“Nos mueve el deseo, el vínculo con los autores y también el amor por la patria”

Leticia Martín y Nazareno Petrone dirigen Qeja Ediciones, un proyecto editorial que sobrevivió al macrismo y que durante la pandemia publicó menos títulos pero se diversificó a través de varios proyectos. Piden políticas públicas para el sector e imploran la vuelta de las presentaciones de libros.

Por Mariano Abrevaya Dios y Franco Alinovi. Fotos: Qeja Ediciones.

La mañana del 11 de diciembre, solo unas horas después de que finalizara el Día Internacional de los Derecho Humanos y que la Cámara de Diputados de la Nación le diese media sanción a los proyectos de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y Mil días, Kranear conversó por medio de la plataforma Zoom con dos de los directores de Qeja Ediciones, una editorial pequeña, autogestionada, que cuatro días antes había celebrado, también de modo virtual, sus treinta años de vida. Dos de Macri y uno de pandemia.

Leticia Martín y Nazareno Petrone aparte de socios son pareja. Ambos leen y escriben literatura, y aparte, desde hace tres décadas, editan textos que luego de pasar por las manos de una correctora, una diseñadora gráfica y una directora de arte, envían a una imprenta; unos días después, en el living de su departamento de Almagro, recibirán las cajas con los libros, llamarán al autor, la autora, le enviarán una foto de un ejemplar, o de todos, y sentirán, muy probablemente, una vez más, que valió la pena jugarse por el proyecto. La cadena de producción se completa con la publicación de la novedad en el sitio web y un par de posteos en las redes sociales para darle promoción a la nueva criatura.

Kranear: ¿Cómo fue sostener un proyecto editorial en un año pandémico?

Leticia: Fue un año muy difícil porque los espacios donde nos congregamos los autores, desde un circuito de lecturas o las presentaciones de libros, son muy vitales. Nosotros, como editorial, perdemos mucha plata cuando los libros entran en el circuito comercial de las librerías, porque la distribuidora se come una parte, la librería otra, y entonces a nosotros nos queda el 40 por ciento de un libro. Creemos que esto debe ser regulado alguna vez por el Estado. Lo mismo ocurre con la liquidación del corte de un mes que realizan las distribuidoras, ya que lo hacen seis meses más tarde de lo que deberían. Todo esto, sumado a la inflación y la recesión, hace que sea muy difícil para las editoriales independientes trabajar en el circuito comercial, nos liquidan. Por lo tanto, para nosotros es fundamental realizar presentaciones de libros, encontrarnos, hacer una diferencia en la venta. Por otro lado, la vida del escritor es muy solitaria, y la reunión, el encuentro, es muy importante.

Nazareno: Sacamos menos libros de lo que teníamos planificado, muchos los pateamos para el 2021. Durante este año, hicimos mucho trabajo en redes, tratamos de reinventarnos con lo que teníamos, con lo que fuimos publicando, que, como dije antes, fue menor a la cantidad que hubiésemos querido.

Leticia: Concretamente, les propusimos a los autores posponer las publicaciones para el año que viene. Algunos estuvieron de acuerdo y otros quisieron avanzar igual. En 2021 publicaremos unos veinte libros, muchos de los cuales ya están diseñados y listos para ingresar a imprenta.

Kranear: Aun así, este año publicaron algunos libros.

Nazareno: Sí, los de Laura Saiz, Omar Pimienta, Luciano Lutereau, Mavi Massaro y un tal Mariano Abrevaya Dios (sonrisas en las pantallas). Son casi todos poemarios, más baratos para imprimir y con tiradas más chicas.

Leticia: Para el de Laura (la novela Soy la madre) y el de Luciano (el ensayo El psicoanálisis es una conversación entre mujeres) hicimos tiradas de mil ejemplares, una cifra bastante grande para nosotros. El primero con ayuda de la autora, y el segundo cien por ciento con la caja de Qeja. El libro de Laura narra la historia real de una mujer que sufre un accidente con su familia y solo sobrevive ella: Está contada en primera persona y es una bomba. Particularmente, decidimos sacar este libro igual, a pesar de la pandemia, porque pensamos que era un ejemplo de resiliencia y fortaleza para sobreponerse a las dificultades, precisamente en un tiempo en el que muchos nos quejábamos de no poder juntarnos con los amigos a tomar una cerveza, por ejemplo.

Nazareno: El periodista Nicolás Wiñasky llorisqueando porque no podía ver a su sobrina (las risas invaden las pantallas).

Leticia: En ese caso, la idea fue publicar para transformar la tragedia y el dolor en algo mejor. Y trazo un paralelo con el país. Soy de la idea de que todo lo que estamos atravesando ahora va a terminar, como sucede con todo lo doloroso. En algún momento se da vuelta la taba y vamos a arrancar con todo.

Kranear: ¿La pandemia de COVID-19 le dio impulso a la venta por internet?

Nazareno: Nosotros de entrada apostamos a la venta online. Y durante la pandemia subió bastante, sí. Del libro de Laura que hablamos recién, a pesar de no haberlo presentado, vendimos unos cien ejemplares en dos semanas, que para nosotros es un numerazo. También vendimos mucho libro en formato electrónico, el Ebook, a pesar de que nosotros no leemos en digital. Estamos en el siglo XXI, nos dijimos, tenemos que ofrecer esa opción. Y realmente se mueve bastante.

Leticia: Además, dentro de la editorial armamos una sección que se llama Ebook Club, donde regalamos los libros que se van a agotando. Es una especie de círculo de lectores a la que accedés por medio de una suscripción anual. Ahí podés bajarte textos que quizá no te podés comprar en papel. Todos los autores estuvieron de acuerdo con la iniciativa. Los tenés en Epub, Movi y PDF, en todas las extensiones.

Kranear: Hoy conviven el papel y el digital, aunque pareciera que el segundo no termina de expandirse del todo, ¿no?

Leticia: Entiendo que circula menos, sí. Creo que en nuestro país la cultura del papel, la biblioteca, está muy arraigada, es muy fuerte, aunque ambos formatos pueden convivir sin problemas. No es que uno se viene a comer al otro. Mis hijos no leen nada en papel, ya no usan carpetas en el colegio, todo lo tienen en la nube, y sin embargo mi hija, que es del 2001, acaba de leer en plena pandemia, It, de Stephen King, que es un ladrillo. Para nosotros el papel tiene un romanticismo único. Como verán -y señala la biblioteca que se extiende a sus espaldas- nosotros apostamos al libro, seguimos guardando los libros que nos gustan.

Kranear: ¿Cómo los afectó el período en el que gobernó Cambiemos?

Nazareno: Fue un período positivo en lo laboral y negativo en lo económico. En estos tres años, con mucho trabajo nuestro, de gente que laburó con nosotros por poca plata y el aporte de los autores que dieron una mano, logramos crecer bastante, aunque la editorial nunca nos dio un peso.

Leticia: En lo cultural al macrismo lo definiría como el adalid de lo simbólico. Enrique Avogadro (ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires) nos juntó a varios editores y nos preguntó cuáles eran nuestros reclamos. Bueno, le dijimos, hay que regular a las distribuidoras, el precio del papel no debería estar pegado al dólar, o que el Estado lo compre a otro precio para las que las editoriales podamos imprimir, entre otras medidas que nos permitirían vivir de la actividad que desarrollamos. Pero prefirieron poner un stand del gobierno porteño en la Feria del Libro y llevar a las editoriales ahí. Te dan la pertenencia, flashes, pero no implementaron una sola política pública en beneficio del sector.

Nazareno: Las devaluaciones nos partían al medio. A los diseñadores, los fotógrafos, les pagábamos un poco más. Aumentábamos un poco el precio de los libros, pero a la imprenta había que pagarle el aumento completo que imponía la devaluación.

Leticia: Lo mismo con la Cámara del Libro.

Nazareno: Aparte, en aquel momento, los bienes culturales como el libro, o el cine, pasaron a ser un bien de lujo.

Gerardo Montoya, a la izquierda, es la tercer pata del proyecto.

Kranear: ¿Cuáles son las motivaciones por las que sostienen el proyecto editorial a pesar de todas estas dificultades?

Leticia: Cuando lo conocí a Nazareno y empezamos a salir, no me propuso vivir juntos o casarnos, sino fundar una editorial. Creo que leyó mi deseo. Los libros nos van a trascender y este proyecto conjunto también. El año pasado atravesé la muerte de mi madre, y entonces tuve muy presente en todo este tiempo la importancia acerca de lo que uno deja para los que siguen. Creo que si uno no es un poco romántico y no piensa en estas cosas, no tiene una editorial, porque es un mundo que claramente se presta para otras cosas más comerciales, como una cervecería. Así que nos estamos cumpliendo mutuamente, y eso para mí tiene un valor fundamental. Nos mueve el deseo, el vínculo con los autores y también el amor por la patria, porque invertimos acá y no en la compra de dólares, por ejemplo.

Nazareno: Ahora que estamos subidos al tren, vamos para adelante. Son más las veces que decimos “qué buena que salió esta movida”, que las que nos preguntamos “¿para qué mierda nos subimos a este bondi?” Somos dos personas muy sociables, nos juntamos con los autores y autoras, y ninguno nos puteó o se quejó. Creo que ahí está nuestro mayor capital.

Kranear: En la web tienen una sección de fanzines, ¿cómo viene eso?

Leticia: Anda muy bien. Se trata de un proyecto que acercó una alumna de uno de mis talleres, que ya es una amiga, Mavi Massaro, con el que mucha gente está publicando por primera vez (llevan 19 publicaciones), con ese formato, bien coyuntural, porque sale en una semana (con fotos de portada que proporciona una fotógrafa), que se puede descargar en PDF desde nuestro sitio web. A nosotros nos importa mucho esto de generar contenido interesante y gratuito, para que se acerque gente a la que le interesa leer y no tiene la oportunidad de comprarse todos los meses un libro. Una parte de la editorial está pensada para eso. A Qeja a veces lo pensamos como un centro cultural virtual; tenemos el club de lectores, los libros, los fanzines, el podcast. La pandemia nos hizo pensar mucho en el formato virtual. Los talleres también entran en este plan. Mucha gente se puso a escribir en pandemia.

Kranear: ¿Qué expectativas tienen para el 2021?

Nazareno: Seguir creciendo y volver a las presentaciones presenciales. Por ejemplo, tenemos cuatro libros reperonchos y los queremos presentar con una gran choripaneada. Estamos abiertos a todas las propuestas que van pintando. Eso está bueno porque nos va llevando a distintos lugares, que todos suman a su manera. Eso lo queremos mantener.

Leticia: Queremos publicar esos catorce libros que nos quedaron pendientes del 2020, vamos a publicar el tercer libro de la trilogía de Lutereau, que los vamos a vender en una caja promocional, y queremos seguir cerca de los autores y autoras que nos bancan y acompañan.

Kranear: ¿Les llega mucho material de parte de talleristas, lectores, autores nóveles?

Nazareno: Sí, nos llega mucho material, al menos uno por semana, pero realmente no tenemos tiempo para leer todo, más que nada teniendo en cuenta que no vivimos de la editorial. Por otro lado, nos parece genial que haya tanta gente escribiendo.

Kranear: ¿Cuál es el criterio de selección de los materiales?

Leticia: Ah, eso es un secreto (vuelven a sonreír).

Algunos títulos del catálogo de poesía.


Como parte de su política de explorar nuevos horizontes, muy pronto los libros de Qeja desembarcarán en México. De la mano de Gerardo Montoya, el tercer integrante de la dirección de la editorial, están a punto de poner un pie en el gigantesco mercado azteca. La iniciativa contempla la impresión de diversos títulos de la editorial en tierras mexicanas, en lugar de enviar los ejemplares por empresas de correo (evitando así su elevado costo). En un primer momento, Qeja México lanzará dos libros, para luego medir la conveniencia de semejante apertura en función de los resultados.

Algunos de los libros que integran el catálogo de Qeja son:
Narrativa:

Soy la madre (Laura Saiz), Los días de la noche (Julia Grink), Narrar lo extraño (antología de cuentos), Bahía de sal (Gabriela Guerra Rey), Como mandriles agresivos (Fabio Mazía), y El fulbito de los lunes y otros cuentos (Nazareno Petrone).
Poesía:

Nadie quiso subirse al auto con nosotras (María Victoria Massaro), De lonja y callejón (Gonzalo Messi), Rabia y relojería (Macarena Trigo), Un punto blanco en la pared (Guillermo Parodi) y Los des años (Mariano Abrevaya Dios).

Ensayo:

El psicoanálisis es una conversación entre mujeres, El psicoanálisis no es un trabajo (ambos de Luciano Lutereau) y Manifiestx pornológico (Daniel Mundo).

El sitio web de la editorial es https://www.qejaediciones.com/

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