Acuerdo histórico, sin ajustes

Argentina cerró un acuerdo inédito con el FMI, no solo porque no avanzará con reformas laborales o previsionales, sino también porque se abre la puerta a una nueva etapa en la concepción mundial de las reestructuraciones de deudas, y la guerra entre dos arquitecturas financieras internacionales se materializa, por primera vez, con el acuerdo argentino. Punto por punto, los resultados de una negociación histórica, y los riesgos en el corto y mediano plazo.

Por Roberto Scolari

Luego del anuncio con el que el presidente Alberto Fernández anunció un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el ministro de Economía Martín Guzmán dio una conferencia junto al jefe de Gabinete Juan Manzur, en el que resaltó los principales puntos del compromiso, y también señaló que aún faltan los memorándum de entendimiento para cerrar el acuerdo, que formalmente se llama “Acuerdo de facilidades extendidas”, y con que el propio FMI irá desembolsando el dinero que Argentina debe para refinanciar la deuda, sumado a remanentes de otros organismos financieros internacionales que nuestro país necesitará para sustentar el propio crecimiento que le permita cumplir con el acuerdo.

El tutelaje del FMI sobre las cuentas públicas – y aquí tal vez lo más complejo del acuerdo – será cada tres meses. A su vez – y aquí reside lo inédito del acuerdo – el mismo no requiere una reforma laboral ni tampoco previsional, demandas históricas del capital internacional y los organismos multilaterales de crédito.

Por otra parte, según explicó el ministro, el Fondo no frenará la inversión en obra pública, hecho inédito y al mismo tiempo fundamental para la transformación estructural de la Argentina, para la generación de empleo, para la disminución de la inflación por costos y para el mejoramiento de la calidad de vida de las argentinas y los argentinos.

Al mismo tiempo, se sostendrá la inversión en Ciencia y Tecnología, absolutamente necesaria para el desarrollo estructural de la nación.

Para hacerlo en forma esquemática, Guzmán dividió el acuerdo en dos grandes bloques: el esquema de políticas macro y las medidas de crecimiento y estabilidad

Esquema de políticas macro

Se divide en cuatro bloques que ordenan las metas macroeconómicas que la República Argentina deberá cumplir para obtener los desembolsos y no caer en default.

Bloque fiscal

En este punto, el FMI terminó torciendo la voluntad argentina, que pedía un déficit fiscal del 2,5% para el 2023. El esquema de reducción del déficit será:

– 2,5% del PBI en 2022
– 1,9% del PBI en 2023
– 0,9% del PBI en 2024.

No obstante, el ministro hizo mención a una cuestión de suma importancia, que parece haber pasado desapercibido para quienes dentro del gobierno exigían hasta el día de hoy mayor compromiso contra la evasión fiscal.

El déficit o el superávit fiscal se mide en términos de gasto y recaudación. En caso de gastar más de lo que se recauda hablamos de déficit y en el caso inverso, de superávit. Esto es importante de remarcar porque las voces altisonantes que se alzaron contra el acuerdo suponen que la reducción del déficit inmediatamente debe traducirse en un ajuste del gasto. Sin embargo, ese ajuste puede paliarse aumentando la recaudación, mediante nuevos impuestos a la riqueza, etc.

A ello apuntó Guzmán, señalando un sendero de extrema importancia que durante años estuvo fuera de agenda y que con el apoyo de los organismos internacionales, es necesario retomar para equilibrar las cuentas públicas: la evasión y el contrabando de granos.

Diversos especialistas internacionales en el tema señalan que países exportadores primarios como Argentina sufren el mayor goteo en sus cuentas públicas por el contrabando y por la evasión fiscal y que el ajuste sobre ello equilibraría de forma categórica las cuentas públicas. Sorprende que actores de la propia coalición de gobierno, muy preocupados por agitar revoluciones imaginarias, hayan pasado esta declaración por alto.

El segundo tema relacionado al déficit, que el ministro pasó por alto pero confirmó luego el comunicado del FMI, es el ajuste sobre los subsidios a la energía, hecho que ya provocó internas dentro del propio oficialismo. Aquí es donde el Gobierno deberá actuar con cautela extrema, dado que la reducción de subsidios no solo se traduce en mayor inflación sino que además aumenta los costos de producción de las empresas. En un mundo que atraviesa una fenomenal crisis energética, las empresas que deciden invertir miran antes que nada el cuadro tarifario de una nación. De modo que una reducción desmedida de los subsidios a la energía afecta también a la Inversión Extranjera Directa, de la que el Gobierno depende para crear empleo genuino, es decir, empleo que no conlleve un nuevo aumento en el déficit.

La tercera cuestión importante y de máxima sensibilidad es la relacionada al aumento de las jubilaciones. Resulta imposible calcular la inflación de este año, pero resulta demasiado previsible sostener que será superior al 33% presentado en el Presupuesto Nacional, de modo que un aumento del 4% implica un peligroso ajuste.

Bloque monetario y financiero

Este bloque está directamente ligado al primero, dado que la emisión monetaria redunda en el aumento del déficit fiscal (o déficit cuasi-fiscal), pero además tiene consecuencias inflacionarias, que licúan el déficit pero aumentan la pobreza. El esquema de reducción de asistencia del Tesoro al Banco Central planteado en el acuerdo es el siguiente:

2022: 1% del PBI
2023: 0,6% del PBI
2024: 0% del PBI

Es preciso hacer varias aclaraciones sobre esta cuestión que también alcanzan al primer bloque.

La primera tiene que ver con aquello en lo que viene insistiendo la cartera de Economía desde que comenzó el gobierno de Alberto Fernández, que es la creación de un mercado financiero en pesos fuerte, que permita un mayor financiamiento en moneda local, sin recurrir al financiamiento del Tesoro.

Para ello es indispensable disolver la estructura de LEBACs y LELIQs creada por el gobierno de Mauricio Macri y aumentada por el gobierno actual. La disminución de la deuda en pesos permite crear un orden previsible de financiamiento local y así escapar a la emisión monetaria que a su vez es inflacionaria. Para ello Guzmán mencionó una “estructura de tasas reales para que haya demanda en nuestra moneda”, aunque no hubo especificaciones técnicas sobre ello.

La segunda cuestión a mencionar tiene que ver con la cosmovisión que distintos gobiernos peronistas tuvieron sobre este fenómeno. Tanto Juan Perón como Néstor Kirchner eran devotos de los superávits gemelos (fiscal y comercial) y de la nula actividad del Banco Central en la emisión de moneda.

¿Por qué?

Porque los superávits gemelos justamente permiten un Banco Central fortalecido en divisas que pueda sustentar tanto el crecimiento como el circulante de dinero. Esto trae implícito un antiguo debate sobre la emisión monetaria, que durante los gobiernos de CFK se intentó saldar explicando que la misma no generaba inflación. La posición del ministro de Economía es que la emisión monetaria “no siempre genera inflación”, pero eso no quiere decir que la asistencia monetaria del Tesoro sea deseable, tal y como sostenía Néstor Kirchner. Es aquí donde el peronismo clásico tiene una visión del Banco Central más cercana al liberalismo que a la socialdemocracia y que explica por qué Néstor prefirió economistas ortodoxos como Martín Redrado al frente del BCRA.

Inflación

Este es uno de los puntos que nos permite sostener que el acuerdo es inédito, no solo por la materialización del mismo y el reconocimiento del Fondo sobre su desastroso accionar, sino porque pone en jaque la cosmovisión del propio organismo sobre las variables que generan inflación. Del acuerdo se desprende que el Fondo acepta que la inflación, tal y como señaló el ministro de Economía, es un fenómeno multicausal y no se debe solamente a la emisión monetaria, posición a la que el Fondo se aferró históricamente.

En lo que respecta específicamente al fenómeno, Guzmán sostuvo como índice de mayor importancia el “factor productivo” que se traduce en un aumento sostenido de las exportaciones para obtener mayores ingresos de divisas. El Gobierno sostiene – fundamentalmente el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas – que uno de los factores que mayor tensión producen sobre la inflación es la escasez de divisas en el Banco Central, dado que ante la demanda constante de divisas se tensa el dólar y la devaluación de hecho produce inflación.

Si bien el dólar oficial está pisado hace tiempo, el Banco Central viene utilizando hace varios meses el mecanismo conocido como Crawling peg, que consiste en pequeñas devaluaciones constantes que impactan sobre los precios. En un país con una altísima necesidad de importación para la producción, debemos dar por sentado que la devaluación de la moneda es inflacionaria porque aumenta los costos para producir.

Esta concepción va en orden con lo dicho por Cristina en Honduras: el Gobierno necesita inversiones en hidrocarburos y otros bienes con altos controles pero que aseguren un aumento de las exportaciones y por ende del ingreso de divisas.

El otro hecho mencionado por Guzmán ya fue desarrollado, que es la disminución de la emisión monetaria y la creación de un mercado de financiamiento en pesos.

Por último, Guzmán hizo hincapié – torciendo una vez más la perspectiva del Fondo y obligándolo a recalcular en medio del viaje – en los acuerdos de precios, como herramientas fundamentales para sostener los precios de los bienes primarios, como los alimentos, a la baja.

Bloque Externo

Aquí otro de los vuelcos históricos del Fondo Monetario Internacional: no habrá devaluación abrupta y por lo tanto no habrá un fuerte salto cambiario, a pesar de que el Banco Central seguirá utilizando el mecanismo del Crawling peg para achicar la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.

Guzmán cree que el ordenamiento de las cuentas públicas redundará en una mayor inversión privada e ingreso de divisas, haciendo descender la brecha no por la devaluación del oficial sino por la caída del paralelo, que hoy mismo ya manifestó un descenso de 6 pesos. Al mismo tiempo, el ministro hizo hincapié en las “regulaciones macro” para desalentar los ingresos y salidas constantes de capitales financieros, aquello que habitualmente conocemos como “bicicleta financiera” y “capitales especulativos”. La cartera económica cree que el aumento en inversión real, que produce empleo, gracias al ordenamiento de las cuentas públicas, desalienta la especulación.

Finalmente, en lo que respecta al punto 2 señalado – las medidas de estabilidad – el ministro de Economía volvió a hacer hincapié en la ausencia de reforma previsional y de reforma laboral, en la profundización del desarrollo del mercado de capitales local, es decir, en pesos y en el trabajo que aún queda hacer sobre los memorándums de entendimiento.

Esto recién comienza

A diferencia de lo que podría creerse, que este es el fin del acuerdo, debemos comprender que esto es apenas el comienzo. Argentina debe necesariamente seguir avanzando con tres o cuatro aspectos no mencionados, absolutamente necesarios para redundar en un acuerdo aún mejor del conseguido.

El primero tiene que ver con la reestructuración de la deuda. Hasta ahora sabemos que la refinanciación es buena, pero que se siguen pagando altísimos costos por una deuda contraída ilegítimamente. Por ello Argentina debe seguir presionando en cada organismo, en cada foro, en cada organización mundial sobre la disminución de las sobretasas del fondo. Nuestro país está obligado a pagar la deuda de capital que contrajo porque ello establece todo acuerdo, pero no así los intereses con sobretasas sobre una deuda que no cumplía siquiera con los estándares del propio FMI. Una vez refinanciada (trabajo ya cumplido) es necesario seguir insistiendo sobre la reestructuración.

El segundo aspecto tiene que ver con el juzgamiento de los funcionarios que aprobaron este acuerdo de espaldas al pueblo argentino. La responsabilidad penal de todos aquellos actores políticos y financieros, del Estado Nacional y del Fondo no puede pasarse por alto, porque ante todo allí se cometió un gravísimo delito. Y quien comete un delito debe ser juzgado ante el Pueblo de la Nación Argentina. La causa penal, hecha por la Oficina Anticorrupción a cargo del gobierno del Frente de Todos, se realizó en marzo de 2021, y está siendo tramitada en los juzgados federales de Comodoro Py.

El tercer aspecto está ligado a seguir buscando financiamiento en los Estados Nacionales enfrentados con Estados Unidos, principal accionista del FMI. La gira de Alberto Fernández por Rusia y China debe enfocarse en obtener los DEGs que no utilizaron esas naciones y de lograr el swap de monedas con China para engrosar las arcas del Banco Central, además de proyectos de financiamiento en infraestructura. Argentina debe aumentar sus reservas para sostener el crecimiento económico que será mayor al previsto y que requerirá de un Banco Central robusto para evitar que la demanda de divisas presione sobre el paralelo y provoque una devaluación o saltos inflacionarios.

Por último, señalar que lo expuesto por Martín Guzmán en su tesis de maestría “Prociclicidad de las políticas fiscales en contextos volátiles” se ve traducido casi en su totalidad en el acuerdo que logró con el Fondo Monetario Internacional, hecho inédito en la historia mundial de las reestructuraciones de deuda. El caso argentino será testigo para muchos países que deben desandar el mismo camino, pero además pondrá al frente un debate que el mundo intenta darse desde los años 2000 sobre la arquitectura financiera internacional, que es entre un modelo ortodoxo de liberalización absoluta y un modelo controlado con metas redistribución y crecimiento, cuyo máximo exponente es Joseph Stiglitz, el formador académico de Martín Guzmán.

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