Poesía (Colombia)

En Bogotá la poesía construye memoria

Los y las estudiantes que integran el colectivo de poesía colombiano La cuarta raya del tigre entienden que la poesía tiene no solo el poder de incomodar, sino también de transformar, en especial a los más chicos, el futuro. Apuestan al juego y la desacralización del género, por medio de varias iniciativas. Su apoyo a la Comisión de la Verdad.

Por Kranear. Ilustración: Carolina Marín.

A comienzos de 2017, en grupo de estudiantes de letras, con la intuición de que la poesía y el universo de lo lúdico podían llegar a producir efectos inquietantes, y también transformadores, no solo hacia el interior del colectivo, sino también y en especial, en un otro -y si es un chico, o adolescente, mejor-, se organizaron, eligieron un nombre y se pusieron a trabajar. Nunca pararon. Organizaron festivales, encuentros y talleres, junto a pares de otras casas de estudio y varios colectivos artísticos.

Se bautizaron La Cuarta Raya del Tigre. Son bogotanos y bogotanas, estudiantes de las carreras de Creación Literaria y Gestión Cultural de la Universidad Central (UC) y la EAN Universidad, ambas instituciones de educación superior y de carácter privado. Están convencidos en la capacidad del arte, el juego y el trabajo colectivo como una herramienta para la transformación social y cultural de una sociedad golpeada hace varias décadas por el flagelo de la violencia.

Luego de manifestar públicamente su apoyo al trabajo de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición (CEV), lanzada en 2017 luego del acuerdo de paz que firmaron el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el colectivo dijo presente en la Feria del Libro de Bogotá 2019, por medio de iniciativas como El libro del futuro, Acerquémonos para entendernos, Twistter de Obregón y Fake News.

“Todas las iniciativas buscaron responder la pregunta de cómo reacciona el arte a la violencia y de qué forma aporta con procesos de resiliencia”, cuentan los integrantes del colectivo poético, por medio del correo electrónico.

El Libro del Futuro lo lanzaron en la 13° edición del Festival de Libros para niños y jóvenes que se realizó en el marco de la feria, para que los estudiantes de bachillerato conociesen los actos violentos que sacudieron a su país en el pasado y ayudar a que no se repitan en el futuro. “Nuestra intención era involucrar a los jóvenes con la historia y la memoria y construir un espacio de creación y reflexión”, cuentan.

“Esta estrategia también invita a pensar en la forma en la que la poesía construye memoria y el arte responde ante las problemáticas de una sociedad”, señalan, y aseguran que “el libro acerca a los participantes a la literatura, los invita a ver la escritura y la lectura como actos políticos que les dan la posibilidad de reflexionar sobre la historia de su país”.

¿Cómo funciona la idea del libro?
“Cuando el grupo de niños, niñas y jóvenes llega al lugar en el que se realiza la actividad, se menciona el contexto en el que nace el Libro del futuro y su relación con los objetivos de la Comisión. De acuerdo al número de participantes se divide el grupo y luego van a una página en específico. Cada página está a cargo de un integrante de la Cuarta Raya quien es el encargado de hacer la mediación correspondiente”.

Una vez ubicados los participantes, se realiza la lectura en voz alta del respectivo texto de cada página. Después se da un tiempo para reflexionar sobre las sensaciones que se generan, se resuelven inquietudes y se dialoga sobre las opiniones que los estudiantes expongan. Luego el mediador hace una pregunta detonadora que relaciona el texto con la no repetición: ¿cómo recordar los nombres de los que ya no están?, ¿cómo evitar la llegada del pájaro negro?, ¿cómo derrotar la estadística?, ¿cuál es tu verdad?

Por medio del juego y la diversión, y la poesía, desde La cuarta raya del tigre proponen que los jóvenes se involucren con la realidad de su país.

Es en ese momento que los chicos tienen la posibilidad de hacer una devolución.
“Exacto. Los niños, niñas y jóvenes tratan de responder las preguntas con distintos materiales (papel, colores, material reciclable, plastilina, emojis, audio)”.

¿Y ahí qué sucede?
“Cuando el proceso de creación termina, el grupo se reúne para concluir el ejercicio. Se aprecian las creaciones de todos, se escucha a cada estudiante para saber su opinión, se le pregunta por cómo se sintió luego de la experiencia y cómo cree que esta se conecta con la no repetición y se habla sobre el valor de la verdad para construir el futuro. Cada mediador se encarga de motivar a los participantes para sean ellos quienes hagan sus propias reflexiones”.
Los y las integrantes del colectivo poético bogotano cuentan que los textos que aparecen en el libro del futuro son “Dabeiba” y “Soacha” de María Mercedes Carranza, un fragmento de Los ejércitos, de Evelio Rosero, y “Cuestión de estadísticas”, de Piedad Bonnet.

¿Qué tipo de devoluciones obtuvieron de parte de los niños y jóvenes?
“Todos los jóvenes participaron de la actividad se motivaron a leer más de estos autores, y algunos nos contaron sus historias personales. Un niño de la fundación Venposta nos contó que había sido reclutado cuando pequeño por la guerrilla. El libro del futuro, de alguna manera, lo hizo sentir en confianza para contarnos su pasado y pensar en lo que quería hacer en el futuro. Esta estrategia despertó la sensibilidad de los estudiantes, los motivó a investigar, desde la emoción, sobre lo que sienten cuando les hablan de la guerra, de los muertos y la violencia, para luego hacerse la pregunta de cómo evitar que se repita, les da la posibilidad de pensar en cómo ellos pueden aportar. Demostraron cómo pueden cambiar la realidad, de qué manera la escritura crea nuevas posibilidades. Un chico escribió: ‘El pájaro entra por un agujero de gusano y se convierte en mariposa, el pájaro negro es la violencia que puede ser transformada en algo más’. También han surgido preguntas, mensajes de esperanza, imágenes que revelan la relación de cada uno con la realidad del conflicto, entre otros objetos simbólicos que representan los deseos más honestos de una generación que no es culpable de lo que ocurrió, pero tiene la responsabilidad y disposición de no volver a repetirlo.

Casi a diario se asesina a dirigentes sociales y ex guerrilleros que quieren reinsertarse en la sociedad. ¿Se puede hablar de un acuerdo de paz en esas condiciones?

“El problema con el acuerdo de paz es que las condiciones actuales no han permitido la implementación exitosa porque aún somos una sociedad fragmentada, lamentablemente los esfuerzos por mantener la paz y lograr la convivencia son de algunos sectores, creemos que no hay voluntad política para cumplir con el acuerdo de paz. Al asesinato de lideres sociales y ex combatientes que adelantan procesos de transformación en sus territorios hay que sumarle que estamos bajo un gobierno negligente que niega el conflicto y sus consecuencias, eso hace que la implementación del acuerdo sea lenta.

Es allí donde el arte tiene la oportunidad de sensibilizar y cuestionar el rol de cada uno en la transición hacia un país más digno”.

Otras iniciativas
Fue el 7 de septiembre de 2018 que La Cuarta Raya del Tigre realizó la primera versión del festival de poesía Discreto Caos en las instalaciones de la UC. Organizaron seis actividades (Karaoke literario, Golpe de dados, A dos manos, Nostradama, Versofonía y Tiro al verso) e invitaron a ocho colectivos literarios a formar parte del hecho artístico. “El objetivo era diseñar un espacio con ambiente de bazar donde se pudiera celebrar la poesía y acercar a otro a una experiencia creativa”, cuentan desde Bogotá, por correo electrónico.

La segunda edición del festival se realizó a fines de agosto de 2019 en un teatro que forma parte de las instalaciones de la UC. La tercera edición se realizó en contexto de pandemia, ya en 2020.

Desde el colectivo explican que la intención del encuentro fue desde el principio romper con las tradicionales sesiones de declamación y lectura en vivo de poesía que caracterizan este tipo de eventos, para proponer la reflexión sobre el género en un ambiente de fiesta, “como los bazares de pueblo en los que la gente tiene la posibilidad de jugar”, graficaron en declaraciones públicas.

Los y las estudiantes se conocieron en la Universidad Central de Bogotá.

En la última edición, por ejemplo, invitaron a sus lectores a participar desde el confinamiento de sus casas, con juegos como ‘Correspondencia’, “un ejercicio que busca que cada sujeto escriba una carta teniendo en cuenta un contexto y un personaje especifico”.

Y propusieron:

Personaje 1: Rambo
Tiempo: 1492
Lugar: Navegas en el barco La Pinta
Contexto: Primer viaje de Colón a América

Personaje 2: Shakespeare
Tiempo: 2020
Lugar: Italia
Contexto: Estás enfrentando la pandemia del Covid-19

Hasta la pandemia, en las ediciones presenciales, algunas de la propuestas fueron cantar poemas al ritmo de una canción popular, lanzar dardos para dejar que el azar les ganara un verso o construir poemas a través del juego de dados.

De esta manera, y por medio de una serie de actividades lúdicas, los y las visitantes de los encuentros tenían la posibilidad de vivenciar procesos creativos de la mano de la palabra, la imagen, el sonido, el cuerpo y el ritmo.

“La poesía es relacionada constantemente con el modelo de educación conservador que nos ha dejado a todos con un desaire. Por verla siempre sacralizada y elevada a la propiedad de los más eruditos se ha olvidado que se trata de ese hecho de expresión humana con posibilidades infinitas para crear y jugar con el lenguaje. Ese disfraz de “el coco” no permite a mucha gente acercarse para jugar con su curiosidad, y es precisamente de allí que nosotros buscamos potenciarla con las actividades de Discreto Caos. La poesía está en todas partes y nuestras actividades buscan hacerla palpitar dentro de la persona que pasa por el festival. A ella se le propone que con la poesía hay que jugar, golpear, escurrir, desmenuzar y enmenuzar lo desemenuzado”, explican desde Bogotá.

Los y la integrantes del colectivo son Diego Santamaría, Luna Vanegas, María Alejandra Castañeda, Camila Molano, Jeraldin Valero, Brandon Garzón, Natalia Soriano M, Gabriela Melo, Paula Vargas, Nikol Cala, Camilo González y Tatiana Soriano M.

En las redes sociales se lo puede encontrar por medio de la cuenta @lacuartarayadeltigre, en Instagram, y en Facebook, a través de su nombre: La Cuarta Raya del Tigre

El colectivo poético nació en 2017.

Textos
A modo de cierre, van algunos textos de algunos de los y las integrantes del proyecto.

Reporte de sueños, de Diego Santamaría García

El domingo en la noche soñé que me rebanaban en tajos flacos y pequeños y se sentía como cuando meten un cuchillo caliente al icopor, sí, sentía como se hundía el metal en mi jalea, en mi plastilinoso existir, que no por su textura había dejado el dolor de las carnes y huesos con vida. Esta noche soñé un accidente enorme en el que perdía la cara antes de que se me estallara la cabeza, pero cuando mi cara dio de frente contra el muro, volví a ser de esa textura ingrávida y arenosa. El dolor se prolongaba como un ruido largo, como cuando un piano cae del piso 12 y en la acera del frente del edificio queda sonando por 3 días un Mi menor destartalado, o como cuando se escucha a lo lejos el pito de un camión enorme que está intentando esquivar una tragedia. No sé, es más cómo se siente el dolor en cámara lenta, prolongado, pegajoso. Al final quedo hecho partecitas en los dos sueños y cada una de esas partecitas sufre el dolor de un cuerpo completo. Con un pedazo de boquita he tratado de gritar pidiendo ayuda. Nadie viene, no sé si es porque un grito necesita ayuda de los pulmones o porque estoy solo y lejos de la posibilidad de que alguien entienda un grito de boquita.

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Los ángeles también lloran, de Paula Vargas

Los ángeles también lloran
Salí flotando encima de mi almohada
cuando noté que me hundía en el agua más cristalina
que jamás había visto.
En mi pecho, el agujero negro
se abría a pasos agigantados
y se aumentaba una llama intermitente
consumiéndome el corazón.
Y pensé que esto no era real,
que debía beberme el agua
para apagar lo que parecía
un monstruo riéndose de mis males.
De un sorbo se acabó la inundación
y cayeron copos de nieve
que me cubrieron el rostro.
Supe que los ángeles también lloran,
sufren como cualquier mortal,
se desangran
y se le caen las alas.
Decido esperar que se derrita la nieve,
hundirme y morir en las lágrimas
de algún ser alado
para mañana volver
y entender el porqué de sus tristezas.

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9 de febrero, de Brandon Garzón

La garganta tiene tumores palabras que dañan que no se curan que carraspean.
Las células de mi garganta han crecido y no mueren
se vuelven los muertos vivientes de la memoria.
Hay tanto que quise decir y no pude
hay tanto que me dijeron:
conservo sus bultos sus masas que hacen de gripe de virus
todo se inflama
solo quedan las flemas los reflujos
doctor

escritor

deme ahora sus gárgaras de limón
deme ahora su pluma de gelatina de pata
para aprender a sobrevivir a este dolor
aunque no quiera ser extirpado

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Percepción, de Camila Molano

Alguien
ha soñado un hombre
tres veces

si diera
un paso hacia atrás,
soñaría otro hombre

si diera
un paso hacia adelante,
ya no existiría.

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