocas horas, porque el músculo de la solidaridad, puesto en valor durante tantos años de parte del club, esta vez se manifestó con decenas de gestos fraternos, saludos y promesas de acompañamiento y ayuda. Expertos en organizar campañas solidarias para paliar las distintas desigualdades que sufren quienes viven, trabajan y estudian en la zona sur de la Ciudad, en pocas horas la comunidad de dirigentes, socios y padres y chicos del club amaron una campaña de donaciones en las redes sociales, para volver a poner en forma las instalaciones y reponer la ropa, las pelotas y otros bienes materiales.

El Sportivo Pereyra es un club que funciona en la calle Alvarado al 2700, en Barracas, desde el 1 de mayo de 1935, cuando las comunidades de inmigrantes, por aquellos años de la primera mitad del siglo veinte, fundaron asociaciones civiles, sociedades de fomento y bibliotecas populares.

El club hace una permanente apuesta a la salida colectiva.

Son más de cuatrocientos vecinos y vecinas los que desarrollan, todos los días –por lo menos hasta antes de la pandemia-, actividades deportivas y sociales. Fútbol infantil, boxeo, artes marciales, danza, pilates, actividades para adultos y adultas mayores, aparte de festivales de música, cumpleaños, fiestas de quince y hasta algún casamiento.

Cuentan desde el club, con una retórica justicialista, que el espacio “está integrado por hombres y mujeres que se van completando con los otros, porque un hombre total es el que se completa con los otros y más aún cuando lo hace con los más necesitados, cuando tiende un puente para compartir, en este mundo que nos obliga a competir todo el tiempo no vamos olvidando de que el sentido de la vida está en compartir”.

Los y las hacedoras de la institución del barrio de Barracas subrayan que se trata de “un club inclusivo, cuyo principio rector es el beneficio social” ya que todo lo que se hace “es por y para la comunidad”, en el que ninguna persona que se inscriba en cualquier actividad deba irse por no poder pagar la cuota o el arancel”.

Otro dato que los pinta como un espacio en el que apuestan a la justicia social: hace 30 años los pibes que juegan al fútbol no pagan cuota. Tampoco ponen un peso por el arancel que cobra la liga FEFI en la que compite el club. “Esto es gracias a que los profesores  forman, educan, contienen y brindan todo su afecto sin percibir una remuneración económica”, aclaran desde la institución.

Una parte de esos pibes que juegan a la pelota en el club viven en las populosas villas 21.24 y Zavaleta, y también en la Colonia Ferroviaria, que está a solo cien metros de la institución. El resto también es de los alrededores. Todos pertenecen a familias humildes.

 

Cientos de pibes juegan en el club sin pagar un centavo.

El trabajo social del club tuvo una fuerte repercusión mediática durante el desarrollo de la Copa del Mundo de Brasil, en 2014, ya que en el techo de la cancha de fútbol pintaron un imponente mural que emula la obra “La creación de Adan” que el pintor Migue Ángel eternizó en la cúpula de la Capilla Sixtina del Vaticano. En este caso, su réplica criolla y propia de la Patria Futbolera, lo tiene a Messi como Adán, a Maradona como Dios, y a  Ortega, Riquelme, Batistuta, Agüero, Caniggia, Kempes y Bochini como los ángeles que rodean al actual director técnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Un último dato para reforzar aquella idea de “las vueltas de la vida”. El apellido que se eligió para bautizar a la institución, está ligado a la familia de Leonardo Pereyra, uno de los miembros fundadores de la Sociedad Rural, quien donó los terrenos para que se construya el club. “Se lo hicimos peroncho”, dice orgulloso uno de los integrantes del club. Y ahí están, haciendo peronismo en el sur de la Ciudad, en las buenas, y también en las malas.

Para donar, se puede hacer una transferencia al CBU de la caja de ahorro del club (Banco Hipotecario), número 044004790000182927663. El CUIT de la institución es 20-25097455-9.

El club fue fundado en 1935.

 

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