Nueva normalidad

Los asintomáticos

Los asintomáticos de la nueva normalidad sostienen que todo tiempo pasado fue mejor, porque la única forma que tienen de vincularse es mediante la nostalgia de lo que ya no puede ser. Son los mismos que se resisten a las nuevas formas de interacción y que muestran síntomas de disconformidad con el nuevo tiempo de la pospandemia.

Texto: @estebandipaola / Fotomontaje: @RamiroAbrevaya

El síntoma refiere a una manifestación, la aparición superficial de algo que permanecía en estado de oculto, por lo cual tiene relación también con un decir, la evocación de un significado que debe interpretarse. Durante la pandemia por el virus Covid-19, una preocupación relevante ha sido la de los asintomáticos, es decir, quienes tienen el virus y, por lo tanto, la capacidad de transmitirlo a otros, pero que desconocen esto por carecer de síntomas que, justamente, manifiesten su enfermedad. Ahora bien, la interrogante que me interesa postular es sobre los síntomas de la pospandemia y, por supuesto, sobre los asintomáticos de la nueva normalidad.

Si lo normal es ajustarse a una serie de normativas (formales o no) que posibilitan vincularse y reconocerse socialmente, una alteración de las condiciones que sostuvieron las formas de reconocimiento durante tiempo, puede provocar desconocer un estado de normalidad, y esto significa padecer un desajuste respecto a las reglas de pertenencia a un grupo social. Aquellos que pueden advertir un descrédito acerca de lo que ocurre en su entorno o que ofrecen resistencias a nuevas formas de interacción, muestran síntomas de disconformidad con la nueva normalidad de una pospandemia; sin embargo, probablemente ocurra que estén también esas personas que representen las nuevas condiciones de vida a partir de una serie de resistencias, aunque no perciban en esto ninguna señal que se relacione con una transformación de las representaciones de la vida en comunidad, y estos son los asintomáticos de la pospandemia.

La experiencia compartida de una crisis global reúne, hace partícipes a los individuos de mismas inquietudes y pensamientos, pero en las sociedades individualizadas del presente esto no implica la congregación a partir de una gesta común de solidaridad que ofrecería la imagen de una estabilidad sustentada en el lazo social, y sí se vuelve concreta la emergencia de estados de disociación respecto a la relación con los otros; en este sentido los asintomáticos de la nueva normalidad son también quienes no perciben que sus acciones están enlazadas con factores de pertenencia común. El asintomático es alguien que existió siempre, incluso todos podemos haberlo sido momentáneamente en cuanto nuestra posición entre los vínculos sociales es dinámica, pero que en estados de poscrisis y reconstitución de expectativas comunes no halla con claridad instancias de reconocimiento de un estado distinto de las cosas y reclama, entonces, un sentido que lo devuelva a una experiencia anterior. Por eso, el asintomático es aquel que siempre suele esgrimir la declaración de que todo tiempo pasado fue mejor, porque su única forma de vincularse es mediante una imagen melancólica o nostálgica de lo que ya no puede ser. Y la paradoja de los asintomáticos es que en cualquier tiempo que estén, el presente nunca es una indicación, porque su expectativa es realmente la normalidad extinta.

En la nueva normalidad, reconocer los caracteres y los síntomas desde los cuales se reestablecerán otros afectos y distintas modalidades de atracción y aproximación entre personas, resulte quizás la manera de conformar prácticas y experiencias que desplieguen sentimientos y emociones que posibiliten encuentros que devuelvan una dimensión de los otros, inventando también algunas otras formas de contacto.

 

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