Ellxs y nosotrxs

En el peor momento de la pandemia de coronavirus, Horacio Rodríguez Larreta decidió oponerse a las medidas de cuidado impulsadas por el Gobierno Nacional. Aquí, Alejandro Filippini reflexiona sobre la irresponsabilidad política de los referentes de la oposición y la mezquindad de los que atentan históricamente contra el bien común.

Por Alejandro Filippini

“Un hilo dura solo una tarde”, me dijeron a las pocas horas de haber subido un hilo de tweets. Tienen razón. A veces es necesario salirse de los formatos estandarizados de las redes sociales para comunicar un punto de vista o expresar una opinión de manera fundada (como se debe).

En los convulsionados días que vive el mundo entero pareciera ser ineludible el tema de “las vacunas” y los procesos o estrategias de inmunización de la población frente al COVID-19. En Argentina, como no podía ser de otra manera, conviven distintas experiencias y actitudes frente la campaña oficial de vacunación:

  • Personas que viajaron al extranjero (principalmente Miami) para vacunarse.
  • Personas que no ocultan para nada su antiperonismo o antikirchnerismo y adulteraron su domicilio de residencia para poder vacunarse antes en la Provincia gobernada por Kicillof. Agrego, debe ser una de las pocas veces en la historia reciente donde impera en el sentido común porteño que vivir en la Provincia representa una ventaja respecto a vivir en la Gran Ciudad.
  • Personas que, sin fundamentos científicos pero con gran ahínco, realizaron una cruzada en contra de la Sputnik-V y, lógicamente, lo harán ahora con la vacuna china Synopharm.
  • Personas que esperaron y esperan su turno pacientemente (me atrevo a decir que son la gran mayoría).
  • Personas que no podían inscribirse en las plataformas dispuestas por las distintas jurisdicciones por falta de conectividad o por falta de herramientas tecnológicas (principalmente adultxs mayores).
  • Personas que han decidido no vacunarse.
  • Personas que han decidido directamente no cuidarse (y por ende, descuidar al resto de la ciudadanía).

“Lxs hay de todo tipo”, como se suele decir.

A lxs que viajaron creo que lo sincero y apropiado sería informarles que la vacuna que recibieron en las largas filas de autos en Boca Ratón o Fort Lauderdale son menos efectivas que la vacuna que más se ha utilizado aquí: la Sputnik-V. Dicho, incluso, por TheLancet (https://www.telam.com.ar/notas/202102/543298-sputnik-publico-resultados-en-the-lancet-y-confirmo-eficacia-la-del-916.html)

A lxs ansiosxs –por no decir angurrientxs- que cambiaron su domicilio para poder vacunarse antes en la Provincia podríamos sugerirles que tendrían que haber sido menos ansiosxs, puesto que el Gobierno Nacional distribuye vacunas equitativamente en todos los distritos (https://twitter.com/wadodecorrido/status/1384656661651021826?s=20). Además, informarles que fue el propio Larreta el que decidió asignarle parte de las dosis que recibió la Ciudad a prepagas privadas.

Es importante destacar el rol de la militancia organizada que, pese a ser criticada, fue de gran ayuda en muchos lugares de la Patria donde ayudaron a inscribirse en las plataformas virtuales a quienes no podían o no sabían hacerlo.

A lxs que decidieron no cuidarse o no vacunarse advertirles que la insensibilidad e irresponsabilidad es antesala del dolor y angustia en este contexto. A esta altura es prácticamente muy difícil no conocer a alguien que haya estado internado en graves condiciones por COVID-19, haya quedado con secuelas o directamente haya perecido.

A todos ellxs, sin embargo, correspondería recordarles o re-afirmar algo que resulta insoslayable en los hechos: que el Gobierno viene garantizando y garantizará el arribo de vacunas para personal de salud, mayores de 60 y población de riesgo (como piso mínimo) sin preguntarle a nadie si tiene obra social o prepaga, sin ahondar en la situación socio-económico de la personas que se inscribe para vacunarse o en qué municipio o provincia viven.

Y ésto es sencillamente así porque –mal que le pese a algunxs- el peronismo siempre gobierna para todxs. Nunca fue ellxs o nosotrxs. Siempre fue, es y será ellxs y nosotrxs. Como diría Néstor Kirchner, “no nos guía el odio ni el rencor”, o como repitió hasta más no poder Cristina cuando fue la primera mandataria, “soy la Presidenta de los 40 millones de argentinxs”. De no ser así, la foto que volvió a circular por las redes ayer de Cristina abrazada por trabajadorxs en la inauguración de la planta del laboratorio Richmond de Pilar en 2011 no hubiera sido posible. Planta en la que esperamos se puedan producir cientos de vacunas Sputnik-V.

En un mundo en el que la mayoría de las grandes potencias acaparan casi la totalidad de la vacunas (Estados Unidos vacunó a 63 de cada 100 habitantes, al mismo tiempo que Rusia vacunó a 11 de cada 100 habitantes al 21/4/21), será importante el rol de la Argentina si comienza a producir vacunas Sputnik en los laboratorios Richmond no solamente para vacunar a lxs argentinxs, sino también para poder proveer a lxs países que por temas presupuestarios no pudieron aún acceder a la vacuna o lo hicieron de manera muy reducida. Allí radica la oportunidad de disputar el sentido reinante en tiempos de crisis. Se sale con cooperación, trabajo mancomunado y solidaridad o prevalece la avaricia, la mezquindad y se impone el mandato del “dios dinero” (como lo llama el Papa Francisco en su encíclica Laudato SI).

La especulación, prima hermana de la mezquindad y antónima de la solidaridad, ha conquistado nuevamente parte del fértil terreno político y mediático argentino (aunque porteñocéntrico). El Jefe de Gobierno ha decidido, con tal de convertirse en la referencia máxima de los factores de poder, oponerse a las medidas de cuidado en el peor momento de la pandemia y alentar acciones que aumentan la circulación del virus Sars-Cov2. Es decir, que aumentan los contagios y, como sabemos, las muertes.

En un muy recomendable libro titulado “La secesión de los Ricos” (de lxs españoles Romero y Ariño), sus autores describen cómo los ricos (y también poderosos), cuando no logran moldear las sociedades, normas y burocracia a su antojo, comienzan un camino de desanclaje financiero, económico, político, cultural, legal, moral y residencial en los países donde se encuentran radicadas y deberían tributar. Las elites comienzan a percibirse autónomas y a sentirse exentas no solo de pagar impuestos, sino de acatar las normas (pues viven bajo otras reglas). Aquí pasa exactamente lo mismo. Al haber fracasado en imponer su modelo de país con Macri en el que, como dice Máximo Kirchner, sobran 20 millones de compatriotas, han comenzando a desafiar al Gobierno Nacional desconociendo las normativas vigentes que rigen para todxs lxs argentinxs. Larreta pretende sintetizar y ser expresión de ello.

No desconocemos las intenciones ni el pasado de los grupos de poder en Argentina. Basta con ver la película documental de Jonathan Perel “Reponsabilidad Empresarial”, donde se puede advertir el grado de coordinación, responsabilidad y connivencia entre cierto sector del empresariado argentino y la última dictadura militar. Pero a contramarcha del sueño de país que contempla a la mitad de nuestra población, el peronismo en el poder (y fuera de él también) se piensa asimismo como un proyecto donde –incluso- están contemplados los “secesionistas”. Para poder lograr un país con futuro, con movilidad social ascendente, con trabajo y con oportunidades también es necesario incluir a quienes poseen buena parte de los recursos, medios y resortes del poder real. Éste fue, ni más ni menos, el espíritu del Pacto Social planteado por Gelbard y Perón en su última presidencia que debemos tener como antecedente histórico, pero también como meta, para “arrimar el bochín” a la Justicia Social.

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