Cuando duele nunca se olvida

Se cumplen 17 años de la tragedia de Cromañón, en la que perdieron la vida 194 personas, en su mayoría jóvenes, un hecho que cambiaría para siempre la vida de cientos de familias y también las reglas del juego para organizar recitales y eventos masivos. El testimonio de un sobreviviente, y la negativa de Larreta de avanzar con el proyecto de ley propuesto por la Mesa de Unidad Cromañón.

Escuchenló, escuchenló, escuchenló
escuchenló, escuchenló, escuchenló
ni la bengala, ni el rock and roll
a nuestros Pibes los mató la corrupción

(Cantito popular)

Sin dudas aquel 30 de diciembre de 2004, el destino hizo su mejor trabajo. Callejeros se disponía a dar el último show del acaso mejor año desde que la agrupación de Villa Celina se formó en 1995. En abril de ese año, fue la misma banda la que inauguró el local Republica de Cromañón, ubicado en el barrio de Once, y curiosamente el destino quiso la también sea la última banda en tocar allí. El destino también quiso que minutos antes que Callejeros saliera a tocar, Omar Chabán, dueño del local y reconocido empresario musical, realizara un efusivo discurso a lo largo de diez minutos, en el que llegó a decir que si tiraban bengalas el techo se podía llegar a prender fuego porque era inflamable.

“Rocanroles sin destino” es el nombre del tercer disco que Callejeros presentó aquella trágica noche, que dejó un saldo de 194 muertos, en su mayoría, jóvenes.

La primera y única vez que estuve en Republica de Cromañón fue el 3 de julio de 2004, día que Los Gardelitos presentaban su tercer disco de estudio “En tierra de sueño-parte 2”, fui invitado por el mismísimo Eli Suarez, que a raíz de la muerte de su padre (Eduardo “Korneta” Suarez) dos meses antes había quedado a cargo de la voz de la banda.

Escuché por primera vez la palabra Cromañon en voz de Eli cuando estuve con él en la sala de ensayo, no sabía ni donde quedaba; en el barrio de Once me indicó y agregó que era el nuevo boliche de Omar Chabán.

Entonces hasta allá fui. Me impactó, acostumbrado a lugares chicos donde veía bandas no tan concurrentes; éste era un sitio amplio, al estilo de Obras Sanitarias, con tribunas a los costados, pero Cromañón era la mitad del mítico Templo del Rock.

A Callejeros los conocí junto con la tragedia; rápidamente me compré sus tres discos hasta ese momento editados, y me volví un fan de la banda, y a raíz de escuchar y comprender sus letras entendí el amor de sus seguidores por la banda.

La noche del 30 de diciembre de 2004 sin duda fue un antes y un después en la cultura rock vernácula. El “folckore” del fútbol había invadido al de la música con sus bengalas, su cultura del aguante. Había que seguirlos a todos lados y reventar los lugares donde sus bandas preferidas tocaban para demostrar quién la tenía más larga. El desenlace de la historia es conocida y tuvo un final ¿anunciado? Según lo que han dicho varios músicos a lo largo de estos 17 años, les podría haber pasado a cualquiera.

El Indio Solari llegó a decir que Cromañón le podría haber pasado incluso a Los Redondos, la falta de control e inspecciones generales, sumado la corrupción, hicieron que muchos lugar designados para la concurrencia de público estén a la merced de Dios. Potenciales República Cromañón había por casi toda la Capital Federal, es por eso que luego de la tragedia cerraron infinidades de sitios.

A 17 años de la Tragedia de Cromañón siguen las heridas abiertas, siguen las zapatillas apiladas a montones, siguen los familiares y amigos llorando por los muertos queridos, siguen los sobrevivientes recordando, Callejeros sigue sonando, y Omar Chabán sigue descansando ¿en paz?

Diego Cacuzzo es uno de los creadores de “No nos cuenten Cromañón”, una agrupación que nuclea a sobrevivientes y familiares de víctimas de la tragedia. Cuenta que no le quedaron secuelas, pero sí a muchos de los sobrevivientes, y que salvó su vida aquel 30 de diciembre gracias a que logró tapar su boca con su remera mojada, con la que pudo evitar la inhalación del humo nergro.

Además decidió que la tragedia de Cromañón no quede solo en un mal recuerdo. Desde el día uno se involucró luchar por la verdad y la justicia, un valor que le inculcaron en su casa. Dice: “Si quedé vivo es para hacer algo con eso, hay que hacer algo constructivo y mirar para adelante”. Entre otras actividades e iniciativas, con la agrupación todos los años realizan un recital en homenaje a las víctimas y sobrevivientes de lo que ellos consideran que fue una masacre.

Este año, el 30/12, se vuelven a reencontrar presencialmente, con un show en el Obelisco, a partir de las seis de la tarde, con bandas como La perra que los parió y Ojos locos, entre otras bandas. Aparte anunciaron una banda sorpresa.

Durante el 2021, se conformó la “Mesa de Unidad Cromañón”, de la mano de varias organizaciones: Coordinadora Cromañón, Organización 30 de diciembre, Ni olvido ni perdón, Movimiento Cromañón, Sin derechos no hay justicia, y No nos cuenten Cromañón. A través de este espacio conjunto, las organizaciones presentar un proyecto de ley en la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, con aportes de todos los espacios, con la intención de que el gobierno porteño mejore la ley vigente (ley 4.786), sancionada en 2013, y que por ejemplo el subsidio económico para los beneficiarios sea vitalicio, para que se realice la apertura de un padrón para que aquellos sobrevivientes que no estén registrados pudieran ser reconocidos y reparados por el Estado, aparte de mejoras en las prestaciones de salud, educación y acceso al trabajo.

“Lamentamos que este proyecto haya sido desestimado, a pesar de haber tenido reuniones con los legisladores”, señala Diego. El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguerz Larreta, no atendió los pedidos efectuados por la Mesa y le ordenó a su bancada legislativa que apruebe una nueva prórroga, por otros tres años, de la ley actual. Hoy, un sobreviviente o familiar de una víctima está percibiendo un subsidio económico, de parte del Estado porteño, de menos de 12 mil pesos por mes.

Con respecto a la consulta sobre si es posible que vuelva a suceder un Cromañón, Diego menciona el choque del tren en la Estación de Once y el derrumbe de un gimnasio en Villa Urquiza, ambos hechos ocurridos en la Ciudad, y dice: “mientras siga habiendo corrupción van a seguir habiendo Cromañón”, y que “si el encargado de clausurar el lugar no habría recibido coima, Cromañón tendría que haber estado cerrado y nada había pasado”.

Llevo 28 años viendo recitales, no estuve en Cromañón aquel 30 de diciembre, simplemente porque no conocía a la banda, pero de seguro podría haber estado. El poco cuidado por el otro no empezó ese día, las bengalas en el rock, no empezaron ese día, la corrupción no empezó ese día. El sobrevender entradas no empezó ese día. Pero sí, a partir de eso ya anda fue igual para los que asistimos a conciertos, ya aprendimos a chequear donde están las salidas de emergencia y si un compañero se cae ayudarlo a levantarse enseguida, la pandemia hizo también que ahora los aforos ya no sean tan completos como antaño, creo en mi humilde opinión que se respeta un poco más al prójimo.

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