“Se vienen dos años muy buenos para la Argentina”

El precandidato a legislador porteño y militante de La Cámpora, Juan Pablo Modarelli, conversó con Kranear sobre la gestión de la Anses, donde todavía cumple funciones ejecutivas, el rol de la militancia durante la pandemia y las elecciones en las que una vez más se ponen en juego dos proyectos de país. “No hay proyecto de Ciudad sin proyecto nacional”, señaló.

Por Mariano Abrevaya Dios

Juan Modarelli recibe a Kranear en su oficina, en un octavo piso, frente al imponente edificio Libertador General San Martín, sede del Ministerio de Defensa. La entrevista se desarrollará en la mesa de reuniones, en un amplio espacio que está decorado por unos mapas de la Argentina, de la provincia de Buenos Aires y de la CABA, una pantalla de televisión (sintonizado en C5N) y tres posters enmarcados, alrededor de su escritorio, que condensan las pasiones e identidad política del todavía director general del área de prestaciones de la Anses: Néstor y Cristina (con atuendos murgueros), La Cámpora (copando la cancha de Argentinos Juniors) y Diego Armando Maradona.

Juan tiene un largo recorrido en la gestión pública. Entró a trabajar al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) a finales del 2008, cuando se estaba armando el programa de relevamiento territorial de comunidades indígenas, tal como lo estipulaba la ley nacional 26.160. “Aprendí mucho porque el relevamiento había que hacerlo en el territorio y en coordinación con las propias comunidades”, cuenta, y detalla que “fue un proceso muy interesante porque había que generar organización, en un contexto en el que nosotros como organización política estábamos en plena etapa de crecimiento y desarrollo”.

En febrero de 2012, Juan se sumó a la gestión de la Anses, que en aquel momento, con los fondos previsionales en manos del Estado, desplegaba en la calle instrumentos como la Asignación Universal por Hijo (AUH), el programa Conectar Igualdad, la tarjeta Argenta, la entrega de los decodificadores y antenas de la Televisión Digital Abierta (TDA), y a partir de 2014, la segunda moratoria para jubilarse sin haber hecho aportes previsionales, que complementó la primera que había realizado Néstor Kirchner en 2005. “El Ministerio de la Seguridad Social de la Década Ganada”, señala, luego de tomar un mate. Sus cargos fueron, primero coordinador de Relaciones Institucionales, y luego jefe de la Regional CABA, el área de la que dependían todas las oficinas de atención al público del organismo (las UDAI) en la Ciudad.

En diciembre del 2015, con la asunción de Cambiemos, Juan fue nombrado secretario de Coordinación de la legislatura porteña, un cargo político reservado para la oposición en el palacio legislativo. “Un espacio institucional vinculado a la resistencia”, subraya el ahora precandidato a legislador porteño. El 23 de diciembre de 2019, luego de que el Frente de Todos recuperase el gobierno, Juan retornó a la Anses, ahora como director general de Prestaciones Descentralizadas, un área que tiene a su cargo la vinculación entre el organismo y la comunidad.

Son las cuatro y media de la tarde. A sus 38 años, Juan toma mate, sonríe. El ventanal que da hacia Paseo Colón está abierto para facilitar la ventilación cruzada. Sus días son interminables. Cuenta que viene de tener una reunión de gabinete que duró seis horas. Luego de la entrevista tiene otra actividad, y tanto el viernes, como el fin de semana, una agenda muy apretada.

¿Qué balance haces de esta segunda experiencia de gestión en la Anses?

“Voy a extrañar el rol ejecutivo porque estoy convencido de que se vienen dos años muy buenos para la Argentina, ya que vamos a poder materializar la agenda planteada en 2019, y poner en marcha el país con medidas concretas, luego de salir de la administración de la pandemia. Mi balance es positivo, más allá de que no pudimos avanzar con la agenda que nos propusimos en el arranque de la gestión. Cuando entramos fue brutal encontrarnos al organismo en el estado en el que estaba, teniendo fresco todavía el recuerdo de nuestro primer paso por acá. Lo habían achicado y su idea era convertirlo en un organismo residual. Los trabajadores del organismo tienen buena memoria y cuando tuvimos que implementar el IFE, en el momento de mayores restricciones, todas las áreas del organismo se comprometieron y pudimos pensar, programar y ejecutar el pago para 9 millones de argentinos y argentinas que habían quedado afuera de la agenda política y estatal”.

En el momento más duro de la pandemia tuvieron que dar una discusión sobre la esencialidad.

“Sí, nosotros lo pusimos en discusión y rápidamente se entendió que nuestro organismo tenía un rol predominante, no solo porque liquida y paga jubilaciones y pensiones, sino también porque es la boca del Estado que se relaciona de manera permanente con la ciudadanía. Detrás de cada prestación hay una relación entre el Estado nacional y el ciudadano o ciudadana. Fernanda (Raverta) tuvo muy claro, desde el día uno, a qué venía a la Anses: abrirlo, ponerlo en funcionamiento y de cara a la sociedad e incluso planificar la pos pandemia”.

¿La decisión de reconocer la tareas de cuidado en los hogares es una medida que le hace honor a la mejor tradición del peronismo?

“Totalmente. Nosotros los laburamos en dos sentidos. Hacia fuera, un trabajo que se realizó con toda la representación territorial y política de las compañeras: mujeres sindicales, mujeres con cargos institucionales o partidarios, mujeres de los movimientos sociales, y también nos propusimos trabajar el tema hacia adentro del organismo, luego de que se le había puesto el cuerpo a la pandemia. Se trata sin dudas de una herramienta que amplia derechos y que tiene un anclaje directo con la época. Hoy es muy emotivo recorrer las oficinas y ver la relación entre los y las trabajadoras del organismo y las mujeres beneficiarias del derecho”.

Modarelli es uno de los exponentes de la generación política del bicentenario.

Vos vas a ocupar una banca como legislador en representación de un armado que comenzó a gestarse en Villa Lugano hace varios años. ¿Cómo es esa historia?

“Inicialmente éramos un grupo de amigos de la vida, todos de Lugano, atravesados por la sensación de vacío que nos dejó la década del noventa, algo así como ‘somos nosotros contra el mundo y no va a haber nada que pueda hacer que nuestra vida sea mejor ’. El punto de crisis máximo de todo aquello fue la crisis de 2001, y el punto de despegue con el que sentimos que podíamos poner todo nuestro descontento y rebeldía se podía organizar, emergió en el 2004, 2005. Cuando empecé a ver que un presidente hacía las cosas que yo le reclamaba al poder político, se pusieron en crisis todas mis verdades, y esa sensación de soledad en el mundo la pude empezar a colectivizar con mis amigos. Ahí dijimos, bueno, hagamos algo. Y empezamos a laburar en Lugano 1 y 2, con Pucho, un pibe que tenía a su cargo el Club Jóvenes Deportistas, para empezar a vincularnos, a su vez, con otras experiencias de organización, varios de ellos, previos. Y así fuimos ordenando esa fuerza en un sentimiento y trabajo colectivo”.

Y no paraste más.

“Fue una vorágine que hasta el día de hoy a muchos de los que arrancamos en ese momento con responsabilidades institucionales y políticas, pero sabiendo siempre que lo que nos juntó fue el interés por participar y entender que era por medio de la política que podíamos generar un salto. En todos estos años nos formamos muchísimo, y asumimos que ésta es la forma de vida que mejor nos cuadraba, porque siempre tuvimos ganas de hacer, de generar cosas, de organizar, y solo es muy difícil”.

¿En algún momento de esa vorágine te imaginaste que ibas a ser un representante del pueblo, un legislador porteño?

“La verdad que no, pero está bueno destacar que lo que le aporta la generación del bicentenario a la política es que siempre aportamos a la transformaciones estructurales de la Argentina, y no estamos preocupados en generar una carrera política individual. Si se fue dando es porque nos abrieron las puertas Néstor primero y Cristina después, y pudimos empezar a participar de estos espacios de poder, que estaban vedados o los definían en lugares que nadie conocía. Está buenísimo que los y las compañeras de esta generación tengamos la responsabilidad de representar, y es un desafío saber que lo que hagamos en esos lugares no solo habla de nosotros sino de la organización a la que pertenecemos. En ese sentido, pertenecer a un colectivo nos ordena”.

Un rato antes de la entrevista, en el recinto de la Legislatura porteña el oficialismo avanzaba con la aprobación en primera lectura del convenio entre el grupo empresarial IRSA y el Gobierno porteño, que habilita la construcción de un barrio de torres de lujo de hasta 145 metros en la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors. El Frente de Todos votó en contra y Juan arriesga unas palabras sobre el escenario que viene.

“Me parece que el camino que arrancaron Mariano (Recalde), Javi (Andrade), Paula (Penacca) y Lore (Pokoik), y el resto de los compañeros y compañeras que formaron parte primero del bloque del Frente para la Victoria y luego de Unidad Ciudadana, empezaron a darle a forma a la idea de que nosotros, como oposición, teníamos que tener una posición muy crítica a la gestión del macrismo en la Ciudad, porque es muy difícil visibilizar lo que está pasando acá, en parte porque pareciera que las cuestiones estructurales no pasan por la legislatura, y cuando lo hacen, pasan muy rápido, como en este caso del convenio con IRSA”.

“Se fueron planteando algunas discusiones como la desigualdad estructural entre norte y sur, los negocios inmobiliarios, la cuestión ambiental, la desinversión en las áreas de educación y salud. Cada vez que Larreta tomó decisiones restrictivas, nuestros compañeros y compañeras rompieron el cerco. Se trata de una representación legislativa que puso el eje en la militancia que acompañó cada conflicto social. Mucha territorialidad. Ese camino ya transitado nos la hace más fácil, pero a su nos pone la vara alta”.

“Siempre que encaramos una campaña lo hacemos pensando en poder crecer en representación”.

¿Crees que el Frente de Todos hará una buena elección acá en la Ciudad?

“Siempre que encaramos una campaña lo hacemos pensando en poder crecer en representación, y lo que ponemos en juego es la elección de 2017, donde metimos algo así como 21 puntos y seis legisladores. Venimos de una muy buena elección en 2019, y si bien nunca es bueno comparar elecciones, creo que estamos más cerca de la segunda que de la primera. Eso nos daría no solo más legisladores y legisladoras, sino también la posibilidad de romper la hegemonía que tiene el oficialismo en la legislatura y que gane espesor la voz de la disidencia, de aquellos que pensamos que otra Ciudad es posible”.

Esto que decís se podría enganchar con la consigna de la campaña, la vida que queremos.

“Exacto. En la Ciudad gobierna un proyecto político que apuesta al individualismo más descarnado, sin una salida colectiva, una comunidad organizada. En el marco de la discusión de los dos modelos de país, nosotros aportamos desde la Ciudad al proyecto que hoy gobierna la Nación y que hoy te está proponiendo salir de la pandemia con políticas activas de protección, asistencia y reconstrucción económica. En la Ciudad no hay nada de eso. No hay proyecto de Ciudad sin proyecto nacional, que es el que permitiría, aparte, que acá vivamos cada vez mejor, en especial en el sur, una zona para la que no hay planificación ni perspectiva de futuro. Pareciera ser un castigo que la ciudadanía del sur haya votado de manera mayoritaria al Frente de Todos. ‘¿Tienen las presidencias de las comunas?, bueno, háganse cargo ustedes’, parecen decir. Es el mismo discurso de Macri después de las PASO, en 2019. Y esa discusión nosotros la tenemos que poner sobre la mesa”.

¿Te parece que el rol de la militancia durante la pandemia pueda llegar a tener algún tipo de rédito electoral?

“Ojalá que sí pero no para sumar más votos sino por el reconocimiento para un montón de compañeros y compañeras que ante el drama de la pandemia, y sin ningún tipo de asistencia de la Ciudad, asumieron ese lugar a pura voluntad, para darle una mano a los que la estaban pasando muy mal. Dentro de un tiempo vamos dimensionar lo difícil que fue tener que atravesar una pandemia en la Argentina después de que se haya roto todo el sistema de bienestar económico que habíamos garantizado hasta el 2015. La evidencia más clara de eso son los 9 millones de beneficiarios del IFE”.

Juan es uno de los integrantes de la Mesa Política de La Cámpora Ciudad de Buenos Aires. Fue el secretario de Organización y también uno de los compañeros que durante varios años condujo y animó los actos de la organización y del kirchnerismo porteño. Es un tipo muy lúcido, que viene de la militancia territorial y aparte tiene una larga experiencia en la gestión pública. Un cuadro.

Ahora, luego de hacer una pausa, y chupar otro mate, retoma la charla:

“Otro punto para destacar es la solidaridad que se despertó en algunos sectores ante la crisis. Y el rol de la militancia, en ese punto, fue organizar esa solidaridad y ocupar el lugar que la Ciudad había dejado vacío, en especial durante los primeros meses de la pandemia. La tarea de coordinación con el programa Detectar en los barrios populares, fue un claro ejemplo. La asistencia alimentaria con decenas de ollas populares en todos los barrios, otro. Tenemos que estar muy orgullosos porque la militancia tuvo la capacidad de organizarse y ponerse al servicio de quien lo necesita”.

Hace unos dás, Juan estuvo haciendo un puerta a puerta en su barrio, Lugano, comuna 8.

En las últimas horas, en la Isla Maciel, Cristina volvió a ponderar la militancia y la organización no solo como forma de vida sino también como la mejor manera de hacerle frente al poder real. Va en línea con lo que decís.

“Sí, y a mí me quedó revoloteando la idea de que nosotros podemos decir cuál es nuestro proyecto y de dónde venimos. Y eso lo tenemos que poder discutir cuando vamos a una elección. No tenemos necesidad de mentirle a la ciudadanía y podemos reivindicar nuestro contrato electoral del 2019 y lo queremos poner en funcionamiento durante los dos años que quedan. Y estaría bueno que en ese debate de ideas, que los otros también puedan contar quiénes son y de dónde vienen, porque parece que ahí es donde se termina de desvanecer el castillo de naipes, porque construyen referencias o candidatos que parece que no tuvieran historia, y a nosotros durante mucho tiempo peleamos para que la historia y la memoria sean parte de nuestro hacer cotidiano”.

¿Cuál es creés que es el desafío de la militancia una vez que dejemos atrás la pandemia?

“Me parece que lo central pasará por poner en debate con nuestros compatriotas cada una de las discusiones que queramos dar desde el gobierno. Cuando veamos un obstáculo, hacer un diagnóstico, e ir a la discutirlo. Yo respeto la máxima de que los pueblos no se equivocan. Y creo que haber vivido en carne propio un proyecto político de la mentira, la estafa electoral y la catástrofe económica, luego de un proceso que había dejado el país casi con pleno empleo y desendeudamiento, aunque con muchas cosas para corregir, seguramente, me parece que el pueblo argentino va a tener memoria. Esa estafa está todavía muy tangible para esta elección. A nosotros nos van a exigir más y tenemos que ir discutiendo con esa misma sociedad cómo vamos avanzando, porque en dos años seguramente vamos a haber ampliado derechos y habrá nuevas demandas. Tenemos que ser inteligentes”.

Contale al que no te conoce de la política quién es Juan Pablo Modarelli.

(A Juan se le dibuja una sonrisa los labios, en este caso, quizá, por pudor, aunque es un tipo de risa fácil y contagiosa):

“Soy profesor de Historia del Instituto Joaquín V. González, un defensor a ultranza de la formación y educación pública de nuestro país. Junto a Vanina, mi compañera, tenemos dos hijos: Felipe y Olivia. Luganense de toda la vida, argentino y peronista, enfermo de Boca, maradoniano y fun de la Scaloneta, con la que ganamos la Copa América (vuelve a reír). Soy un pibe que cuando vio que había otra manera de canalizar la ira y el descontento que despertaba la injusticia, puso todo eso al servicio de la organización, un camino que le recomiendo al resto que transite”.

¿Cómo te sentís en las recorridas que venís haciendo como candidato?

“Yo las encaro de manera natural, aunque por ahí me falta ajustar un poquito el discurso, porque a mí me encanta la charla y la discusión, pero los tiempos no lo permiten. Espero que en los próximos días se genere más clima electoral”.

Hace unos días, Juan participó del cierre de un plenario de La Cámpora en la comuna 3.

¿Notás cierta apatía?

“ Yo lo atribuyo a que venimos del peor de los tiempos, cagados a palos, y aparte está en juego esto de que cuando gobiernan los malos, y la cosa se pone fulera, la que gana es la antipolítica, porque gana la desesperanza. Nuestro desafío, sin dudas, es volver a enamorar”.

La agenda de Juan está explotada. Mañana viernes 20, irá a Caballito para charlar con los comerciantes de Primera Junta, y después caminará por el centro comercial de Floresta; el sábado participará de la inauguración de unidad básica en la comuna 8, luego realizará una recorrida por las mesas de campaña, a la tarde se sumará al plenario del frente universitario de La Cámpora y la jornada terminará con una actividad por el Día de las Infancias, en Mataderos. El domingo arrancará otra vez en Mataderos, en la tradicional feria de la avenida Lisandro de la Torre, luego irá a una huerta de Villa Pueyrredón y por último participará de una actividad cultural en el Parque Saavedra.

Agotador, ¿no?

“Sí, pero el otro día le decía a un compañero: estoy feliz, quiero ir a todos lados, hablar con todo el mundo”.

Berenice Iañez, Franco Vitali y Juan Modarelli, los tres compañeros de La Cámpora que muy posiblemente ingresen a la legislatura por el Frente de Todos.

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