Descifrar el mensaje y seguir trabajando

El golpe en la mandíbula que recibió ayer el Frente de Todos requiere de un análisis frío y lúcido del descontento que se expresó en las urnas, para ir al hueso con distintos instrumentos y políticas. De eso habló Alberto desde el escenario y lo mismo corre para la militancia que, se sabe, no baja los brazos nunca.

Por Mariano Abrevaya Dios

En el Frente de Todos la línea es clara: hay que escuchar el mensaje de las urnas y ponerse a trabajar. Si nos remitimos al día después de las PASO de 2019, nos chocamos de frente a un Macri desencajado, furioso, y haciendo responsable a la sociedad por el triunfo del kirchnerismo. Ayer, Alberto, en cambio, le puso el cuerpo y la cara a la derrota y prometió avanzar con las medidas que haya que implementar para revertir la elección de las generales de noviembre.

El enorme y complejo desafío que tiene el gobierno es interpretar las razones del descontento generalizado, para tratar de ir al hueso con decisión política y recuperar el acompañamiento que había logrado hace solo dos años atrás, en el contexto de un país cayendo en picada libre por el programa de exclusión de Macri.

No alcanzaron ni la campaña de vacunación más grande de la historia ni la valiosa asistencia económica con instrumentos como el IFE y el ATP, entre otros. Tampoco el intento de sanear el poder judicial o haber intervenido con éxito la Agencia Federal de Inteligencia para terminar con los “Sótanos de la democracia”. A la mayor parte del electorado tampoco parece haberle importado que el gobierno haya heredado una crisis económica formidable, con todos los números negativos, una nueva deuda externa impagable, o que haya sufrido, de parte del macrismo y sus socios en el poder judicial y los grandes medios de comunicación, una cruel campaña de persecución política.

Tampoco alcanzó haber ampliado aún más los derechos de las mujeres y disidencias, y metiéndose de lleno en el terreno económico –el bolsillo es la fibra más sensible del hombre, dijo alguna vez Perón- haber subido el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias para un millón de personas dejasen de pagar esa carga del salario. Tampoco sumó que el gobierno haya logrado sancionar una ley para que los más ricos del país hagan un aporte extraordinario, o que haya vuelto a implementarse un programa de financiación de compra como el Ahora 12, o incluso sus versiones 18 y 30.

La memoria colectiva (de quienes le volvieron a dar un voto de confianza al macrismo y el radicalismo conservador), en ese sentido, parece ser de cortísimo plazo. No hay pasado reciente, ni mucho menos lejano, y en ese sentido hay un punto de contacto con el discurso público de Juntos por el Cambio, con el que solo hablan del futuro, y con una interpelación sistemática a los sentimientos más elementales de un votante, en especial, el miedo y el odio. No hay argumentos ni propuestas, solo consignas y golpes de efecto.

Aparte hay que tener en cuenta que al gobierno nacional y popular le juegan en contra los poderes fácticos, que saben que se trata de una nueva versión del único proyecto político con capacidad de torcer la realidad, como sucedió entre 2003 y 2015, y meter la cuña en la distribución del ingreso y la ampliación de los derechos de las mayorías. Es innegable, también, la incidencia que tiene el sistema de medios en la construcción de la subjetividad y el sentido común de una buena parte de la población. Ese quizá sea uno de los mayores escollos para un gobierno de corte popular. Tienen mucha capacidad de daño y se pierde mucho tiempo para gestionar esa agenda de veneno y operación maliciosa permanente.

Todos los oficialismos, se comenta, perdieron apoyo con la pandemia. El descontento, repiten, tiene ese destinatario. Suena lógico. Hay que hacer cargo a alguien de la tragedia. También están los errores propios, porque si bien nuestro espacio político no puede equivocarse ni un chiquitín así –diría Fidel Castro-, para no darle de comer al enemigo, somos de carne y hueso, y tenemos tropiezos, como sucedió con la foto del cumpleaños de Fabiola en Olivos o el vacunatorio para algunos amigos del poder, que tanto daño le hicieron a la imagen de gobierno, hechos inflamados hasta el hartazgo por los medios opositores, siempre dispuestos a disparar a matar si en la Casa Rosada hay un gobierno popular.

La razón central de la falta de acompañamiento que estábamos esperando luego de haber gestionado la pandemia, parece ser económica. No hay que ser un estadista para ver eso con claridad. Y cuando decimos falta de acompañamiento nos referimos a los sectores populares para los que tanto se trabaja en los hechos, como en lo discursivo, desde el Frente de Todos, el kirchnerismo o el peronismo. No alcanzó. La crisis de Macri y luego la de la pandemia, una inflación desbocada que no pudo ser controlada y que daña mucho el bolsillo, una pobreza que no solo es cifra (cuarenta por ciento de la población), sino que se ve en la esquina, todo ese cóctel parece haber ser la explicación de la pérdida de apoyo en los distritos más populosos del conurbano bonaerense, bastión histórico de nuestra fuerza política.

En la microeconomía, habrá que ir a buscar a esos sectores, ofrecerles soluciones, acompañarlos con más y mejores instrumentos y políticas públicas. A una buena parte de ese universo lo tenés organizado a través de los movimientos sociales nucleados en la UTEP, y esa puede ser una vía para trabajar y profundizar, con lucidez y generosidad política.

Un dato: en las elecciones de medio término nunca nos fue bien, y hay que ir hasta el 2005 para buscar resultados favorables. Los pingos se verán primero en las generales de noviembre, y luego en las presidenciales del 23, para las que apostamos llegar con una economía pujante y con sus mieles bien repartidas, y no en las cuentas bancarias de un puñado de vivos, como diciendo Cristina.

Otro: si bien hubo mucha participación en la elección, a pesar de la pandemia, la cifra final es la más baja de la última década, y una buena parte de esa baja proviene de los sectores populares en los distritos más poblados de la provincia de Buenos Aires. Hay mucho voto para ir a buscar de cara a noviembre. El peronismo sabe de derrotas por haber sufrido todo tipo de estigmatizaciones, persecuciones y muerte. También sabe de victorias, de épicas y mística. Lo dijo ayer Alberto y es la línea que circula por estas horas entre la dirigencia y militancia: acá no se rinde nadie.

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