“Nuestro ánimo viaja en ascensor”

El músico y director de arte de Kranear subió a las plataformas digitales su nueva canción, “El ánimo”, y el periodista de rock Rodrigo García lo entrevistó para conversar sobre su relación con el arte, sus influencias, carrera y las aspiraciones al corto y mediano plazo. El 3 de diciembre vuelve a los escenarios.

Entrevista Rodrigo García. Foto portada: Fernando Pérez Re

Ramiro Abrevaya está formado en música y artes audiovisuales y en cada trabajo combina esos universos para lograr un concepto integral de su obra. Como compositor y productor tiene cuatro discos, uno de poesía sonorizada con el poeta Nico Castro, y tres discos de canciones, además de varios singles, colaboraciones y músicas para cine, teatro y tv.

El lanzamiento de su canción “Ánimo”, en las plataformas digitales, es la excusa que la Revista Kranear – donde el músico ejerce el rol de director de arte-, aprovechó para indagar sobre su carrera, sus influencias, proyectos y la palpable posibilidad de volver a tocar en vivo.

Mientras pensaba la primera pregunta, sonaban de fondo tus canciones y de repente empieza a sonar “El amor es más fuerte”. Para los que tenemos algo más de cuarenta años, la película “Tango feroz” nos marcó fuerte: ¿Por qué decidiste versionar esa canción y qué significa para vos la película?

Justamente, tengo 42 y esa película para mí fue una rotura de coco por muchas cosas; la música, la épica, el personaje de Tanguito, la época, aquella Buenos Aires, el rock, el nacimiento del Rock Nacional, la libertad, Sbaraglia, el Oso, Cecilia Dopazo. Realmente me marcó la vida y la canción “El amor es más fuerte”, con ese título increíble y tan directo, romántico y beatlero me enamoró automáticamente, lo siento como un himno, y la versión con mi hermano del alma Yacaré Manso salió preciosa porque ambos vibramos de la misma manera con esa canción y el valor del amor ante todo.

Contanos quién es Ramiro Abrevaya y su relación con la música.

Ramiro Abrevaya es un apasionado en todos los niveles de la vida. Tiene mucha sensibilidad artística y está formado en varias ramas como la música, el cine, la fotografía y el diseño gráfico, entre otras. Desde chico mamó arte y la vida lo llevó naturalmente por ese camino. De adolescente tuvo varias bandas que nunca se profesionalizaron hasta que a los 30 y pico decidió pasar a otro nivel y empezar su carrera solista. Una década después, tiene editados tres discos, dos ep, varios singles y muchísimo escenario encima.

El disco “El ojo obsceno del poeta”, es bastante curioso, esperaba escuchar música y me encontré con poemas. ¿Qué fue lo que te llevó a grabar un disco de este tipo?

Ese disco nació como un juego con mi amigo y, hace varios años mánager, Nico Castro. Nico es poeta y en su momento me propuso grabar una serie de poemas recitados. De manija que soy empecé a generarles un ambiente sonoro, un acompañamiento musical, procesamos su voz y busqué enlazar cada poema para construir un viajecito poético-sonoro. Nunca pudimos presentarlo en vivo porque es complejo de reproducir. Hace unos años decidimos publicarlo y le propuse a Julian Pesce, un gran amigo e inmenso artista visual, que haga la portada. Así fue que salió a la cancha “El ojo obsceno del poeta, un experimento que me enorgullece.

Como verás nombro mucho la palabra “Disco” porque al igual que vos soy de la época del vinilo, del cassette y del CD. Por qué una banda o un solista tardan todo un año en sacar una canción, cuando antes en un año una banda editaba un disco de doce canciones. ¿A qué se debe esto de que una canción lleve tanto tiempo de producción?

Cada caso es diferente y en general un artista promedio no tarda tanto como un año en sacar un single. Es demasiado. Hay que diferenciar un artista mainstream, con toda la estructura económica, de uno independiente con sus recursos limitados. Por un tema económico es muy difícil sacar un disco por año, no es tanto un problema creativo porque todo artista apunta a publicar un disco, un videoclip, una obra integral, pero las limitaciones económicas pautan las posibilidades expresivas. Por otro lado, hace tiempo el público consume cultura muy rápido y variado y eso va marcando el ritmo de producción del artista, si es que quiere mantenerse en el radar. Entonces, en el caso de poder sacar un álbum, tenés que saber que al poco tiempo vas a tener que sacar material nuevo para no quedar enterrado en el algoritmo.

¿Cómo fue esa experiencia de cantar en el Centro Cultural Kirchner, y el show con Reynaldo Sietecase?

El CCK fue, hasta el momento, lo más intenso que viví en toda mi carrera musical. Por el lugar en sí, porque fue un festejo por mi década como solista, por la afinidad con mi banda, los invitados y la participación especial de los coros de Baradero con un total de sesenta coreutas. El show con Rey fue algo precioso, muy inesperado para mí, nunca estuvo en mis objetivos algo así. A Reynaldo siempre lo admiré y lo sigo haciendo, nuestra amistad se dio de manera casi casual por una amiga mía del alma. De a poco fuimos tejiendo una amistad y una relación artística que nos llevó a compartir ese show donde él leyó sus poemas y yo canté mis canciones. Fue precioso y siempre queda abierta la puerta para repetirlo.

En 2021 sacaste un EP llamado “Encuarentenado” (en el que figuran los temas “El amor es más fuerte”, “Etiqueta negra” de Los Redondos y “En busca de un símbolo de paz” de Charly). La canción “El Ánimo” que acabas de lanzar, por qué no fue incluido en “Encuarentenado”?

Todas las canciones de Encuarentenado son versiones de canciones de gente que admiro mucho. “El ánimo” es una canción mía, un adelanto de lo que va a ser mi tercer disco de canciones.

En “El Ánimo” decís: “Hay que entender de una buena vez, nuestro ánimo viaja en ascensor y así como eleva, también nos hace descender”. Sin duda creo que el ánimo de todas y todos en esta pandemia fue un subibaja. ¿Vos cómo viviste este tiempo de Covid?

Lo lindo de este quilombo pandémico es que en algún punto nos igualó, cada cual con sus recursos para atravesarla, pero la novedad fue para todos la misma. La pasé mal por el desconcierto, por tener que distanciarme de mi gente querida, por no poder tocar en vivo, porque mis hijas no podían salir ni ir a sus colegios. También la pasé bien, por contar con trabajo y seguridad económica, una casa, una familia hermosa con la cual hicimos tribu y nos acompañamos. Fue una revolución y como toda crisis tiene duelos y aprendizajes.

Todos los instrumentos del tema los tocaste vos. ¿Es la primera vez que lo hacés? ¿Cómo te organizaste para producir la canción?

Así es, en esta canción, más allá de un aporte de Cris Ruffini (AKA “Quinta”) que grabó un sintetizador en una parte de la canción, el resto está íntegramente producida e interpretada por mi. Siempre produje de esa manera hasta que formé la banda que me acompaña y empezamos a socializar la instrumentación, cada cual aportaba desde su instrumento y eso es hermoso. Pero la pandemia trajo de nuevo la modalidad “hombre orquesta”, un poco por necesidad porque no podía trabajar con mi banda y otro poco por gusto y practicidad. Mi técnica de trabajo arranca desde la guitarra y la voz; amaso la canción hasta que siento que está redondita y, cuando llega ese punto, cualquier estilo de producción va a sentarle bien porque la base está. Ahí paso al Protools, grabo una base de guitarra acústica y la voz, con un click para tener todo a tempo y “engrillado”. Sobre ese cimiento empiezo a sumar bajo, programaciones, sinthes, fxs, coros, etc. Una vez que tengo armada la canción y estoy conforme con lo que suena, se la mando a Arian Frank, mi aliado desde hace mucho tiempo, que se ocupa de mezclar y organizar la data que a veces, por vicio mío, suele ser bastante sobre-producida, o sea, con mucha instrumentación. Arian tiene muy buen gusto y mucho conocimiento técnico, que es fundamental para organizar la música en el espectro sonoro y que cada elemento ocupe su lugar. Entonces confío en él y si sugiere limpiar ideas, mutear cosas en momentos en los que la canción se pone demasiado barroca, la mayoría de las veces seguimos sus consejos. Una vez que estuvimos conformes con la mezcla, le enviamos el trabajo a Daniel Ovie, un capo del mastering, que le dio el finish a la canción.

Tu próximo disco se llama “Invisible”, y justamente invisible ha sido el virus contra el que venimos peleando nosotros y el mundo, ¿no?

¡Excelente paralelismo! El disco es una especie de zanahoria que me organiza a futuro, no es que lo tengo pre-producido y voy a entrar a un estudio a grabarlo entero. Tengo algunas canciones producidas que voy a ir lanzando progresivamente cada dos meses aproximadamente. Quisiera llegar a diez, aunque con nueve estaría conforme. El concepto de “Invisible” nace como un homenaje solapado al Flaco Spinetta y su banda, pero también como una idea que vengo pensando hace tiempo, en torno a si el arte que no se ve por limitaciones de recursos y de poderío de difusión, es de menor calidad que aquella que suena y resuena en las radios, o por trayectoria o por estructura comercial. En argentina hay una infinidad de grandes artistas que quedan ocultos, invisibilizados ante los tanques comerciales en una lucha muy desigual por llegar a la gente.

El 3 de diciembre, Ramiro se presentará por primera vez en vivo después de casi dos años de aislamiento. Será en el Club Cultural Matienzo, y estará acompañado por su grupo Les Gentiles.

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