Dos hechos malditos del medio burgués

Los comunicadores populares Pedro Rosemblat y Julia Mengolini produjeron en las últimos días dos hechos políticos que vale la pena poner de relieve, el primero con su propia estructura y la segunda de la mano de la comunidad organizada de Futurock. Experiencias militantes y de gestión para hacerle frente a la híper concentración mediática.

Por Mariano Abrevaya Dios

En las últimas horas ocurrieron dos hechos político-comunicacionales que vale la pena destacar, teniendo en cuenta la incidencia que tiene el dispositivo de medios opositor al peronismo, no solo sobre la agenda mediática, sino también sobre la subjetividad de la población, ese capital en disputa permanente, por lo menos desde el 2008 a la fecha.

Los hechos se produjeron en el ámbito de la comunicación popular, autogestiva, esa que se construye desde abajo, y desde hace muchos años, con la fuerza de la militancia, más que por una motivación económica (aunque después ese asunto pasa a tener toda la centralidad, ya que la isla de edición, la redacción, el estudio de radio, los salarios, hay que sostenerlos con plata).

Por un lado, el humorista y conductor Pedro Rosemblat entrevistó en la Quinta de Olivos al presidente de la Nación Alberto Fernández a través de su canal de Youtube, donde lo siguieron en vivo unas veinte mil personas. La transmisión tuvo muy buena repercusión en los medios tradicionales y también en redes sociales y el video por estas horas supera las 250 mil reproducciones. El otro acontecimiento se cocinó y produjo en Futurock, donde la comunidad organizada de la radio, a través del programa que conduce Julia Mengolini, logró recaudar en una hora 500 mil pesos para darle una mano a una cooperativa de reciclado de plástico de Villa Lugano.

Dos malditos
Rosemblat milita en el peronismo desde hace quince años y viene laburando en los medios hace una década. Muchos lo conocimos por medio de su personaje El Cadete, que hacía unos números en vivo en el programa de Navarro, en C5N. Joven, audaz, con un gran sentido del humor y manejo de los tiempos, en seguida se metió en el bolsillo a la audiencia, en su mayoría simpatizantes del gobierno popular que encabezaba Cristina. La televisión le dio masividad, pero ya era venía haciendo radio, siempre en el registro del humor político. Fue él también, supimos, quien había creado la página de Facebook, y el personaje, El pibe trosko, que en 2012 había generado mucho revuelo.

Luego de que despidiesen a Navarro de C5N, Pedro armó una obra de teatro con su personaje El Cadete (cuenta por ahí que ha sido para él una gran influencia su padre, director de teatro), y en pleno gobierno de Macri llenó funciones y salas en varios puntos del país. En paralelo, debutó en Segurola y Habana, el programa que todavía conduce Julia Mengolini en Futurock, y también se sumó al programa de Daniel Tognetti, entonces en Radio del Plata.

A Rosemblat también se lo vio en decenas de actos militantes, arriba y debajo del escenario, en inauguraciones de unidades básicas, peñas, homenajes y movilizaciones, porque como él mismo se lo dijo públicamente, antes que cualquier otro rasgo, es un militante político.

Con Alberto y Cristina en la Casa Rosada, Pedro volvió a trabajar con Navarro, esta vez con programa propio, que conduce todos los mediodías y se llama Patrulla perdida (junto a Matías Colombatti, a quien entrevistamos hace poco, acá, para hablar sobre Twitter). En su cuenta de Instagram y Youtube son son masivas las entregas de la sección “Esta semana en Springfield”, unos videos muy bien producidos, de entre quince y veinte minutos, donde el conductor realiza un repaso de la realidad política del país, con las noticias destacadas de la semana, en formato parodia y un sutil y certero manejo de la ironía.

Hoy tiene casi 100 mil suscriptores en su canal de Youtube y cada una de estas piezas tiene un promedio de 50 mil visitas y cientos de comentarios. Le habla a un público joven porque él también lo es (debe rondar por los 30 años), y suele estar al día en cuanto a las novedades tecnológicas. Por ejemplo, el vivo con Alberto lo transmitió por streamming, y lo siguieron unas veinte mil personas, repetimos, en su mayoría jóvenes.

Con todo este bagaje fue que Pedro llegó a conversar con Alberto Fernández, la noche del 27 de mayo pasado, y en el marco del ciclo “Charlas de política en vivo” que organiza desde sus cuentas. Lo dijo ni bien arrancó la transmisión: esto no es una entrevista, sino de una charla entre compañeros. Conversaron sobre los temas de la agenda política y no le esquivó el culo a la jeringa cuando hubo que manifestar cierto malestar por algunas decisiones, o falta de decisiones, en relación a por ejemplo la cuestión estratégica de la hidrovía del Río Paraná. También le hizo llegar un mensaje de su audiencia ultra K: basta de citar a Alfonsín, una encerrona de la que el presidente salió airoso con una gambeta digna de un volante de las inferiores de Argentinos Juniors. Hubo tiempo para algunas genialidades de esas que hacen estallar de risa a la audiencia y aparte le sacó algunos textuales a Alberto que fueron a parar a algunos portales de noticias.

Cuatro días después, el lunes 31 de mayo, al mediodía, la militante y conductora Julia Mengolini, al frente de su programa Segurola y Habana, en la radio Futurock, se puso al hombro una campaña para recaudar el dinero hacía falta para comprar un molino, una maquina que procesa el plástico que levantan de la calle los recuperadores urbanos. El destinatario: la cooperativa Reciclar Sur de la que forma parte Alejandro “El Pitu” Salvatierra, otro militante político, dirigente villero y columnista invitado del programa.

Mientras Julia conversaba con El Pitu, presente en el estudio, y otros dos integrantes de la cooperativa, por teléfono, para que cuenten detalles sobre la actividad, los y las oyentes del programa comenzaron a hacer sus donaciones de 300, 500 y 1.000 pesos. Fue un momento vertiginoso, porque cada quince minutos actualizaban la cifra, que crecía con la misma velocidad que la excitación colectiva que se adivinaba en el estudio. Los pibes de la cooperativa, del otro lado del teléfono, se salían de la vaina. En el lapso de una hora juntaron cerca de 500 mil pesos y ahora podrán acceder a un molino de primera calidad.

Julia cuenta con una larga experiencia militante y en los medios. Abogada recibida en la UBA y periodista formada en TEA, formó parte de la mítica agrupación NBI de la facultad de Derecho, que en 2007 aportaría cuadros a una agrupación que nacía por aquellos dias en la CABA: La Cámpora. Fue una de las editoras generales del suplemento Ni a palos que publicaba el diario Tiempo Argentino. En 2011 ganó masividad por su participación en el programa Duro de Domar, con Daniel Tognetti, y en paralelo, comenzó a hacer columnas y dirigir programas en Radio Nacional. Durante el 2015 hizo el programa El diario, en C5N.

Futurock nació en 2016, cuando recién arrancaba el gobierno de Macri y la derrota tenía un sabor insoportable. Julia, su compañero Federico Vazquez y otros dos socios, decidieron encarar un proyecto propio por medio de una radio por internet, y junto a un equipo de periodistas, conductores y personal técnico que se habían quedado en la calle, luego de que Hernán Lombardi, a cargo en aquel momento del Sistema Federal de Medios Públicos, vaciase la radio Nacional Rock, donde todos ellos laburaban (recordemos que el gremio periodístico sufrió una crisis sin antecedentes entre 2015 y 2019).

Como estrategia comercial, en la radio decidieron apostar a su propia audiencia, con la que comenzaron a construir una comunidad. Les pidieron un aporte, una donación, para autosustentarse, y de la mano de una propuesta periodística y artística de primer nivel, y una postura política e ideológica bien marcada, el proyecto comenzó a caminar a paso firme. Convocaron a colegas y referentes de la talla de Malena Pichot, Juan Amorín y Alfredo Zaiat, entre otros, y en seguida comenzaron a sintonizaron no solo con un público, sino con una época marcada por la quita de derechos, el endeudamiento y la represión, pero también con resistencias, luchas y hasta algunas conquistas, en especial, la agenda y las reivindicaciones del feminismo popular.

Hoy, la Comunidad Futurock está conformada por unos 15.000 socios que todos los meses realizan un aporte para el funcionamiento de la radio, y lo hacen no solo para acceder a algún beneficio o descuento, sino por que se engancharon con la mística propuesta por el medio para edificar un proyecto del que se sientan parte.

Antes de la pandemia, la radio organizó dos festivales de rock, grandes, masivos, en un estadio cubierto de Argentinos Juniors, por ejemplo, inauguró una editorial, con la que lleva vendidos cincuenta mil ejemplares, y también lanzó dos concursos de novela (hace pocos días cerró la tercera edición, que premia al ganador o ganadora con la publicación del texto y 500 mil pesos).

Hay pocos proyectos político y comunicacionales locales y también de afuera que tengan esta magnitud. La audiencia de la radio hoy está en más de 400.000 IP únicas mensuales. El 30% es de Capital Federal, el 70% es del resto del país, con peso en centros urbanos COMO Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, La Plata. Aparte, reciben pauta oficial y privada (representa el 30 por ciento de sus ingresos).

Durante el programa del lunes pasado, en una hora y media, Julia logró que unos 1.200 oyentes de la comunidad organizada de Futurock hicieran un aporte de poca plata, con la que se llegó a 500 mil pesos, una cifra que significa un cimbronazo para la cooperativa, quienes a su vez destinarán la máquina para darle una mano a otro grupo de recicladores que labura a la vieja ultranza, cirujeando por la calle sus hijos arriba del carro. Aparte muchos oyentes ofrecieron material plástico de sus empresas, o emprendimientos, para que estos pibes puedan procesar y a su vez convertirlas en dinero.

Rosemblat y Mengolini son dos exponentes de la militancia que nació con el kirchnerimso, y que hizo carrera en los medios, con mucho éxito en términos de audiencia y vale la pena analizar sus carreras y presentes para poder replicar esquemas de trabajo y producción de sentido. La tarea es multiplicar y restarle poder de fuego a los medios hegemónicos, cuyo principal objetivo es dañar a los gobiernos populares.

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