“Tuiter no es un ágora ateniense, sino un bar de borrachos y contrabandistas”

Mariano Canal es sociólogo y un lector apasionado. Desde 2009 viene tuiteando con voracidad. Política, historia, cultura son algunos de los temas que lo atraen. No escribe hilos, disfruta las discusiones y asegura que Carl Marx hubiese sido un gran tuitero. Es el octavo entrevistado de la sección #BarroTwittero.

Por Kranear

Se trata de la plataforma social de mayor virulencia, chicanas y manejo de la ironía, donde políticos, periodistas, operadores de todo pelaje, artistas y millones de mortales no solo buscan información, tendencias -hasta la irrupción de Instagram, también levante-, sino también, y en especial, adrenalina, el minuto a minuto y una buena dosis de violencia discursiva. En esta sección, invitamos a hablar a los que saben, a los que están ahí adentro, en el barro, gran parte de su día.

Mariano Canal nació en Buenos Aires en 1977. Estudió Sociología en la UBA y trabaja “en algo relacionado a eso”, según cuenta. Está en Twitter desde 2009, “un ambiente tan levemente tóxico y agradable como la vida misma”, define. Colaboró en diferentes medios gráficos con notas y artículos sobre política, cultura, ciencias sociales y otras yerbas, “pero básicamente soy un lector”, remata. No usa otra red social que Twitter.

El -buen- salvaje que teclea con ironía y por momentos, frenesí, desde la cuenta @BuenSalvaje, tiene cerca de 8 mil seguidores y ya subió a la red cerca de 80 mil tuits. Es fanático de la Segunda Guerra Mundial y las fotos de Mar del Plata, y es el octavo tuitero que aporta sus reflexiones para la sección #BarroTwittero.

¿Qué es Twitter para vos y qué se juega ahí adentro?
Es la única red social que uso y su poder adictivo se acrecienta por el inventario emocional que cada uno va acumulando a lo largo de los años pasados ahí. Eso desde un lado personal: es un lugar en el que puedo leer todos los días a gente inteligente, muchos conocidos personalmente y muchos que no tengo la menor idea quienes son. Y también está lo del inventario emocional, una cantidad de experiencias “reales” propiciadas por Tuiter que funciona derrumbando los límites entre lo virtual y lo real, términos de una distinción de principios de los 90s, del formato VHS.

Desde un lado más distanciado, Tuiter es un hogar para los freaks de la política, no hay otro lugar para habitar esa intensidad, es un lugar en el que podés encontrar gente analizando la política salvadoreña, a otros detallando un aspecto de la economía del que uno no tiene idea, a otros destilando sus viejos odios, a verdaderos artistas del delirio político en todos sus extremos y formas.

Además de lo que ya sabemos todos, que es el lugar donde hay que ir a ver como impacta la última noticia, el último hecho político, qué es lo que circula ahí, quién dijo qué; todo es verdad, cada vez más viciado o más aburrido o más predecible, pero todavía entretenido.

¿Qué tipo de cuentas seguís en la red?
La que se fue formando con los años, bastante diversa en temas o perfiles, no soy de borrar cuentas que sigo así que la gran mayoría es gente a la que leo o conozco hace mucho. Después obvio algunas de gente “famosa” que siempre garpan: desde Trump (el mejor tuitero de la historia) a Rodrigo Cañete pasando por Aníbal Fernández o Quintín. Y un último grupo de cuentas de temáticas caóticas que me gustan, de urbanismo, segunda guerra mundial, fotos de Mar del Plata, fotos de otras ciudades.

Cada tanto metes tuit virales, de mucha circulación. ¿A qué se lo adjudicás?
Pocas veces pero no le encuentro una lógica, algunos fueron sobre algo que estaba pasando muy en ese momento y supongo que lo retuiteó alguien con muchos seguidores, otras veces fue alguno de esos tuits que escribís como un apunte o una observación que parece entendible sólo para vos y empieza a ser retuiteado. Son los que suelen ser mejores.

Hay días que metes diez, quince, veinte tuits. ¿Con qué tiene que ver esa pulsión?
Con algo que haya pasado “afuera” de Tuiter, son esos días en los que algo de afuera entra y cambia la conversación, puede ser una boludez gigante o algo grave, no importa eso, lo importante es que creo que son esos días en los que Tuiter cambia de frecuencia. También puede pasar que uno esté particularmente cargado con un tema y empiece con la vieja conducta compulsiva hasta terminar hablando sólo en un cuarto vacío. Un poco la propia plataforma juega con eso.

¿Sufriste alguna adicción similar al Twitter?
No sé si la palabra adicción no le queda un poco grande y contribuye a un victimismo un poco de caricatura. Es adictivo Tuiter, sí, no paran de aparecer las intervenciones, dependiendo de tu timeline seguramente encontrás a gente diciendo cosas graciosas, ocurrentes, inteligentes u odiables (que es la emoción más fuerte) y el enganche está propiciado por todo eso. No sé si clasifica como droga, siempre que hablemos de personas más o menos cuerdas y no de trolls y toda esa fauna.

Una mini guía de buenas prácticas para un amigo.
Armarse un timeline con gente que te cae bien (por la razón que sea), y después ir incorporándole con mucha selectividad cuentas contra las que uno va a reaccionar (también por la razón que sea). No contestar todo. Bardear citando sólo a los que están arriba de vos. No hacer hilos. Estoy terriblemente zen.

¿El tuit ideal?
Cuánto menos más. Eso sigue siendo cierto aún en el Tuiter 2021. Algo que no parezca escrito para Tuiter. Algo casi involuntario que parezca escrito por alguien que se levantó de la computadora para ir a abrir la puerta.

¿Interactuas con tus seguidores?
Sí, me gusta, me gusta discutir con mucha gente, es parte de lo interesante de Tuiter. La excepción es cuando a la mañana siguiente ves que quedaste atrapado en un trencito de menciones en la que se está discutiendo sobre las privatizaciones de Menem a partir de un tuit de la noche anterior que era sobre, no sé, el partido de River.

La lógica de chicana permanente de la red es una invocación a que se nos suelte la cadena ¿Te pasa? ¿Bloqueás cuentas?
Sí, obvio, así funciona esa lógica. Bloqueo sólo cuando es sanitariamente necesario, onda toda esa nueva lacra que habla de “comunismo”, toda esa triste alt right del subdesarrollo que es un poco la nueva tribu urbana de Tuiter.

Pero las veces que bloqueé, pocas, fue más por la incapacidad para interactuar con una persona desconocida que demuestra esta nueva fauna, un alarmante nivel de ausencia de los más mínimos códigos de relacionamiento. Algo casi patológico. Hay un sesgo generacional: la mitad de mi vida fue antes de las redes sociales así que todavía un poco me asombra que alguien pueda putear a otro y pensar que eso es sólo virtual. Igual no voy a tirar la piedra, yo también me puteé con varios y a veces es una descarga necesaria.

¿Crees que la plataforma tiene alguna utilidad social?
Creo que cumple una utilidad social, lo que no quiere decir que sea buena o deseable en mi mundo ideal (que sería un desastre). Es el lugar de la chicana, de la espuma de la espuma, de la conversación de los sobrepolitizados, pero no es sólo eso. Es un termómetro distorsionado, pero es un termómetro. No es un ágora ateniense, es un bar de borrachos y contrabandistas. Pero bueno, el ágora tampoco era perfecto.

¿Twitter hace negocio con la polarización?
Parece que unos eminentes científicos (?) midieron que el cerebro reacciona más vívidamente a lo que se rechaza que a lo que se simpatiza. Ni idea. Creo que pasa más por la propuesta básica de Tuiter: escribir en un corset de pocos caracteres. El resumen y la pulsión por decir llevan a la chicana. O al insulto, para los que no pueden elaborar una buena chicana, que es todo un arte. O a la indignación sin un mínimo matiz de ironía. Cada vez más la ironía parece un privilegio onda torre de marfil, cuando la ironía debería ser un recurso de los que menos poder tienen.

Qué te pareció la decisión de la corporación de bloquearle la cuenta a Trump luego de su llamado a tomar el Capitolio, en Washington, en enero del 2021.
Gran día para estar en Tuiter ese, de paso. Un día “vamos a ver el mundo arder”, que suelen ser los mejores de Tuiter. Creo que Trump fue uno de los mejores tuiteros de la historia, incluso antes de ser presidente, y que la decisión de prohibirlo fue una muestra irónica de castigo a quien le había asegurado a la empresa buena parte de su flujo y su morbo, una retaliación del capitalismo culposo haciendo leña del árbol caído con un hacha de dos toneladas.

Estoy en contra del solucionismo tecnológico, de las ideas boludas que le da poder a esos gigantes, de la idea que postula que esas corporaciones pueden mejorar el mundo.

Dos de tus cuentas preferidas.
Recomiendo la de Diego Vawe, @diegovawe, el tipo que más sabe sobre el cine argentino en sus cumbres y sus abismos (que no suelen ser los que se piensan), y de afuera la de David Simon, @AoDespair, el tipo que creó The Wire y que es uno de los mejores puteadores de Tuiter, nadie como él putea nazis, republicanos y fascistas.

¿Te imaginas un tuit de Karl Marx?
Me imagino varios, muchos. Marx hubiera sido un gran tuitero. Gracias a Dios no lo fue y escribió algunos libros un poco importantes. Tenía ese don para la frase corta, matadora, rematadora. Para la frase que da vuelta los términos de un cliché y la transforma es una sentencia inapelable. Una pluma de oro y una lengua de oro. Acuñó lo de la religión es el opio de los pueblos y en ese mismo texto también, además, dice que la religión es “el corazón de un mundo sin corazón”, una frase casi para remera estampada de Tuiter. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, su greatest hit, es una frase tan perfecta que en ocho palabras resume el mundo moderno. Obviamente que @santi9653858609 le gritaría “zurdo de mierda”.

Kraneá tu comentario

Comentá primero

avatar
wpDiscuz