Apología de la dispersión

Laura Szerman es comunicadora audiovisual y locutora. Hace unos meses publicó su primer libro de poesía, Las palabras que otros dejan. “Siento una fascinación especial por los márgenes”, dice, y se define como pornógrafa, antiabolicionista, antipunitivista y anticancelación. En la nota se publican algunos de los poemas.

Por Mariano Abrevaya Dios. Fotomontaje: Ramiro Abrevaya.

Hace siete meses, cuando todavía regía el aislamiento social y preventivo y la posibilidad de un rebrote del Covid no estaba en la cabeza de nadie, Laura Szerman, a sus 43 años, publicó su primer libro de poemas: Las palabras que otros dejan.

Se trata de una serie de fragmentos de historias tomadas de aquí y de más allá, de ahora, desde siempre y también mañana. Escritos en prosa, con forma de cuentitos, como dice ella, o micro relatos, todo el material tiene una fuerte carga poética, musicalidad y ritmo. Fogonazos de palabras que conforman una imagen, producen una sensación corporal, funcionan como una declaración de principios, un recuerdo. Sin numerar ni clasificar, uno por página, con una tipografía tamaño 12, o por qué no, de 60, con las letras en vertical o espacios en blanco que ocupan casi toda la página, y que de principio a fin, en conjunto, conforman un relato mayor, aunque ausente, señalará ella.

Laura se recibió de locutora nacional en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (Iser) y también de licenciada en Comunicación Audiovisual en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Aparte es traductora y fotógrafa. En 2012 ingresó en Radio Ciudad, y un año y medio más tarde, se sumó al programa Hoy Lloré Canción, del multifacético Pablo Marchetti.

El libro se lo publicó Milena Caserola, una editorial que en el 2020 cumplió quince años de trabajo autogestivo y lucha. Fueron ellos quienes nos contaron que la tapa tuvo seis versiones, como parte de un concurso que lanzaron en la preventa del libro.

Hablamos con Laura por medio del correo electrónico y el WhatsApp.

¿Cómo es eso de armar un libro de poemas con las palabras que dejan otros?

Siento una fascinación especial por los márgenes, por esas palabras que están por fuera del deber ser. En este caso, del deber ser poético. Creo que hay un peso lírico importante en eso de poner en el centro de la escena términos que no forman parte del habla cotidiana. Y mucho menos de lo poético. Muchas veces, el poema se estructura en torno a una de esas palabras.

Si bien toda creación artística está inspirada o influida por los que escribieron antes que uno, en estos poemas debe haber mucho de vos. ¿Qué por ejemplo?

Creo que lo que más hay de mí en estos poemas es la aparición del humor en medio de la desgracia. O la tragedia existencial en medio del sarcasmo. En definitiva, la sorpresa. Una convivencia que se da naturalmente en la vida cotidiana, pero muchas veces en las obras artísticas tendemos a separar. En cuanto a quienes escribieron antes, somos lo que somos y eso que somos es también aquello que leímos. Hay en mis poemas un continuum, por citar una palabra que me gusta mucho y que forma parte de esas “palabras que otros dejan”. Por eso muchos de los poemas comienzan con un “y”, como si fueran fragmentos de un relato ausente. Construí los poemas a partir de determinadas palabras y con eso hice un universo propio.

¿Cómo se cruzan el lenguaje audiovisual y la poesía en tu proceso creativo?

La poesía tiene, naturalmente, un componente visual importante. Creo que lo que caracteriza a la forma poética es la dimensión visual y rítmica de las palabras. A mí me interesan mucho ambas cosas. Los poemas de Las palabras… tienen algo de abstracción, aunque sin llegar a ser abstractos. Tengo, además, un especial interés por el diseño y específicamente por lo tipográfico. Antes de dedicarme al periodismo estudié Diseño Gráfico y tengo también una serie de poemas tipográficos, Porntypes. Allí combino tres temas que me interesan muchísimo: el poema, la tipografía y el porno.

¿De qué manera o a partir de qué acontecimiento empezó a revolotearte en la cabeza el contenido del libro Las palabras…?

Siempre escribí como un juego. A los 14 años escribí un poema titulado “Apología de la dispersión”. Obviamente, no publicaría ahora ese poema adolescente. Pero el título fue fundacional. Eso creo que es lo que hago: una apología de la dispersión. Iba escribiendo poemas dispersos, aunque con una lógica. La dispersión era tanta que no tenía claro que esa lógica podía transformarse en un libro.

Fueron seis los diseños de la tapa que se lanzaron para un concurso. Finalmente, quedó la 2.

¿Por qué elegiste el formato de la prosa poética y no el verso?

Cuando empecé a escribir estos poemas, el título que le puse al trabajo fue “Cuentitos”. Y todos empezaban con “y”, para reforzar esa idea de prosa, esa idea de que eran fragmentos de un relato mayor, ausente. Además, si el libro lo leés tal como está armado tiene un sentido de relato general. Creo que lo de prosa poética tiene que ver con el tipo de juego que propone el libro. Así como conviven el humor y la angustia existencial, también hay una convivencia de formatos: el libro puede ser leído como micro relatos o como poemas en prosa. Formalmente puede ser prosa, pero el contenido es poético.

¿Por qué usaste una tipografía tamaño catástrofe en algunos poemas?

– Esa fue una idea de Matías Reck, el editor de Milena Caserola. Me lo propuso y me encantó. Creo que es potenciar el tipo de juego que se plantea en el libro, hacerlo más explícito.

¿De qué cosas hablan con Pablo Marchetti en el programa que tienen en la Radio de la Ciudad?

– De muchas cosas: cine, literatura, memes, música. Pero básicamente hago una columna sobre porno. También hago una columna semanal sobre porno en Aunque es de Noche, el programa que conduce Pablo de lunes a viernes en las madrugadas de AM 750. Soy pornógrafa, antiabolicionista, antipunitivista y anticancelación. Muchas de las ideas más interesantes del pensamiento contemporáneo vienen del mundo del porno. No hablo de los lugares comunes del porno, sino de gente que viene pensando sobre las “políticas de producir placer”, como dice el libro Porno Feminista, de Tristan Taormino.

¿Qué tipo de fotografía te gusta y por qué?

– Fundamentalmente, la de gatitos. Además, me gustan mucho los retratos. Me fascina ver grandes fotógrafos que hacen buenos retratos. En ese sentido, la lista es grande y amplia: Richard Avedon, Annemarie Heinrich, Diane Arbus, Nora Lezano, María Marta Cremona. Me encanta hacer retratos. Soy una fotógrafa, no sé si amateur, pero sí marginal. Pero le pongo tanto amor que a veces resulta.

¿El año pandémico funcionó como inspirador?

– No sé si inspirador. Pero creo que ese no lugar en el que se transformó el mundo funcionó como incentivo para recopilar lo disperso. Y lo que parecía lejano e imposible se transformó en un libro.

¿Proyectos para el 2021?

– Seguir escribiendo. Y si esto deriva en publicar otro libro, mucho mejor. Pero si hay algo que nos dejó este 2020 es que es mejor andar sin expectativas. Además, cuando bajé esas expectativas, las cosas funcionaron mejor. Así que pretendo seguir por ese no camino.

Estos son algunos de los poemas del libro:

No teníamos nada en común hasta que
me besó como yo quería.

Yo sé lo que sienten las ballenas cuando
encallan.

Ella tenía que dejar de creer en dioses y
ofrendas. Y dejó a los dioses y dejó las
ofrendas. Y se tomó lo que quedaba de
cerveza y se quedó dormida. Soñó, pro-
bablemente, que el fuego era dios y que
la ofrenda era ella.

Aún recuerdo cuando ir a ver palomas
era un excelente plan.

Y soñé que pescaba en el hielo. De noche, con viento de día. Y la ropa y el frío y un farolito tenue. Y me sentaba por horas. En el norte hay osos y en el sur, no.

Me interesan las palabras que otros de-
jan. La obsolescencia es eso. Como el ex-
ceso, que también es eso.

El libro, prologado por Pablo Marchetti, se puede conseguir en el sitio web de la editorial Milena Caserola.

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