“Me siento atacado por alguien, le respondo con un anagrama”

Martín Sciaroni es el creador de la cuenta de Twitter Grama Sana, en la que utiliza un procedimiento muy ingenioso: definir a una persona usando solo las letras de su nombre. Juega con la coyuntura y algunos posteos suelen tener miles de interacciones. Durante la pandemia lanzó el ciclo Anagramas para todes. Humor y política, poesía y talento.

Entrevistó Ramiro Abrevaya. Foto: Manuela Ciccia.

Martín Sciaroni es historiador, docente, dibujante y también el ideólogo y administrador de la cuenta de Twitter Grama Sana, en la que utiliza anagramas para participar del debate político de nuestro país, siempre intenso, al rojo vivo, y también para despuntar el vicio de trabajar con la palabra. El insumo de su producción son los nombres de ciertos personajes públicos, o no tanto, a los que desarma en sílabas, y luego de revolverlas, darlas vuelta, malabarearlas, las vuelve a juntar para darles otro sentido, que en todos los casos-y ahí está el talento- denota rasgos de la personalidad del elegido o elegida. Dos ejemplos: Alfredo Leuco es anagrama de “Flor de Culeao” y Fernando Iglesias de “Gorila sin Defensa”.

Martín estudió Historia, es dibujante y un lector voraz de literatura. En una entrevista exclusiva con Kranear, no solo cuenta que su principal influencia es la poesía, que su método de trabajo es cien por ciento artesanal, que el proyecto no tiene fines comerciales y que en el 2021 quiere hacer una versión anagramática del Martín Fierro, el clásico de la literatura nacional, sino que muestra la cara.

Aparte, nos regaló el Anagrama de Revista Kranear.

¿Cuándo empezaste con Grama Sana y por qué?

A fines de 2018 me crucé con el descubrimiento de Breton: Salvador Dalí es anagrama de Avida Dollars. Ya lo conocía, lo había leído cientos de veces y me parecía genial, pero nunca me había preguntado cómo había hecho Breton para llegar a revelar tamaña verdad. Me llamó la atención por su carácter inapelable. Es decir: te podrá causar más o menos gracia que Mirtha Legrand sea anagrama de “Grandma Hitler”, pero el anagrama lo encontró Adrián Karpenkopf y está ahí.

Me interesó también el desafío que implicaba la tarea: cómo definir a una persona usando únicamente las letras de su nombre. Esa restricción me resultó estimulante y empecé a inventar mi método para lograr anagramas: escribir un nombre en el block de notas del teléfono, separar en sílabas, mezclarlas, buscar combinaciones de sílabas que formen palabras y frases, casi como resolviendo un juego de ingenio, y llevar eso hasta el extremo de construir decenas y decenas de frases. El pensamiento era casi automático pero el resultado, me daba cuenta, podía ser humorístico, poético y político. De a poco me fui dando cuenta de que podía “escribir”: utilizar esas pocas letras para decir lo que yo quería decir.

Esos meses los pasé afinando mi método.

En febrero de 2019 se me ocurrió abrir una cuenta de Twitter que me permita participar del debate político a través de los anagramas. No lo pensé demasiado: a las pocas horas Grama Sana estaba en marcha con la misma estética que tiene hoy y con la frase de Borges (Señores, yo estoy cantando lo que se cifra en el nombre) como estandarte.

Desde el inicio la cuenta funcionó bien: hasta ese momento nadie había hecho humor político con anagramas de forma sistemática. Yo le tomé el gusto a participar del debate público y encontré un lugar para escribir y hacer humor. También para jugar con el Paint, que es un programa que, años atrás, había usado mucho para hacer historietas.

En la cuenta se percibe la denuncia, el palo a personajes de la coyuntura. ¿Tomás partido ideológico o pegas para todos lados?

Los anagramas juegan con encontrar una verdad oculta en el nombre de las personas. Y para mí el motor para ponerme a buscar es muchas veces la bronca que me generan ciertas noticias o personajes. Son, en este sentido, una forma de venganza: me siento atacado por alguien, le respondo con un anagrama.

Nunca pretendí ser ecuánime porque no me parece que todos los políticos o periodistas sean iguales. Soy una persona que interviene en los debates dando su opinión, como hacemos todos. Lo diferente es que digo lo que quiero decir a través de los anagramas. Es claro que no todos van a estar de acuerdo con lo que yo digo, pero tampoco es la idea.

Trato, siempre, de ser sincero conmigo mismo. Eso no significa que todo sea tan lineal: a mí no me gusta Eduardo Feinmann, pero su nombre es anagrama de “Defiendan un amor” y a mí me encanta, me parece un memazo para publicar el Día de los Enamorados.

También hay casos en el que hice anagramas desde el amor y la admiración: cuando murió Maradona le dediqué muchísimos, como manera de devolverle algo a una persona que me había dado tanta alegría. Claro que eso me permito hacerlo con personajes como Diego o con músicos o escritores que admiro: no creo mucho en el humor oficialista y no me sentiría cómodo halagando a un gobernante. Tampoco me siento obligado a participar de todos los debates que se dan en las redes. Participo cuando tengo algo que decir y digo lo que yo quiero.

Los anagramas suelen ser presentados con una pieza gráfica. Circulan mucho por internet, con forma de meme.

¿Tuviste problemas o réplicas de algunos de los personajes a los que deliraste?

No, algunos políticos me han bloqueado, nomas eso.

Suele haber rock en tus anagramas, por ejemplo de Los Redondos. ¿Qué otras influencias artísticas tenés?

La influencia principal es la poesía, porque se trata de condensar sentidos y darle un peso fuerte a cada palabra que se dice. Yo me veo obligado a hacer eso. Uso pocas palabras, como si fuese un aforista, un epigramista o un escritor de haikus.

César Bruto también es una influencia: su humor está fuertemente basado en la forma de las palabras y sus frases suelen tener una musicalidad extraña. También por eso creo que lo que hago también tiene que ver con la gauchesca o la poesía lunfarda (todo lo que va de Ascasubi a Dante Linyera). Como humorista político, Landrú.

Con respecto a Los Redondos, creo que El indio logra en sus letras el tipo de síntesis a la que los anagramas están obligados a llegar. Desde el inicio de la cuenta siempre me señalaron que tal o cual anagrama “parece una frase de Los Redondos”. Yo soy muy fan de la banda y para mí siempre es un piropo.

¿Por qué pensás que Grama Sana tiene tan buena pregnancia, al punto de que la gente te pide de a decenas que les hagas el suyo?

Durante la pandemia empecé con los Anagramas Para Todes. Dos sábados al mes le pido a la gente que me diga su nombre y le devuelvo un anagrama. Hago cincuenta cada vez (la jornada me lleva unas cinco horas). Esos días juego con la idea del oráculo: no te conozco pero te digo algo de vos que vos no sabías. Y la convocatoria siempre es muy exitosa, porque todos quieren saber qué oculta su nombre. Y por otra parte es divertido leer qué le salió en el oráculo a los otros, que muchas veces son personas que no conocés pero leés todos los días. Esos sábados trato de ser directo pero no cruel, me permito hacer chistes guarangos pero intento ser cuidadoso.

Más allá de la curiosidad que generan los anagramas, supongo que parte del éxito de Anagramas Para Todes está también en su gratuidad. El que quiere puede colaborar, pero lo cierto es que te digo tu anagrama a cambio de nada: es una especie de servicio y los lectores lo agradecen.

¿Cuál es tu técnica para generar anagramas? ¿Usas algún software?

Mi método es 100% artesanal. Separo en sílabas y empiezo a combinar las letras. Normalmente para llegar a algo publicable hago entre treinta y cuarenta anagramas con las letras de un nombre, que a veces son variaciones mínimas del anagrama anterior. Y si bien a veces busco a ciegas, por el mero hecho de probar combinatorias, muchas otras veces me pongo a buscar palabras concretas. Sé que existen generadores automáticos de anagramas pero nunca los usé: para mí el problema no es llegar a las palabras ocultas en un nombre sino poder crear, con esas palabras, una definición ajustada del personaje. No creo que los generadores automáticos sirvan para eso. Mucho menos creo que puedan tener humor o intención política o satírica.

Personajes de la vida pública suelen tener su lugar en @Gramasana

¿Cómo hace una cuenta como la tuya para sustentarse económicamente? Vos usás “el cafecito” pero ¿hay alguna otra vía como ser sponsors, canjes o similar?

Grama Sana no tiene un objetivo comercial. Existe porque trabajo de otra cosa y puedo dedicar un rato por día a los anagramas. Hace un mes incorporé la App Cafecito, que permite a los lectores colaborar invitándome un simbólico café (es, para los que no la conocen, una forma virtual de pasar la gorra), y estoy muy agradecido con la respuesta que tuve.

En mi cuenta de Cafecito dice “Un anagrama tras otro”. Es un guiño a Arlt, tal vez el escritor argentino que mejor entendió la relación entre literatura y dinero. Y que los eunucos bufen.

¿Tus tres anagramas favoritos de Grama Sana?

Hay dos políticos que quiero mucho: Alfredo Leuco es anagrama de “Flor de Culeao” y Fernando Iglesias de “Gorila sin Defensa”. Me gustan porque tienen, cada uno, algo muy propio del personaje que tratan de definir. En el caso de Leuco, la referencia a Córdoba (la palabra culeao), en el de Iglesias su máxima jactancia (ser gorila). Las frases resultantes, además, están muy bien logradas, suenan naturales y tienen gracia.

Pero mi trabajo favorito es la versión anagramática que hice de La Marcha de San Lorenzo: en ese caso se trató de hacer una versión sanlorencista (futbolera y de Boedo) de la marcha patriótica. Fue una manera de declarar mi amor al club del que soy hincha, pero también de jugar con los conceptos: se mezclan San Lorenzo (el combate) con San Lorenzo (el club), la Historia con el fútbol y hasta la religión con la política (cuando era chico dudaba: ¿San Martín es un prócer o un santo? ¿Y San Lorenzo qué tiene que ver con eso? El San me confundía). Tomé la idea de Ángel Robustillo, un poeta anarquista que en la década de 1950 hizo una versión anagramática de la Marcha Peronista.

En Twitter tenés mucha más interacción y movimiento que en Instagram ¿A qué se lo adjudicás?

En Instagram soy nuevo: arranqué la cuenta en octubre del año pasado. Lo entiendo como el reino de la imagen, y creo que mis anagramas funcionan bien porque son gráficamente atractivos. Pero a la vez lo entiendo como un espacio más amable. No hay tanta polémica como en Twitter y los anagramas que mejor recibimiento tuvieron fueron los de músicos o artistas.

Twitter es el universo de la palabra y la polémica. Una cuenta como la mía funciona muy bien dentro de esa lógica, porque todos los días hay la posibilidad de decir algo. Pero sí, comparto lo que decís sobre los juegos de palabras: la gente en Twitter escribe, y yo escribo lo mismo que escriben todos, pero mezclando las letras. Eso genera una curiosidad que en Instagram no se replica, porque ahí la gente no escribe sino que saca fotos.

¿Proyectos para el 2021?

Me gustaría empezar a encarar un proyecto de largo alcance: quiero hacer una versión anagramática del Martín Fierro, que es un libro que se presta a la reescritura: Borges le escribió un final, Katchadjián lo ordenó alfabéticamente, Oscar Fariña lo hizo Guacho… No para buscar nada en particular, en todo caso para encontrar alguna historia oculta en nuestro clásico nacional. Creo que tendría su interés.

Por otra parte, antes de la pandemia estaba trabajando con unos amigos en la edición de un librito que contenga mis anagramas sobre la Revolución de Mayo. Espero que en este 2021 ese proyecto avance. Y, por supuesto, pienso seguir con mis anagramas de todos los días y con la convocatoria de los sábados.

¿Cuál es el anagrama de Revista Kranear?

¡Verás reír a Kant!

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