Ecuador: reflexiones para una época de transición

Las elecciones en Ecuador estuvieron signadas por la estrategia de Lawfare, el monopolio comunicacional, y la singularidad del comportamiento electoral indígena. De cara al futuro, será necesario diseñar nuestras estrategias y hacerse nuevas preguntas para comprender un tiempo que ya quedó lejos de la década emancipatoria de Nuestra América.

“La conciencia popular colectiva no siempre
presenta transparencia racional
y pura de contenidos rebelión.
Por el contrario, se articulan y superponen en ella claros aspectos
de resistencia con elementos provenientes del proyecto dominante (…)
Esta compleja combinación evidencia
la necesidad de alcanzar niveles más refinados
en el análisis y comprensión de los procesos de desarrollo
de conciencia popular en el Tercer Mundo (…)”
Alcira Argumedo.

Por Emmanuel Bonforti

Miremos los datos duros, el banquero de Guayaquil Guillermo Lasso se impuso al delfín del correismo Andrés Arauz en el balotaje por 52.5% a 47.5%: por ser una segunda vuelta en una elección tan polarizada no deja de ser una diferencia importante. Por otra parte, el resultado debe leerse en clave de sorpresa, debido a que gran parte de las encuestadoras daban como ganador a Arauz. Sin embargo, las expectativas y el deseo del arco progresista chocaron con la realidad.

El elemento que hizo la diferencia fueron los votos nulos: 1.660.802 sobre 10.211.652 votantes.

Entre las causas que señalan los especialistas se destaca la importancia que tuvo el debate presidencial, herramienta de comunicación que en las últimas elecciones en Nuestra América va cobrando relevancia. Fue después de esa instancia que el banquero Lasso impuso, gracias a su aparato mediático, un eslogan que perjudicó al correismo: “Andrés, no mientas otra vez”. Hay que admitir que la derecha es especialista en la creación de eslóganes pegadizos, un recurso más de su aparato ideológico en tiempos donde la comunicación y la deslegitimación del adversario adquieren centralidad en el lenguaje político.

Hay aspectos del análisis que se replican en los procesos electorales de los últimos diez años en Nuestra América, uno tiene que ver con la ausencia de figuras políticas que logren renovar el elenco de emancipadores nuestroamericanos de la primera década del siglo XXI (Chávez, Lula, Kirchner, Mujica). El paradigma de esto fue la derrota electoral del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil en 2018. La caída electoral de Arauz da cuenta de este diagnóstico y de una opción poco atractiva para seducir al electorado ecuatoriano. El segundo aspecto recurrente tiene que ver con el escaso poder que tuvo el correismo para perforar su propio techo electoral.

Ecuador, al igual que otros países de la región, sufre las consecuencias del conglomerado comunicacional que es una de las expresiones de la dominación en nuestros países. En relación a esto, puede considerarse a Ecuador junto con Brasil uno de los países donde más impactó la lógica de lawfare, ya que su principal figura política, Rafael Correa, debió exiliarse en Bélgica, y esto posibilitó el diseño desde el establishment de una estrategia para bloquear la candidatura del mayor referente de la Revolución Ciudadana.

No todo indigenismo es progresivo
El dato más significativo de la segunda vuelta electoral es el gran caudal de voto en blanco asignado a la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador y personalizado en Yaku Pérez, tercero en la primera vuelta y quien ya había afirmado en 2017 que prefería votar por un banquero, en referencia a Lasso y no por un dictador, aludiendo a Lenin Moreno, quien fuera el ganador de esa elección.

Sin embargo, la interpretación sobre el impacto del voto en blanco explica solo una parte del resultado final. Debe considerarse también el gran desempeño electoral de Lasso en las parroquias de Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi, el gran bastión indigenista de Pérez, o incluso en barrios populares de Quito, donde en algunos lugares de votación de las mencionadas ciudades el banquero rondó el 70% de los votos.

A medida que llegaban noticias desde Ecuador la militancia local se mostraba indignada y preguntaba y repreguntaba acerca del comportamiento electoral de sectores populares que terminaron votando al candidato del establishment. Admiradores de la Whipala mal humorados insultaban la decisión electoral de las comunidades indígenas que un tiempo atrás romantizaron. Pero el voto no necesariamente responde a una posición social y esto se complejiza cuando hablamos de poblaciones particulares como las andinas.

En este punto, aconsejamos evitar enojos y reflexionar brevemente sobre la cuestión indígena en la Nación Latinoamericana. La realidad es mucho más compleja y el movimiento indígena puede ser progresivo como lo fue en la última elección presidencial en Bolivia, pero lo puede ser regresivo como lo fue en Ecuador. Llegado el caso, la historia reciente en Ecuador indicaba que había un divorcio político entre el correismo y el movimiento indígena que lo empujó a éste a una alianza con el ecologismo onegeista y confluir de forma indirecta con Lasso.

Recomendamos retomar dos antecedentes para comprender que no necesariamente hay relación entre condición social y elección política, en primer lugar, la composición de los ejércitos libertadores y realistas en las Guerras de la Independencia, en oportunidades gran parte de los últimos estaban compuestos por indígenas. En segundo lugar, Quito fue uno de las ciudades donde menos peso tuvieron las ideas independentistas, siendo, además en su momento la segunda capital del imperio Inca.

Con lo cual tampoco recomendamos demonizar y realizar una cruzada contra las comunidades indígenas, hay una cita en política que indica que “el que se enoja pierde”, llegado el caso la Confederación de Nacionalidades Indígenas fue fundamental en las manifestaciones de 2019 contra la política económica de Lenin Moreno. En política todo tiene su tiempo y se recomienda actuar armoniosamente. Hacer política es fundamentalmente un acto de persuasión y no de malestar. Ganar una elección implica la construcción de una premisa y una estrategia para conquistar voluntades, para la próxima elección esperemos que la alianza plebeya contenga al movimiento indígena.

Consideraciones finales
Nadie puede dudar que algunos de los factores que explican el triunfo de Lasso fueron la estrategia de Lawfare, el monopolio comunicacional, y la singularidad del comportamiento electoral indígena. Pero actualizar el manual del militante también implica profundizar un poco más sobre las causas de la derrota. Éstas no siempre se explican por grandes conspiraciones externas o aspectos meramente coyunturales. Un elemento a complejizar tendrá que ver con la idea de “lo popular”, evidentemente algo del discurso de Lasso permeó en “lo popular”.

Generalmente las intervenciones de los espacios progresivos están destinados a aquellos sectores afectados por políticas económicas regresivas. En ese caso Lenin Moreno representaba una política económica que afectaba regresivamente a una importante porción del pueblo ecuatoriano y el correismo decidió incorporar como principal interlocutor de ese discurso a los sectores afectados de las políticas económicas de Moreno, solo que interpeló a una parte de los afectados priorizando a los sectores más perjudicados y dejando por fuera a parte a la clase media ecuatoriana. Con lo cual una lección que deja el proceso electoral ecuatoriano es evitar uniformar la pobreza, tener un discurso amplio y plural, gobernar también es conducir en la heterogeneidad.

Nadie duda que la realidad de los países de Nuestra América durante la primera década del siglo XXI fue en términos de indicadores progresiva, reducción de los niveles de pobreza, mejor distribución del ingreso, aumento de los registros educativos y sanitarios. Pero inevitablemente el paso de la biología también penetra la política, con esto identificamos una insistencia permanente por parte de cierto sector de la militancia para recrear situaciones políticas, económicas y sociales ancladas en la primera década de siglo XXI.

Es tiempo de repensar estrategias y comprender que es necesario enfrentar un período de transición que implica nuevas preguntas y soluciones más allá de la nostalgia. La única manera de homenajear la década ganada es creando las condiciones políticas para que la década se convierta en siglo y que el ciclo de ascenso de los sectores populares deje de ser una oleada para pasar a ser un continuum histórico.

Sobre la base de la tradición popular y una teoría de emancipación, es necesario que se asuma la necesidad de avanzar en reformas estructurales que construyan las condiciones para otro tipo de instituciones. Pasar a otro estadío que supere el diagnóstico acerca de los perjuicios que generan en nuestras comunidades las corporaciones judiciales, lo mismo para la cuestión mediática. Pero sobre todas las cosas, discutir herramientas heredadas de las oligarquías respetadas por los gobiernos populares, en este sentido, el triunfo de Lasso como otros éxitos electorales de las derechas se deben exclusivamente a la existencia de la herramienta del balotaje que permiten el aglutinamiento de todas las fuerzas de la reacción.

Vendrán períodos difíciles para Ecuador, Lasso anuncio la intención de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos además de avanzar con su idea de privatizar el Banco Central Ecuatoriano. Pero por suerte y al menos por ahora las elecciones son tan solo una foto de un momento político y como alguna vez se dijo: “Acá no se acaba nada, acá empieza todo”

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