La soberanía en disputa

En 2010, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se instituyó por primera vez el 20 de noviembre como feriado nacional. En este artículo, Matias J. Escot, docente de Historia, realiza una lectura política de esta gesta, al mismo tiempo que la recupera en su sentido nacional y popular, en contraste con la versión liberal de la historia oficial mitrista.

Por Matías J. Escot (*)

I

Un fantasma recorre la Argentina. El fantasma de la soberanía nacional. En tiempos postcapitalistas, y de globalización territorial, este concepto, el de soberanía nos vuelve a susurrar al oído. En la alborada del 20 de noviembre de 1845, siluetas de buques con la bandera francesa e inglesa comienzan a divisarse en el río Paraná. El acontecimiento representa un gesto imperial, una intrusión de dos potencias, navegando un río interior con afanes comerciales, una invasión en nombre de “la libertad de comercio”.

El hecho produjo una defensa heroica de parte del gobierno de Juan Manuel de Rosas, en una batalla terrestre y fluvial. El enfrentamiento fue en un recodo del Paraná, a la altura de la localidad de San Pedro, llamado Vuelta de Obligado. Pero, ¿cómo defender un río, e impedir el avance de las dos potencias más importantes de aquella época?

El general Lucio Norberto Mansilla, con una treintena de cañones, y varios centenares de soldados decidieron impedir el avance naval anglofrancés. Para esto, tendieron tres enormes cadenas atravesando el imponente Paraná de costa a costa, sostenidas en 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de todo el dispositivo, aguarda de manera heroica, la embarcación Manuelita, con 160 artilleros. Los cañones dispuestos en tierra tronaban todo el tiempo contra los buques extranjeros, los soldados argentinos se turnaban cada 15 minutos, o tal vez menos, heridos o sordos por las descargas, debían ser reemplazados. Los disparos Confederados alcanzaban los 800 metros como máximo. Las fuerzas invasoras contaban con cañones que superaban los 1500 metros de distancia. La desigual correlación de fuerzas era evidente. Murieron unos 400 soldados, y a pesar de la resistencia, la embarcación anglo-francesa logró pasar la defensa, con un desgaste importante, (victoria pírrica) y logrando a medias sus objetivos comerciales. Una verdadera gesta, que incluso dejó con múltiples heridas al general Lucio Mansilla, que fue reemplazado por Francisco Crespo.

Desde 2010, se institucionalizó una lectura nacional y popular de los hechos, en detrimento de la versión liberal de la historia oficial mitrista

II

La historia no cuenta una verdad revelada, sino distintas interpretaciones sobre lo sucedido. De esta manera, podemos revisar la mirada del historiador de la Universidad de Buenos Aires, Luis Alberto Romero. Según él, “Obligado fue una derrota militar”. Además, escribió que “nadie veía en aquella batalla un perjuicio, una amenaza a la soberanía”. Para el pensamiento liberal-conservador fue una derrota argentina. El que tomó dimensión real de la gesta fue el general José de San Martín, quien le regaló su sable al brigadier Rosas y lo felicitó en una carta desde Boulogne Sur Mer, en su residencia francesa, por semejante batalla en la Vuelta de Obligado. Aquello que, para Romero, es una derrota, para San Martín es una victoria, o por lo menos una defensa heroica que no merece ser menoscabada. Pareciera que la defensa de lo nativo por sobre lo foráneo es un signo de barbarie para una parte importante de la política y la intelectualidad liberal, de ayer y de hoy.

III

Aún continúan tronando los cañones de aquel 20 de noviembre, contra la prepotencia extranjera, y algunos socios locales.

Desde el año 2010, y durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se instituyó por primera vez esta fecha como feriado nacional. Un movimiento popular y nacional desempolvó este hecho heroico, olvidado por la historia oficial mitrista. Nuestras Malvinas, los Fondos Buitres, y los actuales buitres del Fondo (FMI), ponen a prueba aquel espectro del principio de esta nota, a nuestra soberanía.

¿A qué sector social le conviene que la historia sea planteada sólo como pasado, las victorias soberanas como derrotas, y la entrega de nuestra patria como avance e inserción al mundo? Tal vez a cierto establishment, económico, político y cultural, le convenga operar sobre el pasado para controlar el presente. Al conmemorar la gesta y nuestra historia no se replica el pasado en la actualidad, sino que se interpela, transformándose en un combate por el sentido.

(*) Matías J. Escot. Docente en Historia.

Escribe en: www.relatosdelsur.com y en el medio digital quilmeño www.entrenossocialinfo.com
Instagram: @relatosdelsur
Twitter: @RelatosDelSur

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