“Nuestro movimiento teatral es impresionante, de lo mejor del mundo”.

Eugenia Levin es directora de Casting, una ocupación con la que trabajó en películas de culto como La noche de los lápices. Es una de las fundadoras de Teatro por la Identidad y una referente en el ámbito del teatro y el cine. “La presencia del actor, su disponibilidad energética, va mucho más allá que el actor frente a cámara. Eso es invaluable en un auto casting”, dice.

Por Rodrigo García. Foto: Alejandra López.

Eugenia Levin es profesora y directora de teatro. Fundó Teatro x la Identidad. Es integrante de la RAC (Red Argentina de Casting) y de la International Casting Directors Network (ICDN). Desde el año 1968 desarrolla actividades en el medio teatral, televisivo y cinematográfico como docente, productora, y también directora de casting, un oficio que la tuvo como protagonista en grandes películas del cine argentino como “La Fuga”, “El caso María Soledad Morales”, “Tango feroz” y “La Noche de los Lápices”. Kranear la contactó por correo electrónico y tuvo el inmenso agrado de intercambiar con ella unas líneas sobre su carrera, la actualidad del ambiente del cine y el teatro, el paso por la pandemia y sus actuales proyectos, entre otros asuntos.

Se están cumpliendo 45 años de “La noche de los lápices”. ¿Qué recuerdos tenés del proceso de casting para esa película? Teniendo en cuenta que ya estábamos en democracia pero los genocidas todavía estaban sueltos, ¿sufrieron algún tipo de presión mientras la filmaban?

Lo primero que hay que decir es que el casting de “La noche de los lápices” fue el primero del cine argentino. Fue un proceso largo y particular. La idea no era que los protagonistas de la película se parecieran a los verdaderos, pero sí que tuvieran algún rasgo similar. Esto después se desechó y buscamos actores de edades similares a los protagonistas de la historia real que pudieran pasar “ficcionalmente” por lo que pasaron los chicos verdaderos.

Los chicos pidieron que yo estuviera en las escenas que preparábamos para el día siguiente, entonces también fui asistente del director Héctor Olivera. Fue mi primer trabajo en cine. Además de darlo todo, que es una característica que tengo desde hace más de 35 años, también fue una experiencia que me dejó grandes aprendizajes. Tengo muchísimos recuerdos.

No sufrimos ningún tipo de presión política, pero hubo situaciones fuertes e inolvidables, por ejemplo con los vecinos (porque se filmaba en las casas verdaderas de los chicos desaparecidos).

El propio Pablo Díaz (NdeR: es uno de los sobrevivientes del trágico episodio represivo denominado la Noche de los Lápices que se desarrolló el 16 de septiembre de 1976 en la ciudad argentina de La Plata durante el Proceso de Reorganización Nacional regido en la última dictadura militar Argentina) estuvo presente en la filmación, así como también otros familiares. Ese fue un acuerdo de la producción con los verdaderos protagonistas: que hermanos y madres estuvieran ahí para garantizar la veracidad de los hechos. Más que presión, nosotros teníamos la presencia de los chicos verdaderos en cada lugar, en cada objeto, hasta en la ropa que usaban los actores.

El rodaje fue durante un mes en la ciudad de La Plata, y otro mes en estudios, donde se hicieron los simulacros de estas cárceles clandestinas donde habían estado los chicos, de acuerdo a lo que se empezaba a saber por los relatos de los sobrevivientes y por lo que contó Pablo Díaz.

Teatro por la identidad ya tiene veinte años, y nació para contribuir a la búsqueda de los nietos y nietas apropiadas durante la última dictadura cívico-militar, que las Abuelas de Plaza de Mayo vienen realizando hace tanto tiempo. ¿Qué balance hacés en términos políticos y artísticos?

El primer balance que hay que hacer es que Teatro por la Identidad tiene su antecedente en “Teatro Abierto”. Ya siendo muy jóvenes, algunos de nosotros participamos ahí, teníamos esa semilla adentro. Lo valioso fue instalar el teatro político en la Argentina y sostenerlo en las distintas realidades que hemos vivido en el país.

Este origen no provenía de ningún partido político o gremio, sino que partía de una necesidad artística que los “teatreros” estábamos sintiendo que faltaba arriba de los escenarios. Gracias a la sociedad, que fue espectadora y adhirió con su presencia -y en eso se marca también un poco el coraje de Teatro por la Identidad-, el primer año se hizo en 40 salas. A raíz de esto se han acercado muchos jóvenes, incluso algunos llegaron a la Casa de La Abuelas de Plaza de Mayo.

En ese sentido, ¿qué pensás cuando se niega la cifra de 30.000 desaparecidos?

Cuando alguien niega la cifra de 30.000, siento en principio dolor, y a la vez siento como una inyección de fuerza para poder oponerme a ese discurso, con datos, pero también con bronca, ira. Somos muchos y muchas las que tenemos parte de nuestro cuerpo tatuado con la ausencia de seres que conocimos, algunos más cercanos, otros más lejanos. Siento que están negando una parte de mi identidad.

¿Cómo ves la evolución del cine en la Argentina a lo largo de las décadas, y en qué estado se encuentra hoy?

Creo que las nuevas generaciones le están dando al cine argentino una vitalidad y un crecimiento importante. Se necesita una gran gestión del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) para subvencionar y apoyar a los/as nuevos/as directoras/es, y productoras/es. Yo creo que el viejo cine argentino, ese que la gente decía “me aburre, no me gusta”, ha quedado atrás. Igualmente en todas las épocas tuvimos grandes directores como Favio (Leonardo), Aristarain (Adolfo), Fabián Bielinsky mientras estuvo (falleció en São Paulo el 29 de junio de 2006). Hemos tenido y tenemos grandes exponentes de un cine vivo que está al nivel del mejor cine del mundo.

Según tu punto de vista: ¿por qué Argentina tiene una gran cantidad de salas de teatro, y tantas obras en cartel? ¿Este fenómeno ocurre en otros países del mundo?

No podría responderte eso, quizás hay que bucear en lo que fue el comienzo del teatro independiente, llevado adelante por actores, directores, y “teatristas” que han hecho teatro contra viento y marea, hace muchos años. Quizás sea ahí donde haya que rastrear ese origen. Pero sí te puedo decir que en periodos normales, con una temporada donde hay 700 espectáculos en la Capital Federal y en todo el país, CABa se convierte en una de las ciudades donde más teatros existen, más que en New York, más que París. Nuestro movimiento teatral es impresionante, ya sea el independiente, el del Estado, o el comercial. Hay que incluir a todos los estilos ahí. El nivel actoral argentino es altísimo. Casi te diría que es mucho más alto que el que puede haber en Italia o España. Nuestro nivel actoral es de lo mejor del mundo.

¿Cómo transitaste la pandemia en lo personal y laboral? ¿Qué lectura hacés de la gestión de la crisis que realizó el gobierno nacional?

Para todos los artistas la pandemia fue un periodo nefasto, desde el punto de vista de que todas las puertas se nos cerraron, nos tuvimos que guardar, hemos sufrido mucho la no presencia colectiva en cada una de nuestras artes. Eso a nivel general.

Después cada uno fue encontrando caminos, y como somos seres creativos y tenemos eso como parte de nuestro ser, ninguno de nosotros se quedó sin hacer algo: escribir, pensar, o imaginar. Siempre pensando en nuestro metier creativo. En líneas generales te diría que no fue un buen tiempo, desde mi productora pudimos crear una escuela y a partir de ahí, para mí fue una suerte de renacimiento de esta posibilidad del reencuentro con actrices y actores. Esto forma parte del proyecto de este año, hasta que vuelvan los rodajes de cine.

Si tuviera que analizar la gestión sanitaria del gobierno, la evaluaría como muy buena. A nivel de la gestión cultural, habría que esperar a la post pandemia. Yo no quiero hoy ejercer una opinión en base a las condiciones que impuso la situación sanitaria. Quiero creer, imagino y deseo, que la gestión cultural tome vuelo, y tenga posibilidades de desarrollo para todos los que hacemos teatro, así como en el mundo audiovisual. Abro las esperanzas y la ilusión con este gobierno y con esta gestión para que el país se ponga en marcha y podamos ser más felices de lo que fuimos en pandemia.

En relación al auto casting, podemos decir que pareciera que es una modalidad que le saca espontaneidad a la actuación, ¿no es mejor ver al potencial actor en vivo y en directo?

Sin duda el casting debe ser presencial, aunque obviamente no en pandemia. Creo que el año que viene se tiene que retomar la modalidad con el actor trabajando delante de cámara. El auto casting no le quita espontaneidad, le quita presencia, corporalidad, y convierte al actor en director, iluminador. Fue y es importante para una situación de crisis como la que vivimos, pero no se tiene que sostener como modalidad, porque no sabemos quién recibe el material. La presencia del actor, su disponibilidad energética, va mucho más allá que el actor frente a cámara. Eso es invaluable en un auto casting.

¿En qué proyectos estás trabajando en la actualidad?

Por un lado, el cierre de la escuela es a fines de noviembre, y por el otro, estamos preparando un gran Congreso internacional para el sábado 4 de diciembre. Además, pensando en que varios de los guiones que leí durante la pandemia se van a empezar a producir a partir del año que viene, no podría hablar de proyectos concretos ahora, pero sí de varias cosas que están dando vueltas. Como siempre, el cine lleva mucho tiempo desde que se escribe hasta que se pueda efectivamente realizar, así que veremos. Entonces esta pregunta te la vuelvo a responder a comienzos del 2022 en otra entrevista y ojalá tenga mucho para contarte.

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