25 años de un disco icónico del rock

3º Arco, el tercer álbum de estudio de Los Piojos, consagró a la banda al éxito, siendo ellos muy jóvenes. En poco tiempo se convirtieron en un fenómeno masivo, y también social, en una época marcada por la apatía y la impunidad. La ficha técnica, los temas que marcaron a más de una generación, y el recorrido solista de los integrantes de la banda.

Por Rodrigo García

“Llegué a la ESQUINA LIBERTAD en un TAXI BOY, esperé AL ATARDECER debajo de El FAROLITO, ese que alguien pintó de GRIS. De repente escuche un sonido raro ¿Qué DECIS? Le pregunte a uno y me contesto con un SHUP SHUP, no entendí nada. DON´T SAY TOMORROW me dijo una señora que me miraba raro, MUEVELO de ahí, a esa foral horrible, dijo la señora. Aquel VERANO DEL 92 será inolvidable, porque TODO PASA. Y a MARADÓ nunca lo vamos a olvidar”.

Se cumplieron 25 años de la edición del tercer disco de Los Piojos, 3º Arco, el álbum de estudio que catapultó definitivamente a la consagración a la banda oriunda de El Palomar, en el oeste del conurbano bonaerense. Temas como “Verano del 92”, “El Farolito” y “Marado” se convirtieron rápidamente en clásicos y forman parte del cancionero popular de nuestro país.

El disco se grabó en el estudio Del Cielito Records entre los meses de junio y julio de 1996. Sería el tercer disco de Los Piojos y vería la luz el 31 de agosto. Ese día, en tapa, el Diario Clarín contaba que el presidente Carlos Menem prometía profundizar la reforma laboral, el peaje subía un 8%, en Wilde un chico de 10 años le pegaba a una maestra una pelea entre Maradona y Macri generaba una grave crisis en Boca Juniors.

En aquel entonces la banda formaba con Andrés Ciro Martínez en la voz, armónica, guitarra y coros; Daniel “Pity” Fernández, guitarras y coros; Gustavo “Tavo” Kupinski, Gguitarras, bandoneón, bajo y coros. Miguel “Micky” Rodríguez, bajo y coros; y Daniel Buira, batería, percusión y coros.

De esta manera, estos cinco jóvenes empezaban a entrar en la historia grande del rock vernáculo. Acababan de grabar clásicos como “Todo pasa” más conocido como “Dolores”, o “El farolito”, primer corte de difusión del disco, o “Verano del 92”, que en la edición vinilo del álbum fue titulada “Fasolita”.

Imposible olvidarse de aquella introducción, con el sonido de los parches de dos tambores de fondo: “Dicen que escapó de un sueño, en casi, su mejor gambeta, que ni los sueños respeta, tan lleno va de coraje, sin demasiado ropaje, y sin ninguna careta…” que le daba paso a uno de los temas más potentes y emotivos del disco, dedicada a Diego Armando Maradona.

Sería el mismo Diego el que le regalaría a Ciro un par de botines Puma, y el cantante los colgaría en el micrófono cada vez que la banda tocaba la canción para el Diez, mientras se ponía de espaldas al público para ver por las pantallas los goles del ídolo y tocaba el himno Nacional con la armónica. Sin dudas se trataba de un momento sublime de los shows de Los Piojos.

“Sin mas armas en la mano que un diez en la camiseta”

Las presentaciones de la banda, a partir de Tercer Arco, comenzaron a ser muy masivos. Al principio su público no tomó del todo bien este incipiente crecimiento de la banda, ya que pretendían seguir formando parte de la escena under porteña. Pero fue imposible porque el disco fue primero Oro y luego doble y triple disco de Platino, para llegar en la actualidad hasta las 360 mil copias vendidas.

Para la revista Rolling Stones, el disco está incluido entre los mejores 100 álbumes del RocK Argentino.

El éxito de 3ª Arco se produjo en parte porque lograron amalgamar a su base de rock y blues stone varios ritmos musicales como la murga uruguaya, el tango y la balada, para crear así un estilo que alguien denominaría como “piojoso”, un sonido compacto y potente. Aparte, en el disco se menciona y homenajea nada menos que al Che Guevara y a Maradona, dos íconos de la cultura popular.

El disco fue producido por Alfredo Toth (ex bajista de GIT), el arte de tapa y el interior estuvieron a cargo de Diego Perrotta, el diseño gráfico lo realizó Carmen Comesaña Gondar (BC Producciones), y el manager de la banda era el “Pocho” Rocca (hoy sigue trabajado con Ciro y Los Persas).

Una referencia aparte cabe para el talento de Andrés Ciro, que en cada recital desplegaba todo su carisma y se erigía como un verdadero frontman criollo. Fue así que en aquel entonces, cada show comenzó a ser vivido por sus seguidores como un ritual. Obras Sanitarias, Parque Sarmientos, Micro Estadio de Ferro y Micro Estadio de Racing Club fueron algunos de los escenarios en los que Los Piojos arrasaron con todas las localidades.

La banda grabaría cuatro discos más de estudio: Azul (1998), Verde paisaje del infierno (2000), Máquina de sangre (2003) y Civilización (2007).

Las primeras bajas
En el 2000, Daniel Buira, el baterista, deja la banda -y es reemplazado por Sebastián Cardero-, para dedicarse de lleno a su grupo y escuela de percusión La Chilinga, que había fundado en el año 1995, también en la zona oeste del conurbano. En septiembre de 2008, Daniel “Piti” Fernández, uno de los guitarristas, se alejó de Los Piojos luego de veinte años de tocar juntos, para armar su proyecto solista: La Franela. Su reemplazante sería la voz del grupo Catimbao de reggae, Juanchi G. Bisio. Quien debutaría como guitarrista en el Willie Dixon, ubicado en la ciudad de Rosario.

Luego de realizar decenas de presentaciones en el Estadio Luna Pack, (tocaron once veces en un año) y de formar parte de las primera plana de todos los grandes festivales de rock, incluidos los Quilmes Rock en el Estadio River Plate, Los Piojos realizaron giras por todo el país y hasta varias presentaciones en distintos países de Europa.

A mediados de 2009, la banda de El Palomar anunció un “parate por tiempo indefinido”, pero hubo tiempo para un último show, en el Monumental de Núñez. El 30 de mayo de aquel año, unas 65.000 personas formaron parte de una fiesta inolvidable. El tema que eligieron Los Piojos para despedirse fue “Muevelo”.

Después del final
Algunos meses después de la separación de Los Piojos, Ciro fundó el grupo Ciro y los persas, junto al tecladista Chucky De Ipola, entre otros músicos. Hoy llena cada lugar en el que toca y sin dudas se quedó con la mística y popularidad que supo edificar a cargo de Los Piojos.

“Tavo”, un zurdo que cumplía el rol de primera guitarra, por su parte, junto a su amigo Pablo Guerra (ex guitarrista de Los Piojos), su cuñado Jonhy Cuellas y el ex percusionista de Los Piojos, Changuito Farías Gómez (esta vez en bajo), a finales de 2009, formaron la banda Revelados. Un tiempo después el mismo Tavo se incorporaría como guitarrista al grupo Las Pelotas, pero fallecería en un accidente de tránsito, junto a toda su familia, en un hecho que forma parte de las páginas más trágicas y dolorosas de la historia del rock nacional. Changuito se terminaría sumando como percusionista a La Franela.

Micky, el bajista, fundó la banda La Que Faltaba, en Córdoba, junto con un grupo de músicos muy jóvenes de la provincia.

Los Piojos fueron, para quienes éramos adolescentes hace 25 años atrás, la banda de rock que llevábamos como estandarte, que nos representaba y con la que nos sentíamos identificados por sus letras y estilo piojoso. Tercer arco fue el disco bisagra de su carrera, y hoy lo escuchamos con la misma pasión –y nostalgia- que lo hacíamos luego de ponerle play al reproductor del disco compacto (con ese arte de tapa que en Spotify no se consigue).

A partir del 25 aniversario del disco, Ciro publicó un video a modo de homenaje.

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