El horizonte predictivo

El Covid 19 lo transformó todo. Es un carrusel que sigue girando, un ciclo de tristezas, ausencias, y victorias. Las vacunas son hoy la salida que muchxs avizoran, traen algo de calma y reparación a tanto dolor. Con una prosa que se clava en la experiencia personal y colectiva, un militante nos bambolea entre la muerte y la certeza de que la vida -junto al Estado presente-, vence.

Por Franco Montali

Vemos desde el espacio al planeta tierra. Zoom in. En la sala de terapia intensiva del Hospital Eva Perón muere una persona querida. Otra muerte más. La luna da la vuelta al mundo.

El barbijo. Al principio desaconsejado, luego una señal de cuidado. Reducir el riesgo, prevenir. Está en el aire, en micro-partículas dicen. Ventilación cruzada, distanciamiento físico. Y barbijo. Hay en este rincón de la galaxia, a esta hora del atardecer, una amenaza que nos obliga a tomar recaudos, a vivir otra vida. Una vida distinta a la que llevábamos. Ha habido un corte. Hay todo un cúmulo tanático sobre nuestro cielo y es hora de darle pelea.

El reloj. Todos y todas miran al reloj. Formulan preguntas. ¿Cuándo termina? ¿Días, meses, años? ¿Cuánto falta? Se van las horas, las respuestas no llegan. El tiempo se ha detenido para muchísima gente; para mucha otra se aceleró. Millones se quedaron y se quedan en casa; millones salen al frente de batalla. Para mucha gente el tiempo se cortó. Se quedaron sin tiempo.

Las lágrimas. Tiempo de muchas lágrimas. Despedimos a lxs que se van. Nos duele, nos cuesta, nos tumba. Dice el viejo refrán que la muerte está tan segura de vencer que te da toda una vida de ventaja. Sí, al día de la fecha la humanidad no ha desarrollado un método para franquear ese límite que impone lo real por sobre cada ser viviente de esta tierra. Eso es claro. Pero esto es distinto: la gente se muere y qué duro todo hermano.

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Aterrizan aviones. Vuelos que van y vienen. Traen cargamentos importantes. Los más románticos dicen que llegan cargados de esperanza. Van los aviones surcando las nubes hasta tierras lejanas. Vuelven vuelos repletos de vacunas. Aterrizan aviones y con cada avión que aterriza llegan dosis que se distribuyen por todo el territorio nacional. Un operativo histórico en tiempo real.

Se encienden las pantallas de los celulares cuando aterrizan las notificaciones. “Me llegó el turno”, una excelente noticia del 2021 que se multiplica todos los días. Lugar, día y horario. Un tiempo exacto, una certeza.

Se aplican vacunas. Millones de personas movilizadas en función de una gesta titánica: vacunar, vacunar y vacunar. Una descomunal tecnología social al servicio de la salud y el cuidado de nosotrxs mismos, el pueblo. Trabajadores y trabajadoras de múltiples actividades desarrollan con eficacia su tarea para componer de conjunto una obra humanitaria inolvidable. La organización vence al tiempo; solo el pueblo salvará al pueblo.

Sonrisas. En las fotos, en los videos, en las miradas. Las personas que reciben su dosis viven un antes y un después. Sonríen, les cambia el horizonte de predictibilidad. ¿Qué es el horizonte de predictibilidad? Lo que dice Álvaro García Linera acá: “El horizonte predictivo es cuando te despiertas, saber qué vas a hacer. Y qué va a hacer tu hijo, y tu esposa, y tu hermano, qué has pensado para el siguiente día, o el siguiente mes o los próximos seis meses. Es algo concreto, no una abstracción filosófica: cómo las personas prevén su destino inmediato”. Cada vacuna aplicada abre una perspectiva, una nueva posibilidad. Hay motivos para sonreír.

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Vemos desde el espacio al planeta tierra. Zoom in. En la sala de partos del Hospital Eva Perón nace un bebé. Viene con sus lágrimas y con las de quienes ya lo aman, que lo reciben con sonrisas. Llega una nueva vida a este mundo, que gira alrededor del sol.

Franco, vacunado y agradecido.

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