De cuidados y cuidadoras (segunda parte)

En tiempos de pandemia, cuando más se las necesita, el Gobierno de la Ciudad de la Buenas Aires sigue empecinado en darles la espalda a las cuidadoras que prestan servicios fundamentales para el sistema de Salud. Los testimonios de una enfermera y una puericultora que pelean contra la invisibilización y la falta de reconocimiento de sus trabajos.

Por Paula Suárez

En nuestra última entrega hablamos de las tareas de cuidado, de la desigualdad que existe al respecto y cómo las mujeres y cuerpos feminizados cargan con esa labor, en su mayoría no reconocida. Además vimos que en la Ciudad de Buenos Aires las tareas formales de cuidados están de igual modo invisibilizadas y, sobre todo, no reconocidas en lo económico.

Las promotoras de salud, después de muchísima lucha lograron ingresar al Sistema de Salud de la Ciudad, pero siguen peleando para que se les reconozca la tarea que realizan a diario. Son muchas las que siguen pateando los barrios gratis, sosteniendo tareas de cuidado y poniendo el cuerpo todos los días. Por lo tanto, además de las promotoras, conversamos con una enfermera y una puericultora, otras dos mujeres que realizan tareas de cuidado en el ámbito de la salud y a las que el GCBA no les reconoce su labor.

La lucha de enfermería es de público conocimiento, luego de que en 2018 Larreta enviara un proyecto a la legislatura para modificar la carrera de profesionales de la Salud en la Ciudad. Enfermería nunca estuvo reconocida como profesional en dicha carrera y era la oportunidad para que un reclamo histórico y justo sea escuchado. A pesar de las innumerables movilizaciones, marchas y paros que se realizaron para reclamar algo tan justo y obvio como el reconocimiento del título que tienen, el Gobierno de la Ciudad sigue mirando para otro lado y les niega su derecho.

¿Qué hace una enfermera de un Centro de Salud en la Ciudad de Buenos Aires? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de cuidados? Conversamos con Gabriela.

¿Cuándo empezaste a trabaja como enfermera?

Me recibí en 1995, estudié en la Grierson (la escuela emblemática de la Ciudad de Buenos Aires que lleva el nombre en honor a Cecilia Grierson, la primera mujer médica de nuestro país) y comencé a trabajar casi inmediatamente en el ámbito privado. En el 2003 entré al sistema público y mi destino fue UTI (la Unidad de Terapia Intensiva) del hospital Ramos Mejía. Estuve ahí hasta el 2013, estaba con muchísimo estrés y una compañera mía de UTI me habló de los “Periféricos”, que es como le dicen en el hospital a los centros de salud. Si bien soy enfermera de urgencias, estar en un centro de salud, poder salir a hacer territorio, contactarme con las agrupaciones sociales, políticas, religiosas y profesionales que trabajan en el territorio, me encanta. Siempre dije que la enfermera de APS (Atención Primaria de la Salud) es la más política y social.

¿Y cómo es un día tuyo en el CESAC?

“Mi día comienza llegando al CESAC a las 6:45 hs., preparo refrigerantes y controlo las temperaturas de las heladeras. En esta época de pandemia abro ventanas, ventilo y traigo de la farmacia los barbijos para mis compañeros y para mí. Los martes a las 7:30 hs. abro el Centro para comenzar con las extracciones semanales y ahora seguimos con el triage en la vereda, que está a cargo de enfermería en mi centro. Separamos a las personas para que no se amontonen y los hacemos pasar tras una serie de preguntas y toma de temperatura. A partir de las 8 hs. comienza el movimiento del Centro con los turnos dados. Enfermería realiza controles de signos vitales, curaciones, se da la vacuna antigripal y las de calendario. También vamos a casas tomadas, hoteles e inquilinatos del barrio para ver si faltan vacunas y hacer controles de pediatría a los niños”.

“En la primera ola de coronavirus, enfermería se encargó de las visitas para los operativos DetectAR a vecinos de casas tomadas de la zona y enviamos los casos sospechosos al operativo de la comuna. También hacemos campañas de vacunación en escuelas y centros de primera infancia, vacunación de ATG en comisarías y hoteles, y charlas de educación sexual y detección de casos de tuberculosis en colegios, ahora suspendida por la pandemia”.

Los y las enfermeras de la Ciudad están en el frente de la batalla contra el Covod y están en plan de lucha por salarios dignos y que el Estado local los reconozca como profesionales.

¿Qué significa para ustedes, como enfermeros y enfermeras, no ser reconocidos como profesionales de la salud en la Ciudad de Buenos Aires?

“Primero una diferencia salarial, ganamos la mitad por no estar en la carrera. Las jornadas de trabajo para enfermería son de 35 hs. semanales, mientras que en la carrera son 30 hs. Tampoco podemos capacitarnos dentro del horario laboral, algo fundamental en nuestro trabajo, mientras que los que están en la carrera sí pueden. Además, no podemos acceder a cargos de conducción hospitalaria o de centros de salud”.

Después de hablar con Gabriela fuimos a ver a Jimena, una puericultora que también lucha para que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires reconozca la tarea que hace junto con sus compañeras y las incorpore al sistema público porteño. La lactancia y el puerperio merecen una nota aparte (que próximamente haremos) respecto de la imperiosa necesidad de entender estos momentos de la vida de las personas con capacidad de gestar de manera colectiva. El cuidado de esa nueva vida y todo lo que eso conlleva necesita de una sociedad que acompañe. Las puericultoras son un acompañamiento y sostén fundamental; deben dejar de ser un privilegio de algunes para ser un beneficio para todes.

¿Cómo empezaste en el mundo de la puericultura?

“Después de estudiar dos años y medio y realizar prácticas institucionales ingresé a trabajar en una maternidad de la ciudad, dentro del esquema de pasantías que ofrecía mi formación. Iba una vez por semana a cubrir el servicio de puericultura, haciendo rondas de asistencia en internación y luego acompañamiento en el área de neonatología con las mujeres que tenían a sus hijos e hijas internadas”.

“Esa experiencia fue muy valiosa porque me permitió conocer en profundidad la dinámica del trabajo interdisciplinario. Paralelamente comencé a realizar consultas particulares que llegaban a través de conocidas, pediatras, redes sociales, etc. La necesidad de asistencia es notable. El puerperio en la sociedad actual es un momento de mucha soledad y la alimentación de los bebés genera a veces situaciones muy angustiantes. El rol de acompañamiento de la puericultora es fundamental y se agradece mucho”.

¿Cómo es un día de trabajo?

“Trabajando en una institución hay una constante que se repite, cuando llegamos a la maternidad tenemos pacientes “marcadas” por el resto de los profesionales para que las asistamos. Lo primero que hacemos es ver las historias clínicas y comenzar la ronda por las camas”.

“El trabajo de la puericultora está en la observación, todos los bebés tienen que ser observados durante una toma para evaluar que la prendida sea correcta y que la mujer, o persona que está amamantando, se sienta cómoda con la succión. Si bien amamantar es algo natural, es común que haya cosas para modificar en la técnica para lograr una prendida placentera y efectiva. Trabajamos mucho la escucha activa y vamos dando herramientas para que la experiencia sea positiva”.

“Generalmente, después de terminar con las habitaciones hacemos una visita al área de neonatología para acompañar a las mujeres que tienen bebés internados. Sabemos que la leche humana es muy buena para prematuros o bebés con patologías y, si la persona que dio a luz tiene el deseo de alimentarla con su leche, estamos ahí para enseñar diferentes técnicas de extracción y conservación de la misma. Hay situaciones muy complejas y a veces todo lo que puede hacer la mujer es extraerse leche, pero necesita de mucho sostén para no frustrarse y que esa experiencia también sea positiva. En estos casos suele generarse un vínculo de confianza y apoyo que también se agradece mucho”.

“En algunas instituciones existe además el consultorio externo, que articula con el servicio de pediatría y se ofrece a las personas que tuvieron a sus bebés en la institución para que concurran cuando lo necesiten. Puede ser después del alta, en el caso de tener alguna dificultad o lesión y continúa a disposición hasta el destete. Idealmente, el consultorio funciona a demanda y permite que la atención de las dificultades más frecuentes, como puede ser una grieta o una mastitis, se transiten y resuelvan con éxito y asistencia especializada”.

Las puericultoras también reclaman ser reconocidas como profesionales del Sistema de Salud porteño.

¿Qué es lo que reclama el sector?

“Hay dos grandes problemáticas: por un lado está la desigualdad en el acceso al servicio; las puericultoras están dentro de las instituciones privadas desde hace más de 20 años trabajando y asistiendo familias, pero en el ámbito público esto no está garantizado. El Estado promueve la lactancia pero no ofrece soluciones concretas frente a las dificultades más frecuentes. En este sentido, sabemos que muchas mujeres desean amamantar, lo intentan y cuando no logran superar las dificultades se sienten muy culpables. Lo que nosotras vemos es falta de apoyo y sostén porque cuando hay acceso a una consulta oportuna, hay soluciones posibles. La desigualdad genera que la atención se vuelva un privilegio y esto es terriblemente injusto porque cuando hablamos de acceso a la lactancia estamos hablando de salud a corto, mediano y largo plazo”.

“La segunda problemática que enfrentamos es la precarización laboral y la falta de un marco regulatorio que nos dé seguridad a las trabajadoras y a las usuarias. En el ámbito público funcionan algunos servicios de manera voluntaria, que se desempeñan con la misma seriedad y compromiso que los servicios rentados en instituciones privadas, pero que no son reconocidos económicamente; el sistema de salud público hace uso de nuestro rol pero no lo valora”.

Estas palabras de Jimena sobre las tareas de cuidado revelan, con contundencia, la necesidad de su urgente reconocimiento por parte del Gobierno de la Ciudad. Necesitamos un Estado presente y una sociedad que acompañe estas tareas y estos reclamos.

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