“Yo soy del periodismo de papel”

Andrés Burgo es periodista deportivo e hincha de River, el club que lo inspiró a escribir cuatro libros. Cubrió mundiales y juegos olímpicos y hoy tiene tiene por lo menos tres trabajos, como la mayoría de sus colegas. Con dos de ellos realiza un programa de radio en el que abordan asuntos de los que no se habla en los grandes medios, como el fútbol y la violencia de género. Habla de Gallardo y de Maradona.

Por Mariano Abrevaya Dios y Manuel Dios Cedres

Andrés pasó por tantas redacciones como el Loco Abreu por equipos de fútbol, dice un fragmento de la biografía que presenta en la solapa de uno de los siete libros que publicó en los últimos diez años. Tiene muy buena memoria (no como la de Gonzalo Bonadeo, señalará en la entrevista), y por eso sabe que fue a ver a River a casi cuatrocientos partidos. Como periodista deportivo cubrió mundiales de fútbol, juegos olímpicos y varias ediciones de la Copa América. Trabaja en gráfica pero también hace radio.

Kranear lo entrevistó una mañana de un día hábil, en el barrio de Saavedra, para hablar sobre su carrera, sus libros, el periodismo, River y el legado para su hijo, y también sobre Maradona.

En qué momento de tu vida aparece en el horizonte la idea de ser periodista deportivo y por qué.

“Fue como muy natural porque ya en la primaria a mí me gustaba leer, el periodismo y también el fútbol. El Gráfico para mí era todo. En sexto grado mi vieja estaba preocupada y le fue a decir a la maestra “solo lee El Gráfico” y la otra le dijo “qué más quiere señora, está leyendo”. Podríamos decir entonces que empecé a hacer esto porque era lo que más me gustaba”.

¿Cuáles fueron tus primeros laburos?

“Fue en la década de los noventa y tuve la suerte de conseguir trabajo bastante rápido. Ya tenía 18 años. El primer trabajo fue en una radio partidaria de Platense, que en aquel momento estaba en Primera división”.

Andrés estaba cursando un terciario de periodismo en la Universidad Católica Argentina (UCA). Antes había ido hasta Lomas de Zamora para cursar Periodismo Deportivo, pero no le cerró que tuviese que viajar todos los días una hora y media. Y la carrera de Comunicación Social no le interesaba porque eran cuatro años de carrera y no tenía periodismo.

“Uno de mis profesores era Ernesto Cherquis Bialo, y fue él quien me consiguió un laburo como productor en BCC, un canal de cable sobre deportes. Hacía la grilla, hacía los videograph, contactaba a los invitados, todo el trabajo que se hace detrás de escena. Tiempo después el mismo Cherquis me lleva a El Expreso, un diario que abrió el menemismo de cara a la reelección de 1995, y después, al quedarme en banda durante más o menos un año, me anoté en una beca que ofrecía Clarín”.

Corría el año 98. “Entraban muchos”, recuerda él, un tipo flaco, pelado, de por lo menos uno con ochenta de altura, de ojos claros y vivaces, que viste zapatillas de lona, unas bermudas y una remera. “Se venía el mundial en Francia y Clarín Deportes era monstruoso”, subraya. Dos años antes el Grupo Clarín había lanzado el diario deportivo Olé. TyC Sports, por otro lado, ya tenía cuatro años de transmisión. “La sección Deportes Clarín también le quería competir a El Gráfico, que era inalcanzable, pero que a principios de la década se había puesto muy feo, y el diario, con distintas iniciativas como el Gran DT, le empieza a ganar un lugar. Fue una época de explosión de medios, de mucha producción de contenidos. Olé sacaba figuritas, pósters, libros, colecciones. Era espectacular”.

Fue ese año también que se recibió la primera camada de egresados de Deportea, una escuela que pariría muchos y grandes exponentes del rubro. “Hubo talento y suerte de estar en el lugar indicado en el momento justo”, señala Andrés en relación al surgimiento de algunos de sus colegas.

Entraste a Clarín, entonces.

“Fueron seis años. Me fue bien”.

¿Qué hacías?

“Primero cubría el día a día de River, después Boca, a Racing”.

¿De dónde sacabas la información para nutrirte del día a día de un club?

“Llamabas a los dirigentes, a los jugadores. Era más fácil que ahora, que no te enteras de nada. Hoy si sos periodista partidario o cubrís un club, estás condicionado por el hincha que de alguna manera te pide que no cuentes las cosas malas. Si hacés eso sos de otro equipo, digamos. En aquella época podías hablar sobre los problemas del club, la dirigencia, el vestuario, la barra brava. Podías hacer periodismo dentro del club. Ahora sos un vocero. Todavía queda un margen para hacer algo de periodismo, pero es mínimo”.

Dos años después de la crisis del 2001, Andrés se fue a probar suerte a España. Había fallecido su madre, era un momento muy difícil de su vida. “Me tenía que ir”, dice ahora, con un pie en aquella época y la mirada perdida en un punto invisible de la pared. “Tenía la necesidad y las ganas de conocer otros lugares. Fueron cuatro los años que estuve en Madrid. Laburé de mozo, vendí camisetas, le mandaba algunas notas a Clarín. Me encantó. El primer mundo es un gran invento, a costa del tercero, claro”, dice.

Andrés escribió siete libros.

¿Cuándo volviste?

“En 2007. Era otro país en lo económico, en lo anímico. Se notaba el crecimiento. Había más
medios. Todavía existía el periodismo de papel”, cuenta reflexivo, y hace una pausa. “Yo soy del periodismo de papel”, asume, “ahora eso casi no existe”.

“El primer trabajo que conseguí fue en la sección Turismo de Perfil. Fueron tres meses. Y ahí fue que Lanata lanzó Crítica, el diario que había juntado firmas importantes como las de Wiñasky, Bercovich, Noriega, Larraqui, entre otros. Todavía no había explotado la grieta y había periodistas de un lado y del otro. Luego veríamos que lo que mejor que tendría el diario era su eslogan: El último diario en papel. Cuando cierra el diario decido ponerme a escribir libros”.

¿Cómo fue eso?

“A uno de los colegas del Crítica, Marcelo Panozzo, que estaba trabajando en una editorial, le conté que quería hacer algo así como un diario del hincha y le pareció bien. Fue durante la temporada 2010-2011. Cuando descendemos le dije a este pibe que no daba publicar nada. Estaba destruido. Y Fernández Moore (su colega) me dijo que no sea pelotudo, que lo tenía que hacer igual. Al libro -se llama Ser de River- le fue muy bien (publicó Random House). Era otra Argentina, se vendían libros. El mío fue de los más vendidos durante más varias semanas”.

En el texto de casi trescientas páginas, Andrés combinó su pasión por River con su vocación y oficio de periodista deportivo. El texto es apasionante, no solo para el hincha millonario o de cualquier otro club que forma parte de la Patria Futbolera, sino para todo aquel que quiera indagar acerca de las razones que llevan a un o una hincha a poner a su club entre las prioridades de su vida.

El autor nos introduce en el sufrimiento que desmorona al hincha ante el inevitable desenlace de perder la categoría, luego de tres años de hacer todo mal, tanto en o dirigencial como en lo deportivo. Al tratarse de River, la noticia recorrió el mundo y sacudió la vida de millones, entre ellos, el propio Andrés, que fue a 36 de los 38 partidos de aquel torneo, y que a través de una serie de crónicas, nos deposita en la tribuna, la ruta, los palcos de periodistas y los partidos, fecha a fecha, resultado por resultado.

El libro también contiene una exhaustiva investigación sobre los hechos de corrupción, negociados y malversación de fondos que se realizaron durante los gobiernos de Aguilar y Passarella, circunstancias que sin dudas explican parte de la tragedia deportiva e institucional del club, que culminó con una tarde de furia, fuego y represión. Fue un 20 de diciembre de 2001, propio, doméstico, que tuvo en vilo a la política y los medios.

El libro tuvo muy buena repercusión. En el ambiente periodístico y de la editorial tomaron nota. Y se abrieron las puertas.

“Al poco tiempo me contactó Marcelo Gantman, de Vorterix, a quién ya conocía, para que hiciese dos columnas semanales. Al mismo tiempo Gonzalo Bonadeo me llevó a TyC Sports, donde me especialicé a hacer informes de color, historias de vida, carreras profesionales. En ese momento en la televisión no había mucho de eso”.

A finales de 2018, cuando el sector sufría el despido de periodistas y el cierre de medios y agencias de noticias, Editorial Planeta le ofreció a Andrés escribir sobre la legendaria final de Copa Libertadores que River le ganó a Boca en Madrid. “Me cayó del cielo”, dice ahora entre risas. Lo escribió en tres semanas y todavía hoy no solo es el libro que más ejemplares vendió sino el que le deja una moneda para afrontar gastos de su cotidianidad. Y señala: “aquel libro lo pude escribir, en tan poco tiempo, porque antes había escrito otros”.

Durante aquellas tres semanas febriles tuvo que poner a descansar otro proyecto editorial que lo tenía muy entusiasmado: River para Félix, el libro en el que habla no solo de su relación con su hijo, sino también con su padre, una figura clave en su vida. “Es el libro más lindo que hice sobre River”, confiesa.

En 2016, Andrés ya había publicado El partido, un libro que narra la historia y derivaciones del choque entre Argentina e Inglaterra, en la Copa del Mundo de México de 1986. “Fue una obsesión”, admite, y se ríe una vez más al contar que “todavía no era padre” y que “hoy no lo podría hacer”. Se trata de una frondosa investigación que recoge la voz de decenas de protagonistas principales y secundarios de aquella gesta deportiva, política y cultural. Le requirió tres años de trabajo y se a treinta años del partido que en el que Diego Maradona convirtió primero el gol de La mano de Dios y luego el Gol del siglo.

El partido que hizo historia y que está en las retinas del pueblo argentino.

Tiempo presente
Andrés sigue teniendo varios trabajos. No hay otra, por lo menos por ahora. Hace solo tres semanas arrancó con una columna de deportes en la radio Futurock. Sigue publicando una columna en El País de España y generando contenidos para la web de TyC Sports. “Todo lo que sea escribir, me gusta”, dice.

“También estoy con Ezequiel Fernandez Moore y Alejandro Wall en la Radio de la Ciudad con el programa Era Por Abajo, que ya cumplió cinco años. Todos las ediciones están subidos a Spotify, y algunos son muy buenos. El último que hicimos fue sobre Pelé. Estamos los viernes de 20 a 22 horas. Hasta la pandemia íbamos a la radio y ahora lo hacemos por teléfono desde nuestras casas.

¿Qué tipo de programa hacen?

“Tratamos de ser monográficos, no estamos atados a lo que pasa en la semana. Si agarramos cosas de la realidad, por ejemplo usamos el caso de Thiago Almada en Vélez que fue denunciado por violencia de género, que una semana no lo dejaron jugar pero a la otra sí, y con eso hablamos de fútbol y violencia de género. Por otro lado, esto lo podemos hacer porque estamos en una radio pública. Si fuese en un medio privado, nos pedirán anunciantes”.

No hablan sobre el torneo de fútbol del momento, ponele, los resultados, los goles.

“El juego no nos interesa como material periodístico, no somos especialistas en eso. Yo no sé mucho de fútbol, aunque a veces no mucho menos que los que dicen que sí saben”.

¿Qué colegas te gustan?

“Aparte de Ale Wall y Eze Moore (a quienes define como amigos), me gusta mucho Ariel Senosiain, que no hace solo periodismo deportivo (desde el año pasado encabeza el noticiero de las 20 horas de la Televisión Pública). Leo mucho a Diego Torres y a Santiago Segurola, que son periodistas que trabajan en El País de España. Roberto Parrottino de Tiempo Argentino. Ayelen Pujol. Angela Lerena me parece muy completa, trabajamos juntos en Crítica, es de las más visibles en la lucha del movimiento de mujeres”.

¿Todavía hay pocas mujeres en el medio?

“Sin dudas. El periodismo es un ambiente muy machista todavía, muy primitivo. Hasta hace tres años podías escuchar a un colega despreciar el trabajo de una periodista, por ser mujer, y hoy eso no lo podés decir. El fútbol es violentamente machista. Es muy fácil apuntarle al rugby, que es verdad que van y le pegan entre varios a uno, todos borrachos, pero casos de futbolistas denunciados por violencia de género tenes uno por semana”.

Qué opinión tenés hoy sobre la profesión, teniendo en cuenta el desprestigio que viene sufriendo desde hace algunos años.

“Yo amo mi profesión, pero celebro que no se trate a los periodistas como intocables. Podemos ser tan sucios como cualquier otra profesión, y más teniendo en cuenta que trabajamos para medios que no responden a intereses periodísticos sino económicos, y eso hay que tenerlo claro. Se hace periodismo dentro del margen que tenés. En su momento las empresas además de responder a determinados intereses económicos también tenían objetivos periodísticos, y hoy ya no. Y con respecto a lo sigue, no sé para dónde va el periodismo. Creo que nadie lo sabe”.

Mucho más que colegas: Burgo, Moore y Wall.

¿Te gustaría que tu hijo haga periodismo deportivo?

“Me gustaría que mi hijo se dedique a lo que quisiera, pero le diría pensalo dos veces antes de dedicarte al periodismo. No por la profesión en sí, sino porque van cambiando las cosas. Mi viejo había estudiado una rama de la geodesia (actividad para encontrar petróleo) y de repente por cambios tecnológicos, la práctica quedó en la nada. A mí me pasó lo mismo que a mi viejo. Quizá pase lo mismo con el periodismo gráfico, o los diarios, con la irrupción de los celulares, no lo sé. Hace poco tiempo que en la televisión se dieron cuenta que tienen que ir hacia lo digital”.

Unas palabras sobre el “Muñeco” Gallardo.

“Es el inventor internacional de River. Quizá sea injusto con los equipos del 86 y 96. En los 50 River le ganó al Manchester City, y el equipo más influyente de la historia de River sigue siendo La Máquina de Labruna, pero durante esas épocas River no tuvo el reconocimiento, los títulos internacionales que logró con Gallardo. A su vez creo que es una de las personas más importantes en la historia de los River-Boca. Haces un libro y Gallardo tiene un lugar central. Después es como todo en la vida, tenes una mala leche descomunal o una buena leche insólita, eso es parte del juego. River pierde una final insólita con Flamengo y una semifinal inaudita con Palmeiras. La Copa del 2015 fue un orto descomunal, lo mismo cuando en Madrid pega en el palo y se va la última de Boca”.

¿Fuiste a Lima a ver la final con el Flamengo?

“Sí, el primer tiempo lo viví como hincha y el segundo en el palco de prensa porque tenía que hacer una nota para un diario español”.

¿Cómo hiciste?

“El primer tiempo sacado, como hincha, y el segundo, habiendo bajado un poco, en el palco de prensa”.

Se termina el tiempo. Andrés tiene que seguir viaje. Antes de despedirlo le pedimos una reflexión sobre Diego Armando Maradona.

“El Diego fue la revancha y el triunfo posible para todos los Fioritos del mundo porque él siguió siendo Maradona después de retirarse, y esa la principal diferencia con Pelé. Continuó su obra después de retirado, siguió estando del mismo lado del fútbol, que es popular. Pelé quizá fue mejor futbolista, pero Maradona fue mucho más que un futbolista, y por eso la gente lo quiere tanto. Es el Dios del fútbol”.

Aparte de Ser de River (2011, Random House), Burgo publicó Diego dijo, El último Maradona (junto a Alejandro Wall, en 2014 y por medio de la editorial Aguilar); El partido (2016, Tusquets); La final de nuestras vidas (2018, Planeta, sobre el partido con Boca, en Madrid); River para Félix (2019, Planeta) y Nuestro viaje (a Lima, para la final de la Libertadores 2019, publicado en 2020 por Ediciones Carrascosa, su propio sello editorial).

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