“Lo que vemos ahí parece real, pero son sombras”

Sebastián Robles es un narrador no solo de ficción, sino también de Twitter, en especial desde 2018, cuando comenzó a hacer vivos en prosa del programa Animales Sueltos. Es el séptimo invitado de Barro Twittero y aporta reflexiones muy interesantes sobre los usos y la utilidad de la red.

Por Kranear

Se trata de la plataforma social de mayor virulencia, chicanas y manejo de la ironía, donde políticos, periodistas, operadores de todo pelaje, artistas y millones de mortales no solo buscan información, tendencias -hasta la irrupción de Instagram, también levante-, sino también, y en especial, adrenalina, el minuto a minuto y una buena dosis de violencia discursiva. En esta sección, invitamos a hablar a los que saben, a los que están ahí adentro, en el barro, gran parte de su día.

Sebastián Robles nació en Villa Ballester en 1979. Publicó Los años felices (novela, 2011), Las redes invisibles (cuentos, 2015), el libro de conversaciones Apuntes sobre Philip K. Dick (2017, en colaboración con Juan Terranova) y la novela La máquina soviética (de próxima aparición). Escribe la en revista Crisis, la revista Chicas y también en Twitter.

Si se revisa su cuenta se comprobará que en 2018, 2019 y también en 2020, realizó coberturas en vivo del programa Animales Sueltos (durante el gobierno de Macri, con Fantino, y luego, con Novaresio). Ese laburo narrativo con el cruce entre televisión y Twitter, medios y política, tuvo repercusión mediática y también personal, porque hoy mismo sigue realizando coberturas de algunos fragmentos de alguno programas.

Kranear fue uno de los medios que le hicieron una nota, que se puede leer acá: https://kranear.com.ar/2020/04/10/buenas-noches-soy-luis-novaresio-dice-novaresio/

Sebastián abrió la cuenta en 2010 (@sebrobles) y tiene más de 15 mil seguidores. Se trata del séptimo entrevistado de la sección Barro Twittero.

¿Qué es Twitter para vos y qué se juega ahí adentro?

Leo Twitter como un diálogo colectivo donde las partes están más interesadas en escucharse a sí mismas que a los otros. También como una maldición, porque uno entra y tiene la sensación de que todo pasa por ahí, pero corre el riesgo de equivocarse. La información y la desinformación son simultáneas. El peligro de teorizar sobre esto es que cualquier cosa que se diga es verdad. Yo creo que somos esclavos en la caverna: lo que vemos ahí parece real, pero son sombras. Me gustaría pensar que, cuando la pandemia termine, Twitter va a volver a ser un lugar para organizar fiestas y comentar programas de televisión, pero no soy tan optimista.

¿Cambió tu relación con la red a partir de las coberturas en vivo que hacías de Animales Sueltos?

Cambió mi relación con la televisión. Escribir en Twitter me permite verla con ojos de narrador. Los canales de noticias son lugares patibularios. Los medios tienen sus líneas editoriales, y a la vez hay periodistas, panelistas e invitados que atienden sus propias ventanillas. Es más importante la operación que el contenido. A veces aparece algún alma más o menos pura y uno siente compasión, porque en Twitter sólo prospera lo que nos parece una mierda y eso, de alguna manera, determina su destino en otros espacios, como la política o la televisión. Esa tragedia cotidiana explica algunas cosas de nuestra coyuntura. Un narrador es alguien que busca poner un orden en ese balbuceo, darle un sentido. A la larga, fracasa. Si escribió algo en el trayecto, creo que igual vale la pena.

¿Sufriste alguna adicción similar al Twitter?

El cigarrillo, las películas de terror, la televisión.

¿El tuit ideal?

Cualquiera al que no le sobren palabras.

¿Se interactúa o no con los trolls?

Para mí, un troll se define por su mala escritura. Eso no lo hace poco interesante, es una característica. Pienso en Lyvonne Smithorsmith, el bot que se desintegró antes de las elecciones de 2019. Su mala prosa, automatizada, ilustró mejor que ninguna otra el colapso discursivo del macrismo. Ahora, un troll no siempre es una máquina o un usuario pago. Muchas veces llamamos así a cualquiera que nos putea o nos increpa con lugares comunes o argumentos mal construidos. Y a veces, también, somos trolls para otros. Discutir con un troll puede ser un ejercicio de esgrima y paciencia, una manera de sacarse la bronca o de protestar por algo. Mientras no sea un motivo de amargura, no veo por qué no hacerlo.

¿Interactuas en la red con tus seguidores, le das Me gusta a sus comentarios, les contestás?

Si tengo algo para decir, contesto. No pasa siempre. Cuando no tengo nada para agregar, pero me interesó el comentario, pongo un “me gusta”.

La lógica de chicana permanente de la red es una invocación a que se nos suelte la cadena ¿Te pasa? ¿Bloqueás cuentas?

Me pasa seguido. Cuando pierdo la paciencia, bloqueo. Lo tomo como una señal de que tengo que salir a tomar aire, dar una vuelta en bicicleta y desintoxicarme un rato.

¿Crees que la plataforma tiene alguna utilidad social?

Creo que Twitter es, a esta altura, una dimensión de la sociedad. No sé si tiene utilidad, a veces pienso que seríamos un poco más felices si no existiera.

¿Tomás algo de tu relación con Twitter para tu escritura de ficción?

La escritura es una sola, en Twitter o en Word. Y se cruzan los cables: en Word busco síntesis y asertividad, y en Twitter intento ser narrativo. A veces me sale.

Qué te pareció la decisión de la empresa de bloquearle la cuenta a Trump luego de su llamado a tomar el Capitolio, en Washington, en enero del 2021.

Pensé: “tenemos suerte de que los dueños de Twitter respeten las instituciones democráticas. Ojalá que siempre mantengan el mismo criterio para la censura”.

Dos de tus cuentas preferidas.

@MundoEConflicto y @GramaSana

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