Cinco conclusiones para pensar noviembre

Ahora que bajó la espuma y se acomodaron los melones, el autor de la nota propone un repaso de los datos duros que arrojaron las PASO en la primera y tercera sección electoral, bastión electoral del peronismo, para pensar en algunas estrategias de cara a las elecciones generales.

Por Roberto Scolari

Por primera vez en mucho tiempo, el análisis de los militantes del Frente Todos coincide con el de los consultores políticos: “era esperable perder, pero no por tanto”. En las PASO del 12/9 la coalición Juntos se impuso a nivel nacional por casi cinco puntos ante el oficialismo. La sorpresa se dio en La Pampa, Entre Ríos, Santa Fe y fundamentalmente en la Provincia de Buenos Aires, distrito del que nos ocuparemos en esta nota.

Comencemos a mirar los resultados en la Provincia de Buenos Aires por lo evidente. ¿Por qué era esperable perder? La primera respuesta que sale a la luz es la más obvia: nadie gana elecciones en un contexto de inflación y crecimiento de la pobreza. Recordemos que el único año no tan malo, en lo económico, fue en el 2017, durante la administración de Cambiemos, con crecimiento e inflación apenas superando el 20%; el mismo año que aquel gobierno, al igual que el pasado domingo, ganó la Provincia de Buenos Aires.

Esta debería ser la primera alerta para los funcionarios del Gobierno nacional: el discurso de que las paritarias empataron a la inflación, en un país con 55% de empleo informal, solo pueden creérselo quienes desconocen profundamente la realidad de los argentinos. Una jubilación mínima de 25 mil pesos, a estas alturas, es nada menos que un presupuesto de ajuste. Si esa era la realidad inmodificable para la cartera que maneja Martín Guzmán, tal vez habría sido más sensato que los funcionarios nacionales explicaran en los medios de comunicación que el ajuste era necesario para equilibrar la macroeconomía que dejó fundida Macri, en vez de alegar un ilusorio empate entre inflación y salario.

No hay derechos individuales, demandas de las minorías, equilibrio fiscal, recuperación a largo plazo o cualquier discusión de fondo que se pueda poner sobre la mesa, si el pueblo está sufriendo hambre. No se trata de comunicación, ni de Big Data o narrativas digitales. Se trata de economía, y entonces hablamos de un problema político.

También puede pensarse en la comunicación, pero no necesariamente en los spots que realizó el gobierno durante los últimos meses – en los que acertadamente no aparecen los candidatos, previendo tal vez su mala imagen -, sino en la estrategia de comunicación, que una vez más, es eminentemente política.

Podría decirse que el “Cajón de Herminio” para Tolosa Paz fue la entrevista en la que se le escapó el término “garchar”, tan nocivo para esta sociedad pacata, pero lo cierto es que otras entrevistas – como la de Alberto en el programa Caja Negra – demuestran que hubo una decisión de hablarle a la juventud en estos términos, en lugar de hablarle de lo que necesita: empleo, expectativas, vivienda y futuro.

¿Qué pasó entre el documento escrito por Juan Courel que sostenía que el público a conquistar estaba demandando mayor seguridad y la campaña liviana y superficial del Frente Todos?

Sin embargo, hay otro componente en la frase que Todos mencionan, que tiene que ver con la merma masiva de votos de la coalición gobernante. ¿Por qué nadie esperaba perder tan abruptamente? ¿Por qué estos resultados no aparecían en las encuestas que maneja el gobierno?

Para debatir sobre esto intentaremos analizar algunos datos de la primera y la tercera sección electoral de la Provincia de Buenos Aires y aportar una mirada política y territorial, cuestión que suele escapárseles de las manos a quienes miran la política desde un despacho o un aula de la facultad de Ciencias Sociales.

Cinco conclusiones para pensar noviembre

Para leer las elecciones desde los municipios y desde ahí tratar de entender por qué Todos perdió la provincia, es imprescindible mirar primero quien gobierna cada distrito. Es común que el partido que gobierna el municipio tienda a sumar más votos “abajo”, es decir, para intendente en los casos de ejecutivas, y para concejales en el caso de la elección del pasado domingo.

Esto se explica tanto por la buena gestión que puede hacer un intendente como por la movilización de cierto “aparato” municipal para repartir boletas, para facilitarle el viaje a las escuelas de votación a las personas o “sugerirle” a los empleados municipales que, si votan al adversario a nivel nacional, pongan la boleta del intendente actual en la urna. Sin embargo, ese tipo de corte es más probable que suceda en las elecciones a intendentes que en las elecciones a concejales.

Al mismo tiempo, es preciso tener en cuenta que siempre la cantidad de electores – y por lo tanto la cantidad de votos que obtienen los partidos que se presentan-, es más baja en las legislativas que en las ejecutivas, pero ese descenso se distribuye en forma equitativa entre coaliciones.

La primera conclusión que podemos sacar está relacionada con el altísimo corte que sufrió la fórmula Tolosa Paz-Gollán. Desde la mala campaña hasta la foto de Olivos, todo – o todo junto – podría explicar el fenómeno.

Lo cierto es que el enojo es con el nivel nacional del gobierno, sea la fórmula de candidatos a diputados, o el presidente. Tanto así, que en los 24 municipios de la primera sección electoral, la fórmula provincial Luis Vivona – Teresa García obtuvo más votos que Tolosa Paz – Gollán.

En la comparación entre las diputaciones y las concejalías, tanto en Merlo, Moreno, Malvinas Argentinas, La Matanza (gobernados por Todos) como en municipios como Vicente López y Tres de Febrero (gobernados por Juntos) se observa que el mayor corte de boleta lo sufrió la fórmula Tolosa Paz-Gollán.

El caso extremo es el de San Fernando, en donde Eva Andreotti se impuso ante Agustina Ciarletta de Juntos, pero la suma de los votos entre Santilli y Manes superó a Tolosa Paz – Gollán. Es decir que Todos perdió la diputación y ganó las concejalías. Desde Olivos deberían llover las felicitaciones a la familia Andreotti, que hizo lo que los deberes como corresponde, buscando por abajo lo que falta por arriba.

He aquí la primera conclusión: el mayor castigo de los votantes se ejerció sobre el nivel nacional de la política del Frente Todos.

La segunda conclusión sale de la comparativa con la tercera fuerza a nivel nacional y a nivel provincial, que es el Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT). Los 282 mil votos que obtuvo esta fuerza en 2019 se convirtieron en casi 433 mil en 2021. En el análisis por territorios, se puede notar cómo Juntos obtuvo prácticamente los mismos votos que en 2019, disminuyendo entre 5 y 20 mil votos por municipio. A su vez, el Frente Todos cayó en cantidad de votantes y el FIT aumentó su cantidad en prácticamente todos los distritos. Esto parece explicar cómo muchos “votos castigo” del sector más radicalizado del movimiento nacional migraron hacia la izquierda, pero al mismo tiempo nada asegura que se mantengan los mismos guarismos en noviembre.

Si el objetivo era “enviarle una señal” a la Casa Rosada, la señal ya fue lo suficientemente clara.

Muchos de estos votantes que genuinamente no pueden alcanzar los máximos niveles de gobierno para expresarles su descontento, lo hicieron a través de las urnas, pero su posicionamiento no es en absoluto definitivo. Esto se puede observar también comparando las últimas dos elecciones legislativas: en 2017 Unidad Ciudadana, liderado por Cristina (y con Randazzo y Alberto Fernández del lado de enfrente), sacó más de 37 puntos en la Provincia de Buenos Aires, de modo que en esta elección el kirchnerismo rompió su propio piso. Todo parece indicar que la fantasía marxista que acecha en forma constante al movimiento nacional tenderá a diluirse en noviembre.

Una tercera conclusión sale de los municipios que gobierna Juntos, de los que se esperaba una derrota, pero cuyo resultado final influyó decididamente en el devenir de las elecciones.

En 2019, el Frente Todos obtuvo 99.490 votos en Tres de Febrero, 50.061 votos en Vicente López y 57.658 en San Isidro, en tanto que Cambiemos obtuvo 105.796, 116.048 y 104.191 respectivamente. Los números de Juntos descendieron en estos municipios, pero la diferencia con la caída de Todos, produjo que entre Tres de Febrero, Vicente López y San Isidro, Juntos sacara una diferencia de 130 mil votos sobre Todos, municipios que por sí solos explican ¼ parte de la diferencia en toda la provincia. Solo entre Vicente López y San Isidro absorben toda la diferencia que obtuvo Todos sobre Juntos en La Matanza.

Por eso, en el mediano y largo plazo, el peronismo o el movimiento nacional deberán replantearse las estrategias en los municipios que consideran “imposibles” de ganar como San Isidro y Vicente López. Porque si bien es evidente la dificultad que tiene para hacer pie el peronismo en estos barrios pensando en ganar la intendencia, a fin de cuentas el voto de un sanisidrense vale lo mismo que el de un matancero, y el descuido en estos municipios termina costando un precio demasiado alto.

En este municipio, gobernado por el “príncipe” de San Isidro, como señaló Cristina en el cierre de campaña, viven más de 320 mil personas, más de 45 mil en barrios situación de vulnerabilidad y una amplia clase media; la “clase alta” sanisidrense apenas alcanza al 4%, muy superior a otros municipios pero insignificante en términos electorales.

Para la cuarta conclusión, tomaremos los cinco casos más difíciles de explicar, o mejor, cuya explicación es brumosa y poco grata de leer. Es el caso de San Martín, Ituzaingó, Tigre y Quilmes, cuatro municipios en los que Juntos se impuso, pero son gobernados por el Frente Todos.

Veamos San Martín: Juntos sacó en 2019 un poco más de 91 mil votos, mientras Todos alcanzó 144 mil votos. En las elecciones del domingo pasado, Juntos alcanzó 83 mil votos, de modo que entre 2019 y 2021 perdió casi 8 mil votos. El problema para la coalición gobernante, entonces, no está en la cantidad de votos que sacó Juntos, dado que en la inmensa mayoría de los municipios disminuyó su electorado; el problema reside en que, entre 2019 y 2021, perdió, solamente en San Martín, nada menos que 70 mil votos. Este es el hecho que explica principalmente la desastrosa performance del Frente.

Dado que el FIT aumentó 4 mil votos y suponiendo que todos esos votos pertenecen al Frente Todos ¿Dónde están los 65 mil votos restantes?

En Quilmes, el Frente Todos perdió 80 mil votos ¿Dónde están? En el municipio conducido por Mayra Mendoza, Juntos perdió casi 25 mil votos entre ambas elecciones, sin embargo la derrota fue igualmente abrumadora.

Similares casos ocurren en Ituzaingó y Tigre. ¿Qué pasó con esas intendencias? ¿Cómo no lograron movilizar el aparato municipal para evitarle al movimiento nacional semejante ignominia? Si esos votos se vieran reflejados en los números de Juntos, la situación sería dramática, pero menos compleja para analizar; sin embargo esos votos no están, no llegaron a las urnas.

La disminución en la cantidad de votantes también se observa en los municipios gobernados por Juntos, pero no con tan alto nivel de degradación. ¿Desde cuándo radicales y PRO son más hábiles manejando el aparato de Estado que el peronismo? Por eso sorprende – y prende una alerta para pensar en los problemas internos que tiene el Frente Todos – que en vez de hacerse cargo de la derrota, tanto desde el kirchnerismo duro como del massismo salieran a pedir rápidamente la cabeza del Jefe de Gabinete y del Ministro de Economía.

¿Habrá alguien, dentro del Frente Todos, con ganas de quedarse con esas carteras? En noviembre lo comprobaremos cuando, muy probablemente, desde estos municipios le peguen un llamado a Juan Andreotti (San Fernando), a Mariel Fernández (Moreno) o a Leo Nardini (Malvinas Argentinas) y le pregunten cómo se arma una elección municipal cuando la imagen del Gobierno nacional viene golpeada. O tal vez ya lo sepan. De mantenerse estos números, sus concejos deliberantes entrarán en una situación de adversidad catastrófica.

Más allá de las especulaciones, lo importante es señalar que la derrota no se explica por el aumento de votos de Juntos sino por el descenso brutal en el Frente Todos.

La última conclusión es que entre estos cinco municipios, entre 2019 y 2021, el Frente Todos perdió 330 mil votos, y si sumamos los 130 mil que sacaron de diferencia Tres de Febrero, Vicente López y San Isidro, ya casi se explica el resultado en la Provincia de Buenos Aires.

Será cuestión entonces de refidelizar los votos fugados por izquierda, adoptar un discurso, una estrategia y un comportamiento que mermen el rechazo evidente a la fórmula Tolosa Paz – Gollán, militar fuertemente para achicar las diferencias astronómicas en los municipios adversos y, por último, apretar los tornillos de los intendentes que no pudieron – o no quisieron – ganar esta elección.

Veremos si los cambios en los gabinetes de ministros, a nivel nacional, y también provincial, son parte de la solución.

 

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